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La tanda de penaltis

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 28 de febrero de 2016 a las 8:13

Si nada lo remedia, y nada parece que lo vaya a hacer, Pedro Sánchez comenzará pasado mañana su debate de investidura como aspirante a presidir el Gobierno abocado al más estrepitoso fracaso. Su acuerdo con Ciudadanos, pese a ser un loable paso adelante, es manifiestamente insuficiente y el líder del PSOE se encontrará de bruces el miércoles y el viernes con el rechazo de la mayoría absoluta del Congreso de los Diputados. Dos meses después de que las urnas dictaminasen que los españoles quieren una nueva forma de hacer política, los partidos acuden a la Carrera de San Jerónimo demostrando que no les ha llegado en absoluto el mensaje. Han sido 60 días de reuniones, encuentros y ruedas de prensa más de cara a la galería que pensando en el bien común. Son las cosas de la política patria, incapaz de abandonar los complejos del pasado y mirar a los ojos al futuro.

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Bertín Osborne, Íker Casillas y Sara Carbonero, durante el programa ‘En tu casa o en la mía’ que emitió La Primera el miércoles por la noche.

El pasado miércoles vi la entrevista que Bertín Osborne le hizo a Íker Casillas. En el transcurso de la misma, el mejor portero en la historia del fútbol español dijo que la selección se dio cuenta de que España podría ser campeona de Europa y del Mundo cuando ganó la tanda de penaltis del europeo de 2008 a Italia en cuartos. Afirmaba Casillas que fue ése el momento determinante para dejar atrás complejos y miedos porque si hubiéramos caído habría regresado la maldición histórica y nos habríamos enzarzado en la afición nacional de despellejar al entrenador, el gran Luis Aragonés, y a los futbolistas. Sin embargo, afortunadamente aquel fue el momento de explosión de la mejor generación de futbolistas de la historia de España –reflejo del desarrollo de un país– que nos ha dado las mayores alegrías deportivas soñadas (con perdón de otros deportes).

Salvando las distancias, el resultado del 20-D tiene mucho de momento clave en el punto de penalti. El país entero espera que sus jugadores/políticos sean capaces de rematar un consenso que rompa con barreras del pasado y nos abra nuevos proyectos de futuro. España está ante el momento de comportarse de una vez por todas como una moderna democracia europea. Está en el instante de ser capaz de superar los atavismos que siguen anclándonos a lo peor de nuestra historia del siglo XX. Está, en definitiva, ante la hora clave en la que los representantes políticos deben trasladar a las instituciones la normalidad del siglo XXI que se vive en la calle.

SÁNCHEZ Y RIVERA FIRMAN ACUERDO DE INVESTIDURA Y LEGISLATURA

Pedro Sánchez y Albert Rivera, el pasado miércoles durante la firma del acuerdo de legislatura entre PSOE y Ciudadanos en el Congreso de los Diputados.

La cerrazón de unos y otros a la hora de sentarse a conversar, los vetos, las prohibiciones de cara al escenario están fuera de lugar. Una vez que el próximo 4 de marzo Pedro Sánchez fracase en su intento de alcanzar La Moncloa llega el momento crucial. Quedarán dos meses en los que todos los partidos están obligados a encontrar un consenso que saque al país de la parálisis. No es de recibo y es absolutamente impresentable que el cálculo electoral mantenga las instituciones paradas hasta que en junio puedan celebrarse nuevas elecciones. No es de recibo porque eso tiene un impacto directo sobre la vida de los ciudadanos, su economía y su posibilidad de encontrar empleo y futuro.

Aunque claro, visto por el otro lado, hay que decir que en estos cuatro meses en los que el Gobierno lleva en funciones la cosa no ha ido a peor y el país sigue andando. Igual lo que hay que hacer es dejarlos en funciones para que esto realmente funcione.

Quince días

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 6 de diciembre de 2015 a las 10:07

Dos semanas quedan para acabar con esta sobredosis electoral que hemos vivido en 2015. Apenas 15 días para que los partidos nos cuenten por enésima vez lo bien que lo van a hacer si les votamos y los mal que lo van a hacer los contrarios. En Córdoba, como en toda España, las elecciones del próximo día 20 barruntan revolución toda vez que parece que van a definir un nuevo mapa político. Del bipartidismo en el que PP y PSOE campaban a sus anchas, con alguna entrada coyuntural de IU, vamos a pasar a contar con otras dos fuerzas: Ciudadanos y Podemos. Ambas irrumpen con fuerza en el panorama provincial a pesar de que sus candidatos ni son conocidos ni tienen relevancia social. Nuevos tiempos en los que no importan tanto las caras como los proyectos.

Las caras conocidas del PP y el PSOE sí que se juegan mucho. En el primero, José Antonio Nieto tiene que enjugar el mal momento que vivió el 24 de mayo cuando perdió la Alcaldía por un puñado de votos. Nieto, que ha andado bastante grogui durante estos meses, afronta las urnas como un reto personal. Necesita un buen resultado para verse reforzado dentro de su partido y para recuperar su imagen fuera de él. El presidente popular parece que tiene claro que su futuro pasa por Madrid y muchas de las posibilidades de ocupar un lugar en condiciones pasan por obtener un buen resultado dentro de dos domingos. No hay que olvidar que quien le sigue en la lista, Rafael Merino, ocupa ya un importante puesto en Madrid y ambos no son precisamente íntimos amigos.

En el PSOE la cosa no es distinta. Los socialistas necesitan recuperar el cetro que perdieron en 2011 y confirmar esa recuperación que parece han vivido en este 2015. Casi más que por mensajes internos, Juan Pablo Durán necesita un buen resultado para apoyar a Susana Díaz, de la que es fiel escudero y quien, si los sondeos aciertan, el día 21 podría estar en el AVE camino del despacho de mando en Ferraz. Durán ha optado por María Jesús Serrano y Antonio Hurtado, al frente de la plancha, pero ha colocado a su hermana en el tres en una decisión polémica que puede tensar el partido si, como parece, se quedan con dos escaños.

Y luego están Ciudadanos y Podemos. Marcial Gómez y Marta Domínguez pueden hacer historia al convertirse en diputados sin que se les conozca pasado político ni de activismo en Córdoba. El de Ciudadanos, procurador de carrera, se toma las cosas con calma sabedor de que no hay mejor reclamo para el voto naranja que el de Albert Rivera. No obstante, la situación del partido en Córdoba y los malos resultados de las municipales podrían lastrar sus opciones. Marta Domínguez bastante tiene con sobrevivir a la guerra interna desatada en el partido morado tras ponerla a ella en lugar de Antonio Manuel Rodríguez al frente de la plancha. Cuenta a su favor con el impulso que Pablo Iglesias da a la marca y habrá que ver si es capaz de movilizar a los círculos para llevar a cabo la campaña. En ambos casos, no obstante, los dos partidos lograron acta parlamentaria en Sevilla en marzo sin que sus campañas fueran como para hacer historia.

Y luego está IU, rebautizada como Unidad Popular. Antonia Parrado es la carta de la coalición para intentar un hueco en la Carrera de San Jerónimo. La aspirante es buena, pero en IU dan por descontado que volverán a quedarse fuera. Eso sí, sueñan con lograr un voto más que Podemos.

Lo dicho quedan 15 días de suplicio. Tómenselo con calma, disfruten del puente y mediten. Que hay mucho en juego.

Candidatos molones

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 29 de noviembre de 2015 a las 7:26

Dentro de tres domingos (hoy ya no cuenta), los españoles acuden a las urnas en las elecciones más importantes en los últimos 35 años. Está en juego la arquitectura constitucional del país, la organización territorial y el reparto de fondos entre las comunidades autónomas. El desafío soberanista catalán, la respuesta a la amenaza yihadista o la modificación de la estructura de sucesión a la corona también están sobre la mesa. Al tiempo, la irrupción de Podemos y Ciudadanos atisba el fin del bipartidismo PP-PSOE tal y como estaba entendido hasta el momento y la constitución de unas Cortes Generales más abiertas que nunca y con cuatro partidos con capacidad de decisión y mando. El Gobierno que salga de las urnas del 20 de diciembre con toda seguridad no estará respaldado por una mayoría absoluta y los responsables políticos habrán de demostrar su capacidad de negociación y encuentro para sacar adelante al país en este atisbo de recuperación tras la crisis económica. Así de fácil es la decisión que cada español tiene ante sí a la hora de elegir su opción política.

DEBATE ELECTORAL ENTRE ALBERT RIVERA Y PABLO IGLESIAS

Albert Rivera y Pablo Iglesias, el viernes antes del debate electoral que mantuvieron en la Universidad Carlos III de Madrid.

Vivimos tiempos de transformaciones vertiginosas, irrumpe una nueva mayoría ciudadana que se ha criado en democracia cuyas exigencias son nuevas y diferentes. Lo que hasta el momento nos ha servido como pegamento está puesto en duda y una época en la que la satrapía, el nepotismo, la corrupción y la desvergüenza han campado a sus anchas parece encontrar su fin. La nueva sociedad de la tecnología, la comunicación instantánea y la regeneración política e institucional afronta su primer gran momento. Atrás quedan el 15-M, la crisis, el rescate a medidas, los ERE, la Gürtel, Bárcenas, el 3% catalán y otras tantas miserias. Es hora de comenzar el cambio y parece que hay conciencia social de esta necesidad.


Ante esta situación, los partidos llevan meses preparando su terreno, diseñando estrategias sesudas con las que desmarcarse del contrario. Los gurús electorales se devanan la sesera pensando cuál será el mejor método para que sus candidatos aparezcan frescos y renovados ante el elector. La eterna campaña que vivimos en este 2015 se americaniza a marchas forzadas y se buscan métodos rompedores. La frescura de Pablo Iglesias y Albert Rivera choca de frente con el desgaste que arrastra el PSOE desde el final del zapaterismo y con la tristeza camuflada en rigor con la que se maneja Rajoy. Hay que darle la vuelta a la cosa, piensan los estrategas, y para ello hay que hacer todo lo que sea necesario. Convirtamos al candidato en un tío molón, señala el más avezado, y allí que todos los demás comienzan a buscar un hueco en el que destacar cuán humano es su caballo de carreras. Descendamos una montaña, montémonos en un coche de rallies, bailemos en un programa, comentemos un partido de fútbol, echemos unas cañas con Bertín… Hagamos el gamba, que así seguro que captamos decenas de miles de sufragios. Es la era del espectáculo. Si a Obama le ha ido bien, por qué no a nosotros, piensan en los cuarteles de mando.

RAJOY RECIBE A SANCHEZ EN LA MONCLOA PARA ANALIZAR LA RESPUESTA A LA DECLARACION INDEPENDENTISTA

Mariano Rajoy y Pedro Sánchez saludan durante uno de sus últimos encuentros en La Moncloa.

 

Y, mientras, el ciudadano asiste atónito al show. Ve casi con ardores a los partidos tradicionales bailando a un son en el que son arrítmicos. Como ese amigo de farras que daba vergüenza ajena cuando se lanzaba a la pista en busca del triunfo al final de la fiesta. Seamos molones, repiten los estrategas. “Y el contenido de los mensajes, ¿qué hacemos con él?”, dice uno al fondo. “Ah, por eso no te preocupes, llama a la Campos y di que vamos el sábado”, responde el otro. “¿No ves que somos molones?”.