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El pacto de Susana

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 12 de abril de 2015 a las 8:53

Susana Díaz vino el viernes a Córdoba a decir, entre otras cosas, que hay que dejarla tomar posesión como presidenta de la Junta de Andalucía porque los andaluces “han hablado con claridad” y quieren que sea ella quien lidere el nuevo Gobierno autonómico. La socialista exigió que se respete “el mandato de los andaluces” y que se deje gobernar al partido “que ha ganado las elecciones”. Hasta aquí todo bien, no hay pega en el discurso ni posibilidad de ponerle ningún pero. Es cierto que el PSOE ha ganado los comicios y que lo normal es que sea este partido el que forme el próximo Gobierno. Claro que no todo es tan sencillo.

RABANALES

Susana Díaz recibe un regalo de los agentes forestales en la apertura del congreso nacional en el campus de Rabanales de la Universidad de Córdoba.

Susana Díaz resultó vencedora en las urnas el pasado 22 de marzo, pero, como decía esta semana en estas páginas con su habitual sabiduría Pepe Aguilar, el resultado obtenido por la candidata socialista es el peor de la historia de su partido y, pese a haber repetido el mismo número de diputados que su antecesor, José Antonio Griñán, la situación le debe obligar a moderar algo su estrategia y discurso. Por este motivo, choca escuchar a Díaz reclamar “responsabilidad a los partidos” cuando ella misma no parece estar actuando de esa manera. Es más, suena un tanto surrealista –por ser fino– que la aspirante a San Telmo pida a los demás que abandonen “cuanto antes” las “estrategias y tacticismos” cuando ella misma convocó a las urnas en un ejemplo de tacticismo y estrategia política fuera de toda duda. Claro que no contaba con que su visión del partido no iba a ser la del total de los andaluces y que iba a acabar teniendo que lidiar con el Parlamento más diverso y fraccionado de la historia política andaluza.

A la vista de que le está costando torear en esta nueva plaza y dado que Podemos y Ciudadanos se le han cerrado en banda, ahora la presidenta en funciones ha pedido “dejar ya el politiqueo de lado” y le exige al PP que se olvide de su propuesta de cambiar la Junta por los ayuntamientos. No se oculta Díaz; tiene claro que ha de presionar a Moreno Bonilla a través de Rajoy para que la deje pasar en la Cámara, y exige para sí lo que ella misma no está dispuesta a darle a los demás. Sin azoramiento alguno viene a decir que a ella hay que votarla porque así lo quiere el pueblo andaluz, pero que después de las municipales lo que quiera ese mismo pueblo andaluz deberá filtrarse a través de los ojos de sus políticos.

En democracia, los pactos son tan legítimos como las abstenciones o los votos en contra. Lo que no es tan legítimo es pretender que lo que vale para unos no lo haga para otros porque el interés de los primeros debe prevalecer siempre sobre el de los segundos. O, dicho de otra manera, los votos de los míos valen más que los de los tuyos, ahora y después, digan lo que digan las urnas. Porque una cosa es “respetar la voluntad de los andaluces”y otra muy distinta hacer lo que ellos quieran. Y está claro que los andaluces sabemos lo que queremos para la Junta, pero no tenemos ni idea de lo que preferimos para nuestro ayuntamiento. O eso dice ella.

El bochornoso ejemplo de Irene y Manuela

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 29 de marzo de 2015 a las 10:44

Irene Sabalete era delegada de Empleo de la Junta en Jaén en el año 2012 cuando se celebraron las anteriores autonómicas. Ni corta ni perezosa, un día reunió a los trabajadores de las Utdelt y, sin anestesia, les dijo que si querían seguir en sus puestos de trabajo tras los comicios no solo debían votar a su partido sino que además debían hacer campaña a su favor. El caso es aún más sangrante, pues Irene fue una de las detenidas el martes por orden de la juez Alaya por el feo asunto de las subvenciones de los cursos de formación. Un regalito vamos.

Manuela Gómez es delegada de Educación, Cultura y Deporte de la Junta en Córdoba y el pasado lunes se dirigió por vía oficial a sus colaboradores para agradecerles el esfuerzo que había derivado en la victoria socialista en las urnas el pasado domingo. Así, sin paños calientes ni ningún tipo de rubor. En su defensa, Gómez, que no es precisamente la política con mejor prensa de la provincia, ha dicho que ella lo que hizo fue mandar un correo electrónico y que una secretaria fue la que trasladó aquello a un papel oficial con membrete. Como si lo del correo no fuera ya de por sí suficientemente lamentable.

Ante ambos casos, el PSOE ha reaccionado peor que sus militantes y se ha limitado a pedir perdón por lo de Jaén o decir que en Córdoba Gómez ha pedido perdón. Una muestra más de cuán lejos viven los partidos de la realidad de la calle. No basta con pedir perdón en estos casos, con sacar a la palestra a alguien que diga lo mal que lo ha hecho la compañera de turno y, como un niño chico cuando rompe un vaso, confiar en que papá y mamá se apiaden. Lo de estas dos señoras es una demostración absoluta de desprecio democrático, de utilización de la institución para defender unos colores y de abuso de poder sin límite. Esto ha pasado aquí con el PSOE, pero no sería extraño que pudiera darse igual en otras comunidades en las que gobiernan otros colores.

Ante semejante barbaridad, la respuesta del partido, la única respuesta del partido, debería haber sido la expulsión de ambas señoras, la asunción de responsabilidades por parte de sus mayores y la aparición de algún responsable de los de verdad, no esos pobrecitos que salen y se comen los marrones, entonando el mea culpa ante el bochorno generalizado. Eso es lo que se hace en los países democráticos, eso es lo que los ciudadanos exigen de sus políticos cuando cometen tropelías de este tipo. La corrupción, la confusión del bien particular con el común y el abuso de la posición dominante son los males que han hecho –y están haciendo– tambalearse un sistema que costó mucho poner en pie. Que personas que ocupan cargos públicos, que se dedican a gestionar su interés y el mío se permitan orinarse en la ciudadanía de esta manera debería estar más que castigado. Es una inmoralidad, una vergüenza y una falta de respeto para quien sale cada día a la calle a ganarse el pan o a buscar un modo de hacerlo. Y es el motivo por la que la bilis está sustituyendo a la razón en política. Pero aquí no dimite nadie.

Que vote usted bien

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 22 de marzo de 2015 a las 10:25

Ha llegado el momento. Los andaluces volvemos hoy a las urnas en las elecciones autonómicas más abiertas y desconcertantes que se recuerden. La eclosión de nuevos partidos como Ciudadanos y Podemos, unida a la crisis que atraviesa el bipartidismo tradicional de PP y PSOE y las consecuencias que el cogobierno pueda tener sobre IU se dirimen hoy de la mano de la voluntad de más de seis millones de andaluces. Nadie sabe qué pasará esta noche cuando se abran las urnas, aunque parece claro que la composición del próximo Parlamento andaluz será mucho más amplia y plural, con la presencia de hasta cinco formaciones políticas. Buena noticia esta para la política andaluza, demasiado estancada en un discurso que ha parecido en muchas ocasiones un partido de tenis.

Más allá de esta variante partidista, lo que los andaluces nos jugamos hoy es mucho. Es, en primer lugar, contar con un Gobierno que pilote la salida de la crisis que se está esbozando. Con seriedad y rigor, con las ideas claras y cuatros años por delante para establecer las políticas necesarias que doten de estabilidad a nuestro futuro. Estos años han sido demasiado duros para los ciudadanos como para que podamos retroceder en el camino andado, lo que obligará a quienes compongan desde mañana el arco parlamentario a hacer un esfuerzo de rigor y responsabilidad en beneficio de todos. Responsabilidad a quienes estén en el Gobierno y a quienes formen oposición. Altura de miras y sentido de Estado.

También tenemos hoy ante nosotros la posibilidad de mostrar al resto de España la salud de nuestro sistema democrático y nuestra condición de comunidad histórica. Una asistencia masiva a las urnas es lo que se reclama en momentos como los actuales en los que nos jugamos tanto. Andalucía tiene el reconocimiento estatutario como una nacionalidad histórica y no acudir hoy a los colegios electorales es traicionar a quienes se dejaron la piel por conseguirla y renunciar voluntariamente a formar parte del sistema.

Porque, y esto es lo más importante, hoy tenemos la posibilidad de elegir qué queremos para nuestro futuro. Sea cual sea la opción política por la que nos decantemos tenemos esa posibilidad. El voto, elemento mantenedor de la democracia, es un derecho para todos, pero también ha de considerarse una obligación. Afortunadamente, hace muchos años que quedó atrás la época en la que votar era un lujo o directamente no servía para nada. Vivimos tiempos convulsos, difíciles y determinantes, pero afortunadamente tenemos la posibilidad de decidir nosotros mismo el modo en el que queremos enfrentarlos. Por eso, hoy hay que ir a votar. No hacerlo sería, como ya se ha dicho, traicionar nuestras propias creencias y situarnos al margen del sistema. Y este, por fallos y grietas que tenga, es el mejor del que nos hemos dotado en toda nuestra historia. No lo dilapidemos. Que vote usted bien.

Susana se lo juega todo

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 25 de enero de 2015 a las 8:39

Por si alguien tenía alguna duda, Susana Díaz ha demostrado esta semana quién es la que manda aquí. En Andalucía y en el PSOE nacional. La presidenta de la Junta, salvo que ocurra algo muy, pero que muy raro, lanzará mañana su campaña de ascenso a las alturas de la política con la convocatoria anticipada de las elecciones andaluzas. Díaz se ha cansado de esperar y ha visto la ocasión de culminar su estrategia tras unas Navidades en las que da la impresión que se ha dedicado a reflexionar, estudiar encuestas y trazar su plan de ruta. Ha llegado la hora de actuar, parece haberse dicho, y tirando de unas excusas más bien prefabricadas ha decidido darle la patada a sus socios de Gobierno en busca de una victoria que la consolide.

susanaLo cierto es que hay que reconocerle a la presidenta que en esto de la política se mueve bien. Mañana firmará un decreto que coge absolutamente en fuera de juego a todos sus rivales, obligados ahora a correr y modificar sus planes. Por un lado, Podemos, el gran temor de Díaz, tendrá que acelerar su proceso de elección de lideresa y candidata para que la gaditana Teresa Rodríguez se lance al ruedo electoral con algo de tiempo. Al tiempo, las secciones locales de la nueva formación tendrán que afrontar su primer envite serio conel diseño de listas cuando aún están frescos ciertos enfrentamientos a al elegir a sus cuadros de mando locales. Al PP, la convocatoria lo pilla con un líder que no termina de conectar y le va a obligar a confeccionar unas listas que no estaban ni pensadas y para las que hay que buscar nuevos reclamos. Y, finalmente, a IU esta llamada a las urnas la va a llevar al culmen de su bipolaridad. La coalición deberá mandar un mensaje de alejamiento de sus socios de Gobierno que le pueda servir para frenar la sangría hacia Podemos, mientras que, por otra parte, tendrá que tirar de sus logros en ese mismo Gobierno roto para reivindicar su labor de gestión. Un lío más para un partido ya de por sí bastante enmarañado.

Pero no solo convoca Susana para hacerse con el poder en Andalucía y marcar su territorio en un Gobierno con menos ataduras. La líder socialista quiere, por un lado, salvarse de la quema de unas municipales que no le pintan nada bien a su partido, bastante ausente de la vida municipal en este mandato. Díaz sabe que su cartel tiene mucho tirón y le puede dar la victoria, pero no quiere arriesgarse a que una convocatoria conjunta con las locales le pueda jugar en contra. Que los experimentos se hacen con gaseosa.

Por otro lado, la presidenta andaluza ha puesto ya definitivamente el ojo en Madrid, donde es recibida cada vez que va con alfombras rojas (y no solo por sus compañeros de partido) y se la ve como la única salida para salvar a un socialismo en el que Pedro Sánchez parece tener las horas tan contadas que hasta Zapatero se le ha revelado. (Triste que te mate el llamado bambi).

Susana Díaz apuesta fuerte y se juega el todo por el todo convocando el 22 de marzo con tan poco plazo. Si le sale bien, tendrá el camino expedito para llegar algún día a La Moncloa. Como pinche en hueso, su carrera habrá acabado a la misma fulgurante velocidad a la que despegó.