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Altura de miras

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 9 de junio de 2014 a las 11:38

Tiene España la fea costumbre de andar siempre poniendo en duda todo lo que logra. No es que lo haga porque tenga un irrefrenable sentido del perfeccionismo, sino que más bien esta tendencia tiene mucho que ver con nuestra capacidad autodestructiva. Aquí para triunfar hay que ser incontestable como Rafa Nadal porque sino siempre habrá alguien que venga a ponerte pegas. El cainismo es deporte nacional y esta semana hemos vuelto a ver un ejemplo. La abdicación de Juan Carlos I ha convulsionado el país más por la pegas que se le puedan poner al monarca que por la importancia histórica del hecho. La marcha del hombre que hizo posible la democracia en España, del estadista más relevante que hemos tenido desde hace muchos siglos se ha visto enturbiada por la habitual tropa de críticos furibundos que todo lo cuestionan. Ponen en duda el papel mismo del Rey en acontecimientos como el 23-F, la demolición del régimen franquista o la entrada en Europa a través de argumentos miopes y cargados de demagogia. Negar que Juan Carlos I ha sido clave para que hoy podamos hablar como lo hacemos es casi tanto como no admitir que vivimos en democracia. El papel del monarca ha sido determinante y, con sus errores, no ha lugar el revisionismo. Más aún cuando en buena medida viene liderado por algunos que no han sido capaces jamás de tomar su ejemplo. Pedir perdón por conductas reprobables como hizo él es algo que no hemos visto nunca en política.

Luego tenemos el debate del referéndum sucesorio, una reclamación legítima pero que está siendo manipulada. Padecemos ahora una corriente que pide revisar la articulación del Estado pasándose por el arco del triunfo la Constitución. El argumento no puede ser más pobre, puesto que decir que el 60% de los votantes actuales no la refrendamos es una perogrullada mayúscula. (Imagínense ustedes este argumento en EEUU, donde la Constitución tiene ya varios siglos). La legitimidad de un posible cambio está fuera de toda duda, pero ha de hacerse como está previsto, a través de las urnas y yendo a unas Cortes Constituyentes que, de paso, retoquen otras muchas cosas que hay que retocar.

Afirmar que hay que hacer un referéndum de inmediato, basado además en unos resultados electorales que, si bien son relevantes, no son ni mucho menos definitivos, es ceder a esa tendencia de este país nuestro de hacerlo todo a la ligera, corriendo y sin pensar las consecuencias de nuestros actos. Todo ello adobado por no poca demagogia y oportunismo. Pretender que los resultados de las europeas desvirtúen los de las generales de 2011 es intentar ganar en la calle lo que no se logró en las urnas, y eso, históricamente, ha acabado a tiros por estos lares. Si hay que cambiar las cosas se hace, pero con altura de miras, con calma, teniendo en cuenta que en España vivimos 40 millones de personas y no cuatro y sin olvidar nunca ni qué tenemos ni qué hemos logrado. Que los inventos nunca han sido buenos a la hora de gobernar. Y al Rey démosle la despedida que se merece, no seamos egoístas y recordemos cuánto bueno él y nuestros padres le han dado a este país.

Lecturas cordobesas de las europeas

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 1 de junio de 2014 a las 8:08

Ahora que ha pasado una semana de las elecciones europeas toca analizar lo ocurrido el pasado domingo en las urnas de esta Córdoba nuestra. La cosa va por barrios y, aunque algunos estén más contentos que otros, lo cierto es que todos los grandes tienen motivos para preocuparse por lo visto el domingo. Sólo las fuerzas del extrarradio pueden estar satisfechas, pues la irrupción de unas y la consolidación de otras plantean un panorama algo más abierto.

Empezando por el PP, los chicos de Nieto deberían mirarse muy mucho lo que les ha ocurrido. Han perdido 17 puntos en la capital y se han situado por debajo del 35% de apoyo que les garantizaría revalidar el gobierno municipal. La crisis, la falta de una gestión con resultados visibles para los ciudadanos, la dispersión del alcalde durante meses en los que ha estado con la mirada puesta en Sevilla y la nula consecucn de las iniciativas que se ponen en marcha lastran a los populares. En la sala de mandos popular se cree que los resultados no son tan malos, se mira hacia la masiva abstención de los suyos y se considera que la izquierda más radical, la que aúna a IU y Podemos, ya está completamente movilizada. Una lectura un tanto autocomplaciente que no debería obviar el hecho de que en el año que queda hasta la municipales, bien haría José Antonio Nieto en ir recuperando esa imagen de calle y trabajo que le llevó a la mayoría absoluta. De lo contrario va a sufrir bastante. no debería olvidar el caso de Rafael Merino.

En el PSOE la cosa está aún peor. Han perdido 15 puntos y han mostrado cuál es su suelo electoral, casualmente el mismo número de personas que los apoyan en las municipales desde hace años (algo que no es para tirar cohetes). Los socialistas caminan descabezados en la capital, sufren el abandono del voto joven y ven cómo sus tradicionales apoyos se van a la abstención. El resultado andaluz no debería nublarles el análisis y el congreso de julio tampoco debería ser freno para poner en marcha acciones que los saquen del anonimato en el que se encuentran inmersos. Su discurso hace mucho que dejó de calar entre los cordobeses y su falta de liderazgo, aumentado con la marcha de Durán al Senado, es más que notoria.

En IU están contentos porque han triplicado apoyos respecto a 2009, han recuperado la movilización de su electorado y comienzan a verle los frutos a la ingente labor de calle que están llevando sus principales responsables. La inminente designación de su candidato a las municipales no parece que vaya a convertirse en la batalla campal que habitualmente desgasta a esta formación. No por nada, sino porque me juego lo que quieran a que Pedro García será el designado en un ejercicio perfectamente sincronizado. No obstante, la irrupción de Podemos le resta sonrisa a la coalición, que se ve superada por la izquierda y que podría encontrarse con grandes sorpresas dentro de doce meses si no es capaz de responder a las exigencias del ala más joven y a la izquierda de su potencial electorado.

Podemos es, sin duda, la mayor sorpresa en Córdoba desde la irrupción de UCOR. El partido de izquierdas ha obtenido más de 8.000 sufragios, que le garantizarían presencia en Capitulares y aglutina a su alrededor muchos movimientos sociales hartos de todo. Si dan con un cabeza de cartel conocido pueden saltar la banca dentro de un año. Y si, como se dice, cuentan con el beneplácito del nunca retirado Julio Anguita, la cosa puede ser aún mayor.

Más difícil lo tiene UPyD, cuyos más de 7.500 votos –que también los meterían en Capitulares– buscan un rostro al que seguir en un partido que pierde en lo local lo que gana en lo nacional. La formación magenta, pese a todo, puede ser un importante dolor de cabeza para los grandes ya que suele ser receptor del descontento de los votantes tradicionales de estas dos formaciones. Ahí tendrá que vérselas también con Ciudadanos, cuyos más de 2.000 sufragios tampoco debemos olvidar.

Y a todo este panorama hay que añadirle dos elementos. El primero es que UCOR y Gómez no han comparecido en las urnas del 25-M y no debemos olvidar que al estrambótico empresario de Cañero le votaron en 2011 más de 25.000 cordobeses. El segundo es que la abstención del domingo fue una obscenidad y que esa enorme bolsa de votos puede bascular hacia cualquier parte. Mal harían PSOE o PP en pensar que van a ser los beneficiarios porque si hay algo que ha quedado claro es que el personal está cansado de ellos.

Queda menos de un año y la conclusión clara del domingo es que a los partidos les toca ponerse a trabajar. Que tampoco estaría mal, digo yo.

 

El valor de un voto

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 25 de mayo de 2014 a las 8:27

Estoy de acuerdo en que esta campaña electoral no ha sido precisamente enriquecedora. Comparto con la mayor parte de los ciudadanos que no ha habido argumentos, que se ha hablado de todo menos de Europa y que de no haber sido porque Arias Cañete dijo lo que dijo ni siquiera nos habríamos enterado de que hoy estamos llamados a votar. Suscribo la opinión de muchos que piensan que lo que salga hoy de las urnas vale para más bien poco, principalmente porque los eurodiputados suelen ser en su mayoría viejas glorias de las políticas nacionales venidas a menos o fogosos principiantes que encuentran en Bruselas un lugar donde dar sus primeros pasos. Sin embargo, a pesar de todo ello, creo que hoy es muy importante ir a votar.

Hoy hay que ir a votar, en primer lugar, porque afortunadamente podemos hacerlo  libremente, y eso nunca debe olvidarse. Hoy hay que ir a votar porque en Bruselas se juega mucho más de lo que creemos y, aunque los eurodiputados y la Comisión poco pueden hacer frente a frau Merkel, no está de más que los ciudadanos digamos lo que opinamos. Y hoy, finalmente, hay que ir a votar porque no hacerlo es entregarle el control a los exaltados, a los ultras, a los fanáticos populistas que quieren acabar con todo. Vote usted hoy, hágalo a quien quiera, a los grandes o a los pequeños, a los serios o a los menos formales, a los animalistas o a los taurinos, conscientemente o dejándose llevar por la resaca de dos días de Feria. Pero vote.

Porque si no votamos dejaremos que cafres como Jean Marie Le Pen puedan tener fuerza en el Parlamento para mantener su afirmación de que “la mejor solución contra la inmigración es el virus del ébola”. O que los británicos antieuropeos de UKIP puedan desequilibrar aún más el frágil equilibrio que mantienen las islas con el continente. O que la ultraderecha holandesa del Partido de la Libertad de Geert Wilders campe a sus anchas con su discurso excluyente y racista. Hay que votar porque aunque seamos menos ricos y tengamos menos dinero, los europeos del sur tenemos un concepto democrático más avanzado y menos excluyente que esos que dicen en el norte que son nuestros salvadores. Y eso no nos conviene nada.

Y mañana, una vez que hayan salido los resultados y unos y otros se den por ganadores, podremos decir que nuestros votos han servido como llamada de atención de una clase política que en España está generando un odio, un enfrentamiento y unas rivalidades que no se recuerdan desde hace mucho tiempo. Después de meter el sobrecito en la urna podremos decirles a estos que se supone que nos dirigen que ya está bien de tensar la cuerda, de pensar exclusivamente en su rédito personal y en sus intereses y que ya es hora de que nos tengan en cuenta. Porque si votando nos hacen poco caso, si no lo hacemos aún nos lo harán menos. Y no está la cosa como para andar regalando nuestro pensamiento y nuestra vida a quien no lo merece.

En otra galaxia

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 18 de mayo de 2014 a las 10:49

EL pasado jueves por la noche vi el debate de los candidatos de los dos principales partidos a las elecciones Europeas. Sí, de verdad, aunque no se lo crea lo hice. No sé si por obligación o por cierta tendencia al masoquismo, pero ahí que me planté ante la tele la horita y pico que duró la cosa. Porque fue una cosa. Miguel Arias Cañete y Elena Valenciano nos ofrecieron una hora de monólogos insulsos, carentes de ideas, basados en hechos sesgados, con la mirada puesta en el pasado y sin una sola propuesta en condiciones de lo que pretenden hacer ambos para mejorar este pequeño solar en el que habitamos. En resumen y tras un sesudo análisis al que dediqué cinco segundos puedo decir que aquello me pareció auténticamente un coñazo, un acto absolutamente prescindible y la demostración de que los partidos viven en este país al margen de la realidad.
DEBATE CAÑETE - VALENCIANONo es la primera vez que desde aquí insistimos en que quizás nos iría algo mejor si nuestros políticos, en lugar de vivir en la corte rodeados de estirachaquetas, vivieran un poco la realidad que palpamos los demás a diario. No estaría mal que a Cañete y Valenciano, y a otros muchos, los pasearan por una oficina, un mercado, una redacción, un colegio o un hospital camuflados para que supieran lo que realmente está pasando. Como esos programas de la tele en los que el jefe se disfraza para saber mejor qué es lo que pasa dentro de su empresa y se da cuenta de que sus trabajadores echan más horas de las que deben, se escaquean o cobran poco. No estaría mal un reality de este tipo, pero sin cámaras, que ya sabemos cómo se ponen nuestros próceres cuando ven un foco.
Lo mismo en Europa que en España, igual en Andalucía que en Córdoba. Vestir de hombre o mujer normal a quienes mandan para que sepan que cuesta la vida ser autónomo y ganar lo suficiente para vivir y cubrir los excesivos impuestos; o para que conozcan la carga laboral de nuestros médicos a los que se contrata al 75% para que trabajen al 120%; o para que pasen por casa de un albañil y le escuchen lamentarse por la de tiempo que hace que no coge un palaústre, o para que escuchen en el bar la opinión que les merece a los parroquianos oir hablar en esta ciudad de Rem Koolhaas.
Vivimos en realidades paralelas, en líneas que nunca se cruzan y que además van camino de convertirse en divergentes. Si lo que debemos esperar de nuestros representantes en Europa es lo que vimos en el debate del jueves, lo que se escucha a diario en mítines y entrevistas o lo que se propone de vez en cuando mal, muy mal, vamos. Y no es una cuestión de colores políticos, ni siquiera de competencias personales, es simplemente una cuestión de que quienes supuestamenhte nos gobiernan están cada día más alejados de nuestra vida. Porque pensar que tras esta demoledora crisis los ciudadanos se van a seguir tragando los argumentos y las formas de actuar de siempre es creer que aún nos chupamos el dedo. Urge una reforma mental de los partidos, una nueva forma de comportarse y una bajada a la realidad. De lo contrario, la más que previsible abstención del próximo domingo se va a convertir en norma. Y eso es muy peligroso.

Primarias europeas

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 12 de mayo de 2014 a las 17:47

El viernes arrancó oficialmente la campaña electoral de las Europeas, unos comicios que no suscitan interés alguno entre los ciudadanos y que, salvo sorpresa de última hora, van a contar con una asistencia a las urnas muy inferior al 50%. Suena duro, pero es así. Suena extraño, porque de un tiempo a esta parte deberíamos habernos dado cuenta de que lo que se trata en Bruselas nos afecta casi más de lo que se aborda en Córdoba, Sevilla o Madrid, pero es lo cierto. A los españoles esto de votar a los parlamentarios del avión les da más bien lo mismo. Además, el hecho de que los partidos principales midan estas elecciones en clave de primarias nacionales, regionales o locales incrementa la desafección de un electorado harto de sus dirigentes.

Lo que se ventila el domingo 25 no es moco de pavo. Del resultado de esas urnas saldrá un nuevo Parlamento y una nueva Comisión Europea que supuestamente debe tener más poderes frente a los Estados miembros de la Unión y una forma de gestionar nuestro futuro como Europa con algo más de decencia y fuerza de lo mostrado hasta ahora. Pero, mucho me temo, eso va a dar más bien igual por aquí. Ni los ciudadanos ni los partidos están por la labor de destacar esas cuestiones.

La cosa nacional está más en ver si el PP logra remontar el vuelo tras dos años y medio de Gobierno marcados por los recortes, el paro y el cabreo general. El PSOE está en la difícil tesitura de comprobar si su oposición vale para algo, si sus votantes creen en sus dirigentes o si los resultados los abocarán a un congreso extraordinario en el que intentar reflotar el más que tocado barco del socialismo español. A IU y UPyD la cosa europea debe servirles para conocer si realmente son ciertas esas encuestas que dicen que van en crecimiento continuado y que, ante unas elecciones de mayor calado, pueden ser capaces de convertirse en alternativa real para pintar en la política nacional algo más de lo que lo hacen ahora.

Las europeas también tendrán una importante lectura andaluza, ya que Susana Díaz se juega saber hasta qué punto su enorme campaña de lanzamiento ha calado entre el electorado. Si la rutilante presidenta de la comunidad logra ganar el 25-M, habrá dado un paso de gigante para consolidarse como la gran esperanza blanca del socialismo patrio. Podrá hacer y deshacer a su antojo y tendrá las cartas en la mano para ver si adelanta las andaluzas, si frena las primarias nacionales o si opta a la secretaría federal de su partido. Todo eso se juega Susana. También Moreno Bonilla -gran nombre para un árbitro- va a testar su impacto electoral. El nuevo rostro de los populares andaluces se juega la posibilidad de marcar el ritmo y asentar su liderazgo en caso de que sus resultados no sean tan malos como se prevén (que se prevén). Por último, IU mide cómo de bien o de mal le ha ido el acuerdo de Gobierno para fijar su hoja de ruta y ver si tensa la cuerda un poquito más o espera.

Y todo esto gracias a una participación que si llega al 45% será un éxito. ¿Cree usted que se pueden sacar tantas conclusiones así? Pues ellos sí y veremos cómo cambian muchas cosas después del 25-M.

El interés de Córdoba

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 7 de abril de 2014 a las 9:52

En estos días en los que vemos fracasar el proyecto de Capitalidad Cultural Europea de San Sebastián para 2016, uno recuerda aquel día de junio de 2011 en el que se soterraron los sueños de Córdoba. Vienen a la memoria el chasco y la decepción, los cordobeses que acudieron a Las Tendillas, la impotencia por una injusticia y la unidad de una ciudad alrededor de un sueño. De eso han pasado ya casi tres años, tiempo más que suficiente para que  a muchos se les haya olvidado que hubo un tiempo en el que los partidos caminaban de la mano por el bien de Córdoba. Lamentablemente, de eso no queda nada ya. Es una pena observar cómo, semana tras semana, el interés común es el menor para una clase política empeñada en mirar sólo hacia sí misma bajo la premisa del cuanto peor, mejor.

El último capítulo de esta historia interminable lo hemos tenido el viernes con el anuncio de la Consejería de Fomento de que exigirá al Ayuntamiento la devolución del coste del Centro de Recepción de Visitantes si no modifica sustancialmente el pliego de adjudicación. Dice el departamento de la cordobesa Elena Cortés –la misma que dice que el metrotrén es un “juguetito electoral”– que lo que pretende licitar el Consistorio es una chapuza, entre otras cosas, porque aspira a  que el adjudicatario pague los muebles, porque registra un bar y porque incluye a la empresa privada. Zape, empresa privada caca. Para eso estamos todos los cordobeses, para pagar los muebles de un edificio público. Si leen ustedes hoy este periódico, verán que Fomento lo que quiere es seguir con el pliego de 2011 del cogobierno entre IU y PSOE, en el que se establecía que los cordobeses debíamos aflojar 300.000 euros por amueblar el sitio porque tenemos mejor gusto que nadie. Además, se imponía un bar que podía abrir más horas que el centro de recepción, pero no porque fuese una terraza de copas, que va, sino supongo que para disfrutar de las vistas del río. Todo esto entre lindezas como 10.000 euros para una mesa o 40.000 por la asesoría del que diseñó los muebles.

Se ve que en Fomento no han asumido aún muy bien que estando el patio como está parece mejor que sea el adjudicatario el que corra con los gastos a que lo haga una ciudadanía exhausta a la que esos dineros seguro que le vienen mejor para empleo que para modernas sillas. Pero claro, lo que a usted o mi nos pueda interesar jamás es lo que le interesa a nuestros gobernantes, más pendientes de chincharse unos a otros que de darle futuro y horizonte a la ciudad. En el centro de visitantes como en el metrotrén, el centro de convenciones, el aeropuerto, la Corredera, las naves eternas de la Colecor o los planes de empleo. El interés de Córdoba, que usted lo sepa, no es el de los cordobeses, masa de borregos incapaces de saber lo que quieren. El interés de Córdoba es el de sus ¿elites?  dirigentes. Que le quede claro. Que es usted un ignorante y debería saber que estamos mucho mejor con todo cerrado. ¿Para qué vamos a mejorar con lo bien que se vive aquí?

Palabra de Durán

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 31 de marzo de 2014 a las 10:11

Uno de los mantras básicos en la política es aquel que dice que lo más importante no es llegar a un cargo sin saber irse de él. A excepción de Adolfo Suárez –y quizás de Zapatero–, en este país nadie ha sabido irse jamás del cargo y, mucho menos, reconocer los errores cometidos en el desempeño del mismo. Los dos mayores ejemplos han sido Felipe González y José María Aznar, dos expresidentes que continúan lamentando por las esquinas que sus sucesores no les hicieran caso y siguieran las sendas que ellos abrieron. Es la condición política. Ésa que parece decir que yo soy el mejor y me voy porque los demás no son capaces de entender que lo soy.

Esto que les ha pasado a los expresidentes del Gobierno, le ha ocurrido a cargos de toda índole y condición, desde alcaldes a concejales, pasando por presidentes de diputación y medio pensionistas de la cosa pública. Sin embargo, hay ocasiones en las que hay quien riza el rizo y se sale del mapa. Eso es lo que ayer hizo el secretario general de los socialistas cordobeses, Juan Pablo Durán, en la entrevista que concedió a la agencia Europa Press y que ustedes pueden leer unas páginas más adelante. Dice Durán que él nunca quiso ser candidato, que sólo lo fue porque quienes estaban llamados a serlo renunciaron y porque el portavoz de aquel entonces, Rafael Blanco, era imposible que lo siguiera siendo. Dice el actual senador – qué gran sitio el Senado– que él llegó a encabezar las listas del PSOE porque no había nadie más y porque él era el más conocido. Así, sin anestesia. Tremendo.

Según las palabras de Durán, él fue candidato por exclusión y como haciéndole un favor al partido, por lo que hemos de entender que sus resultados en 2011 no fueron culpa suya sino de la defección general de los demás. Del mismo modo que debemos entender que los socialistas se hallaban entonces sin banquillo ninguno y tuvieron que tirar del primero que tuvieron a mano con tal de salvar –por 500 votos más o menos– los cuatro ediles que llevan teniendo desde hace ya más de una década. Podemos entender que con estas palabras Durán argumenta que su marcha al Senado responde a su desafección por la cosa local y al justo pago partidista hacia quien en su momento se ofreció como cabeza de turco ante las urnas. Sorprendente.

Y dicho todo esto a uno le queda la pregunta de pensar qué es en lo que piensa el socialismo cordobés. Cómo ha podido permanecer casi tres años con un portavoz que reconoce públicamente que ha estado donde ha estado a disgusto y sin ganas. Cómo es posible que en el partido que lleva más de 30 años en el Gobierno no haya nadie dispuesto a dar la cara por los compañeros de Córdoba. Cómo puede ser que siempre se equivoca la Ejecutiva a la hora de poner a su cabeza de cartel. Y muchas cosas más.

Lo cierto es  que reconozco mi sorpresa. Admito que este es uno de los argumentos más singulares que he escuchado en años. Albergo dudas de lo que pasará de cara a 2015. Las palabras de Duran hablan solas. Y luego seremos los demás los mal pensados.

Cansados de farfolla

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 26 de mayo de 2013 a las 9:04

Dicen los que saben de tiempos políticos que en los mandatos municipales o legislaturas parlamentarias los dos primeros años no sirven nada con vistas a la reelección y que lo que cuenta es lo que se haga en los dos últimos. Quizás por ello, los chicos de Nieto han anunciado que se acabó la era de la herencia recibida y que llega la hora popular. Está bien esto de saber que existen proyectos en la cartera por realizar, que hasta el momento más bien poco hemos visto. Unión Cordobesa (UCOR), mientras,escenifica su sainete con un juicio alrededor de si lo que se hizo en un cartel fue pintar un garabato o dibujar una nariz de payaso. Tremendo debate este que consume a la principal fuerza de la oposición, que no se sabe si está formada por cinco, por tres y dos o por uno y cuatro. La izquierda, por su parte, se ha lanzado al cuello del equipo de gobierno como no habían hecho hasta ahora. IU revive tras dos años en los que dicen que ha tenido cuatro concejales, aunque yo me pregunto dónde han estado tres de ellos. Y, el PSOE, casi en la misma situación, enseña las uñas de un grupo municipal inexistente si no es por la desenfrenada labor de lectura y comentario de texto del ubicuo Emilio Aumente.

Esta semana, decía, hemos visto al portavoz de IU, Francisco Tejada, romper uno de esos límites que no se traspasan en política al desvelar dónde va a vivir el alcalde para acusarle de saltarse la ley. Está feo esto de poner en solfa el lugar de residencia familiar de nadie. Y más feo aún está hacerlo acusando sin acusar, sembrando la duda sin dar la cara de frente, con datos y papeles contrastados. De respuesta hemos visto al alcalde perder los papeles y llamar sinvergüenza, despreciable y mentiroso al susodicho Tejada, horas antes de lanzarse a una surrealista sucesión de tweets –qué daño le está haciendo a la Política con mayúsculas esto del twitter–en respuesta a un artículo que ponía en duda sus palabras. Está bien saber que el alcalde está vivo, que en estos dos años se ha prodigado poco, pero no es digno de la máxima autoridad local proferir improperios y jugar a los mensajitos como un adolescente. De postre, el líder del PSOE se ha despachado con el anuncio de ir la guerra contra el gobierno municipal, en tono amenazante y belicoso que nada aporta, sólo enturbia y no ofrece solución alguna.

En esta última semana, pues, nuestros próceres locales nos han enseñado justo lo que menos gusta a los ciudadanos. Han dado un auténtico ejemplo de cómo crispar, cómo conseguir que el alejamiento entre la realidad ciudadana y la vida política sea cada vez mayor. La política no puede, ni debe, ser esto. El gobierno tiene que gobernar o intentarlo, capear la crisis y dejarse de zarandajas y pleitos de patio de colegio. Y la oposición tiene que hacer oposición, pero de verdad. Con argumentos, propuestas reales y voluntad de sacar a la ciudad del agujero no con la frase fácil, la descalificación gratuita y la patadita rastrera.

Lo demás que hagan unos y otros es farfolla, es darle la espalda al pueblo y mirar al propio ombligo por encima del de los demás. Y ya está bien de hacer eso hombre, que no está el patio para juegos ni para lucimientos futiles.  

El número uno de Nieto

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 30 de septiembre de 2012 a las 10:37

El PP reeligió ayer por unanimidad aplastante a José Antonio Nieto como presidente del partido para los próximos cuatro años. Normal, el también alcalde de Córdoba tiene en su haber los mejores resultados de la historia de su partido en la provincia, un éxito que ni él mismo podría imaginar cuando accedió al cargo por primera vez hace ocho años. Los populares disfrutan en la actualidad de mayoría absoluta en la capital y en la Diputación –el otrora fortín inexpugnable del socialismo–, gobiernan en localidades de la relevancia de Montilla, Cabra o Priego de Córdoba y han ganado posiciones en Baena, Lucena o Puente Genil. Lo dicho, todo un éxito.

Sin embargo, un año y medio después de las municipales o, mejor dicho, a dos años y medio de la próxima cita local con las urnas, la presidencia de Nieto no se antoja fácil y las medidas tomadas en este congreso son el primer paso para reactivar a un partido que ha caído en cierta sensación de adormecimiento. Dos años y medio, y más con la que está cayendo, no son prácticamente nada en política y hay que comenzar rápido a sembrar las semillas que garanticen la reedición del éxito. En la capital, Nieto no tiene grandes problemas. Me explico. La práctica inexistencia de oposición en la izquierda, por su reducido tamaño y falta de proyecto definido, y el desmoronamiento del mesiánico proyecto de Rafael Gómez en Unión Cordobesa (UCOR) le garantizan al regidor una etapa tranquila en lo político y poder centrarse en asuntos de relevancia como el paro o la salida de la crisis.

En la provincia la cosa cambia. Primero en la Diputacion, que se tomó por sorpresa y donde hace falta poner orden. No son pocos los cargos del PP que la dan por perdida en 2015 y el excesivo protagonismo del multifuncional Salvador Fuentes amenaza con fagocitar hasta a los vigilantes de la puerta. Nieto necesita que La Merced dé más juego por los pueblos cordobesespara animar a los electores a pasarse a la gaviota y dejar la rosa o el solecito. El chasco de las autonómicas encendió la señal de alarma y, por eso, ayer se decidió establecer un sistema comarcal en el partido que le permita ganar votos al PP en las localidades de entre 5.000 y 15.000 habitantes, donde hace aguas seriamente. Además le hace falta consolidar pueblos como Montilla, donde Cabello de Alba vive un difícil equilibrio, y mantener otros como Lucena, donde Manuel Gutiérrez está dando menos juego del esperado. Nieto sabe que los suyos deben fajarse más en los bares y menos en los casinos si quieren ser la primera fuerza provincial y está decidido a conseguirlo. Porque quiere ser el número uno en Córdoba y porque eso vendería muy bien en Sevilla cuando el PP empiece a ponerle cara al rival de Griñán. ¿Podría ser el número uno allí también?

IU, entre predicar y dar trigo

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 1 de julio de 2012 a las 10:00

“Muy difícil, muy difícil”. Con esta claridad expresó el exalcalde de Puente Genil y parlamentario andaluz Manuel Baena la relación entre su partido y el PSOE en estos cuatro próximos años. Baena fue uno de los tres diputados de IU que no refrendó el miércoles el plan de recortes aprobado por el Gobierno andaluz que tiene en pie de guerra a los trabajadores dela Sanidadola Educaciónde la comunidad. En el primer asunto de enjundia que tenía que respaldar la coalición surgida de las urnas el 25 de marzo, el 25% del grupo parlamentario de IU se desmarcaba de las directrices impuestas por su dirección política y, si bien no impedía que las medidas salieran adelante, sí que ponía sobre la mesa el abismo que separa lo prometido de lo hecho por el socio más a la izquierda del Ejecutivo andaluz. Tal es esa distancia que José Manuel Sánchez Gordillo, el peculiar alcalde de Marinaleda, afirmaba ese mismo día que “IU perdería la mitad de sus votos si hubiera elecciones anticipadas ahora”.

 

El partido que lidera Diego Valderas está ante el espejo. En apenas tres meses de cogobierno, IU ya le ha visto la cara más desagradable a la gestión. Para muchos es cómplice de unos ajustes que tienen en pie de guerra a los médicos andaluces y que en Córdoba puede provocar el bloqueo del Reina Sofía si los facultativos hacen todo aquello que dicen que van a hacer. En este tiempo, además, la coalición se ha visto absorbida por los ritmos y el paso que le marcaba su socio socialista. Dos meses después de alcanzar el Gobierno, IU ve cómo tiene que amenazar con nombrar por su cuenta a sus representantes en las provincias porque el proceso congresual que debe mantener a Griñán en su cargo ha hecho al PSOE demorar sus caras en busca de mantener sus equilibrios internos. Al mismo tiempo, estos nombramientos son una nueva prueba de fuego para Valderas, acusado desde Córdoba y Sevilla de saltarse los procedimientos internos de su propio partido,  de imponer nombres y rostros en las consejerías sin tener en cuenta a sus ejecutivas provinciales y de haber promovido un nepotismo en sus primeras decisiones que poco tiene en común con el mérito y capacidad que siempre ha defendido desde la oposición. Por último, el sainete en el que amenaza convertirse la comisión de los ERE, limitada a tres meses de investigación, y además los de verano, puede pasarle una importante factura a IU.

 

Y, todo esto ¿podrá con el cogobierno? Si la coalición no logra imponer un mínimo de sus criterios en los próximos presupuestos y la realidad tozuda de la crisis vence al idealismo un tanto cándido de la federación no creo yo que dure demasiado la cosa. IU sufre la misma medicina que le aplicó ella al PSOE cuando eran socios en Córdoba: lo bueno que hacen se lo queda el otro y de lo malo los dos son culpables. En esa situación los equilibrios internos entre los chicos de Valderas pueden saltar por los aires en nada de tiempo y abocar a un adelanto electoral. Un adelanto que, por cierto, no creo que Griñán mire con malos ojos ante el desgaste del PP en Madrid y la refundación que debe afrontar el partido con la salida de Arenas y su sustitución por Zoido. Veremos qué pasa. Es la diferencia entre predicar y dar trigo.