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Es el turismo

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 31 de enero de 2016 a las 6:49

En una ciudad tan poco acostumbrada a los cambios como Córdoba, la aparición de un movimiento empresarial con ganas de hacer cosas es siempre algo digno de aplaudir. Así se presentaba el jueves en el salón Liceo del Círculo de la Amistad Fides, el clúster constituido por Comercio Córdoba, Hostecor, Córdoba Apetece y la Asociación de Agencias de Viajes. En palabras de sus impulsores, esta asociación no nace con el objetivo de “hacer más de lo mismo”, sino que le mueve el interés por convertirse en “una fábrica de ideas para el desarrollo” de capital y provincia. El nuevo ente de representación persigue “algo novedoso” y convertirse en “punto de encuentro para poner en valor” lo que tenemos y ofrecer “paquetes conjuntos” con los que sacar más partido a la ciudad. Loables intenciones las expresadas por los fundadores en una gala que, además de romper la estructura normal de este tipo de actos, contó con una impresionante capacidad de convocatoria.

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Foto de familia de los fundadores de Fides y las autoridades el jueves en el Círculo de la Amistad.

No es la primera vez -más bien se repite uno ya como la cebolla- que afirmamos aquí que el futuro de Córdoba pasa a corto y medio plazo indefectiblemente por el turismo. En una ciudad sin industria ni modelo productivo alternativo y en una provincia en la que el peso del agro sigue siendo fundamental, hay que aprovechar los recursos a la mano para crecer y desarrollarse. A pesar de haber superado el récord histórico de visitas, andamos aún muy lejos, casi a años luz, de sacarle al patrimonio, gastronomía, cultura y clima que disfrutamos el partido que se le podría obtener. En la reciente edición de Fitur hemos vuelto a comprobar que la oferta de nuestros atractivos debe hacerse de otra manera, con una visión amplia, moderna y sin complejos. Buscando el impacto a gran escala en lugar del pequeño acto de autoconsumo. La ambición debe marcar la forma de actuar, la altura de miras ha de ser el guión de las puestas en escena y la profesionalidad debe abrirse camino en unas instituciones sordas la mayor de las veces a las recomendaciones del sector. Si Fides nace con esos objetivos hemos de darle la bienvenida, desearle suerte y ofrecer la mano tendida para colaborar en cuanto ejecute.

No obstante, en esta Córdoba tan dada a movimientos cuyo recorrido es el mismo que el del corcho de una botella de champán también hay ciertos riesgos que el clúster debe evitar. Sumar iniciativas no significa pelear por la presencia en las fotos y ante los focos ni luchar por posiciones ocupadas por otros. Una ciudad que aspira a la modernidad -y ya suena raro decir esto en pleno siglo XXI- debe dejar de lado los cesarismos y abogar por la colaboración sincera. Ha de perseguir el diálogo y el consenso y no la sustitución. Debe buscar la suma y no la resta. Parece que estamos en tiempos de cambio en el empresariado, que rejuvenece y afronta el futuro con otras manera de pensar. En la era global no tiene sentido poner el objetivo en las individualidades sino que es necesario aglutinar movimientos de cambio potentes en los que se concentren los esfuerzos de cuantos más actores mejor.

El nacimiento de Fides es motivo de alegría para la ciudad por lo que de dinamización de la misma supone. La puesta en escena ha sido ambiciosa, esperemos que los resultados de la misma también lo sean.

La encrucijada del turismo

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 18 de octubre de 2015 a las 7:24

A falta de que los expertos designados por el Ayuntamiento diseñen por quincuagésimo séptima vez el modelo de la Córdoba del futuro, nadie puede negar que el sector económico más importante de la ciudad es el turismo. La gallina de los huevos de oro da de comer a miles y miles de cordobeses, de manera legal e ilegal. Si convenimos que a la ciudad vienen cada año centenares de miles de turistas que dejan en la ciudad centenares de miles de euros, no podemos por menos creer que hay que tenerle el respeto que se merece al sector. Que en ocasiones parece que nuestros próceres políticos se avergüenzan de tener una ciudad que viva en gran medida de sus visitantes.

Sin embargo, el turismo padece en Córdoba el mismo problema que el resto de sectores económicos para posicionarse y definir su personalidad. Esta semana hemos tenido al primer teniente de alcalde, Pedro García, retomando un argumento del PP –vade retro Satanás– para destacar que la ciudad carece de la infraestructura hotelera necesaria y que los precios son muy elevados. Tiene razón García cuando afirma esto; tanta como puede tener el todavía presidente de Hostecor, Antonio Palacios, cuando le reprocha que “desconoce” la realidad del sector y le reclama que “se ponga a trabajar” para solucionar las carencias del mismo. Y es que a estas alturas del siglo XXI no tenemos Palacio de Congresos, no tenemos reciento ferial y no tenemos una programación adecuada que acabe con la estacionalidad y el turismo de fin de semana. Pero no es sólo cuestión de hacer las infraestructuras que están pendientes o diseñar una programación adecuada. Hay que hacer más.

Hostecor también debe tener un papel fundamental a la hora de impulsar el turismo, algo que en los últimos años no ha existido. Fagocitada por la omnipresente Confederación de Empresarios de Córdoba (CECO), la directiva de Palacios ha dinamitado casi todos los puentes para conseguir que el cisma interno derivara en la aparición de Córdoba Apetece. Mañana, los empresarios de este pujante sector económico cordobés tienen ante sí la oportunidad de decidir qué quieren hacer con su futuro.

Por un lado, Francisco de la Torre, representa aire nuevo y cierta bisoñez frente a una María Dolores Jiménez heredera de la directiva saliente y conocida por su larga trayectoria en cargos de representación en la ciudad. Sin valorar ni a uno ni a otro, lo que ambos deberían tener presente es que han de acabarse los personalismos y ese afán enfermizo por figurar. El sector turístico no puede dedicarse siempre a criticar y pedir, debe implicarse en el desarrollo de la ciudad, en la promoción y organización de eventos como la campaña de Navidad, la Semana Santa, el Mayo Festivo o el Festival de la Guitarra que tanto les benefician. Esa implicación ha de ser por la vía de la aportación porque los empresarios deben quitarse de la cabeza la idea de que poner dinero es gastar y han de pensar que el gasto es inversión y que si ésta está bien hecha da pingües beneficios.

Ya hace cuatro años las elecciones de Hostecor acabaron convertidas en un sainete. Esperemos que mañana, gane quien gane, se impongan la cordura, la profesionalidad y el rigor. Esto no consiste en que todos sean amiguitos sino en que sean capaces de sumar voluntades y poner los intereses de la ciudad por encima de los personales. Y no por altruismo sino porque la unión hace la fuerza y ésa es la que da beneficios y llena las cajas registradoras. Aunque parezca mentira decir esto en esta ciudad.