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El valor de un voto

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 25 de mayo de 2014 a las 8:27

Estoy de acuerdo en que esta campaña electoral no ha sido precisamente enriquecedora. Comparto con la mayor parte de los ciudadanos que no ha habido argumentos, que se ha hablado de todo menos de Europa y que de no haber sido porque Arias Cañete dijo lo que dijo ni siquiera nos habríamos enterado de que hoy estamos llamados a votar. Suscribo la opinión de muchos que piensan que lo que salga hoy de las urnas vale para más bien poco, principalmente porque los eurodiputados suelen ser en su mayoría viejas glorias de las políticas nacionales venidas a menos o fogosos principiantes que encuentran en Bruselas un lugar donde dar sus primeros pasos. Sin embargo, a pesar de todo ello, creo que hoy es muy importante ir a votar.

Hoy hay que ir a votar, en primer lugar, porque afortunadamente podemos hacerlo  libremente, y eso nunca debe olvidarse. Hoy hay que ir a votar porque en Bruselas se juega mucho más de lo que creemos y, aunque los eurodiputados y la Comisión poco pueden hacer frente a frau Merkel, no está de más que los ciudadanos digamos lo que opinamos. Y hoy, finalmente, hay que ir a votar porque no hacerlo es entregarle el control a los exaltados, a los ultras, a los fanáticos populistas que quieren acabar con todo. Vote usted hoy, hágalo a quien quiera, a los grandes o a los pequeños, a los serios o a los menos formales, a los animalistas o a los taurinos, conscientemente o dejándose llevar por la resaca de dos días de Feria. Pero vote.

Porque si no votamos dejaremos que cafres como Jean Marie Le Pen puedan tener fuerza en el Parlamento para mantener su afirmación de que “la mejor solución contra la inmigración es el virus del ébola”. O que los británicos antieuropeos de UKIP puedan desequilibrar aún más el frágil equilibrio que mantienen las islas con el continente. O que la ultraderecha holandesa del Partido de la Libertad de Geert Wilders campe a sus anchas con su discurso excluyente y racista. Hay que votar porque aunque seamos menos ricos y tengamos menos dinero, los europeos del sur tenemos un concepto democrático más avanzado y menos excluyente que esos que dicen en el norte que son nuestros salvadores. Y eso no nos conviene nada.

Y mañana, una vez que hayan salido los resultados y unos y otros se den por ganadores, podremos decir que nuestros votos han servido como llamada de atención de una clase política que en España está generando un odio, un enfrentamiento y unas rivalidades que no se recuerdan desde hace mucho tiempo. Después de meter el sobrecito en la urna podremos decirles a estos que se supone que nos dirigen que ya está bien de tensar la cuerda, de pensar exclusivamente en su rédito personal y en sus intereses y que ya es hora de que nos tengan en cuenta. Porque si votando nos hacen poco caso, si no lo hacemos aún nos lo harán menos. Y no está la cosa como para andar regalando nuestro pensamiento y nuestra vida a quien no lo merece.

En otra galaxia

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 18 de mayo de 2014 a las 10:49

EL pasado jueves por la noche vi el debate de los candidatos de los dos principales partidos a las elecciones Europeas. Sí, de verdad, aunque no se lo crea lo hice. No sé si por obligación o por cierta tendencia al masoquismo, pero ahí que me planté ante la tele la horita y pico que duró la cosa. Porque fue una cosa. Miguel Arias Cañete y Elena Valenciano nos ofrecieron una hora de monólogos insulsos, carentes de ideas, basados en hechos sesgados, con la mirada puesta en el pasado y sin una sola propuesta en condiciones de lo que pretenden hacer ambos para mejorar este pequeño solar en el que habitamos. En resumen y tras un sesudo análisis al que dediqué cinco segundos puedo decir que aquello me pareció auténticamente un coñazo, un acto absolutamente prescindible y la demostración de que los partidos viven en este país al margen de la realidad.
DEBATE CAÑETE - VALENCIANONo es la primera vez que desde aquí insistimos en que quizás nos iría algo mejor si nuestros políticos, en lugar de vivir en la corte rodeados de estirachaquetas, vivieran un poco la realidad que palpamos los demás a diario. No estaría mal que a Cañete y Valenciano, y a otros muchos, los pasearan por una oficina, un mercado, una redacción, un colegio o un hospital camuflados para que supieran lo que realmente está pasando. Como esos programas de la tele en los que el jefe se disfraza para saber mejor qué es lo que pasa dentro de su empresa y se da cuenta de que sus trabajadores echan más horas de las que deben, se escaquean o cobran poco. No estaría mal un reality de este tipo, pero sin cámaras, que ya sabemos cómo se ponen nuestros próceres cuando ven un foco.
Lo mismo en Europa que en España, igual en Andalucía que en Córdoba. Vestir de hombre o mujer normal a quienes mandan para que sepan que cuesta la vida ser autónomo y ganar lo suficiente para vivir y cubrir los excesivos impuestos; o para que conozcan la carga laboral de nuestros médicos a los que se contrata al 75% para que trabajen al 120%; o para que pasen por casa de un albañil y le escuchen lamentarse por la de tiempo que hace que no coge un palaústre, o para que escuchen en el bar la opinión que les merece a los parroquianos oir hablar en esta ciudad de Rem Koolhaas.
Vivimos en realidades paralelas, en líneas que nunca se cruzan y que además van camino de convertirse en divergentes. Si lo que debemos esperar de nuestros representantes en Europa es lo que vimos en el debate del jueves, lo que se escucha a diario en mítines y entrevistas o lo que se propone de vez en cuando mal, muy mal, vamos. Y no es una cuestión de colores políticos, ni siquiera de competencias personales, es simplemente una cuestión de que quienes supuestamenhte nos gobiernan están cada día más alejados de nuestra vida. Porque pensar que tras esta demoledora crisis los ciudadanos se van a seguir tragando los argumentos y las formas de actuar de siempre es creer que aún nos chupamos el dedo. Urge una reforma mental de los partidos, una nueva forma de comportarse y una bajada a la realidad. De lo contrario, la más que previsible abstención del próximo domingo se va a convertir en norma. Y eso es muy peligroso.

¿Será noviembre su mes?

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 20 de octubre de 2013 a las 11:06

El PP tiene que hacer algo, porque mientras Susana Díaz va en moto ellos no se han puesto todavía ni los patines”. Esta frase, fruto de una conversación con uno de los mejores analistas políticos de Andalucía, expresa claramente cuál es la situación en la que se encuentra hoy el principal partido de la oposición en nuestra comunidad. Susana Díaz ha irrumpido en el escenario autonómico y nacional como un vendaval, con un discurso perfectamente estudiado en el que se dice justo lo que la gente quiere oír sin tener que mojarse en profundidad en lo que de verdad los gobernantes deben hacer. Es un discurso efectivo y contundente que está haciendo que la flamante presidenta de la Junta coja un espacio que no tenía hace apenas dos meses y que está insuflando ánimos y espíritu entre sus hasta hace nada exangües tropas. Por eso el PP tiene un problema.

lider“Tenemos que hacer algo ya porque si no lo hacemos nos quedamos en la cuneta”, me decía un cargo popular hace poco sin ocultar su preocupación por la situación de su partido. Desde que Arenas huyó a Madrid con más eficacia que gracia, el centroderecha andaluz anda como pollo sin cabeza, perdido en la búsqueda de un líder regional que ponga firmes a los suyos y los haga trabajar en una misma dirección. Zoido, el actual presidente, ya ha dicho mil veces que no va a ser candidato a las próximas autonómicas y las huestes de Rajoy por debajo de Despeñaperros se debaten ahora –con más de una puñalada de por medio– en una dura pugna por dar con el nuevo líder. Desde Madrid se apunta a Cañete o Báñez, algo que desde aquí se ve poco probable por el rechazo del primero y la falta de cartel de la segunda. Se habla de Carmen Crespo, la delegada del Gobierno central en Andalucía, que cuenta a su favor con muchos kilómetros de carretera por su puesto pero que deja bastante fríos a la mayoría de los suyos. Y luego están Juanma Moreno y José Luis Sanz. El primero está bien en Madrid pero sabe que su carrera la debe hacer aquí. El segundo está bien aquí y parece decidido a dar el paso. A ambos les falta carisma y cuenta con el hándicap de que si Sevilla veta a uno Málaga hace lo propio con el otro.

¿Hay algo intermedio? Hay quien dice que sí. Hay quien vuelve a mirar a Córdoba y ve en el alcalde de la ciudad una alternativa joven, de origen humilde, con buena imagen y carácter centrista que puede enfrentarse a Susana en la contienda electoral. Además es parlamentario. Estos son los datos a su favor. En contra juega su falta de peso suficiente dentro del partido y su aún escaso bagaje como regidor. Él no dice ni que sí ni que no. Se sitúa y se descarta al mismo ritmo que los populares reabren y recierran ese eterno debate sucesorio. El fin de semana del 8 y 9 de noviembre acoge aquí en Córdoba la interparlamentaria del partido, de la que dicen saldrá el cabeza del PP andaluz. Unos lo ven como un gesto de Rajoy; otros no le dan valor. Lo cierto es que el PP se desangra en la comunidad clave a la hora de lograr mayorías en Madrid y Nieto asiste como el tercero en discordia a la lucha a garrotazos de su partido. ¿Será noviembre su mes?

Pensar o rematar córners

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 27 de enero de 2013 a las 9:34

Por el camino que vamos, esta crisis además de vaciarnos la cartera corre el riesgo de vaciarnos también el cerebro. Porque últimamente no hace uno más que escuchar frases felices y argumentos de peso para justificar lo injustificable o para arremeter contra todo. Los tiempos en los que para articular un discurso había quien incluso se paraba a pensar dos segundos antes de hablar parece que han quedado atrás y ahora lo que se impone es decir directamente lo que sale de las tripas sin previa deglución intelectual. Como los niños pequeños, que siempre dicen la verdad. O como los borrachos, que hacen lo mismo.

Escuchar a Miguel Arias Cañete decir que la reforma laboral está dando sus frutos el mismo día en el que se conocen los seis millones de parados que hay en este país revuelve las tripas casi tanto como ver a ese premio Nobel que es Willy Toledo desear la muerte del Rey “por lo hinchado que está y el pimple que se mete”. Dos argumentos estúpidos, bien es cierto que el segundo entra ya en la categoría de escasez mental. Será que el calor del desierto y las costumbres vitales han hecho mella. Tampoco se quedan atrás las descalificaciones de Pedro García al obispo y su supuesta homosexualidad. Ver a un cargo público haciendo el ridículo de semejante manera hasta sonroja. Y no porque diga que el obispo está agobiado en el armario, sino porque con esta afirmación echa por tierra todo el trabajo de crítica y socavamiento del arreón que el prelado le dio a las políticas de género. Vamos, que resulta que Demetrio Fernández no puede meterse con los gays sin atenerse a las consecuencias, pero Pedro García sí puede decir que el prelado es maricón. O, lo que es lo mismo, que los curas no pueden meterse con los homosexuales pero quienes dicen defender sus derechos sí pueden hacerlo con insinuaciones pueriles que estigmatizan al colectivo. Delirante.

Y es que la crisis parece que sí está haciendo efecto sobre nuestros castigados cerebros. Hemos pasado de utilizar lo que tenemos entre las orejas para pensar y ahora se prefiere la materia gris para rematar los córners o para tapársela con un sombrero. Al principio fue por no sentir tan duros los efectos de la crisis, ahora es porque tenemos reblandecida la corteza. Nos hemos acostumbrado peligrosamente a que quienes tienen mucho que decir sobre nuestra vida y nuestro futuro reflexionen antes de hablar lo mismo que un neonato. Somos víctimas de su diarrea mental. Y mientras tanto todo esto se va a pique.