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Cuestión de herencias

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 6 de septiembre de 2015 a las 11:47

Hay personas que sueñan con heredar. Yo no me encuentro entre ellas. La verdad es que pensarlo me da cosa por lo que tiene de familiar y, por qué no decirlo, porque heredar en Andalucía sale bastante caro. Sin embargo, como he dicho, hay personas a las que les gusta heredar y se pasan los años esperando el “feliz” acontecimiento con los mismos nervios que tiene un novio a la puerta de una Iglesia.

En política, la herencia es un elemento altamente valorado, pues sirve por igual para atribuirse éxitos de gobierno o para justificar decisiones complicadas desde el mismo. La alusión a la herencia recibida ha dado mucho de sí en todos los gobiernos, sea cual sea su color o su lugar de acción. González, Aznar y Rajoy siempre han hablado del pésimo legado que recibieron al llegar al poder y de la magnífica herencia que dejaban a sus sucesores. (Zapatero no cuenta, que es mejor no citarlo después de la púa que nos legó con su cara sonriente). En Andalucía se habla menos de herencias, toda vez que, desde que se inventaron las elecciones, en esta tierra los cambios han sido más por sucesión que por fallecimiento político del predecesor. Aun así, Susana Díaz también tuvo que fajarse para poner distancia de la herencia en forma de procesos judiciales que le dejaron sus antecesores en el cargo. Pero eso es otra cosa.

Aquí en Córdoba estas semanas ha vuelto a salir a la palestra el tema del legado, si es que alguna vez ha desaparecido de encima de la mesa. El cambio de aires en Capitulares ha provocado que se someta a revisión todo cuanto hizo el PP en sus cuatro años de mandato y, oh sorpresa, resulta que los nuevos en la casa han descubierto debajo de la alfombra algún que otro regalito trampa en el legado. Al menos eso dice el omnipesente primer teniente de alcalde, Pedro García, quien cada vez que sale a hablar de su negociado turístico no pierde ocasión para acordarse de su antecesor Rafael Navas. Al portavoz del PP, José Antonio Nieto, no le gusta que se actúe de esta manera y esta semana se ha dejado caer en su facebook en defensa de la pureza de su gestión y ha señalado a la obsesión compulsiva de IU y PSOE con su trabajo como la causa de tanta mentira.

Al margen de que el exalcalde esté en su derecho y de las dudas que a su alrededor suscita esta estrategia digital de defensa, no debería olvidar Nieto que entre 2011 y 2015 no han sido pocas las ocasiones en las que él mismo aludía al ruinazo que le habían dejado los anteriores gobiernos de PSOE e IU para justificar no pocas decisiones. Del mismo modo, no debería extrañarle pues que en los próximos meses y años sean los que ahora ocupan su despacho los que utilicen el mismo argumento.

Claro que puestos a utilizar argumentos, tampoco estaría de más que tanto unos como otros se olvidasen de esperar el reparto de enseres en la puerta de la notaría y se aplicasen de verdad a incrementar el patrimonio que esta ciudad puede legar a sus hijos. Que hay muchas cosas que hacer y mejorar como para andar recordando si papá o mamá querían más a hermano mayor o al pequeño cuando hay que decidir quién se queda el relicario de la abuela.

Responsabilidad

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 19 de abril de 2015 a las 8:18

Manuel Chaves nunca supo nada de los ERE. Ni José Antonio Griñán, ni Gaspar Zarrías, ni José Antonio Viera, ni Francisco Vallejo. Mariano Rajoy desconocía las aventuras contables de Bárcenas. Como también, Javier Arenas, Ángel Acebes o José María Aznar. En Cataluña, nadie se preguntó por la fortuna de los Pujol. Ni Artur Mas, ni Duran Lleida. La Infanta Cristina firmaba los papeles de su marido Iñaki loca de amor y así lo creían todos en su real casa… Podría seguir poniendo ejemplos hasta Corpus con casos como el Gürtell, Bankia, Filesa, los cursos de formación… y un largo etcétera, pero esto es una columna y no una enciclopedia.

Vivimos en un país en el que, como medida de precaución, nadie sabe nunca nada de nada. Es la mejor fórmula para librarse de problemas y la respuesta más rápida y fácil ante una pregunta incómoda. -“Oye, ¿tú sabes algo de lo de fulanito?” -“¿Yo?, nada de nada”. Desde pequeños nos han enseñado que ante cualquier sospecha hay que echarle la culpa a otro. A tu hermano cuando te peleas de pequeño; al profe que te tiene manía cuando cateas en el cole; a los colegas que te obligaron a tomarte la última; al “que todo el mundo lo hace” cuando te pillan sin pagar el IVA; al del banco “que me ofreció una hipoteca que decía que era buena y me engaño” o al de la tienda “que me vendió el plasma diciendo que era muy barato”…. A todo el mundo menos a uno mismo, no vaya a ser que nos tomen por tontos. Es el reino del escaqueo, de la excusa permanente. Aquí nadie es responsable de nada.

Responsabilidad, qué gran palabra. Dice el diccionario que responsabilidad es, en su tercera acepción, el “cargo u obligación moral que resulta para alguien del posible yerro en cosa o asunto determinado”. Es decir, la capacidad del ser humano de asumir que se ha equivocado, admitirlo y reconocer su error enfrentando las consecuencias que este tenga. Y con esta definición, respóndanme, ¿conocen ustedes a alguien que asuma su responsabilidad? Yo, a pocos, muy pocos.

En política, que no es sino la traslación a las instituciones de la vida real, ni el maestro armero asume sus responsabilidades. Ser responsable de algo no significa necesariamente haber delinquido, es, simplemente, aceptar que bajo tu mando han ocurrido determinadas cosas. En los casos de los ERE, Bárcenas, Gürtell, Urdangarín, etc… hay numerosos responsables. Los primeros, los golfos que se lo han llevado calentito. Los segundos, a los que atañe la acepción tercera de responsabilidad, son todos aquellos que pusieron a esos mangantes en sus sitios. Si la corrupción es la plaga que enfanga el siglo XXI, la asunción de responsabilidades debería ser su antídoto más directo. Resulta inconcebible que todo lo que leemos a diario ocurriera sin que nadie con mando en plaza supiera nada, sin que nadie intermedio avisara al jefe, que sucediera en la absoluta impunidad. Aunque lo dude profundamente, si eso ha ocurrido así quienes eso han declarado ante el juez deberían irse a su casa a tricotar. Y no porque hayan robado nada, sino porque con sus palabras demuestran que nunca han valido para los cargos que ocuparon. Por ciegos y por irresponsables. Y porque demostrarían algo de vergüenza.

Cuentas, silencios, patadas y ridículos

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 6 de octubre de 2013 a las 11:21

El proyecto de Presupuestos Generales del Estado (PGE) que presentó el lunes el ministro Montoro en el Congreso de los Diputados ha tenido dos consecuencias para Córdoba. La primera es que la provincia va a tener el enorme honor de formar parte de ese conjunto de lugares en los que el Estado se va a gastar lo justo para dar unas manos de chapa y pintura. La cosa está tan bien que por una vez vamos a liderar un ranking porque somos la provincia andaluza en la que menos pasta se va a dejar el Gobierno el año que viene. Pero, sin ser menor esta primera conclusión -que no necesita mayores aclaraciones-, la segunda me parece más entretenida y más definitoria de algunas de las costuras de nuestro sistema.

Me refiero al papelón que durante la semana ha estado haciendo el PP provincial dando explicaciones, contraexplicaciones y recontraexplicaciones, trufadas con algún glorioso hallazgo de parné en los papeles, para salvar la cara de Rajoy. Porque en sólo cuatro días, cinco miembros relevantes del partido han dado ruedas de prensa para convencernos de que tenemos lo que debemos y/o nos merecemos. La cosa empezó con el propio alcalde Nieto, quien, en una maniobra poco usual, comparecía el mismo lunes por la tarde para dar la cara antes de que alguien se la partiese. El líder dijo que este es el queso que hay para este pan y prometió luchar vía enmiendas para que el Gobierno no se olvidase de los fondos del centro de congresos. Normal, poco convincente, pero normal.

Lo llamativo empieza al día siguiente, en el que José María Bellido, el de los dineros, convoca a la prisa a los medios para comunicarles que ha dado con la trasferencia de 5,5 millones que el Ejecutivo tenía para el proyecto del Parque Joyero, a la vez que manifestaba que las cuentas son muy buenas para la capital aunque la provincia ya es otra cosa (¿?). Primera patada en el culo de Nieto, que se vio refrendada esa misma tarde por el subdelegado del Gobierno, Juan José Primo Jurado, al atribuir a un “despiste” que en la primera lectura de los PGE no se diera con el dichoso dinero. Segunda patada.

La cosa no queda ahí y el miércoles Rafael Merino convoca de nuevo para justificar que Córdoba recibe poco porque en época de Aznar recibió mucho, que es algo así como decir que en Cádiz hay mucho paro porque con los fenicios la ciudad iba muy bien. Menos mal que Merino obvió aquello de la boda de Cascos y el encalado del Alcázar, que debe ser que aún lo estamos pagando. Tercera patada. Pero es que en el cúlmen del despropósito, después de que Nieto dijese que esto es lo que hay, que Bellido lo viese todo bien, que Primo dijera…. y de que Merino hiciera el ridículo, el jueves sale Miguel Ángel Torrico a decir que va a pedir dinero para el Bellas Artes, el Arqueológico, el aeropuerto, el archivo y un par de cosas más porque las cuentas se han quedado cortas. Cuarta patada.

Y mientras, usted y yo, sabemos que los presupuestos son (con perdón) una mierda, y nos preguntamos si en el PP nadie habrá caído en que han perdido una magnífica ocasión para estar callados. Que una cosa son las órdenes de defensa que manda Madrid y otra muy distinta hacer el canelo aquí. ¿O nos habrán visto cara de tontos?