Archivos para el tag ‘Bankia’

Responsabilidad

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 19 de abril de 2015 a las 8:18

Manuel Chaves nunca supo nada de los ERE. Ni José Antonio Griñán, ni Gaspar Zarrías, ni José Antonio Viera, ni Francisco Vallejo. Mariano Rajoy desconocía las aventuras contables de Bárcenas. Como también, Javier Arenas, Ángel Acebes o José María Aznar. En Cataluña, nadie se preguntó por la fortuna de los Pujol. Ni Artur Mas, ni Duran Lleida. La Infanta Cristina firmaba los papeles de su marido Iñaki loca de amor y así lo creían todos en su real casa… Podría seguir poniendo ejemplos hasta Corpus con casos como el Gürtell, Bankia, Filesa, los cursos de formación… y un largo etcétera, pero esto es una columna y no una enciclopedia.

Vivimos en un país en el que, como medida de precaución, nadie sabe nunca nada de nada. Es la mejor fórmula para librarse de problemas y la respuesta más rápida y fácil ante una pregunta incómoda. -“Oye, ¿tú sabes algo de lo de fulanito?” -“¿Yo?, nada de nada”. Desde pequeños nos han enseñado que ante cualquier sospecha hay que echarle la culpa a otro. A tu hermano cuando te peleas de pequeño; al profe que te tiene manía cuando cateas en el cole; a los colegas que te obligaron a tomarte la última; al “que todo el mundo lo hace” cuando te pillan sin pagar el IVA; al del banco “que me ofreció una hipoteca que decía que era buena y me engaño” o al de la tienda “que me vendió el plasma diciendo que era muy barato”…. A todo el mundo menos a uno mismo, no vaya a ser que nos tomen por tontos. Es el reino del escaqueo, de la excusa permanente. Aquí nadie es responsable de nada.

Responsabilidad, qué gran palabra. Dice el diccionario que responsabilidad es, en su tercera acepción, el “cargo u obligación moral que resulta para alguien del posible yerro en cosa o asunto determinado”. Es decir, la capacidad del ser humano de asumir que se ha equivocado, admitirlo y reconocer su error enfrentando las consecuencias que este tenga. Y con esta definición, respóndanme, ¿conocen ustedes a alguien que asuma su responsabilidad? Yo, a pocos, muy pocos.

En política, que no es sino la traslación a las instituciones de la vida real, ni el maestro armero asume sus responsabilidades. Ser responsable de algo no significa necesariamente haber delinquido, es, simplemente, aceptar que bajo tu mando han ocurrido determinadas cosas. En los casos de los ERE, Bárcenas, Gürtell, Urdangarín, etc… hay numerosos responsables. Los primeros, los golfos que se lo han llevado calentito. Los segundos, a los que atañe la acepción tercera de responsabilidad, son todos aquellos que pusieron a esos mangantes en sus sitios. Si la corrupción es la plaga que enfanga el siglo XXI, la asunción de responsabilidades debería ser su antídoto más directo. Resulta inconcebible que todo lo que leemos a diario ocurriera sin que nadie con mando en plaza supiera nada, sin que nadie intermedio avisara al jefe, que sucediera en la absoluta impunidad. Aunque lo dude profundamente, si eso ha ocurrido así quienes eso han declarado ante el juez deberían irse a su casa a tricotar. Y no porque hayan robado nada, sino porque con sus palabras demuestran que nunca han valido para los cargos que ocuparon. Por ciegos y por irresponsables. Y porque demostrarían algo de vergüenza.

Sus recortes

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 8 de julio de 2012 a las 10:00

Vaya uno donde vaya en los últimos tiempos, la conversación que se repite con más frecuencia es lo mal que está todo, lo dura que está siendo la crisis y la necesidad de salir adelante a través de acuerdos y decisiones que nos hagan el menor daño posible y nos rescaten cuanto antes. No hay bar, restaurante, tienda, gran superficie, piscina o cola en la que uno no escuche al prójimo quejarse amargamente y maldecir la suerte que nos ha tocado vivir. Eso y señalar a los culpables.

En eso, esta semana, la Audiencia Nacional ha decidido imputar al anterior consejo de Bankia, con Rodrigo Rato a la cabeza, por una retahíla de posibles delitos que se sustancian en que no hicieron lo que debían hacer en el gobierno de su entidad. El mismo día, la Fiscalía de Barcelona ponía el ojo en los directivos de Catalunya Caixa y sus retribuciones y demás cobros. Ser banquero se ha convertido en profesión de riesgo últimamente y parece que hemos encontrado un nuevo chivo en el que expiar las culpas. A raíz de las imputaciones de Bankia, además, hemos vuelto a ver las vergüenzas de nuestros representantes públicos, divididos casi a partes iguales entre considerar prematura la decisión de la Audiencia o defenderla y reclamar que se llegue hasta las profundidades abisales que nos llevaron al presente crack económico. (Que tiemble Felipe II).

Políticos y sindicatos. Sindicatos y políticos. Todos piden responsabilidades al tiempo que dicen que estamos así porque hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Usted y yo, no ellos, que son unos sufridos trabajadores que sólo miran por nuestro bien y porque no nos ocurra nada malo. Ellos no estuvieron sentados en los consejos de administración de las cajas de ahorros aplaudiendo las decisiones que llenaban de ladrillos y suelos los balances de las entidades; ellos no supieron nunca nada de los créditos dudosos o amistosos que se concedieron por doquier; ellos nunca aplaudieron el incremento desmesurado de la concesión de hipotecas al precio que fuera. No, ellos no estuvieron allí.

Tenemos la mala suerte, no sólo en este santo país, pero como somos de aquí hablaremos de lo nuestro, de ser víctimas de una clase política cuyo principal problema es precisamente ése, ser clase. Nuestros próceres de la patria –ya sea ésta local, provincial, regional o nacional– son unos inocentes servidores públicos que se dedican a bregar con esta crisis empeñados en sacarnos a toda costa. Debemos apretarnos el cinturón, perder pagas, renunciar a derechos y abonar más impuestos. Es cierto, debemos hacerlo. Por responsabilidad. Ellos, a cambio, se comprometen a llenar los escaños del Congreso, pagarse sus viajes, sus móviles, sus ipad, renunciar a las dietas por comisiones y, por supuesto, rebajarse sus paupérrimas nóminas. Incluso están dispuestos a adelgazar los cargos y recuperar el amor a la política como servicio y no como medio de sustento. Se van a aplicar los recortes…. y después se pondrán las mechas.