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La Mezquita y los tontos

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 3 de abril de 2016 a las 8:36

¿Qué sería de Córdoba sin sus eternos debates circulares? ¿Qué sería del día a día de esta ciudad si no estuviese siempre hablando de lo mismo? Gobierne, quien gobierne, llueva, truene o haga sol. Qué cansino.

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Manuel Pérez Moya, presidente del Cabildo, y José Juan Jiménez Güeto, portavoz, en la presentación de la nueva imagen de la Mezquita-Catedral.

Esta semana hemos tenido una nueva entrega del culebrón de la Mezquita. El Cabildo Catedralicio por fin ha presentado la reforma de la imagen promocional del monumento tras dos años en los que no han sido pocos los obstáculos. Conjunto Monumental Mezquita-Catedral de Córdoba. Así se llamará a partir de ahora y así será promocionado. Una nueva imagen, nuevos logotipos, nuevas visitas, planes para aumentar y especializar los recorridos y la idea de crear un centro de interpretación en el Obispado. Atrás quedan, y en el olvido deben quedar, esas desafortunadas manifestaciones del obispo sobre el hecho singular de la Catedral en 2010. (En el año de la Misericordia, el perdón y el olvido son dos cosas muy aplicables a este caso).

Sin embargo, hay quien sigue empeñado en sus batallas eternas. Después del paso dado por los canónigos, nuevamente volvemos a escuchar voces que, valorando lo que se ha hecho, insisten en que lo importante es abordar la titularidad del monumento y su modelo de gestión. Entre ellas, la de la plataforma Mezquita Catedral, verdadera impulsora de estas reivindicaciones y que por fin este viernes ha reconocido que jurídicamente no puede hacer nada. Las plataformas ciudadanas tienen un valor importante en democracia, se esté o no de acuerdo con sus planteamientos, pero tras los movimientos les toca a los políticos tomar las decisiones que sean necesarias. Y aquí volvemos a pinchar en hueso.

PLATAFORMA

Rafael Mir, Miguel Santiago y David Luna, miembros de la Plataforma Mezquita-Catedral, durante la rueda de prensa en la que analizaron el cambio de imagen llevado a cabo por el Cabildo para promocionar el monumento.

El portavoz del Cabildo señaló el jueves que quien tenga dudas sobre el asunto de la titularidad que lo lleve a los tribunales. Están cansados los canónigos –y buena parte de los cordobeses– de escuchar siempre la misma cantinela. Esta semana hemos visto de nuevo a la presidenta de la Junta de Andalucía, a la alcaldesa de Córdoba y a su primer teniente de alcalde insistir en que la propiedad debe ser pública. Insistir en la palabrería, en la frase vacía. Comienza a ser cansina esta estrategia de una paso adelante y otro atrás. Del hablo mucho, pero no hago nada. Si verdaderamente hay intención de pugnar por la propiedad del bien, las administraciones deben actuar ya. Que se dejen de marear la perdiz y de volver loco al personal.

No se puede estar permanentemente amenazando porque eso no conduce a nada más que a estropear el buen nombre de Córdoba. Quizás Susana Díaz, Isabel Ambrosio y Pedro García deberían salir de sus círculos para captar que esta polémica le es ajena a la mayoría de los cordobeses. Pero si de verdad están convencidos de la legitimidad de los argumentos, que hagan algo, decreten leyes o vayan al juzgado. Que demuestren que son capaces de tomar iniciativas más allá de las destinadas a captar un titular o un minuto de gloria en radios y televisiones. El asunto huele ya a rancio, si no a podrido, y mientras el Cabildo da pasos adelante los políticos siguen atrincherados en la demagogia. Sin valor para dar pasos adelante. Atemorizados por el más que probable rechazo judicial. Atrapados en su estrategia electoralista. Conscientes del laberinto en el que se han metido. Pensando que somos tontos. ¿Lo somos?

Tres injusticias con la Mezquita (y Catedral)

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 16 de noviembre de 2014 a las 12:22

Córdoba es la Mezquita y la Mezquita es Córdoba. Cualquier cordobés que viva en esta ciudad tiene clara esta afirmación de perogrullo y no digamos los cientos de miles de turistas que se dejan caer por aquí a lo largo del año. Y si eso es así, ¿por qué hay tanta gente empeñada en liar la madeja? ¿Alguien me puede explicar cómo es posible que exista tal cantidad de gente dispuesta a estar todo el día poniendo en solfa algo que 799.000 cordobeses de la provincia tienen tan claro? No me lo explico. Bueno, sí. Sí me lo explico porque la torpeza, el aburrimiento, los intereses torticeros y, con perdón, las ganas de tocar los cojones, son algo consustancial al pueblo español. Y sigo.

Esta semana hemos tenido tres magníficos ejemplos de cómo no se debe actuar para proteger un monumento (quien quiera que le llame templo) que está por encima del bien y del mal. Estos días hemos tenido por aquí al presidente de VOX, Santiago Abascal, quien se ha entretenido en decir que tras el intento de retirarle la propiedad de la Mezquita a la Iglesia hay un movimiento yihadista capitaneado por la Junta Islámica que quiere imponer el rezo musulmán. Bonita forma de liarlo todo, principalmente si tenemos en cuenta que la Junta Islámica no está en la Plataforma de la Mezquita. Primera injusticia.

También esta semana, la citada plataforma ha convocado otro debate para analizar la inmatriculación del templo a nombre de la Iglesia –que lo de los 800 años como catedral es un detalle menor que no hay que tener en cuenta– de la mano de Federico Mayor Zaragoza, ex jefe de la Unesco, y Carmen Calvo, ex de todo en el PSOE. La cosa iba de debatir el tema, pero, como en casi todo lo que hace este colectivo, el debate no existe porque no hay nadie que defienda la postura contraria. Así que, como era de prever, el intenso, duro y sesudo debate concluyó con algo así como que los curas son muy malos, sólo quieren ganar dinero y jodernos la marrana. Segunda injusticia.

Pero claro no se iban a quedar los clérigos sin su parte de salida de tono. Así, el canónigo encargado de Turismo del Cabildo, Manuel Montilla, ponía de su parte en esta ceremonia de la confusión al decidir unilateralmente cobrarle a los cordobeses que quisieran ver la Torre Campanario en horario de mañana. El Cabildo, inmerso en una importante campaña de imagen, echaba humo el viernes por la mañana al leer la información publicada por el Día, y, aunque no quiso hacer sangre, por la tarde reaccionaba pidiendo perdón y anunciando que de cobrar a los lugareños, nada de nada. Tercera injusticia.

Y todo esto en sólo una semana en la que ni PSOE ni IU ni el obispo –actores principales también en este sainete– han abierto el pico. Menos mal que sigue habiendo 799.000 cordobeses que pasan de todo esto y de todos estos; que si no acabaríamos poniendo un bar en el crucero y un confesionario en las taquillas. Que jartura, de verdad. Si algún Abderramán levantara la cabeza no haría mal en darle duro en las suyas a toda esta panda de gente aburrida. Con la de cosas importantes que hay que arreglar.

Qué culpa tendrá la Mezquita

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 2 de marzo de 2014 a las 11:10

Córdoba tiene una enorme capacidad para generar debates eternos y absurdos. La histórica tendencia de esta ciudad de generar opinión en conciliábulos alrededor de una mesa camilla ha convertido en habitual algo que no debería serlo: la tendencia a buscar complicaciones allí donde no las hay. Da igual que sea uno de izquierdas o derechas, musulmán, judío o católico, del Barça o del Madrid, monárquico o republicano. La cosa reside en sentarse alrededor de una mesa y decidir qué ser humano está haciendo algo que nos molesta para, a continuación, trazar un plan para desmontar sus actos. Del enlosado del Puente Romano al puente oxidado pasando por el Ojo del Califa no ha habido proyecto, idea o pensamiento que no se haya encontrado de frente con un grupo organizado para tumbarlo todo. Ahora le toca a la Mezquita.

Antes de seguir hemos de aclarar que gran parte de la polémica que envuelve al histórico edificio se la ha ganado a pulso la propia Iglesia a través del obispo Demetrio Fernández, quien nada más tomar posesión de la silla de Osio se apresuró a decir que por aquellos lares no había pasado nadie con turbante más que para echar abajo la basílica visigoda de San Vicente Mártir. Flaco favor le hizo el prelado al Cabildo al decir semejantes palabras, tan flaco como todas sus declaraciones posteriores diciendo que aquí lo que hay es una Catedral y punto.

Pero, aclarado esto, no hay más donde rascar. Ahora surge una plataforma para pedir que la Mezquita sea de titularidad pública bajo la peregrina argumentación de que la Iglesia la inmatriculó a su nombre con nocturnidad y alevosía en 2006 por 30 euros. Vaya coincidencia, treinta monedas dan mucho de sí en la historia de la Iglesia.  Ahora hay una plataforma que recaba firmas en internet para que las administraciones se hagan cargo del edificio y una de esas administraciones, la Junta, les hace caso y anuncia a bombo y platillo que va a estudiar la cosa por si puede hacer algo. Lo que nos faltaba, la Mezquita metida en campaña electoral. Si Abderramán levantara la cabeza.

Dicen quienes propugnan el uso público del edificio que permitir a la Iglesia que siga en él es lo más parecido a un sacrilegio e incluso, haciéndole un favor a la ciudad, se van a la Unesco a tocar la moral por si de camino somos capaces de quedarnos sin declaración de patrimonio. No estoy con la plataforma. Lo digo aquí alto y claro para quien me quiera oír, pero seguiré contando todo aquello que haga porque en eso consiste la libertad de expresión. Libertad que no se respeta en todas partes y que a mi me permite decir que después de ocho siglos me parece una memez que la Iglesia tenga que sacar las escrituras notariales del templo para demostrar que durante estos ochocientos años ha sido la encargada de mantenerlo limpia y aseadito. Me declaro sorprendido con el tema, lo reconozco. No doy crédito a esa inesperada revelación que ha hecho que ahora nos demos cuenta de que hay curas en la Mezquita y debemos salvarla del imperio del alzacuellos. Qué culpa tendrá la Mezquita. Con lo bien que estaba ella con sus siglos de historia sin que viniera nadie a salvarla o negarle su pasado musulmán.