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Un acontecimiento planetario

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 6 de marzo de 2016 a las 7:44

En el año 2009, la secretaria de Organización del PSOE, Leire Pajín, definió como un “acontecimiento histórico” para “el planeta” que supondría “una esperanza para muchos seres humanos” el hecho de que José Luis Rodríguez Zapatero ejerciera de presidente de turno de la Unión Europea y Barack Obama fuese el inquilino de la Casa Blanca. La frase ha quedado enmarcada en la orla de chorradas de alta consideración esgrimidas por un político para rellenar el espacio de un titular y bien podría pensarse que de esos polvos vienen los lodos por los que atraviesa el socialismo patrio. No nos desenfoquemos. La afirmación viene al caso para definir lo que ha ocurrido esta semana en Córdoba. Porque en esta ciudad realmente ha tenido lugar un acontecimiento planetario con el acuerdo con el que todos los grupos municipales, asociaciones de vecinos y organizaciones medio pensionistas han acogido la puesta en marcha del Metrotrén.

METROTREN    7.JPG

Juan Andrés de Gracia entrega a Isabel Ambrosio las conclusiones de la comisión técnico-vecinal que ha avalado la puesta en marcha del Metrotrén. El acto tuvo lugar el pasado miércoles en el Ayuntamiento.

En un lugar como este, en el que para encontrar un consenso general hay que remontarse a la Capitalidad Cultural, que todo el mundo confluya en la puesta en marcha de una iniciativa como ésta es digno de elogio y aplauso. El informe realizado por la comisión técnico-vecinal sólo ha recibido el rechazo del comité de empresa de Aucorsa, inmerso como está en una situación crítica. Pero eso es materia para otro día.

Que Córdoba cuente con un Metrotrén no debería ser algo que llamase tanto la atención. La tercera ciudad de Andalucía, con unos 350.000 habitantes, necesita como el comer un servicio de transportes que convierta a sus barriadas periféricas en una parte más de la capital. Al tiempo, la puesta en marcha de esta infraestructura redundará en beneficio para el tráfico en la ciudad, en hacerla más sostenible desde el punto de vista medioambiental y en convertirla en más cómoda y transitable para todos los que en ella residimos. Que hayan tenido que pasar cuatro años para alcanzar este acuerdo lo único que nos demuestra es la pérdida de tiempo que se produce en no pocas ocasiones en Capitulares.

La idea que parieran Nieto y los suyos allá por el 2012 fue rechazada por la entonces oposición y actual gobierno por motivos exclusivamente partidistas. Sin embargo, esa situación se ha superado y la alcaldesa, Isabel Ambrosio, se apunta el primer tanto en su mandato tras nueve meses más que dubitativos y polémicos. En la misma semana en la que IU y Ganemos amenazan con reventar los puentes con el interminable asunto de la Mezquita, ha sido posible encontrar el aval para una iniciativa en la que Diputación, Junta y Gobierno central aparecen ya como socios decididos a su puesta en marcha.

Y todo ello gracias a una comisión técnico-vecinal -dupla muy cordobesa- en la que se ha hecho un trabajo serio y, sobre todo, se ha dado con el elemento clave para desbloquear el proyecto. Ha sido dejar de hablar del Metrotrén y comenzar a referirse al Cercanías para que todo haya ido como la seda. Así las cosas, igual al C4 le podíamos llamar V33; al nuevo Bellas Artes, centro pictórico; al Palacio de Congresos, sala de reuniones; al proyecto comercial de Rabanales 21, ágora de encuentro, y a la falta de empleo, ausencia de ocupación. Que si por ahí se resuelven los problemas, convoquemos un concurso de creatividad e igual a esta ciudad no la conoce en dos años ni la madre de Claudio Marcelo.

El C4 y la novia abandonada

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 1 de marzo de 2015 a las 8:00

Hay una tendencia en esta ciudad a dejar los proyectos inacabados o a no empezarlos nunca que realmente reconozco que me apasiona. Tiene su punto de estudio antropológico esto de que entre que se pare una idea y se pone en práctica deban pasar en Córdoba un mínimo de diez años para atisbar algún avance. No sé si será el pasado árabe, romano o judío o simplemente una incapacidad manifiesta de quienes nos gobiernan, pero lo cierto es que aquí no hay quien sea capaz de hacer algo y ponerlo en marcha en un plazo razonable. Ejemplos hay múltiples y distintos y diferentes, que diría Rosa Aguilar, pero esta semana me ha seducido especialmente el nuevo frenazo al Centro Andaluz de Creación Contemporánea, vulgo C4.

Prueba de iluminación de los paneles exteriores del C4 con la mirada de una mujer, realizada en agosto de 2013Recuerdo los tiempos en los que se hablaba de la manzana cultural en la margen izquierda del Guadalquivir, ese diálogo de infraestructuras –no se puede ser más cursi– que iban a reflotar el Sector Sur y el Campo de la Verdad e iban a hacer sombra a la mismísima Mezquita. El C4 alternaría con sus nonatos hermanos Palacio del Sur y Museo de Bellas Artes, para vertebrar un eje cultural –otra buena moñería–que impulsase a la ciudad. De los trillizos hoy en día solo sobrevive el C4, obra arquitectónica más que destacada de esa pareja de maestros, Nieto y Sobejano, que también nos regalaron el centro de interpretación de Medina Azahara. Dos edificios multipremiados que han tenido la mala suerte de topar con la crisis y la mayor de las ineficacias. Al menos, el del yacimiento está abierto y puede disfrutarse.

El C4 ha sido desde su nacimiento una especie de niño de orfanato, un edificio sin padres reconocidos que nunca ha sabido muy bien si ha venido a este mundo para penar o para ser, simplemente, carne de cañón. Lo que en su momento fue una gran idea, lúcida y atractiva, es hoy en día una especie de ballena varada a la que nadie quiere ayudar a volver al mar. Es como una novia con gran boda concertada a la que en el último momento dejan plantada en el altar vestida del blanco más impoluto y que se aja allí incapaz de aceptar que el novio no vendrá y además se ha llevado la dote. Y aquí, el novio y los suegros son los mismos.

Una técnico muestra el interior de la sala principal del C4 a un grupo de visitantes durante la jornada de puertas abiertas que se realizó en otoño de 2014.A la Junta debería darle vergüenza ofrecer el espectáculo que está ofreciendo con este edificio. A estas alturas nadie quiere saber de él y nadie quiere recuperar de las hemerotecas las decenas de compromisos de fechas, inauguraciones y horarios que, desde que Manuel Chaves asumiera el compromiso allá por los inicios del siglo, han dado a su paso por aquí consejeros como Plata y Alonso o presidentes como Griñán o Díaz. El C4 no tiene proyecto, ni director, ni accesos, ni contenidos, ni absolutamente nada de nada. No tiene responsables que digan lo que van a hacer con él quizás porque ni ellos mismos saben cuáles son las potencialidades del edificio. La demora, desidia y desilusión con la que se trata a este edificio desde su Administración impulsora (es un decir) azorarían al más pintado y deberían ser motivo de más de una dimisión. Pero no se preocupen que eso no pasará. El C4 seguirá ahí plantado, viendo cómo le salen arrugas, como esa novia abandonada que quedó para vestir santos. Con lo bonita que fue de joven.

Vender Córdoba

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 7 de diciembre de 2014 a las 8:20

Pasee usted hoy por Córdoba. Transite por la Judería y dese un salto al Patio de los Naranjos. Busque un lugar en el que comer en el entorno de la Ribera. Siéntese en una terraza a disfrutar del sol y del frío prenavideño. Cuando lo haga, mire a su alrededor con atención, escuche los sonidos de la calle, preste atención a las conversaciones de los cientos de turistas que se agolparán para entrar en la Mezquita, para comer una tortilla en el Santos, para conocer los jardines del Alcázar o para perderse callejeando en busca de la Sinagoga. Disfrute del momento, de esas personas de fuera que alaban esta ciudad, que destacan la limpieza del Casco Histórico, que se maravillan ante el ingente patrimonio que desborda sus miradas. Y créaselo. Hablan de Córdoba. Sí, de esta ciudad. Estarán a buen seguro estupefactos ante la contemplación de una urbe que es mucho más de lo que les habían contado cuando prepararon el viaje. Esa es Córdoba, una ciudad que nunca deja de sorprender, que maravilla a los visitantes y que camina hacia un récord histórico de turistas que cuando vuelven a sus casas ejercen de pregoneros de esta villa. Lo dicho, disfrute de sus palabras, que ya llegará el martes. Porque cuando llegue el martes, quienes deben ejercer de mensajeros de nuestras excelencias volverán a salir a la palestra a pelearse por un sillón, una palabra o una foto. Así de claro, así de duro y así de descarnado.

Así lo dejaron de manifiesto el pasado jueves unos pocos empresarios dedicados a vender esta ciudad allende nuestras fronteras en un acto que –perdón por la inmodestia– organizó este periódico en la Diputación. Allí, los profesionales que se dedican a traer personas a esta ciudad, a llenar los hoteles, las tabernas, los restaurantes y los monumentos, volvieron a clamar en el desierto en busca de un acuerdo; de la unidad necesaria para hacer las cosas bien; de un plan estratégico que tenga menos de plan y más de estratégico; de una reunión de intereses en la que todos salgamos ganando; del fin del yoísmo imperante para que triunfe el nosotros; de la introducción de un lenguaje de diálogo y cooperación entre las administraciones y los agentes sociales, de la implementación, en definitiva, de un sistema que nos sirva a todos y del que todos salgamos ganando.

Porque Córdoba debe vender su marca. Estamos ante un momento clave, cargados de infraestructuras, explotadas y por explotar, que nos pueden situar en el mapa de una economía, la de los congresos, que no tiene más que ventajas y cuyo sonido suena a caja registradora. Organizadores de congresos, profesionales de la joyería, la Universidad, el periodismo, empresarios de todo tipo y condición reclaman a gritos el fin de este ruido insoportable que hace que nos perdamos en la lucha por sillones apolillados mientras dejamos pasar los barcos del oro camino de otras ciudades. Gentes de todo tipo que reclaman a los políticos que se sienten y tracen un plan para esta ciudad; un plan duradero que supere los vaivenes electorales, un plan de traiga pan y trabajo a una Córdoba devastada por el paro. Y si luego alguien quiere hacerse una foto que se la pida a un turista. Pero que no joda más.

La burbuja cultural

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 5 de octubre de 2014 a las 9:20

Hace poco más de tres años Córdoba vivía inmersa en un entusiasmo cultural. El horizonte de la “segura” consecución de la Capitalidad Cultural Europea había sumido a la ciudad y a sus dirigentes en la euforia de la burbuja cultural. En una ciudad tan dada a descubrir la piedra filosofal cada cuatro días, el mundo cultureta campaba a sus anchas, se sucedían las propuestas y decenas de gestores culturales florecían como las setas ofreciendo proyectos de lo más variopinto y diverso. Era la hora de buscar la nueva vía de desarrollo de la ciudad: cultura y patrimonio eran el camino. Hablar entonces de turismo era casi anatema y uno corría el riesgo de ser excomulgado si ponía en duda la viabilidad de ese modelo de Córdoba. Hasta que llegó el chasco.

Esta semana, algo más de tres años y pico después de que el amigo Manfredo Gaulhoffer nos diera con la puerta en las narices, varios acontecimientos nos han demostrado que de aquella efervescencia apenas quedan rescoldos alrededor de una Cosmopoética víctima de los recortes –y eso que este año la cosa está bastante mejor– y de un resucitado proyecto de biblioteca central que, cual Lázaro evangélico, sorprendió a todos levantándose y andando desde su propia tumba. De lo demás, nada. Y a los hechos me remito.

El Gobierno central presentó sus presupuestos el martes sentenciando definitivamente a muerte al nuevo Bellas Artes y al Archivo Histórico y mofándose de quienes creen que verán la casa de los Páez reabierta como museo Arqueológico. La lectura es simple: si no hay pasta para carreteras cómo la va a haber para estos dispendios. ¿Habrase visto semejante osadía? Pedigüeños.

c4El mismo martes, la Junta abría el C4 –se seguirá llamando así por mucho que se empeñe Luciano– para que todo el que estuviera parado o de descanso pudiera visitarlo. El edificio es ciertamente espectacular y bonito por dentro (ahí hay que darle la enhorabuena a Nieto y Sobejano), pero es un auténtica lástima que vaya camino de un quinquenio de indecisión y pseudoabandono. Ahora, dice Cultura que en breve comenzará a arreglar los alrededores y sacará a concurso su dirección, pero a uno le asaltan millones de dudas cuando le cuentan que aquello será una especie de laboratorio multidisciplinar de creación. Y en museo de más de 30 millones, por cierto. Me lo expliquen por favor.

Y para terminar la semanita hoy los músicos de la Orquesta salen a la calle para pedirle a las administraciones que se mojen y pongan la pasta suficiente para mantenerla viva. No piden para dispendios, no, piden para garantizar sus nóminas y el pan de sus hijos. Las administraciones, mientras, callan. Nieto promete más dinero si la Junta –que calla– también se estira y Fuentes tercia enseñando sin abrir la cartera. Y mientras, Córdoba se encamina a perder una seña de identidad de ciudad ilustrada, culta, formada, crisol de occidente… Todas esas palabras con las que se llenan los vacuos discursos oficiales en los actos protocolarios.

Hubo un tiempo en el que se creyó en los proyectos culturales para esta ciudad. ¿Lo recuerdan? No fue hace tanto.

 

El espíritu de la Capitalidad

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 7 de septiembre de 2014 a las 19:33

Juan Miguel Moreno Calderón tiene en su haber ser tenido como un hombre de diálogo, cordial y sensato con el que se puede hablar y llegar a acuerdos. Así lo ha demostrado a la lo largo de su carrera profesional y así lo ha evidenciado en estos tres años que lleva como edil de Cultura. En este tiempo es el único concejal del equipo de gobierno del que no se ha escuchado una mala palabra y el único que ha sido capaz de lograr consensos con la oposición. Es más, con una delegación mermada económicamente, ha sido capaz de mantener e incrementar incluso la programación cultural logrando el reconocimiento de todos. Ahora, Moreno Calderón presenta una iniciativa que no debería caer en saco roto: la de recuperar para la cultura el clima fraternal que se generó alrededor del sueño de la Capitalidad y articular así una agenda cultural única en el que todas las administraciones y actores implicados trabajen en la misma dirección. Buena idea ésta que demuestra altura de miras y capacidad de estar por encima de las rencillas de patio de colegio. (Lo que no sabemos es si le traerá dolores de cabeza dentro de su propia casa).

La iniciativa del concejal de Cultura, sin embargo, se puede antojar hasta algo escasa ya que lo que esta ciudad necesita es recuperar el espíritu del 2016, su imagen de unidad, en muchas más cosas que sólo en la agenda cultural. Córdoba padece, sobre todo, un atosigante dato de desempleo que tiene a unas 95.000 personas en el paro en la provincia, la mitad de ellas en la capital. Córdoba sufre una lamentable parálisis en todos sus grandes proyectos, frenados por la incapacidad de muchos y el cortoplacismo de otros tantos. Y el de la Cultura es sólo uno de los puntos en los que es necesario el consenso.

Si algo han demostrado los últimos sondeos electorales y las pasadas europeas es que la ciudadanía está harta de lo que ha habido hasta ahora, del egoísmo partidista, del tacticismo electoral y de la sumisión del bien común a los intereses de uno u otro grupo de poder. Existe en la calle una necesidad de articular nuevas fórmulas que sirvan para algo y que vayan más allá de los tradicionales discursos del victimismo o del “y tú más” que tanto se dan entre nuestros dirigentes políticos. El fenómeno Podemos -con todas las sombras y dudas que pueda suscitar- va camino de convertirse en el catalizador de ese hartazgo y a ese paso no sería de extrañar su irrupción en el panorama municipal.

Sin embargo, eso es lo de menos. Lo de más es que Córdoba necesita de ese espíritu de consenso al que aludía esta semana Moreno Calderón. Necesitamos dirigentes que antepongan lo que a usted o a mí nos preocupa para nuestros hijos al mero cálculo electoral o a los sueños de grandeza individuales.

Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que todos remamos juntos para lograr un objetivo. Esperemos que no haya un futuro cercano en el que no existan ni objetivos por los que luchar unidos. Así de mal estamos.

El interés de Córdoba

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 7 de abril de 2014 a las 9:52

En estos días en los que vemos fracasar el proyecto de Capitalidad Cultural Europea de San Sebastián para 2016, uno recuerda aquel día de junio de 2011 en el que se soterraron los sueños de Córdoba. Vienen a la memoria el chasco y la decepción, los cordobeses que acudieron a Las Tendillas, la impotencia por una injusticia y la unidad de una ciudad alrededor de un sueño. De eso han pasado ya casi tres años, tiempo más que suficiente para que  a muchos se les haya olvidado que hubo un tiempo en el que los partidos caminaban de la mano por el bien de Córdoba. Lamentablemente, de eso no queda nada ya. Es una pena observar cómo, semana tras semana, el interés común es el menor para una clase política empeñada en mirar sólo hacia sí misma bajo la premisa del cuanto peor, mejor.

El último capítulo de esta historia interminable lo hemos tenido el viernes con el anuncio de la Consejería de Fomento de que exigirá al Ayuntamiento la devolución del coste del Centro de Recepción de Visitantes si no modifica sustancialmente el pliego de adjudicación. Dice el departamento de la cordobesa Elena Cortés –la misma que dice que el metrotrén es un “juguetito electoral”– que lo que pretende licitar el Consistorio es una chapuza, entre otras cosas, porque aspira a  que el adjudicatario pague los muebles, porque registra un bar y porque incluye a la empresa privada. Zape, empresa privada caca. Para eso estamos todos los cordobeses, para pagar los muebles de un edificio público. Si leen ustedes hoy este periódico, verán que Fomento lo que quiere es seguir con el pliego de 2011 del cogobierno entre IU y PSOE, en el que se establecía que los cordobeses debíamos aflojar 300.000 euros por amueblar el sitio porque tenemos mejor gusto que nadie. Además, se imponía un bar que podía abrir más horas que el centro de recepción, pero no porque fuese una terraza de copas, que va, sino supongo que para disfrutar de las vistas del río. Todo esto entre lindezas como 10.000 euros para una mesa o 40.000 por la asesoría del que diseñó los muebles.

Se ve que en Fomento no han asumido aún muy bien que estando el patio como está parece mejor que sea el adjudicatario el que corra con los gastos a que lo haga una ciudadanía exhausta a la que esos dineros seguro que le vienen mejor para empleo que para modernas sillas. Pero claro, lo que a usted o mi nos pueda interesar jamás es lo que le interesa a nuestros gobernantes, más pendientes de chincharse unos a otros que de darle futuro y horizonte a la ciudad. En el centro de visitantes como en el metrotrén, el centro de convenciones, el aeropuerto, la Corredera, las naves eternas de la Colecor o los planes de empleo. El interés de Córdoba, que usted lo sepa, no es el de los cordobeses, masa de borregos incapaces de saber lo que quieren. El interés de Córdoba es el de sus ¿elites?  dirigentes. Que le quede claro. Que es usted un ignorante y debería saber que estamos mucho mejor con todo cerrado. ¿Para qué vamos a mejorar con lo bien que se vive aquí?

La gallina de los huevos podridos

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 19 de enero de 2014 a las 10:26

Dice el informe de invierno de Analistas Económicos que Córdoba va a crecer este año un 0,7%, una buena cifra aunque esté a cuatro décimas de la media andaluza. El texto coloca como las provincias que más se van a desarrollar a Málaga y Granada, ambas impulsadas por el turismo. La llegada de visitantes es lo que mantiene con vida a nuestra comunidad. No es que esto sea malo, pero sigue convirtiendo nuestra economía en algo débil que depende en exceso de coyunturas y modas. Y, según el informe, la moda de Córdoba decayó el año pasado tanto como las de Sevilla o Jaén, algo preocupante.

Este mal dato nos lleva a reflexionar sobre el modo en el que el turismo esta gestionado en la ciudad. La sanción a Hostecor desvelada por El Día ha puesto sobre la mesa la pésima situación en la que se encuentra la asociación encargada de velar por los intereses del sector en Córdoba. El presidente de la organización, Antonio Palacios, afirma en una carta que su negociado está bastante mal, pero, en lugar de pedir un cierre de filas, se dedica a lanzar duras acusaciones contra quienes él considera que intentan torpedearle. Hostecor se desangra por una evidente mala gestión, una situación económica que viene muy de largo y la evidente falta de visión de un sector que se ha convertido en una especie de viejo achacoso al que no se le escuchan propuestas un positivo y se limita a poner pegas y jugar a la contra en defensa de miopes intereses gremiales.

A todo ello hay que sumar que el Ayuntamiento, que ve en el turismo la punta para recuperar la economía cordobesa, está lejos de gestionar bien este vital asunto. A los vaivenes en el Consorcio de Turismo, desaparecido en combate, se une la incapacidad para impulsar iniciativas clave como el centro de recepción de visitantes de la Ribera, la gestión de las Caballerizas o el incremento de la planta hotelera como solución a los abusivos precios que marcan el destino cordobés durante los meses de mayor interés. Es cierto que se han dado algunos pasos, pero que se han quedado cortos. Tampoco ayuda que en iniciativas como la capitalidad gastronómica o la ciudad europea del deporte, que tampoco es que nos vayan a sacar de pobres, dé la impresión de existir una absoluta falta de previsión y un programa de actuaciones claro.

La gallina de los huevos de oro de esta ciudad tiene forma de turista. Mientras no seamos capaces de adoptar medidas comunes, abandonar las visiones aldeanas y sentarnos en una mesa para abordar un plan de acción conjunto y serio no habrá manera de impulsar el crecimiento de esta ciudad. Si Hostecor es cada día más un boxeador sonado, los hoteles siguen empeñados en freír a los turistas con tarifas inasumibles y el Ayuntamiento no toma de una vez por todas el mando de la promoción, los informes económicos seguirán señalando que nuestro enorme potencial se escapa en los autobuses con destino a Sevilla, Granada o Málaga. Podemos tener una gallina que ponga huevos de oro; la pena es que como no la cuidemos estos pueden salir directamente podridos.

Los Patios como revulsivo

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 10 de diciembre de 2012 a las 11:54

La Declaración de la Fiesta de los Patios de Córdoba como Patrimonio Intangible de la Humanidad ha generado por fin un movimiento común de respaldo sobre un tema concreto en Córdoba. Partidos políticos, instituciones, sectores económicos implicados y, por supuesto, propietarios y cuidadores, están de acuerdo en que de la decisión de la Unesco debe salir algo muy bueno para Córdoba. El impulso de la marca de la ciudad y su traslación al rendimiento turístico, una de las bases -fuera de toda duda- para superar la actual crisis económica, están tras esta designación. Sin embargo, la experiencia dicta que aún queda mucho camino por andar y que son múltiples los retos que la ciudad afronta para lograr que este reconocimiento le permita unas cifras que llevan años estancadas.

PROMOCIÓN 

Si los Patios son Patrimonio Intangible de la Humanidad, Córdoba ya puede presumir de ser de las pocas ciudades del mundo que cuenta con una triple corona de este tipo. A los recintos recién declarados se suman el Casco Histórico (1994) y la Mezquita (1984), tres ejes vertebradores de la ciudad a partir de los cuales debería girar toda la labor de captación de visitantes. Córdoba siempre ha adolecido de una falta de marca preocupante en el exterior y se ha perdido en la venta de actividades secundarias, aunque relevantes, para sacar partido a su potencial. Unido a ello, la separación de la marca de la capital y la provincia ha provocado que en Ferias como Fitur no quedase muy claro si la intención era la de sumar esfuerzos o si los equipos de captación de ambas partes peleaban entre sí por arrimar el ascua a su sardina. Lo cierto es que Córdoba puede permitirse presumir de un patrimonio al alcance de muy pocos en el mundo y de nadie en Andalucía, lo cual debería llevar a nuevas estrategias que lo potencien. La presencia de actos paralelos como la Noche Blanca, el Festival de la Guitarra o Cosmopoética debería ser utilizada como acompañamiento secundario, nunca como elemento principal. Los turistas no vienen a Córdoba por festivales o certámenes puntuales, sino que lo hacen atraídos por la belleza monumental y patrimonial de la ciudad, por lo que todo lo demás son adornos a los que hay que sacar partido sin que secuestren la imagen real de la ciudad.

OFERTA FINAL 

A pesar de ser uno de los sectores que están salvando a Córdoba de la crisis, el turismo no consigue arrancar en Córdoba con toda la fuerza que necesita. Las pernoctaciones siguen situándote muy por debajo de otras ciudades de similar dimensión, menor valor histórico artístico, pero mucha mayor oferta complementaria. Y es que pasear por Córdoba cualquier día por la tarde, por su Casco Histórico, es poco menos que desalentador. En el momento en el que cierra sus puertas la Mezquita-Catedral, la vida desaparece del conjunto declarado Patrimonio de la Humanidad y las calles quedan semidesérticas. La falta de oferta de ocio nocturno es alarmante y es la causante de la falta de fijación d ellos visitantes a la ciudad. Si es cierto lo que el Ayuntamiento ha propuesto estos días y se logran abrir algunos patios durante las noches de verano la ciudad saldrá ganando de manera considerable. Sin embargo, no puede ser que el sector turístico siga dependiendo de los pasos que urden administraciones publicas o grandes instituciones privadas para mejorar sus resultados. Las apuestas por la visita nocturna al Alcazar, la Mezquita-Catedral o Palacio de Viana son tremendamente positivas, pero de nada sirven si los empresarios encargados de sacarle partido se limitan a esperar en sus negocios la entrada de los potenciales clientes. Si miramos a nuestro entorno más cercano, observamos que es el propio tejido hostelero el principal dinamizador de la oferta de ocio nocturno en ciudades como Málaga, Sevilla y Granada. Aquí no. Se echa en falta una acción decidida por parte de Hostecor como colectivo mas allá de acertadas, y osadas, apuestas empresariales del tipo del Mercado Victoria. Recorridos guiados, visitas tematizadas, ofertas culturales alternativas a los cauces oficiales o, sobre todo, la potenciación de un turismo del que Córdoba podría ser referente se atisban como alguna de las opciones a tener en cuenta de cara al futuro.

LA PARÁLISIS HOTELERA 

Otro de los enormes problemas con los que se enfrenta Córdoba a la hora de sacarle partido a su potencial turístico se refiere a la planta hotelera. La Fiesta de los Patios es el principal exponente de una situación que debería solucionarse: encontrar una habitación en condiciones, en un hotel de media categoría y a un precio asequible es poco menos que misión imposible. Muchas han sido las voces y los intentos por intentar desbloquear esta situación y numerosas las quejas y enfrentamientos que se han tenido desde el ámbito de lo público con el sector. Si comparamos Córdoba con ciudades anteriormente citadas se aprecia una oferta de alojamientos muy inferior a la media, con unos precios muy elevados y muy poca capacidad de adaptación a la demanda. Así hemos llegado a ver en acontecimientos como la Copa Davis que los hoteles de la capital no lograban llenarse mientras zonas limítrofes sí lo hacían ofertando cama y AVE. Del mismo modo, alguna gran competición realizada recientemente se ha visto cuestionada por la exigencia de pagos adelantados de importes de enorme relevancia por parte de los hoteleros. No es cuestión de poner en duda las acciones llevadas a cabo por los hoteleros, que como empresa privada tienen la lógica y legítima ambición de obtener los mayores resultados posibles para sus negocios, pero sí hemos de llamar la atención sobre la posibilidad de mejorar resultados, sobre todo entre semana, con una mayor flexibilidad en la oferta y ya implicación de esta en la promoción y desarrollo de la ciudad. El debate sobre la escasa planta hotelera de la ciudad no es precisamente nuevo y el actual equipo de gobierno de José Antonio Nieto ya ha tenido más de un encontronazo con el sector por su intención de incrementar la oferta existente.

ACUERDO COMÚN 

La designación de la Fiesta de los Patios como Patrimonio Intangible de la Humanidad llega en un momento estratégico de gran relevancia para Córdoba capital y provincia. La llegada del PP al poder en Capitulares y en la Diputación parece encaminar por fin la promoción de la ciudad hacia una marca única, potente, complementaria y dispuesta a explotar al máximo las enormes potencialidades que ofrece la provincia. Esa es la vía por la que hay que caminar, sin partidismos políticos tal y como han hecho ciudades de nuestro entorno de diverso color político.

Junto a ello, la confección de una oferta amplia repartida en los doce meses del año es un elemento capital a valorar. Córdoba es mucho más que su mes de mayo y la articulación de una programación que complemente a su triple corona patrimonial con la Cata del Vino en primavera, los festivales musicales en verano y Cosmopoética y Eutopia en otoño se antojan determinantes. Además, el Ayuntamiento debería concretar de una vez esas grandes apuestas culturales que ha anunciado en demasiadas ocasiones tras el fiasco de la Capitalidad.

Finalmente, la iniciativa privada debe dar un paso adelante si quiere incrementar su rendimiento económico y garantizarse su propia continuidad. No sólo con una adecuación de la oferta en términos de precio a la demanda, sino implicándose de manera decidida en la puesta en marcha de nuevas iniciativas y la consolidación de las ya existentes. En estos tiempos de penuria, la colaboración publico-privada se antoja fundamental para el futuro de capital y provincia.

En definitiva, Córdoba cuenta con sus Patios, su Mezquita y su Casco Histórico como oferta básica. A ello hay que sumar una posición y unas comunicaciones espléndidas para sacarles partido. En los últimos tiempos se han dado pasos adecuados para incrementar la oferta de ocio y las pernoctaciones en enclaves inigualables como la Mezquita-Catedral, el Alcázar o el Palacio de Viana. Es momento de cerrar el círculo mirando el interés común que revertirá en el beneficio privado de los cordobeses. Ojalá el impulso de esta última decisión de la Unesco sirva para ello.

La senda de los Patios

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 9 de diciembre de 2012 a las 10:10

De la multitud de imágenes que nos dejó la declaración de los Patios como Patrimonio Intangible dela Humanidadel jueves pasado me quedo con una: la unidad política en torno a un objetivo común. La verdad es que da alegría ver que quienes están llamados a sacar esta ciudad hacia adelante son capaces por una vez de ponerse de acuerdo. Es verdad que la foto era fácil y golosa y ningún cargo público quería perdérsela, aunque eso supusiera ir dos veces al mismo sitio en pocas horas. Y eso que los protagonistas reales eran otros, esos a los que quisimos rendir tributo desde la portada de este periódico; esos que no salen casi nunca, porque ellos son quienes realmente nos han dado este reconocimiento de la humanidad. Los otros ya salen mucho, demasiado a veces, aunque insisto en que verlos a todos lanzando un mensaje común me gustó.

¿Y por qué, entonces, no vemos más fotos así? La imagen de los patios es blanca, no tiene aristas ni puntos de tensión excesiva, cierto, pero quizás esta ciudad necesite de otras imágenes del mismo estilo en materias más relevantes –sin ánimo de ofender–. Si Córdoba tiene casi 100.000 parados, la mitad de ellos en la capital, un tejido industrial inexistente y más bien pocas alternativas de futuro, se me ocurre que los ciudadanos deberíamos exigir a los mismos que posaron el otro día mucho más. Si la ciudad no esta en los planes prioritarios de promoción turística dela Junta, si el Palacio de Congresos/Centro de Convenciones es más entelequia que realidad, si la ampliación del aeropuerto se va a ir por el sumidero, si…. por qué tenemos que tragarnos los ciudadanos más imágenes así. ¿Por qué no pararnos ante esa tentación tan política de posar en armonía sólo cuando hay un medio en medio para brindar?

Las fiestas y celebraciones están bien, son necesarias para el espíritu y dan de comer a muchos que viven de organizarlas y servirlas, pero Córdoba necesita más. Requiere que quienes nos representan, sean del color que sean, lo hagan de verdad. Que ejerzan de solucionadores de problemas y no de creadores de otros nuevos. Que asuman sus errores, como Gobierno y como oposición, y que piensen en la cantidad de gente que lo esta pasando realmente mal. Que se olviden de esos debates estériles y vanos que llenan las sesiones plenarias y los titulares de los medios para darle prioridad a lo que es perentorio. Arreglar este desastre en el que vivimos sí que merece una foto de grupo, que vendría acompañada de una tremenda ovación y incluso yo pagaría los medios. Los Patios son un buen comienzo, a ver si le cogen el gusto y no son también en mejor final.

Nos tienen manía

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 21 de octubre de 2012 a las 10:15

A medida que avanza esto de la crisis me doy más cuenta de que no es que nosotros o, mejor dicho, nuestros gobernantes hayamos hecho nada mal, lo que ocurre es que nos tienen manía y por eso nos van las cosas así. Ángela Merkel nos tiene manía porque ella tiene cara de llevar toda la vida pasando frío y no soporta que aquí vayamos a la piscina del cuñao a mediados de marzo; las agencias de calificación nos tienen manía porque ellas lo hacen todo muy legal y aquí hemos hecho del chapú y el primo manitas toda una teoría vital; los mercados nos tienen manía y nos desprecian porque ellos pagan puntualmente y nosotros hicimos de la hipoteca con todo incluido una especie de asunto de Estado. Todos nos tienen manía porque en el fondo envidian nuestra capacidad de supervivencia y la calidad de nuestros líderes.

Por tenernos manía nos la tienen hasta los que hacen los informes sobre la situación de la educación en nuestro país. Sabíamos que esos que hacen el informe PISA son unos antipáticos que sólo se fijan en lo malo, pero ahora hemos descubierto que en la Unesco también nos miran mal. A decir verdad esto en Córdoba ya lo sabíamos, que no hay más que recordar la que nos jugó con la Capitalidad el tal Manfredo. A lo que iba: que resulta que la Unesco se ha sacado de la manga un informe sobre la situación de la Educación en el mundo en el que se dice que España es el país de Europa al que le va la cosa peor. Que resulta que no hay quien nos gane en abandono y fracaso escolar en la ESO, el Bachillerato y los ciclos formativos de la FP. Vamos, que somos una ruina.

Yo la verdad es que no me explico cómo se pueden pensar estas cosas y por eso estoy totalmente de acuerdo con la huelga que esta semana han realizado los estudiantes de Secundaria y Bachillerato para denunciar los recortes. Incluso me parece genial que los padres la hayan apoyado y que el rector de la UCO, José Manuel Roldán Nogueras, la haya visto con buenos ojos. Y lo digo de verdad. Porque nosotros tenemos una educación puntera. De hecho, cada vez que llega un Gobierno la mejora y hace una nueva ley para incrementar las capacidades de nuestros alumnos. En las universidades dicen que hubo una vez en la que se dio una asignatura que tenía que ver algo con la realidad laboral que se iban a encontrar los alumnos. Es más, a mi eso de que los maestros sean un colega más en las clases me parece perfecto y altamente democrático. De hecho, estoy con los que piensan que ponerles notas a los niños es de fascista, retrógrado y abusón. Lo dicho, que nos tienen manía. Que para qué queremos nosotros mejorar nuestra educación si podemos tener al 50% de los jóvenes disfrutando de su tiempo libre. Con lo que le gusta a una madre tener a sus hijos en casa.