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Disidentes

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 3 de marzo de 2013 a las 9:41

Tenía pensado hablarles de los resultados del Barómetro Joly que este grupo ha venido publicando con motivo del28F, ese día en el que nuestros próceres se declaran más andaluces que el salmorejo y recuerdan a Blas Infante entre golpes de pecho por el poco caso que (ellos mismos) han hecho a su legado, pero paso. Creo que con la manifestación manipulada del jueves la cosa se define sola. El jueves no se habló de Andalucía, sino que se volvió a hacer gala de un victimismo y un frentismo lamentable que son los que impiden que este terruño vaya más rápido. Así lo dicen ustedes en la encuesta, en la que no aprueba ni el que sube la bandera en tan sonado día y en la que todos los representantes de la soberanía popular andaluza acaban en el mismo saco de gente poco creíble y aún menos comprometida. Son tiempos de borreguismo partidista y eso a los ciudadanos no les gusta nada.

Blas Infante jamás se dio a este borreguismo, y les reconozco que no soy yo el más acérrimo seguidor del llamado padre de la patria andaluza. Sin embargo, sí debo admitirles que admiro su decisión y su lucha personal por dignificar una tierra que no tengo duda que es la mejor del mundo. He de reconocerles que a mí siempre me han gustado las disidencias, los espíritus libres que ponen a los partidos ante su espejo. Aquellos que en determinados momentos son capaces de plantarse ante los suyos y decir que no, que por ahí no pasan, que los principios de cada cual son sagrados y no pueden prostituirse. Son los versos sueltos los que le dan su esencia a la democracia.

Este semana hemos visto a Carme Chacón ejercer de verso suelto en Madrid plantándose ante las majaderías soberanistas del socialismo catalán, si bien, en un calculado ejercicio de equilibrismo, tampoco se ha alineado con los postulados de sus compañeros madrileños. No es que Chacón sea el ejemplo más adecuado, ni me parece a mi la más indicada para sacar al PSOE de su actual marasmo interno, pero es el que tenemos más a mano para ilustrar que hay veces en las que los diputados deben plantarse y decir que no. Todos sabemos que la buena de Carme (léase Carma) hace lo que hace porque aspira al sillón de Rajoy y, de paso, al de Rubalcaba, pero no puedo por menos que alabar al primer diputado en años que es capaz de llevar la contraria a las pesadas y casi mafiosas estructuras partidarias. En unos tiempos en los que tanto se debate sobre las listas abiertas y el cambio del sistema electoral –no creo que lo veamos nunca, por cierto– acciones como ésta deben servirnos para reflexionar sobre la verdadera esencia de representar a los ciudadanos. Muchos llaman a esta forma de actuar ser disidente.

Para mí, quien es capaz de plantarse ante lo que considera inadecuado, injusto o directamente majadero me merece todos los respetos. Aunque lo haga por calculado interés personal. Por lo menos, quien así obra demuestra que aún hay quien utiliza el cerebro en el Congreso para algo más que acompañar los cabezazos laudatorios al amo de turno. Por eso me quedo con los disidentes porque siempre fueron más interesantes.