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Pimpinela y el CRV

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 13 de julio de 2014 a las 9:33

Debo reconocer que, transcurridos ya diez años desde que llegué a la dirección de este periódico, aún hay actuaciones políticas que me sorprenden y logran dejarme con la mirada atónita. Lamentablemente, esas decisiones no suelen proceder de determinaciones que impulsen a esta santa ciudad, más bien al contrario suelen ser consecuencia de la impagable capacidad de nuestros egregios líderes para meterse en líos inexplicables y en situaciones estrambóticas.

visitantesEsto es lo que ha pasado esta semana con el Ayuntamiento y la Junta de Andalucía a cuenta de la gestión del centro de recepción de visitantes (CRV) de la Puerta del Puente. El sainete que estos días protagonizan ambas administraciones me podría recordar a ese gran tema de mis mocedades que cantaba el nunca bien ponderado dúo Pimpinela. Sin embargo, respeto demasiado a estos argentinos como para decir que lo que pasa en Córdoba es mejor que su Olvídame y pega la vuelta. ¿Recuerdan? Sí, hombre es ese tema en cuyo estribillo decían: “¿Quién es?/ Soy yo… / ¿Qué vienes a buscar? / A ti… / Y es tarde… / ¿Por qué? / Porque ahora soy yo la que quiere estar sin ti… / Por eso vete, olvida mi nombre, mi cara, mi casa, / Y pega la vuelta…”.

Como les decía respeto demasiado a Pimpinela como para decir que lo que hemos vivido esta semana sea mejor que lo que ellos llevan décadas cantando. Y es que la decisión del Ayuntamiento de renunciar al centro de recepción de visitantes supone un nuevo giro de tuerca en esa relación imposible que mantiene con la Junta y que de por medio va a acabar, una vez más, por salpicar y hacer que Córdoba pierda otra oportunidad. No insistiré en que aquí tengo claro que hay dos culpables. Uno, por dejación de funciones y otro, porque ni come ni deja comer. El Ayuntamiento no se ha dado la misma prisa en licitar la gestión del inmueble que se dio el PP para aforar al Rey Juan Carlos y tantos meses de espera y dilación han convertido algo que no debería ser problemático en otro grano en salve sea la parte. Tampoco la actitud de la Junta ha sido la mejor, convertida como está en ser el peor enemigo de Córdoba –esto no es de ahora, lleva ya bastante tiempo pasando.

Sin embargo, cabría hacer excepciones porque no todos en el Gobierno andaluz piensan igual. Ni siquiera dentro de un mismo partido del Gobierno andaluz. En el PSOE andan con un gran cabreo porque precisamente la decisión escenifica esa poca falta de implicación que tanto se le critica. En el sector Turismo de IU también están molestos porque había un principio de acuerdo que ha torpedeado el sector Fomento de su propio Gobierno y partido. Y en el sector Fomento están encantados porque su jefa, Elena Cortés, sigue demostrando que es martillo de herejes y que con ella no puede nadie.

Y a todo esto el centro es solo eso, centro, un edificio. Porque recibir no recibe nada y los visitantes pasan de largo ante él. Y uno se pregunta: ¿ha ganado alguien en todo este lío? Que yo sepa no. Ni siquiera Pimpinela.

Es el turismo

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 20 de abril de 2014 a las 9:50

Salvo que haya vivido en otro planeta o haya estado de vacaciones toda la semana –de lo que no diré lo que me parece– si usted ha estado en Córdoba en la semana que hoy se cierra habrá podido comprobar de primera mano cuál es la primera industria de esta ciudad y cuál debe ser el camino para salir de la crisis. Porque, salvo que usted haya caminado con orejeras y no haya ido al kiosco ni por error –sobre estos prefiero no hablar– se habrá percatado de los miles y miles de cordobeses y turistas que del Sábado de Pasión hasta hoy mismo, Domingo de Resurrección, han tomado nuestras calles, plazas y avenidas para disfrutar de una Semana Santa que ha sido espléndida. Esta es la realidad, que seguro que habrá comprobado si alguno de estos días ha tenido la peregrina idea de dejarse a caer a cenar en algún sitio sin reserva previa. Lleno. Todo lleno. Llenísimo hasta reventar.

Después de varios años en los que la meteorología se empeñó en profundizar en los efectos del agujero económico, este año hemos tenido la suerte de disfrutar de una de esas escasas semanas primaverales que ofrece la ciudad, con sus días largos y sus noches templaditas y agradables. Un lujo al alcance sólo de los pocos que vivimos aquí y de los iniciados –cada vez más– que tienen la buena idea de dejarse caer por aquí cuando los capirotes anuncian tiempo de procesiones. Córdoba ha sido un lujo estos días y sólo quien no quiera verlo podrá ponerle pegas.

Ahora llega el tiempo de hacer balance, de aprender de lo que se ha hecho bien y de hacer propósito de enmienda de aquello que estuvo algo peor. Porque bien han estado los bares, que por fin parecen haber captado que los precios también pueden bajar; los hoteles, aunque a estos lo de las tarifas les cuesta más; los vendedores de pipas, bocadillos y latas; los de los tambores de juguete y los globos de helio… Algo peor hemos estado los comedores compulsivos de pipas en época procesional, los enemigos de las papeleras, los cenizos, los que en las bullas se ofenden e insultan como si fueran propietarios de las calles, los camareros impertinentes, los golfos que se van sin pagar y algún que otro taxista empeñado en mantener la mala fama del colectivo. (Menos mal que por ahí hay sangre joven que funciona de otra manera).

Y dicho esto, uno se pregunta a qué viene tanta pelea de centro de recepción de visitantes, tanta bronca de aeropuerto y tanto rifirrafe a costa de la gallina de los huevos de oro. Porque admito que cada día entiendo menos a todos esos que andan permanentemente a la gresca en Córdoba en supuesta defensa del turismo y sus posibilidades. Son como ese bombero que camina hacia el incendio pidiendo a todos que salgan de la casa mientras porta en la mano un bidón de gasolina y un mechero. En el turismo de Córdoba quedan muchas cosas –casi todas– por hacer, pero esas cosas las deben hacer los empresarios y quienes se juegan los cuartos. Los demás debemos estar en los nuestro. Los políticos, en promocionar mucho y molestar poco y los ciudadanos, en viajar mucho y consumir más. Y lo demás es filfa.

 

El interés de Córdoba

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 7 de abril de 2014 a las 9:52

En estos días en los que vemos fracasar el proyecto de Capitalidad Cultural Europea de San Sebastián para 2016, uno recuerda aquel día de junio de 2011 en el que se soterraron los sueños de Córdoba. Vienen a la memoria el chasco y la decepción, los cordobeses que acudieron a Las Tendillas, la impotencia por una injusticia y la unidad de una ciudad alrededor de un sueño. De eso han pasado ya casi tres años, tiempo más que suficiente para que  a muchos se les haya olvidado que hubo un tiempo en el que los partidos caminaban de la mano por el bien de Córdoba. Lamentablemente, de eso no queda nada ya. Es una pena observar cómo, semana tras semana, el interés común es el menor para una clase política empeñada en mirar sólo hacia sí misma bajo la premisa del cuanto peor, mejor.

El último capítulo de esta historia interminable lo hemos tenido el viernes con el anuncio de la Consejería de Fomento de que exigirá al Ayuntamiento la devolución del coste del Centro de Recepción de Visitantes si no modifica sustancialmente el pliego de adjudicación. Dice el departamento de la cordobesa Elena Cortés –la misma que dice que el metrotrén es un “juguetito electoral”– que lo que pretende licitar el Consistorio es una chapuza, entre otras cosas, porque aspira a  que el adjudicatario pague los muebles, porque registra un bar y porque incluye a la empresa privada. Zape, empresa privada caca. Para eso estamos todos los cordobeses, para pagar los muebles de un edificio público. Si leen ustedes hoy este periódico, verán que Fomento lo que quiere es seguir con el pliego de 2011 del cogobierno entre IU y PSOE, en el que se establecía que los cordobeses debíamos aflojar 300.000 euros por amueblar el sitio porque tenemos mejor gusto que nadie. Además, se imponía un bar que podía abrir más horas que el centro de recepción, pero no porque fuese una terraza de copas, que va, sino supongo que para disfrutar de las vistas del río. Todo esto entre lindezas como 10.000 euros para una mesa o 40.000 por la asesoría del que diseñó los muebles.

Se ve que en Fomento no han asumido aún muy bien que estando el patio como está parece mejor que sea el adjudicatario el que corra con los gastos a que lo haga una ciudadanía exhausta a la que esos dineros seguro que le vienen mejor para empleo que para modernas sillas. Pero claro, lo que a usted o mi nos pueda interesar jamás es lo que le interesa a nuestros gobernantes, más pendientes de chincharse unos a otros que de darle futuro y horizonte a la ciudad. En el centro de visitantes como en el metrotrén, el centro de convenciones, el aeropuerto, la Corredera, las naves eternas de la Colecor o los planes de empleo. El interés de Córdoba, que usted lo sepa, no es el de los cordobeses, masa de borregos incapaces de saber lo que quieren. El interés de Córdoba es el de sus ¿elites?  dirigentes. Que le quede claro. Que es usted un ignorante y debería saber que estamos mucho mejor con todo cerrado. ¿Para qué vamos a mejorar con lo bien que se vive aquí?