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Un acontecimiento planetario

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 6 de marzo de 2016 a las 7:44

En el año 2009, la secretaria de Organización del PSOE, Leire Pajín, definió como un “acontecimiento histórico” para “el planeta” que supondría “una esperanza para muchos seres humanos” el hecho de que José Luis Rodríguez Zapatero ejerciera de presidente de turno de la Unión Europea y Barack Obama fuese el inquilino de la Casa Blanca. La frase ha quedado enmarcada en la orla de chorradas de alta consideración esgrimidas por un político para rellenar el espacio de un titular y bien podría pensarse que de esos polvos vienen los lodos por los que atraviesa el socialismo patrio. No nos desenfoquemos. La afirmación viene al caso para definir lo que ha ocurrido esta semana en Córdoba. Porque en esta ciudad realmente ha tenido lugar un acontecimiento planetario con el acuerdo con el que todos los grupos municipales, asociaciones de vecinos y organizaciones medio pensionistas han acogido la puesta en marcha del Metrotrén.

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Juan Andrés de Gracia entrega a Isabel Ambrosio las conclusiones de la comisión técnico-vecinal que ha avalado la puesta en marcha del Metrotrén. El acto tuvo lugar el pasado miércoles en el Ayuntamiento.

En un lugar como este, en el que para encontrar un consenso general hay que remontarse a la Capitalidad Cultural, que todo el mundo confluya en la puesta en marcha de una iniciativa como ésta es digno de elogio y aplauso. El informe realizado por la comisión técnico-vecinal sólo ha recibido el rechazo del comité de empresa de Aucorsa, inmerso como está en una situación crítica. Pero eso es materia para otro día.

Que Córdoba cuente con un Metrotrén no debería ser algo que llamase tanto la atención. La tercera ciudad de Andalucía, con unos 350.000 habitantes, necesita como el comer un servicio de transportes que convierta a sus barriadas periféricas en una parte más de la capital. Al tiempo, la puesta en marcha de esta infraestructura redundará en beneficio para el tráfico en la ciudad, en hacerla más sostenible desde el punto de vista medioambiental y en convertirla en más cómoda y transitable para todos los que en ella residimos. Que hayan tenido que pasar cuatro años para alcanzar este acuerdo lo único que nos demuestra es la pérdida de tiempo que se produce en no pocas ocasiones en Capitulares.

La idea que parieran Nieto y los suyos allá por el 2012 fue rechazada por la entonces oposición y actual gobierno por motivos exclusivamente partidistas. Sin embargo, esa situación se ha superado y la alcaldesa, Isabel Ambrosio, se apunta el primer tanto en su mandato tras nueve meses más que dubitativos y polémicos. En la misma semana en la que IU y Ganemos amenazan con reventar los puentes con el interminable asunto de la Mezquita, ha sido posible encontrar el aval para una iniciativa en la que Diputación, Junta y Gobierno central aparecen ya como socios decididos a su puesta en marcha.

Y todo ello gracias a una comisión técnico-vecinal -dupla muy cordobesa- en la que se ha hecho un trabajo serio y, sobre todo, se ha dado con el elemento clave para desbloquear el proyecto. Ha sido dejar de hablar del Metrotrén y comenzar a referirse al Cercanías para que todo haya ido como la seda. Así las cosas, igual al C4 le podíamos llamar V33; al nuevo Bellas Artes, centro pictórico; al Palacio de Congresos, sala de reuniones; al proyecto comercial de Rabanales 21, ágora de encuentro, y a la falta de empleo, ausencia de ocupación. Que si por ahí se resuelven los problemas, convoquemos un concurso de creatividad e igual a esta ciudad no la conoce en dos años ni la madre de Claudio Marcelo.

El Cercanías y la tibieza

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 11 de octubre de 2015 a las 7:04

Me da a mi la impresión de que el anuncio realizado esta semana por la delegada del Gobierno andaluz en Córdoba, Rafi Crespín, de que hay 7 millones de euros de Europa aprobados para el Cercanías ha cogido en fuera de juego a casi todos por aquí. Acostumbrados como estamos ya a que por estas tierras inviertan las administraciones lo mismo que en fuentes en el desierto, muchos de nuestros cargos públicos han demostrado durante la semana que se miran poco los boletines oficiales. Quizás quien más descolocada se ha quedado es la alcaldesa de la capital, Isabel Ambrosio, quien el viernes incluso dijo dudar si ese dinero es para el Cercanías provincial o para el local -que ella se ha impuesto desterrar la palabra metrotrén del imaginario cordobés.

Sea como fuere, lo cierto es que la Comisión Europea ha aprobado meter en el plan de inversiones de los fondos Feder 2014-2020 los susodichos siete kilos y que ahora la Junta, que es quien ha pedido la pasta, es la que tiene que darle un empujón al tema. Los alcaldes de la Vega del Guadalquivir están locos de contento con la posibilidad de que una demanda histórica pueda ser respondida y esperan ansiosos los siguientes pasos que debe dar la administración. Ésta guarda silencio y espera que escampe un poco para aclarar conceptos y ver qué hace con el parné. En la capital, mientras, seguimos aguardando que la enésima comisión formada para debatir el futuro de Córdoba -que ya es manía tener que redefinir la ciudad cada cuatro años- dé su veredicto sobre el metrotrén (perdón, Cercanías) e ilumine el camino a seguir desde Capitulares.

¿Y los cordobeses? Pues la verdad es que me da a mi que van más bien a lo suyo y ya poco se preocupan y esperan de lo que les pueda venir desde las salas de mando. Si uno habla con quien sufre para aparcar en el centro éste le dice que hay que hacer algo con el transporte. Que hay que realizar estrategias comunes que permitan mejorar el funcionamiento de Aucorsa para dejar el coche en casa. Si se va a la provincia no son pocos los que piensan que un tren que traiga a Córdoba en un salto es, más que una necesidad, una cuestión de justicia histórica. Que no está muy claro por qué en Cádiz, Sevilla o Málaga hay un amplio servicio de Cercanías y aquí tenemos que andar gastando en gasolina.

Cuesta entender tanta tibieza con una infraestructura que puede ser tremendamente beneficiosa para el área metropolitana de la ciudad. Tantas dudas desde la administraciones y tanto miedo en los despachos a decir que los costes se pueden desmadrar. Tanta incapacidad, al fin y al cabo, para coger el toro por los cuernos y trabajar en soluciones, para diseñar un modelo de transporte realmente sostenible e intermodal, para hacernos a todos la vida más fácil. Con lo claro que dejaba todo esto claro la Orquesta Mondragón cuando nos decía aquello de “viaje con nosotros y sea feliz…”.