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El ojo ajeno

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 2 de noviembre de 2014 a las 8:31

Si no fallan las previsiones, la encuesta que hará publica mañana el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) situará a Podemos como primera fuerza política en intención de voto directo. El partido de Pablo Iglesias galopa sin freno hacia un espectacular resultado electoral aupado por la crisis, el hartazgo de los ciudadanos y la incapacidad de los partidos tradicionales para plantarle cara. Con un mensaje que mezcla el populismo, la utopía y algunas ideas felices, el profesor madrileño se está metiendo en el bolsillo a una ciudadanía harta de lo que ve, cansada de asistir día sí, día también a un desfile de casos de corrupción que sonroja y desesperanzada porque la recuperación, por mucho que se empeñe en decir el Gobierno, no se nota a pie de calle. El caldo de cultivo ideal para que crezca Podemos.

Y frente a esto, ¿que hacen las fuerzas tradicionales? Nada. Bueno sí, lo de siempre, gritar a voz en cuello eso del “y tú más” y tentarse la ropa en un ataque de histeria que les tiene bloqueados. Como muestra basta ver la gestión de la escandalosa operación Púnica -habría que hacer doctor honores causa a quien pone los nombres de los operativos en la Guardia Civil- durante esta semana. Hemos asistido a un rosario de gruñidos, quejidos, lamentos y bufidos que retratan a la perfección a la clase política que padecemos en la actualidad. Ignorantes de lo que de verdad piensa la gente en la calle, nuestros políticos han vuelto a tirarse los trastos a la cabeza, han vuelto a condenar sin paliativos la corrupción ajena mientras olvidan la propia y han vuelto a abochornar a una población que no cree justo estar representada por tan lamentables aspirantes a prohombre.

Porque tanto el PP como el PSOE lo mejor que pueden hacer estos días es callarse, fustigarse en público, pedir perdón a todas horas y actuar con rapidez para evitar que volvamos a sufrir comportamientos como estos. Lo de la operación Púnica les coge a ambos, pues de ambos partidos han salido presos altos cargos. Es cierto que más del PP, pero el PSOE tiene a sus espaldas ya tantos corruptos que no debería alegrarse de los ajenos. Urge un pacto de limpieza, un acuerdo en el que se impliquen todos y en el que se busque el bien común por encima del particular. Como ocurrió cuando la sociedad obligó a pactar contra ETA, el clamor de la calle es tal que mucho están tardando estos chiquilicuatres en sentarse a acordar medidas contra los golfos y truhanes que pueblan muchos despachos de este país.

Pablo Iglesias, mientras, se frota las manos y disfruta de la campaña electoral gratuita que le están haciendo. Espera tranquilo a que los jueces sigan sacando basura de las moquetas y promete limpieza de sangre y ajuste de cuentas cuando llegue al poder. Entre tanto, PSOE y PP miran la paja en el ojo ajeno obviando la enorme viga que les tapa el propio. A lo mejor mañana el CIS les hace reflexionar. Falta hace porque de lo contrario cualquier día alguien les va parar por la calle y los va a despertar de su mentira de un buen sopapo. Y entonces no habrá ojo ajeno.

Las verdades del CIS

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 8 de octubre de 2012 a las 18:44

El barómetro de septiembre del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) que se presentó ayer registra el mayor nivel de preocupación ciudadana por los políticos y sus partidos de la serie histórica. Un 73,2% de los encuestados considera que la situación política española es “mala” o “muy mala”, mientras que sólo un 3,1 la ve “buena” o “muy buena”. Además, según el sondeo del CIS, un 41,4% de los españoles considera que la situación política del país está peor que hace un año, mientras que un 35,5 cree que esta misma situación empeorará en los próximos meses. Estos son los datos, fríos, determinantes, absolutamente despojados de calificativos. Sólo el paro y la situación económica están por delante entre las preocupaciones de los españoles. Impresionante.

Cada vez que uno trata de este tema con un político, la respuesta que éste da oscila entre un encogimiento de hombros con cara de “qué le vamos a hacer” a una rotunda descalificación del enfoque de la encuesta, pasando por los que directamente admiten que en muchas ocasiones son para matarlos -figuradamente, por supuesto-. De hecho, no es la primera vez que este blog se refiere a la credibilidad de nuestros representantes públicos, quienes se han ganado a pulso su consideración social por numerosas cuestiones.

Tenemos a los que son preocupantes porque a veces dicen lo que piensan y se ponen ellos mismos en evidencia. Ahí situamos al egregio José Manuel Castelao, que este fin de semana tuvo a bien decir que “las mujeres son como las leyes. Están para violarlas”. Dimitió cinco minutos después de decir semejante sandez, aunque seguro que más que por convicción propia lo hizo por intercesión ajena.

Tenemos también a los que se marchan porque, al parecer, son amigos de lo ajeno. Claro que a estos les cuesta irse más que a las manchas lavadas en agua fría. Ahí está el reciente caso del alcalde Orense, Francisco Rodríguez, quien dejó el cargo tras varios días de tiras y aflojas con su partido después de pasar un par de noches de calabozo implicado en la operación Pokemon -adoro la imaginación de los policías que les dan nombres a sus acciones- por haber aceptado, presuntamente, unos sobornillos de nada.

Tenemos también a los que no se van así los echen. De estos hay centenares, con especial incidencia en el Levante español, donde parece que nadie dio en clase la forma de conjugar el verbo dimitir. No incidiré más en ellos, pues ya hablamos en los papeles demasiado de sus tropelías.

Y tenemos a los que ni se van, ni lo harán ni entienden nada de lo que pasa. Ahí hay un amplia representación de concejales, diputados, senadores y otras hierbas que se creen víctimas de una campaña de acoso y derribo cargada de demagogia. Son los que se manifiestan en todo lo manifestable, pero luego censuran movimientos como el del 25-S. Son esos que dicen que del 25-S debe tonar nota el Gobierno como si no fuera con ellos la movida. Son los mismos que se alojan en pisos en propiedad en Madrid al mismo tiempo que reciben ayudas de manutención del Congreso mientras en España hay 6 millones de parados. Muchos de ellos son los mismos que hace 15 ó 20 ó 10 años estaban en las juventudes de algún partido buscando cuelo y que han prosperado en el mágico mundo del medrar, trepar y escalar. Muchos son de esos que ostentan un currículum de etiqueta de anís del Mono mientras dan lecciones de economía aplicada.

Pero no todos son así. No perdamos la esperanza. También hay quien se mete en esto por el bien de sus vecinos. Hay muchos que no cobran, que sacan de su tiempo libre las horas para gestionar los asuntos de sus vecinos. Paseense ustedes por los pueblos de este país y verán quiénes son los políticos de verdad. A esos seguro que nadie les dice nada. Bueno sí, a esos los machacan desde instancias superiores. No vaya a ser que cunda el ejemplo y alguno deba mirarse al espejo.

Hartos de políticos, señor Gracia

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 24 de junio de 2012 a las 10:50

El miércoles escribí un post, titulado Las verdades de Chamizo,  en la versión digital de esta columna en el que me alineaba con las críticas que el Defensor del Pueblo Andaluz había realizado a los parlamentarios autonómicos el día anterior. José Chamizo dijo en sede parlamentaria que “la gente está hasta el gorro de ustedes [los parlamentarios]” y reclamó a los partidos que se dediquen a arreglar los problemas del personal porque la gente “está muy enfadada porque los ven todo el día en la peleíta”. Inconmensurable. Lo suscribo plenamente y, a juzgar por lo que dice el CIS, la gran mayoría de los españoles también. Recuerdo que en el último sondeo del centro nacional los políticos son percibidos como el tercer problema de la sociedad, sólo superados por la crisis y el paro. Dicho esto, se preguntará usted que a qué viene recordar aquí aquel post. Me explicaré.

Viene a que el presidente del Parlamento andaluz, ese cordobés llamado Manuel Gracia, criticó el miércoles en Canal Sur (donde si no) al defensor del pueblo porque lo que había dicho, lo había dicho fuera de lugar y momento y señaló que le trasladaría “personalmente” el malestar, suyo y dela Mesadela Cámara, por sus palabras. Impresentable. Con perdón, don Manuel, pero así lo veo yo. José Chamizo es un sacerdote peculiar que lleva 17 años en su cargo, tiempo más que suficiente como para haber calado al personal. Tanto lo ha calado que en la misma comparecencia en la que arremetió contra sus señorías se declaró hastiado de que sus adjuntos sean nombrados por los partidos y de tener que estar más pendiente de meterlos en vereda que de atender a sus funciones. De José Chamizo seguro que se pueden decir cosas desagradables. Personalmente no lo conozco, por lo que en esa faceta me callaré, pero es indudable que su labor la ha venido desempeñando bien en estos tres lustros largos, ya que de lo contrario sería inexplicable que siguiera en su puesto.

Tan bien lo ha hecho que les ha dado donde más les duele a nuestros representantes en la villa y corte sevillana: en su quehacer (¿?) diario y en su capacidad de representación de la soberanía popular. Creo que a quien deberían llamarle la atención, señor Gracia, es a usted. Por sus palabras, por no asumir lo que es una verdad como un templo, que la gente está harta de políticos –le sugiero un paseo por los índices de abstención electoral para comprobarlo– y por ejercer más de militante de partido que de presidente de Parlamento al amonestar a quien le lleva la contraria. España, Andalucía, tienen multitud de problemas que urge arreglar. Uno de ellos es que los políticos salgan de su burbuja y vean cómo se vive en el exterior. Porque la gente esta harta de políticos, señor Gracia, aunque a usted le duela.