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Habemus tripartito

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 7 de febrero de 2016 a las 7:34

Si nada cambia, el próximo martes asistiremos en el pleno a la consolidación del tripartito que de facto gobierna Córdoba desde el pasado mes de junio. Será el apoyo de Ganemos a los primeros presupuestos presentados por el cogobierno de PSOE e IU el aldabonazo definitivo para poder considerar que la formación verde es una más dentro de quienes rigen los designios de los cordobeses en estos momentos. Tras el respaldo a las ordenanzas fiscales, éste a las cuentas supone suscribir las principales medidas de los socios de gobierno. Antes incluso de que que en ellas se incluyan las ocho vagas propuestas que la asamblea ganemita aprobó hace tres semanas.

investidura

Rafael Blázquez (Ganemos Córdoba), Isabel Ambrosio (PSOE) y Pedro García (IU) unen sus manos tras firmar el acuerdo de investidura el 13 de junio de 2015.

Esta decisión tiene varias derivadas interesantes de analizar. La primera es que Ganemos pasa de estar en esa posición de outsider más o menos presente, a ser juzgado como una parte integrante del tripartito. Los ediles del partido deberán responder ahora delante de la ciudadanía de todas aquellas medidas que se pongan en marcha desde Capitulares. Ésa es la fuerza que tienen los presupuestos. Si uno apoya la política de tasas a través de las ordenanzas fiscales y suscribe las principales medidas de gobierno expresadas en los presupuestos, está claro que está respaldando en lo fundamental al equipo de gobierno. Así pues, a partir de ahora, Rafael Blázquez, Alberto de los Ríos, Victoria López y María de los Ángeles Aguilera dejarán de ser esos cuatro ediles que levantan las manos en los plenos para refrendar mociones a ser una parte del gobierno que puede ser interpelada por cualquier colectivo de la ciudad en busca de responsabilidades. Un elemento a tener muy en cuenta por la formación verde a la hora de expresar su voto.

La segunda derivada de este respaldo es que el equipo de gobierno tiene al fin presupuestos, lo que le da una independencia de acción de la que hasta ahora había carecido. Al contar con el principal elemento para organizar el día a día de Capitulares, el bipartito, principalmente la alcaldesa, se quita de encima la losa que durante estos ocho meses ha constituido para ella buscar el apoyo de Ganemos y que le ha hecho comulgar con no pocas ruedas de molino. Es más, si la cosa se pone cruda, PSOE e IU cuentan ya con un texto que les permitiría llegar hasta el final del mandato mediante la prórroga anual de las cuentas que se aprobarán el martes. Todo ello porque por mucho que haya peleas entre las formaciones de izquierda no parece muy probable que éstas desembocaran en una moción de censura en la que Ganemos hiciera piña con PP, Ciudadanos y UCOR. Manos libres pues.

Es por ello que andan con muchas ganas en Capitulares de que pase el pleno del martes y se pueda liberar algo de la presión a la que se han visto sometidos en el PSOE durante estos meses. A buen seguro veremos después a una alcaldesa algo más liberada, centrada en poner orden dentro del revuelto patio en el que se ha convertido su propio equipo de concejales y, posiblemente, aunque esto siempre está por ver, hasta tengamos la suerte de conocer alguno de los proyectos que tiene para esa ciudad amable que plantea. Nos quedan 48 horas para certificar que habemus tripartito. El siguiente paso será ver si al final vamos a tener algún concejal verde en el equipo de gobierno. Se admiten apuestas.

Y llegaron las ordenanzas

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 4 de octubre de 2015 a las 6:45

Poco más de cien días ha tardado el cogobierno de PSOE e IU en mostrar las primeras cartas de cómo va a ser su modelo de gobierno para la ciudad. Más allá de los juegos florales, tanteos y cortinas de humo surgidas alrededor de la ciudad deportiva del CCF, de la gestión del Alcázar de los Reyes Cristianos o, en la última semana, del convenio entre Defensa y el PP para las Caballerizas Reales, el proyecto de ordenanzas fiscales ha sido realmente la primera gran prueba de fuego por la que han pasado los dos partidos que conforman la coalición que manda en Capitulares. Y en esa prueba de fuego, el cogobierno ha optado por la solución más fácil: subir la presión fiscal para incrementar los ingresos. En palabras de Alba Doblas, la edil encargada de los asuntos de la Hacienda pública, la decisión viene marcada por el criterio de “progresividad” y por la necesidad de conseguir que “paguen más quienes más tienen”. Hasta aquí todo suena bien y muy loable.

Sin embargo, surgen ciertas dudas sobre si realmente esa progresividad que se persigue castiga a los que más ganan o cae a plomo sobre las carteras de una ya de por sí bastante depauperada clase media. Decisiones como subir un 3,1% el impuesto a los vehículos de 12 caballos fiscales –casi el 50% del total–, incrementar un 2% la tasa de basura o retirar parte de las ayudas que recibían las familias numerosas no parecen encaminadas a que esos que más ganan –y que podríamos identificar como los que viven en el Brillante o en las zonas nobles del centro y las áreas de expansión– se dejen caer por las arcas municipales.

No haría mal el cogobierno en pensar que la crisis no sólo ha afectado a aquellos que se encuentran en una situación directa de exclusión, sino que hay multitud de familias en la capital que antes formaban parte de esa clase media y que ahora se las ven y se las desean para llegar a fin de mes. Otra cosa es que esas familias vivan en una zona u otra de la ciudad. La solidaridad es un bien que hay que proteger, sin duda, pero no puede ir en contra del día a día de los cordobeses. Los socios plantean un proyecto en el que va a lo fácil, subir los impuestos para recuperar ingresos y de este modo afrontar las necesidades de personal que padece y cubrir la recuperación de pagas que los funcionarios perdieron y que el Gobierno ha decidido ahora reponer. Todo esto es muy loable, pero no debe olvidarse que hay otra parte de la ciudad que no recibe estos beneficios y no puede cargar sobre sus espaldas más esfuerzos.

Al tiempo, el cogobierno cae en los errores de todos sus antecesores y plantea un proyecto sin interlocución con los grupos de la oposición además de mediatizado por las exigencias de Ganemos Córdoba. Si la alcaldesa, Isabel Ambrosio, anunciaba nuevos tiempos, una ciudad más amable y una ciudad en la que el diálogo y la comprensión fueran las notas dominantes no parece que este proyecto de ordenanzas sea precisamente así. Salvo que pensemos, no sin algo de mala leche, que el pacto lo que hace es enseñar la patita de lo que puede venir en el futuro y pueda ser cierto eso de que PSOE e IU van a gobernar para favorecer a sus votantes más que al global de la ciudadanía. Y ese sería un mal comienzo para arrancar cuatro años en los que el diálogo no es que sea una necesidad; es una obligación marcada por los cordobeses en las urnas.

Gestos y decisiones

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 28 de junio de 2015 a las 10:12

Una vez que ya conocen el camino de sus despachos y pueden ir solos al baño, los miembros del cogobierno que va a regir Córdoba los próximos cuatro años han comenzado a mostrarnos cómo va a ser su forma de actuar a partir de una serie de gestos y decisiones tomadas en esta semana que hoy termina. Aún estamos en los prolegómenos de este noviazgo que veremos si en 2019 acaba en boda, pero en estos días los ediles con mando en plaza han comenzado a mostrar cuáles serán sus armas de seducción para terminar de cortejar a una Córdoba que aún anda un poco sorprendida por la elección tomada el 24-M. Es por ello quizás que la cosa va despacito, sin prisas y sin forzar la máquina, no vaya a ser que esa noche loca de Feria que ha dado lugar a la pareja pueda frustrarse por un paso mal dado.

Como en toda relación incipiente, lo primero que se hace es estar muy pendiente de los gestos, de esas señales que hacen que la pareja se sonría con cara de pavo nada más cruzarse la mirada. Son los pequeños actos los que consolidan los amores y en esos se han dejado caer los chicos de Ambrosio cediendo el Rey Heredia a la Acampada Dignidad; repartiendo sueldos y liberaciones con un poquito -tampoco demasiado- de recorte económico; reuniéndose con los agentes sociales -que faltó el portero del Puga-; renunciando a las entradas oficiales en la Noche Blanca, o acudiendo anoche a Las Palmeras a la clausura del curso deportivo. Son esas carantoñas que a todos les gustan, ese guiño de ojos que te hace derretirte, esa apuesta segura que garantiza un besito en el cachete y un paseo de la mano. Cuestan poco, no arriesgan nada y dejan a todos satisfechos. Es cumplir con la expectativa creada, como cuando uno paga el primer café o la primera caña con su novia recién estrenada (aunque no sé si esto será políticamente correcto).

Después de los gestos vienen las decisiones, esos momentos en los que cada enamorado debe poner los límites que marquen hasta dónde está dispuesto a llegar. No es decidir si te casas o cuántos hijos tienes, pero sí dejar claro cuántos días se sale con cada pandilla o cómo de cerca quieres a la familia política. Hay decisiones valientes, como la anunciada por Pedro García en el Día para dejar claro que el 40% de las naves de la Colecor va a ir al suelo. Minipunto para el de IU, que le gana la mano a la alcaldesa y la hace ir a su saga en el primer anuncio importante. Hay decisiones polémicas, como la de retirar los cargos a los que ocuparon el Rey Heredia; peligroso precedente para todo aquel que considere que dar una patada en la puerta ajena puede salir gratis. Y hay decisiones erróneas, como la de la alcaldesa de no acudir anoche a la Magna Mariana y obviar a las decenas de miles de personas que profesan una fe de manera devota. No se apure doña Isabel, que esos pecadillos se curan a medida que se acerquen las ahora lejanas urnas.

Córdoba asiste expectante al cortejo al que la someten sus nuevos gobernantes. Mira entre ilusionada y prevenida cada acto y cada paso de quien quiere llevarla al altar. Va la cosa despacio, sin prisas, con tiento y delicadeza. La pareja se está conociendo, se gusta, se mira con arrobo e incluso se hurta algún beso en algún rincón poco iluminado. Son momentos de tanteo. Ya llegará la hora de decidir si el piso se compra o se alquila, si la cama es de matrimonio y si el coche es de cinco o de siete plazas. Toca ahora hacerse ojitos, pero que tampoco sean demasiados que hubo quien de tanto arrumaco y piropo acabó de vuelta a casa por pegajoso.