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Colecor, episodio 50.000

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 17 de febrero de 2014 a las 9:24

EL Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) ha fallado que Rafael Gómez cometió una infracción “grave” al construir las famosas naves de la Colecor y que por ello el empresario cordobés debe pagar 20 millones de multa a la ciudad. Argumenta el tribunal, para usted y para mí, que el ahora populista líder político se saltó a la torera todos los procedimientos legales, se cachondeó de los avisos de precinto de la obra que le realizó la Policía Local y siguió a la suyo a pesar de que la construcción tenía menos papeles que una liebre. Hasta aquí nada que sorprenda. La única novedad en toda esta historia deviene de cierto recorte de la cuantía de la púa que le han impuesto y que pasa de los 24,6 millones de los que usted y yo nos habíamos acostumbrado a hablar a tan solo 20. De aquí se deriva también que tengamos que hacer un esfuerzo para recalcular el importe total que el antaño omnipotente constructor debe a Córdoba y que ahora se sitúa en el entorno de los 36 millones frente a los 40 de antes. Como ven complejos manejos mentales para llegar a la misma conclusión.

A esa conclusión ha llegado también el terror de Cañero, quien el viernes volvía a insistir que esa multa no la va a pagar él -esta vez parece que su famosa prima la pelá tampoco- aunque el Tribunal Constitucional, último reducto jurídico que le queda le obligue también a hacerlo. Dice Gómez que no tiene dinero para satisfacer al erario publico y pone al decirlo cara de no haber roto un plato y hechura de ser víctima de una conspiración. Al tiempo insiste en señalar a Rosa Aguilar como la gran culpable de sus males, como si la exregidora fuese una especie de gran Satán que le convenció para ponerse la legalidad por montera y afrontar su megalomaníaco proyecto. Que hubo connivencia municipal entonces es algo de lo que yo no dudo y me remito para ello a que las acciones policiales y administrativas que se tomaron fueron de todo menos intensas. Ahora, de ahí a que eso exima al constructor de su responsabilidad va un mundo.

Y mientras Rafael dice todo esto, el entonces cogobierno insiste en lo bien que lo hizo todo y el actual equipo de mando reitera, con poca convicción, que hará todo lo que está en su mano para poner la cartera del líder de UCOR boca abajo y sacarle hasta el ultimo real de vellón que tenga. Mientras, la Junta, que es la encargada de velar por la pureza del planeamiento urbanístico, y que tiene recurrido el plan de la carretera de Palma ante el TSJA, guarda un tupido silencio como si su ausencia de pronunciamiento la eximiera de su responsabilidad.

En definitiva, tras esta nueva sentencia volvemos al punto de partida, al arranque de este bucle histórico en el que a cada paso que se da mismas respuestas que se obtienen. Las naves siguen en pie, camino de la adolescencia, sin que nada ni nadie sea capaz de decidir definitivamente sobre ellas y usted y yo seguimos teniendo que pagar las multas de zona azul, los recargos administrativos y cuantas sanciones se nos impongan si no queremos que nos caiga encima todo el peso de la ley. Será que tendremos que dejarnos el pelo largo y teñírnoslo de blanco.

Planas y la Colecor

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 7 de abril de 2013 a las 11:17

Hay en esta ciudad una tendencia enfermiza a los debates eternos. Como si viviésemos en un bucle temporal perpetuo, cada equis meses reaparecen polémicas sobre el futuro del Aeropuerto, las parcelas ilegales, el centro de congresos o las naves de Colecor. Produce hastío y verdadera pereza tratar una y otra vez las mismas cuestiones y observar cómo nadie tiene de verdad una solución, está dispuesto a dar su brazo a torcer o se plantea aportar algo. Quizás por ello, lo que esta semana ha hecho el consejero de Agricultura y Medio Ambiente, Luis Planas, con el plan de la carretera de Palma y con las naves de Colecor me parece merecedor de una sonora ovación por varias cuestiones.

El consejero ha decidido, con el apoyo de sus técnicos –no lo olvidemos– que en las naves de Colecor va a haber usos comerciales cuando las ranas críen pelo. Y lo ha decidido sólo, sin pedir permiso, sin ceder a presiones y sin concesiones poco confesables. Y por qué. Pues porque ha sabido deslindar su faceta de militante de la de cargo institucional –por mucho que a Durán le escueza–, porque tiene por Andalucía varios frentes muy complicados ante los que no puede dar ninguna señal de flaqueza; porque lo que pretende legalizar el Ayuntamiento –y aquí entra todo el Pleno– es una aberración con agravio comparativo hacia usted y hacia mi que cumplimos la ley, y, finalmente, porque es una persona que sabe lo que pasa en esta ciudad, aunque haya estado destinado en medio mundo, y siente la misma vergüenza que usted y  yo cuando ve a todos los grupos políticos darle carta de naturaleza a la obra ilegal, chulesca e impresentable que se marcó Rafael Gómez.

No es esta última cuestión baladí, porque no me canso de decir que me causa un azoramiento de proporciones enormes asistir al ridículo que han hecho nuestros partidos locales en este tema. Ver cómo se han plegado ante un monumento a la ilegalidad, un homenaje a los pretéritos tiempos de la servidumbre social ante los billetes del promotor y una puñalada trapera a los derechos del resto de ciudadanos cumplidores conla Hacienday normativa pública. Eso es lo que han sido las naves de Colecor.

Por eso, lo que Luis Planas ha hecho y ha dicho muy claramente es: “Hasta aquí hemos llegado”. Y lo que debería hacer el Ayuntamiento –todo el Pleno– es dejarse de milongas y mentiras de una vez y coger el toro por los cuernos. Quizás ha llegado la hora de perder los miedos o servidumbres que han llevado a ver actitudes bochornosas de no pocos representantes públicos de esta ciudad –algunos con sonados cambios de opinión inexplicados e inexplicables– y tomar decisiones de gobierno en favor de la gran mayoría social de esta ciudad. Que un consejero tenga que recordarle a un portavoz municipal que antes del partido está el bien común es muy grave. Que un alcalde pregunte qué debe hacer con una obra ilegal es sencillamente para abuchearlo. Y que abran la boca quienes desde el gobierno permitieron semajante tropelía con su silencio y ocultación es simplemente impresentable. Y ya está bien de aguantar hombre. Así que mi ovación para usted don Luis. Ahora sólo le queda tirarlas.

Carnaval en Capitulares

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 17 de febrero de 2013 a las 9:59

Hemos tenido preliminares, semifinal y final. Como en el concurso de agrupaciones del Gran Teatro, en el Ayuntamiento de Córdoba hemos tenido en estas últimas semanas actuaciones de gran nivel que han servido para solazar a los cordobeses. Como en los mejores repertorios, la cosa ha ido in crescendo y de un primer pase por la tablas de gran nivel, pasamos a otro de enorme calidad para finalizar con uno desternillante que ha hecho las delicias del jurado. Pelotazo el que ha dado este año Rafael Gómez en el escenario municipal con sus parodias sobre las cenas con Rosa Aguilar o sobre la propiedad de los terrenos del Arenal de la Fuensanta. Magníficas intervenciones que levantaron al público de sus asientos en una atronadora ovación. Sin embargo, lo mejor estaba guardado para el día de la final, una parodia espléndida en la que primero se le quita el sueldo a una edil  díscola, luego se insulta y agrede al marido de la susodicha y después se finaliza diciendo frases de profundidad como que “eso es cagar corchetes en la puerta de un sastre”. Increíble, tremendo, ovación de gala, triunfo asegurado, pelotazo –no urbanístico–, der díe. La afición está que se sale y ya no se cantan más estrofas y estribillos que las del autor de otras gloriosas frases como “esto es de mi menda lerenda que come turrón de almendras” o “eso lo va a pagar mi prima la pelá”. Me rindo ante semejante humor.

Si no fuese por lo grotesco de la situación y por la patética imagen que ofrece la ciudad cuando suceden cosas como las de las últimas semanas, uno pensaría que ni Azcona y Berlanga en sus mejores momentos habrían sido capaces de parir el guión de lo  que se vive en estos momentos en la ciudad. Rafael Gómez se ha desatado definitivamente y, no se sabe por qué razón –apunten ustedes algunas que si yo las digo acabo ante un señor de negro– ha decidido que es hora de protagonizar la vida municipal. Lo dijo el portavoz de IU, Paco Tejada, el viernes –“es lamentable que Rafael Gómez lleve dos semanas marcando la agenda”– y no le faltaba razón. La misma que tienen quienes opinan,u opinamos, que el protagonismo se lo dieron a Gómez hace muchos años los Tejada, Ocaña o Aguilar cuando tratar con el empresario no estaba tan mal visto como ahora.

Rafael Gómez es en estos momentos quien pone el orden del día en la vida municipal y ello con el permiso de un PP que ha utilizado a UCOR como marca blanca durante dos años y al que la jugada podría salirle mal si no se anda con ojo. Porque en estos tiempos de hartazgo de políticos profesionales, corruptelas variadas y miserias aireadas con la técnica del ventilador, alternativas como la de Rafael Gómez le pueden parecer a más de uno menos lamentables que las que ofrecen los partidos tradicionales. Porque puede haber quien piense que Gómez vive en la ilegalidad, pero al menos dio trabajo mientras pudo y no se muerde la lengua para denunciar las oscuras prácticas de los profesionales de la política. Y eso da mucho miedo. Tanto que ni el humor que sale de las letras carnavaleras consigue quitarme el regusto amargo que tengo instalado en mi garganta.

Huele a corrupción

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 10 de febrero de 2013 a las 10:00

No sé si les pasará a ustedes, pero últimamente me huele todo mal. Paseo por la calle y huele como a servicio de estación o a urinario de campo de fútbol. El aroma que flota es como el de Sevilla después de tres semanas de huelga de basuras; orín y podredumbre, vótimo y náusea. No hay lejía que pueda con esta sensación, ni limpiador que acabe con esa vaharada que nos invade cuando abrimos una puerta. Es un olor profundo e insistente: el olor de la corrupción. Ha calado profundo y no se quiere ir.

España siempre ha tenido algo de corrupta, un espíritu de Lazarillo más dado a la remanguillé que a la luminosidad, una tendencia al pecadillo venial con compungida confesión posterior. Está en el ADN del país. Por eso, cuando Rafael Gómez ha denunciado esta semana que durante años estuvo recibiendo favores, beneplácitos y palmadas en la espalda por parte del gobierno que presidía Rosa Aguilar nadie se ha sorprendido. Quizás porque todos teníamos en la memoria aquellos tiempos en los que el de Cañero era Virrey de Córdoba y todo el mundo se ponía –o nos poníamos– firmes a su paso. Por eso, a muchos les saltaba una sonrisa burlona cuando el ahora líder de la oposición denunciaba públicamente que él hizo sus obras con permisos verbales de la exalcaldesa y su sucesor, Andrés Ocaña. Tras tantas fotos juntos, pocos dudaban de que su relación era más que estrecha.

Sin embargo, lo que hizo el miércoles Rafael Gómez, Sandokan para los amigos, es destapar una alcantarilla de la que emanan vapores mortales. Si es cierto lo que el otrora agasajado empresario dijo ante la prensa –y no digo yo que lo sea–, estaríamos ante un caso de tráfico de influencias, prevaricación, cohecho y vaya a saber usted qué más. Porque no es sólo que hubiese reuniones “clandestinas” –esas sí me las creo– con la exregidora y su entorno, sino que el dueño de Arenal 2000 acusa a la actual diputada socialista de haberle comunicado la multa de la Colecor en una cena pijotera –por las pijotas– en la que le dijo que no se preocupara porque todo quedaría en “6.000 euros”. Porque cuando el empresario se enfrentaba al comienzo de su caída, hubo una llamada de teléfono de la exalcaldesa anunciándole que “lo peor estaba por venir”, y una semana después el de Cañero era detenido en el caso Malaya. Porque “tú no le puedes poner una multa así a quien te ha dado todo lo que has necesitado”, dijo el de UCOR, en referencia a la compra de cuadros, la venta de terrenos para el Hipercor y sabe Dios qué otros favores.

Rafael Gómez no es un santo, ni mucho menos. Ha coleccionado una gama de irregularidades e ilegalidades urbanísticas tan grande como fue su imperio económico por las que ha de pagar hasta el último céntimo. Pero Rafael Gómez tampoco es tonto. Puede ser un iluminado, un hombre que se cree un visionario, un ser al que las leyes no le van bien, pero no es un tonto. Esta semana se ha dudado mucho de sus denuncias, y eso está bien porque la presunción de inocencia debe regir por encima de todo y para todos.

Sin embargo, ya les digo yo que cuando salgo a la calle me huele raro. Esta peste a corrupción no me gusta nada. Que la limpien.

La vergüenza de las naves

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 2 de diciembre de 2012 a las 18:44

Dice Rafael Gómez, desafiante y retador, que las naves dela Colecorson suyas –“ustedes creéis que son de mi prima la pelá”– y que no las va a demoler porque “sería absurdo y contraproducente”. Y se queda tan pancho. El histriónico propietario de UCOR y líder de Arenal 2000 –¿o es al revés?– vuelve a lanzar su enésimo reto a sus compañeros de corporación, ala Juntade Andalucía, a la ley y a quien se le ponga delante para dejar claro que él hizo lo que hizo por que le dejaron –algún día debería decir claramente cuándo y cómo se sentó con Rosa Aguilar y Andrés Ocaña si es que esto es cierto– y que su intención no era más que crear empleo para Córdoba, por lo que no hay motivo alguno para modificar ni un ápice de su construcción. Además, el empresario afirma que a él no le han dejado hacer lo que a otros  y vuelve a denunciar una especie de cacería en su contra. Dicho con sus palabras: “Aquí vienen los franceses y les ponemos el culo”. Y se queda tan pancho, otra vez.

Que Rafael Gómez tiene una concepción laxa de la legalidad no es algo que nos sorprenda a estas alturas y por eso es inútil intentar explicarle que él construyó40.000 metrosde naves en un espacio con protección, que lo hizo sin papeles y que debería afrontar las consecuencias. Lo que es más grave es la lamentable actitud de los restantes grupos municipales del pleno cordobés. Empezando por el PP, que ahora que es gobierno apoya el mismo plan ante el que se abstuvo en 2010 _–“no podemos dejarlo dormir eternamente”, Luis Martín dixit–, y pasando por IU y PSOE, que llevan años intentando sacar adelante esta ilegalidad con argumentos poco creíbles y menos serios. Es una auténtica vergüenza que desde el Consistorio se amparen estas conductas ilegales al mismo tiempo que a cualquier hijo de vecino le meten un paquete de no te menees si pone más mesas de las debidas en su bar, aparca donde no le corresponde o se retrasa quince días en abonar el IBI. Es una vergüenza que desde el Consistorio se ampare esta ilegalidad y encima se encojan los hombros y se ponga cara de pez para justificar la decisión.

Ahora toca ver quién recurrirá el plan de las naves, seguro que algún vecino lo hace, y contemplar sila Juntaes capaz de mantenerse en sus postulados de siempre o cede a los deseos del partido –apuesto por esto–. Vivimos por momentos en una ciudad de cachondeo en la que se practica la ley del embudo y se pretende hacer ver a los ciudadanos que legalizar lo ilegal es el mejor camino. Una vergüenza.

Por cierto, no se olvide usted de ir a pagar su multa, que, como la de Gómez no va a llegar a la caja, hay que tapar con su dinero los agujeros presupuestarios.

El interés general de Gómez

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 29 de septiembre de 2011 a las 13:57

Rafael Gómez ya es miembro de pleno derecho del consejo rector de la Gerencia de Urbanismo de Córdoba en representación de Unión Cordobesa (UCOR) y en sustitución fulminante del portavoz municipal de esta formación, Juan Miguel Alburquerque. El empresario de Cañero accede por la vía democrática a un lugar en el que ha sido protagonista durante los últimos años no precisamente por actuaciones respetuosas con el orden legal. Nada se puede decir de esta presencia, más allá de que desafía a todos los principios de la ética y desafía a los controles públicos a permanecer en permanente estado de vigilancia. Él mismo lo ha dicho: “Yo no vengo aquí a resolver mis problemas, a mi eso me trae sin cuidado, yo vengo a trabajar por todos los cordobeses”. Inocente y cándida declaración de intenciones de quien tiene tras de sí, y no lo olvidemos nunca a la hora de hablar, el respaldo de 25.000 personas. Más que ningún otro partido de la oposición municipal.

Hasta aquí estaríamos hablando de algo llamativo pero legal. Un nuevo resquicio de la democracia por el que se cuelan protagonistas rodeados de un aura sui generis. Sin embargo, Rafael Gómez no dijo dentro lo mismo que manifestó antes de entrar. En la reunión, el empresario se quejó amargamente de que su grupo municipal no ha tenido acceso a la documentación del expediente de la multa de las naves de la Colecor. Criticó abiertamente al equipo de gobierno por negarle unos papeles que considera que su formación está en pleno de derecho de poseer. Y se quedó tan pancho. Aquí es donde entra el peligro de don Rafael. Aquí es donde estamos en nuestro derecho de pedirle que nos explique para qué quiere su formación esos papeles si él, como parte implicada en el proceso judicial en curso, tiene acceso a toda la documentación del caso. El dueño de Arenal 2000 queda en evidencia tan sólo minutos después de proclamar su limpieza de sangre y contribuye a que todos tengamos cada vez más dudas sobre los motivos reales que le mueven a estar presente sólo en las cuestiones urbanísticas tanto en el Ayuntamiento como en la Diputación.

Gómez parece no haberse dado cuenta aún de que la representación del pueblo es algo más serio que una serie de discursos más o menos vacuos. No se puede ir por ahí desafiando a la legalidad, proclamando que no se pagarán multas y amenazando veladamente con tirar de la manta y decir quien te permitió cometer una ilegalidad y luego pretender que nos creamos que se trabaja en defensa del pueblo. No se puede pretender representar la legalidad vigente y proponer acto seguido que se conmuten las multas de los parcelistas y se legalicen las construcciones que conculcan la legalidad. No se puede, en resumen, fabricar una realidad a la medida que obvie lo que no conviene y subraye lo que mejor viene. Esto de ser concejal es más serio y, sobre todo, menos negociable.

Camaleónica Rosa

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 9 de mayo de 2011 a las 12:04

El PP tardó sólo 24 horas en sacarla a pasear en la campaña y ella, sólo 48 en dejarse ver por Córdoba y desplegar sus artes electorales. La ministra de Medio Ambiente, Rural y Marino, exconsejera de Obras Públicas y exalcaldesa vino, vio y venció. Porque no puede calificarse de otra forma el que su visita a la ciudad haya aparecido en todos los medios de comunicación habidos y por haber sin más recordatorio de su pasado que un sencillo “estuvo en IU”. En apenas seis horas, Rosa Aguilar destacó a Juan Pablo Durán como “el mejor alcalde para que Córdoba gane”, cubrió a su excompañero Andrés Ocaña con un manto de cariño y apoyo celestial con un “lo tengo por mi amigo” y le arreó al PP de José Antonio Nieto por preguntarle en el Congreso por su gestión urbanística en la ciudad durante diez años ahora que estamos en campaña electoral. (No le gusta a Rosa que le recuerden que hubo un tiempo en el que fue amiga de Rafael Gómez y que durante su mandato éste levantó sus polémicas naves de Colecor). Luego, después de arengar a los jóvenes cachorros socialistas, se fue a triunfar donde mejor sabe hacerlo: en el cara a cara.

Cuentan quienes la vieron por el santuario de Scala Coeli que nadie diría que Rosa ya no es alcaldesa de la ciudad. Marcó los tiempos como nadie, fue la reina de la entrega de premios, la más besada y abrazada y se marcó sus tradicionales sevillanas al compás de las palmas que le marcaba Paco Castillero, su inseparable edecán durante los años de alcaldesa de Córdoba. Juan Pablo Durán, alcaldable socialista, miraba satisfecho a su ahora compañera consciente de que un paseo por el campo con ella le da más conocimiento que dos meses de campaña. También cuentan que José Joaquín Cuadra, aún edil de seguridad por IU, no se separaba ni un minuto de quien fuera su mentora y responsable de su salto a la política. (Dicen las malas lenguas que Cuadra lleva fatal haberse quedado fuera de la lista de la coalición y anda despechado contando sus penas por donde se le quiera oir).

Y es que Rosa Aguilar tiene esa tremenda capacidad camaleónica que le hace salir indemne de casi todo lo que afronta. Dejó a IU abandonada tras años de progresivo distanciamiento y nadie en España le pasó factura, todo lo contrario. Estuvo en la Junta un año justo, se metió a fondo en el asunto de la Colecor y nadie le pasó factura, todo lo contrario. Ahora viene a Córdoba para pedir el voto contrario del que pedía hace cuatro años -no olvidemos que en esta ciudad la izquierda compite entre sí históricamente y no contra la derecha- y la afición la aclama en la romería de Santo domingo. Es más ya hay quien la propone como sustituta de Griñán en las autonómicas de 2012 si, el próximo día 22, la cosa le sale al PSOE-A todo lo mal que se espera. ¡Santo súbito!, se podría exclamar.

Ésta es la gran capacidad de Rosa Aguilar, su talento camaleónico para no descomponerse nunca en público y trasladar la mejor sonrisa profidén. Otra cosa distinta es lo que ocurre de puertas hacia adentro y las no pocas pegas que podríamos ponerle a su capacidad de gestión en una ciudad que hoy paga la parálisis de no pocos proyectos con una tasa de paro desorbitada y un porvenir industrial que da auténtico pánico. Son las dos caras de Rosa Aguilar y hay que decir que en ambas es única.