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Mamelucos y votantes

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 1 de mayo de 2016 a las 8:18

El dos de mayo de 1808, el pueblo de Madrid se levantó en armas contra el invasor francés para evitar que salieran del Palacio Real los dos únicos infantes de España que allí quedaban. Fue un comportamiento heroico, de las pocas gestas de este tipo de las que puede presumir este país en su historia contemporánea. Con palos, cuchillos y mucha fe, hombres, mujeres y niños se enfrentaron al por entonces mejor ejército del mundo. Perdieron, como era de prever, pero encendieron la mecha de la Guerra de la Independencia y del principio del fin de la hegemonía napoleónica. Antes de eso, Murat reprimió a sangre y fuego este levantamiento de la mano de sus coraceros y mamelucos, cuya carga fue pintada con maestría por Francisco de Goya unos años después y hoy puede disfrutarse en el Museo del Prado. El pueblo pierde, el ocupante gana.

mamelucos

La carga de los mamelucos o El dos de mayo, fue pintado por Francisco de Goya en 1814 en recuerdo del levantamiento del pueblo de Madrid contra los franceses el 2 de mayo de 1808.

Mañana también es dos de mayo. Nuestro particulares mamelucos darán por finiquitada la legislatura, disolverán las cortes y en breve convocarán elecciones generales para el 26 de junio. Con su decisión, nuestros mamelucos derrotarán el mandato del pueblo que el 20 de diciembre les votó para que se pusieran de acuerdo, mirasen por el bien del país y lo protegieran. Nuestros mamelucos han decidido que eso no tiene ninguna relevancia, que el bien del pueblo no existe más allá de las siglas del partido, de los intereses personales y de las aspiraciones individuales. Mañana es 2 de mayo y los mamelucos de Murat cargarán contra la voluntad popular libremente expresada.

A partir de ahora, otro par de meses de campaña electoral interminables. En ella intentarán vendernos la moto de que van a ahorrar, de que no quieren insultarse y de que el interés del pueblo está por encima de todo. Como decía el hombre de campo en la posguerra: “Los pobres y los ingenuos hace mucho que se murieron”.

DEBATE INVESTIDURA

De izquierda a derecha: Mariano Rajoy (PP), Pedro Sánchez (PSOE), Pablo Iglesias (Podemos) y Albert Rivera (Ciudadanos).

El próximo 26 de junio España está llamada otra vez a la segunda vuelta de unos comicios que han demostrado que en este país, como en la época de Fernando VII, no existen dirigentes a la altura de las circunstancias. Ni en la vieja ni en la nueva política. Ni en los partidos centenarios ni en los que llevan 15 minutos funcionando. El colmo de la desvergüenza será contemplar unas listas electorales compuestas por los mismos rostros. Algunos caerán porque la corrupción en un virus que mata todo lo que encuentra a su paso. Otros no estarán porque las ratas son las primeras que abandonan el barco. Los menos, incautos, se sumarán a los proyectos pensando que pueden cambiar las cosas. El pueblo, como hiciera libremente el 2 de mayo 1808, decidirá lo que hace. Optará entre taparse la nariz y seguir con los mismos, cambiar de bando en busca de soluciones o irse a la playa a disfrutar de un domingo de junio. Puestos a elegir entre políticos caducos, aburridos y egoístas y una jornada de playa, chiringuito y cervecita me da a mi que la cosa puede estar más que clara. Quizás esta opción sea la forma actual en la que el pueblo, como sucediera hace 200 años, se levante en armas y, esta vez sí, se lleve por delante a los mamelucos de Murat. Que falta hace bajarlos a todos del caballo.

Hedor político

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 17 de abril de 2016 a las 9:35

A medida que pasan las semanas y se confirma que caminamos de nuevo hacia las urnas comprobamos lo lamentable de la clase política que nos rodea. El patio de la democracia huele mal fruto de las aspiraciones individuales de unos y otros y de una corrupción nauseabunda que no cesa de ofrecernos, día sí, día también, ejemplos de podredumbre. En siete días se ha detenido al alcalde de Granada, ha dimitido el ministro de Industria, han metido en la cárcel a Mario Conde, han multado a Aznar por no pagar impuestos, han arrestado a las cúpulas de Manos Limpias y Ausbanc por extorsionar a diestro y siniestro…. Hasta Bertín Osborne, ese hombre que hace entrevistas, ha admitido que prefiere Panamá que España para sus cositas a pesar de ir después dándose golpes de pecho como buen españolazo. Vomitivo.

El viernes tuvimos a Pedro Sánchez y a Alberto Garzón en Córdoba. El primero trata de disimular y aún sigue emperrado en convencer a Pablo Iglesias para que haga gobierno con él. Vano intento que ralla ya el ridículo. El segundo lo tiene más claro y ya habla abiertamente de una coalición IU-Podemos para encarar las urnas del 26-J con garantías de dar el verdadero sorpasso. La izquierda más a la izquierda no oculta sus aspiraciones: quiere acabar con la izquierda más moderada. Tras años a la sombra, la opción de que los socialistas caten la hiel de ser la minoría es dulce ambrosía para ellos. Y, mientras, Rajoy sigue durmiendo. Como si nada. En una especie de periodo vacacional que se prolonga desde las Navidades. Imperturbable, impenetrable, sordo al clamor de la calle, ciego ante el bochorno corrupto que ha convertido su partido en una ciénaga maloliente. Su reino no es de este mundo. Él no tiene nada que ver con nadie. Está limpio y el derrumbe a su alrededor ni le conmueve. Como el rey desnudo, sigue viviendo el embuste de su traje inmaculado mientras a su alrededor el mundo huele cada vez peor.

Guillermo Fernández Vara ha dicho esta semana que si los 350 diputados que hay en el Congreso no son capaces de llegar a un acuerdo para formar gobierno deberían irse todos a su casa. Que en las próximas elecciones habría que colocar a otros 350 diferentes. Bonitas palabras si no fuera porque sabe que ni él mismo va a cumplir ese precepto cuando le toque conformar de nuevo las listas. Esto está tan podrido y huele tan mal que ya nadie cree a nadie. Esto está tan corrupto que ya ni nos sorprende el rosario continuado de detenciones al que asistimos semana tras semana. Vivimos rodeados de basura, en un estercolero público en el que nadie se hace responsable de nada. Con la sensación de que no hay final claro a la vista más allá de un triste retorno a las urnas. Y entonces no pasará nada. Y volveremos a empezar. Sin taparnos ya la nariz porque nos hemos acostumbrado a respirar en este estercolero y el hedor político ya no nos afecta.

Cien días de vergüenza

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 27 de marzo de 2016 a las 8:14

Cuando un gobierno se forma, sea en un ayuntamiento, comunidad o Estado, se le dan siempre cien días de margen para que pueda aclimatarse a sus responsabilidades. Se entiende que este es un plazo razonable para que los nuevos gestores se hagan cargo de sus responsabilidades, nombren a sus nuevos equipos y tracen sus nuevas estrategias. Es de lo poco que se respeta de la cortesía política en los últimos tiempos, más dados a la broza, el mugido y la descalificación. El próximo miércoles se cumplen en España cien días de la celebración de las elecciones generales el pasado 20 de diciembre. Tiempo más que suficiente para poder analizar lo que unos y otros han hecho en el supuesto objetivo común de dotar al país de un gobierno y una hoja de ruta clara. Si quisiéramos acabar rápido tendríamos una conclusión directa: nada. No han hecho nada ni han servido para nada. Pero vayamos por partes.

Desde que el 20 de diciembre los españoles decidiéramos que era el momento de abrir un nuevo tiempo en la política nacional, nuestros principales partidos sólo han contribuido a demostrarnos que el arco del triunfo es un lugar que comparten a la hora de tener en cuenta nuestras reclamaciones. Ni PP, ni PSOE, ni Ciudadanos ni Podemos, por citar solo a los cuatro jinetes de la apocalipsis, han hecho nada por nosotros.

El PP de Mariano Rajoy ha demostrado que en el inmovilismo es donde mejor se mueve. Avalado por su pírrica victoria y sus más de siete millones de votos, el gallego presidente se ha encastillado estos meses en una estrategia de pacto a tres en la que no ha dado ni un paso adelante. Sordo a la basura corrupta que emponzoña su gestión al frente del partido ha preferido esperar al desgaste ajeno y ha demostrado que su permanencia en la poltrona es hoy en día su único credo.

El PSOE de Pedro Sánchez ha hecho un simulacro de negociación para contentar a los inocentes. Ha firmado un papelito con Ciudadanos que es como la carta a los Reyes Magos para después enseñarnos a todos que la estrategia pasa exclusivamente por mantenerse vivo y negar el pan y la sal al más votado. Si su estrategia pasa por insistir en que Rajoy debe irse por sus pésimos resultados, ya está tardando él en dejar el sitio de quien ostenta los guarismos más bajos de la historia del socialismo español. Algo menos de petulancia y más de eficiencia es exigible.

Ciudadanos tampoco se queda atrás. Es cierto que se ha ofrecido a pactar a diestro y siniestro, con quien lo ha logrado por cierto, pero también basa en el veto su estrategia de Gobierno. Albert Rivera dice que no va con Rajoy ni a por café al tiempo que defiende una nueva política de acuerdos. Poco acuerdo puede haber cuando se parte de echar del mismo a uno d ellos implicados.

Por último tenemos al Podemos de Pablo Iglesias. Más allá de la cacería a la que esta siendo sometido por sus crisis internas, el líder morado sigue en la estrategia del cuanto peor mejor. Mientras pone orden en su casa igual que han hecho los demás partidos de la casta -que lo de las purgas de los críticos es muy antiguo- sigue dedicado a volar todos los puentes de consenso que puedan ponérsele por delante. Es el que menos disimula que quiere nuevas urnas convencido como está de que en esa situación el PSOE se irá a pique.

Y mientras los españoles comienzan a olvidarse de la política. En los bares ya se habla más de Champions que de Gobierno. El fantasma electoral se ve cercano y está sumido. Tanto como que irá a votar Pirri si las caras a elegir son las mismas. Qué país más grande éste. Cien días después de las elecciones pasa de sus dirigentes y se dedica a salir adelante convencido de que es inútil bregar con gente a la que nadie le importa nada. Poca vergüenza.

La tanda de penaltis

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 28 de febrero de 2016 a las 8:13

Si nada lo remedia, y nada parece que lo vaya a hacer, Pedro Sánchez comenzará pasado mañana su debate de investidura como aspirante a presidir el Gobierno abocado al más estrepitoso fracaso. Su acuerdo con Ciudadanos, pese a ser un loable paso adelante, es manifiestamente insuficiente y el líder del PSOE se encontrará de bruces el miércoles y el viernes con el rechazo de la mayoría absoluta del Congreso de los Diputados. Dos meses después de que las urnas dictaminasen que los españoles quieren una nueva forma de hacer política, los partidos acuden a la Carrera de San Jerónimo demostrando que no les ha llegado en absoluto el mensaje. Han sido 60 días de reuniones, encuentros y ruedas de prensa más de cara a la galería que pensando en el bien común. Son las cosas de la política patria, incapaz de abandonar los complejos del pasado y mirar a los ojos al futuro.

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Bertín Osborne, Íker Casillas y Sara Carbonero, durante el programa ‘En tu casa o en la mía’ que emitió La Primera el miércoles por la noche.

El pasado miércoles vi la entrevista que Bertín Osborne le hizo a Íker Casillas. En el transcurso de la misma, el mejor portero en la historia del fútbol español dijo que la selección se dio cuenta de que España podría ser campeona de Europa y del Mundo cuando ganó la tanda de penaltis del europeo de 2008 a Italia en cuartos. Afirmaba Casillas que fue ése el momento determinante para dejar atrás complejos y miedos porque si hubiéramos caído habría regresado la maldición histórica y nos habríamos enzarzado en la afición nacional de despellejar al entrenador, el gran Luis Aragonés, y a los futbolistas. Sin embargo, afortunadamente aquel fue el momento de explosión de la mejor generación de futbolistas de la historia de España –reflejo del desarrollo de un país– que nos ha dado las mayores alegrías deportivas soñadas (con perdón de otros deportes).

Salvando las distancias, el resultado del 20-D tiene mucho de momento clave en el punto de penalti. El país entero espera que sus jugadores/políticos sean capaces de rematar un consenso que rompa con barreras del pasado y nos abra nuevos proyectos de futuro. España está ante el momento de comportarse de una vez por todas como una moderna democracia europea. Está en el instante de ser capaz de superar los atavismos que siguen anclándonos a lo peor de nuestra historia del siglo XX. Está, en definitiva, ante la hora clave en la que los representantes políticos deben trasladar a las instituciones la normalidad del siglo XXI que se vive en la calle.

SÁNCHEZ Y RIVERA FIRMAN ACUERDO DE INVESTIDURA Y LEGISLATURA

Pedro Sánchez y Albert Rivera, el pasado miércoles durante la firma del acuerdo de legislatura entre PSOE y Ciudadanos en el Congreso de los Diputados.

La cerrazón de unos y otros a la hora de sentarse a conversar, los vetos, las prohibiciones de cara al escenario están fuera de lugar. Una vez que el próximo 4 de marzo Pedro Sánchez fracase en su intento de alcanzar La Moncloa llega el momento crucial. Quedarán dos meses en los que todos los partidos están obligados a encontrar un consenso que saque al país de la parálisis. No es de recibo y es absolutamente impresentable que el cálculo electoral mantenga las instituciones paradas hasta que en junio puedan celebrarse nuevas elecciones. No es de recibo porque eso tiene un impacto directo sobre la vida de los ciudadanos, su economía y su posibilidad de encontrar empleo y futuro.

Aunque claro, visto por el otro lado, hay que decir que en estos cuatro meses en los que el Gobierno lleva en funciones la cosa no ha ido a peor y el país sigue andando. Igual lo que hay que hacer es dejarlos en funciones para que esto realmente funcione.

CECO busca su sitio

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 17 de enero de 2016 a las 7:29

La Confederación de Empresarios de Córdoba (CECO) culminó el jueves su proceso de renovación con la llegada a la presidencia de Antonio Díaz para sustituir, tras 18 años en el poder, a Luis Carreto. A juzgar por la asistencia de público a la toma de posesión puede decirse sin lugar a dudas que había mucho morbo alrededor de este cambio. Llega al frente de la patronal cordobesa un hombre discreto, que lleva 30 años en la misma trabajando siempre en segunda línea. Todo lo contrario que Carreto, hombre amante del foco, el titular y la frase. El cambio ha sido tranquilo y no ha habido movimiento alguno de esos grupos de presión tan propios de Córdoba que se haya planteado hacerle frente al candidato no solo de la mayoría de los empresarios cordobeses sino también de la Confederación de Empresarios de Andalucía (CEA). Está claro que Díaz es un hombre de consenso que suscita apoyos por todas partes precisamente porque de su discreción y capacidad para la fontanería han mantenido viva a una patronal que lleva unos años muy complicados.

Sin embargo, esa discreción no impidió al nuevo mandamás del empresariado cordobés dar un paso al frente clarísimo en su toma de posesión. Habló de nuevos tiempos. Habló de diálogo, de innovación, de unidad.

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Antonio Díaz y Luis Carreto en la asamblea de CECO del jueves.

Advirtió contra las fracturas causadas por “los círculos de amigos” y le dejó claro a las administraciones que va siendo hora de ponerse las pilas para que Córdoba cuente con infraestructuras determinantes para su futuro que “suenan a historia interminable”. Escuchamos a un hombre hablar de innovación, de Rabanales 21 y de industria, tres elementos que en Córdoba sirven para llenar muchos discursos pero por los que realmente no ha habido apuestas firmes. Los mensajes de Díaz se reparten entre la Diputación, el Gobierno central, la Junta y el Ayuntamiento pero en orden inverso de relevancia. A la alcaldesa y a su primer teniente de alcalde les debe quedar claro el mensaje de que hay que trabajar, dejarse de generar polémicas vanas y hay que empujar para lograr que esta ciudad recupere fuelle y relevancia. El mensaje de Díaz debe ser, además, un elemento de esperanza para un empresariado cordobés que se había distanciado de CECO en los últimos años cansado de que su presidente tomase decisiones al margen del sentir empresarial. (Si bien eso no obsta para que se le reconozcan a Carreto sus méritos).

Córdoba necesita que su patronal funcione, que sea un interlocutor válido capaz de defender los intereses no sólo de las grandes empresas, sino, sobre todo, de las pequeñas y medianas y de los autónomos, auténtico motor económico de la provincia. El talante expuesto por Díaz en su discurso apunta en esa línea. Los empresarios deben defender el puesto que tienen en la ciudad. Deben defenderse ante ataques como el que sufre Cosmos, ante problemas de intrusismo, ante el exceso normativo y tributario que padecen los autónomos o ante la burocracia que todo lo paraliza. CECO el catalizador de esas reivindicaciones porque de su capacidad de presión y, sobre todo, de su capacidad de alcanzar consensos con sindicatos y administraciones depende el futuro de Córdoba. Porque no olvidemos que son los empresarios, no otros, quienes crean empleo y generan riqueza. Y eso es precisamente lo que hace falta en Córdoba. Es hora de que los empresarios se pongan en su sitio, dejen de perder el tiempo en luchas internas que muchas veces sólo buscan la foto y dejen claro que son parte muy importante de la provincia. Bienvenido sea el discurso de Antonio Díaz y que la fuerza le acompañe.

Quince días

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 6 de diciembre de 2015 a las 10:07

Dos semanas quedan para acabar con esta sobredosis electoral que hemos vivido en 2015. Apenas 15 días para que los partidos nos cuenten por enésima vez lo bien que lo van a hacer si les votamos y los mal que lo van a hacer los contrarios. En Córdoba, como en toda España, las elecciones del próximo día 20 barruntan revolución toda vez que parece que van a definir un nuevo mapa político. Del bipartidismo en el que PP y PSOE campaban a sus anchas, con alguna entrada coyuntural de IU, vamos a pasar a contar con otras dos fuerzas: Ciudadanos y Podemos. Ambas irrumpen con fuerza en el panorama provincial a pesar de que sus candidatos ni son conocidos ni tienen relevancia social. Nuevos tiempos en los que no importan tanto las caras como los proyectos.

Las caras conocidas del PP y el PSOE sí que se juegan mucho. En el primero, José Antonio Nieto tiene que enjugar el mal momento que vivió el 24 de mayo cuando perdió la Alcaldía por un puñado de votos. Nieto, que ha andado bastante grogui durante estos meses, afronta las urnas como un reto personal. Necesita un buen resultado para verse reforzado dentro de su partido y para recuperar su imagen fuera de él. El presidente popular parece que tiene claro que su futuro pasa por Madrid y muchas de las posibilidades de ocupar un lugar en condiciones pasan por obtener un buen resultado dentro de dos domingos. No hay que olvidar que quien le sigue en la lista, Rafael Merino, ocupa ya un importante puesto en Madrid y ambos no son precisamente íntimos amigos.

En el PSOE la cosa no es distinta. Los socialistas necesitan recuperar el cetro que perdieron en 2011 y confirmar esa recuperación que parece han vivido en este 2015. Casi más que por mensajes internos, Juan Pablo Durán necesita un buen resultado para apoyar a Susana Díaz, de la que es fiel escudero y quien, si los sondeos aciertan, el día 21 podría estar en el AVE camino del despacho de mando en Ferraz. Durán ha optado por María Jesús Serrano y Antonio Hurtado, al frente de la plancha, pero ha colocado a su hermana en el tres en una decisión polémica que puede tensar el partido si, como parece, se quedan con dos escaños.

Y luego están Ciudadanos y Podemos. Marcial Gómez y Marta Domínguez pueden hacer historia al convertirse en diputados sin que se les conozca pasado político ni de activismo en Córdoba. El de Ciudadanos, procurador de carrera, se toma las cosas con calma sabedor de que no hay mejor reclamo para el voto naranja que el de Albert Rivera. No obstante, la situación del partido en Córdoba y los malos resultados de las municipales podrían lastrar sus opciones. Marta Domínguez bastante tiene con sobrevivir a la guerra interna desatada en el partido morado tras ponerla a ella en lugar de Antonio Manuel Rodríguez al frente de la plancha. Cuenta a su favor con el impulso que Pablo Iglesias da a la marca y habrá que ver si es capaz de movilizar a los círculos para llevar a cabo la campaña. En ambos casos, no obstante, los dos partidos lograron acta parlamentaria en Sevilla en marzo sin que sus campañas fueran como para hacer historia.

Y luego está IU, rebautizada como Unidad Popular. Antonia Parrado es la carta de la coalición para intentar un hueco en la Carrera de San Jerónimo. La aspirante es buena, pero en IU dan por descontado que volverán a quedarse fuera. Eso sí, sueñan con lograr un voto más que Podemos.

Lo dicho quedan 15 días de suplicio. Tómenselo con calma, disfruten del puente y mediten. Que hay mucho en juego.

Candidatos molones

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 29 de noviembre de 2015 a las 7:26

Dentro de tres domingos (hoy ya no cuenta), los españoles acuden a las urnas en las elecciones más importantes en los últimos 35 años. Está en juego la arquitectura constitucional del país, la organización territorial y el reparto de fondos entre las comunidades autónomas. El desafío soberanista catalán, la respuesta a la amenaza yihadista o la modificación de la estructura de sucesión a la corona también están sobre la mesa. Al tiempo, la irrupción de Podemos y Ciudadanos atisba el fin del bipartidismo PP-PSOE tal y como estaba entendido hasta el momento y la constitución de unas Cortes Generales más abiertas que nunca y con cuatro partidos con capacidad de decisión y mando. El Gobierno que salga de las urnas del 20 de diciembre con toda seguridad no estará respaldado por una mayoría absoluta y los responsables políticos habrán de demostrar su capacidad de negociación y encuentro para sacar adelante al país en este atisbo de recuperación tras la crisis económica. Así de fácil es la decisión que cada español tiene ante sí a la hora de elegir su opción política.

DEBATE ELECTORAL ENTRE ALBERT RIVERA Y PABLO IGLESIAS

Albert Rivera y Pablo Iglesias, el viernes antes del debate electoral que mantuvieron en la Universidad Carlos III de Madrid.

Vivimos tiempos de transformaciones vertiginosas, irrumpe una nueva mayoría ciudadana que se ha criado en democracia cuyas exigencias son nuevas y diferentes. Lo que hasta el momento nos ha servido como pegamento está puesto en duda y una época en la que la satrapía, el nepotismo, la corrupción y la desvergüenza han campado a sus anchas parece encontrar su fin. La nueva sociedad de la tecnología, la comunicación instantánea y la regeneración política e institucional afronta su primer gran momento. Atrás quedan el 15-M, la crisis, el rescate a medidas, los ERE, la Gürtel, Bárcenas, el 3% catalán y otras tantas miserias. Es hora de comenzar el cambio y parece que hay conciencia social de esta necesidad.


Ante esta situación, los partidos llevan meses preparando su terreno, diseñando estrategias sesudas con las que desmarcarse del contrario. Los gurús electorales se devanan la sesera pensando cuál será el mejor método para que sus candidatos aparezcan frescos y renovados ante el elector. La eterna campaña que vivimos en este 2015 se americaniza a marchas forzadas y se buscan métodos rompedores. La frescura de Pablo Iglesias y Albert Rivera choca de frente con el desgaste que arrastra el PSOE desde el final del zapaterismo y con la tristeza camuflada en rigor con la que se maneja Rajoy. Hay que darle la vuelta a la cosa, piensan los estrategas, y para ello hay que hacer todo lo que sea necesario. Convirtamos al candidato en un tío molón, señala el más avezado, y allí que todos los demás comienzan a buscar un hueco en el que destacar cuán humano es su caballo de carreras. Descendamos una montaña, montémonos en un coche de rallies, bailemos en un programa, comentemos un partido de fútbol, echemos unas cañas con Bertín… Hagamos el gamba, que así seguro que captamos decenas de miles de sufragios. Es la era del espectáculo. Si a Obama le ha ido bien, por qué no a nosotros, piensan en los cuarteles de mando.

RAJOY RECIBE A SANCHEZ EN LA MONCLOA PARA ANALIZAR LA RESPUESTA A LA DECLARACION INDEPENDENTISTA

Mariano Rajoy y Pedro Sánchez saludan durante uno de sus últimos encuentros en La Moncloa.

 

Y, mientras, el ciudadano asiste atónito al show. Ve casi con ardores a los partidos tradicionales bailando a un son en el que son arrítmicos. Como ese amigo de farras que daba vergüenza ajena cuando se lanzaba a la pista en busca del triunfo al final de la fiesta. Seamos molones, repiten los estrategas. “Y el contenido de los mensajes, ¿qué hacemos con él?”, dice uno al fondo. “Ah, por eso no te preocupes, llama a la Campos y di que vamos el sábado”, responde el otro. “¿No ves que somos molones?”.

El paraíso de Artur

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 1 de noviembre de 2015 a las 7:18

Artur Mas va por ahí diciendo que él quiere una Cataluña libre. Una república en la que todos los catalanes sean felices. Una especie de nirvana nacionalista en el que habrá paz, amor y fraternidad por doquier sólo por portar la estelada. La república catalana será un lugar idílico en el que no habrá pobreza, ni hambre, ni desigualdades. Un paraíso terrenal en el que los niños y las niñas serán más listos, más guapos y más altos. El Estado catalán acabará con todos los problemas de sus habitantes sólo con su declaración de independencia. Será la octava maravilla del mundo y los inversores acudirán raudos a la carrera para dejarse los cuartos en él porque sus leyes serán las mejores, sus trabajadores los más preparados y su presidente el más magnánimo habido en la historia.

Artur Mas, a su llegada al TSJC para declarar por la convocatoria del referéndum nacionalista del 9-N de 2014.En su afán por darle a los catalanes ese paraíso terrenal a Artur Mas le han salido unos enemigos muy malos en Madrid y en el resto del país. Son unos hombres malos, insolidarios, que se comen a los niños por las noches. Son personas sin corazón que esquilman a los catalanes, se llevan su dinero, arruinan sus fábricas y despiden a sus empleados. Son los culpables de que sus farmacéuticos no cobren por las medicinas que recetan sus médicos. Son quienes hacen que su sanidad, la mejor, la más vanguardista, tenga problemas para atender a los enfermos y, incluso, hasta ponga en riesgo a algunos pacientes. Son la encarnación del mal, representan la corrupción más institucionalizada.

En el mundo ideal que va a crear Artur Mas no existen comisionistas del 3%, ni financiación extraña en los palaus de la música, ni es necesario llevarse cientos de millones a Andorra, Belice o sabe Dios dónde porque allí todo estará bien. El paraíso catalán no tendrá impuestos que den de comer a los vagos de los andaluces, ni tasas que sirvan para hacer carreteras a esos subdesarrollados extremeños. En el walhalla independiente las autopistas serán gratuitas, los trenes llegarán a su hora y los escritores, músicos e investigadores que allí trabajen recibirán todos los años el premio Nobel correspondiente.

En el paraíso de Artur Mas se venerará la visión comprometida y anticipada a su tiempo de Jordi Pujol y no será necesario cumplir las leyes porque desde la CUP se encargarán de que no haya ningún tipo de limitación al libre albedrío. Tampoco habrá en esta tierra diferencias entre ricos y pobres pues todos serán compañeros en la tarea común de hacer un Estado feliz. Por supuesto, en la república de la estelada sólo habrá un presidente, será eterno, no estará sujeto a urnas ni campañas y será venerado por sus compatriotas como su libertador. Como San Martín, como Bolívar, como Mandela, como el mejor y más fiel heredero de Gandhi.

Así es el mundo de Artur Mas. Bonito, idílico, maravilloso, espléndido, opulento, suntuoso, desprendido, soberbio. Lástima que no haya llegado aún nadie capaz de desmontar el mito, nadie inteligente y desprendido que libere los ojos de ese pueblo cautivo para que a su alrededor vean la verdad que les rodea. Una verdad miserable, como la de quien aventa íntimas pasiones para ocultar que su incapacidad, su ignorancia, su mezquindad, su egoísmo y su falta de inteligencia han colocado en el abismo a un territorio fértil, laborioso, ejemplar y magníficamente dotado. Una verdad que, como todas las ligadas al nacionalismo mal entendido, sólo tiene un desastroso final posible. Como tantas veces se ha visto ya en tantos rincones del mundo. Y todo ello por el apego enfermizo a una poltrona. No hay otro motivo.

Empieza lo importante

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 27 de septiembre de 2015 a las 10:17

Cataluña acude hoy a las urnas en unas elecciones autonómicas convertidas en referéndum de autodeterminación. Las estrategia de Artur Mas y el devenir de la campaña han certificado que en las urnas de hoy no se va a decidir nada sobre el funcionamiento de la administración, la política económica, el modelo educativo o el sistema sanitario. Hoy sólo se opta entre seguir dentro de España o declararse independiente y mantener esta locura secesionista caiga quien caiga. Se espera que los partidarios de la ruptura acudan en masa a los colegios electorales y existen dudas sobre lo que harán quienes quieren seguir dentro de este país llamado España. Es lo que tiene formar parte de un movimiento que ha hecho del agravio, el victimismo y la persecución su razón de ser y otro que lleva ya tiempo asistiendo estupefacto a una política de aislamiento y hostigamiento muy bien calculada. En esta dicotomía llevamos dos semanas. Unos se sienten perseguidos por el Estado español y otros por el protoestado catalán. Unos se ven mártires de la incomprensión histórica y otros del arrinconamiento promovido desde las instituciones regionales. Esta es la situación y la base del problema.

Pero cuando esta noche sepamos los resultados y comprobemos si la cosa esta dividida a medias o no, habrá que lanzarse una serie de preguntas sobre qué va a pasar a partir de mañana. Deberemos saber quién y cómo va a gobernar una comunidad autónoma rica en la que la lista independentista mezcla marxistas convencidos con liberales de pura cepa tanto como las candidaturas del otro lado. Tendremos que conocer cómo piensa actuar el Estado central en caso de que el independentismo salga triunfador y cómo lo hará ésta en caso de salir derrotado. Habremos de conocer cuál será la traslación de los resultados a la inminente campaña electoral nacional; si los partidos se comportarán con responsabilidad o utilizarán la cuestión catalana como elemento arrojadizo en busca del voto.

Aunque haya quien se niegue a aceptarlo, hoy se deciden muchas cosas en Cataluña y todas ellas son importantes para nosotros como cordobeses, andaluces y españoles. Porque si parece que es innegable que hay que tocar la Constitución para buscar nuevos encajes y equilibrios territoriales, no lo es menos que estos ajustes no pueden partir de visiones maniqueas ni frentistas. Nuestra clase política, caracterizada por su racanería, falta de altura y profunda miopía, se halla ante un momento clave. De su capacidad de tender puentes y buscar alianzas depende en gran medida nuestro futuro. Imágenes como la del jueves en el Ayuntamiento de Barcelona estomagan y avergüenzan a partes iguales. Son la perfecta representación de cuán bajo han caído los partidos políticos en la selección de sus cuadros. Si es cierto, que lo es, que en Cataluña existe un sentimiento nacional muy arraigado hemos de responder a él con sensatez. La misma que quienes defienden su salida de España han de aplicar con quienes quieren seguir siendo catalanes y españoles. Todos en la búsqueda de discursos comunes. No vayamos a caer en la innata tradición española de construir el futuro arrasando los cimientos del edificio en lugar de añadirle una planta más. Mañana comienza lo importante. Esperemos que estén a la altura.

Mujica para no iniciados

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 20 de septiembre de 2015 a las 9:19

Expone Jaime Miquel en su libro La perestroika de Felipe VI que los nuevos votantes -los nacidos a partir del ocaso de Franco- han roto todos los lazos con la clase política actual por diversos motivos. Entre estos, destacan por encima de los demás la corrupción institucionalizada en el seno de las formaciones políticas, su doble moral a la hora de taparse las vergüenzas unos a otros y su falta de honestidad a la hora de actuar. Es decir, eso que se ha dado en llamar la conversión de los partidos en una casta. No debe equivocarse demasiado el sociólogo a la vista de cómo está el patio electoral, con unas fuerzas tradicionales que cotizan muy a la baja y unos partidos emergentes que ganan terreno a medida que pasan los días.

Con esto en la cabeza tuve el placer de asistir el jueves a una hora de conversación con el expresidente uruguayo José Mujica. Hombre pausado dados sus ochenta años y cadencioso en el habla como buen habitante del Cono Sur. Silencioso por momentos ante las preguntas de la concurrencia. Humilde, alejado del divismo y con cierto aire de acabar de bajarse del tractor hace apenas diez minutos. Durante sesenta minutos, disfruté como un enano de las palabras de un hombre que fue revolucionario antes que presidente y que en la senectud utiliza el verbo como arma de guerra. De lo allí expuesto me quedo con su afirmación de que en la política hay que ser honesto y de que las revoluciones comienzan por uno mismo. No podemos cambiar el mundo si no empezamos a hacerlo desde nuestro propio yo. Sencillo, simple diría, pero de una profundidad conmovedora. Si no fuera político y le dijeran a usted que viene de África poco se diferenciaría su mensaje del que pudiera dar, por ejemplo, nuestro obispo Aguirre desde Bangassou.

Tras escuchar lo expresado asisto el viernes a la cabalgata de cargos públicos que acudieron en manada a la ponencia oficial de Mujica. Atildados, con sus mejores galas, recién duchaditos, allí que fueron pasando cuantos pudieron para asistir desde las primeras filas a la homilía del expresidente. Estaban felices y salieron henchidos de gozo a juzgar por lo que muchos de ellos nos han regalado en sus muros de Facebook durante este fin de semana. Honestidad, ejemplo, autoridad moral, inspiración… han sido términos que he leído en muros de muy diverso pelaje ideológico. Del PSOE al PP, pasando por IU y los independientes. Viva Mujica, se podría decir como resumen.

Y resulta que a uno, que tiene bastante de descreído y algo más de sieso cuando se pone, le crispan hasta el extremo todos estos mensajitos. Líbreme Dios -con perdón del cogobierno- de ejercer de justiciero, pero permítaseme poner en duda tanta bondad. Permítaseme abominar de quienes hablan de esa refundación política mientras siguen peleándose a muerte en el reparto de sillones o dudar de esa pretendida bonhomía cuando se airean basuras cada vez que se puede. Preguntarme, a la postre, cómo se pueden decir semejantes cosas cuando se practica justamente lo contrario. Porque tiene razón Miquel cuando habla de los motivos de la ruptura que vive este país. Tanta como Mujica cuando reclama honestidad en la política. Y yo que miro y no veo (casi) nada de eso.