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Desquiciados o desahuciados

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 28 de octubre de 2012 a las 10:37

Un hombre se suicida en Granada horas antes de que una comisión le quite su casa. En Valencia, otro individuo lo intenta pero, afortunadamente, no consigue su objetivo. En Córdoba, una pareja okupa su casa del Campo dela Verdadpor temor a que le roben las pertenencias de un hogar del que fueron expulsados apenas cuatro días antes. El mismo día, Montoro dice que los presupuestos del Estado para este año son los más sociales de la democracia y ejerce de ZP al afirmar que 2013 será el último año de la crisis económica. Brotes verdes a la vista.

IU pide al gobierno central un plan de empleo de 600 millones de euros para paliar la pésima situación de la comunidad, pero elude concretar nada de su contenido. Para eso deben ponerse de acuerdo los ayuntamientos y las diputaciones, dicen. Un día despuésla EPAse empeña en darle la razón a la coalición y en llevarle la contraria al hombre de los brotes verdes populares: el paro está desbocado. Uno de cada cuatro españoles no tiene trabajo. En Córdoba esta cifra aumenta a cuatro de cada diez. Pánico, nos acercamos a marchas forzadas no ya al 40% si no más arriba. Los ERE firmados hasta agosto multiplican por más de cien a los del año anterior. Los sindicatos convocan una huelga para denunciar que todo va mal. No proponen soluciones, sólo hablan de un referéndum para examinar la política económica del Gobierno. Olvidan que ese referendum tuvo lugar hace menos de un año y acabó en mayoría absoluta popular. Igual ellos mismos deberían someterse a un referéndum para ver hasta qué punto representan  a alguien. Lo harán el 14-N. Veremos si les sale la cosa tan mal como en marzo.

Los bancos ganan miles de millones, pero son menos porque destinan parte de sus ganancias a prever las pérdidas del futuro en su ladrillo. La burbuja estalló, no se pinchó poco a poco. Ahora hay barrios fantasmas. Vayan al cortijo del cura de noche. Europa acude en apoyo de los bancos. El Estado acude en apoyo de los bancos. Los bancos no acuden en ayuda de sus inquilinos. No pueden, quizás tampoco quieran.

Pongo la radio y escucho a una tertuliana decir que vivimos una situación como la de los Balcanes. Me pregunto si sabrá de lo que habla. Demasiados tertulianos diciendo majaderías durante demasiado tiempo. El frentismo es cada vez mayor. Algunos parece que quieren que nos hagamos griegos mientras otros nos sitúan en el Olimpo. Democracia entendida a trozos. Los buenos contra los malos. Culpables contra inocentes. Elija su grupo.

España vive atacada. Histeria colectiva traducida en pesimismo general, parálisis y cara de miedo. Un país desquiciado. Me resisto a creer que sea también un país desahuciado.

Nos tienen manía

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 21 de octubre de 2012 a las 10:15

A medida que avanza esto de la crisis me doy más cuenta de que no es que nosotros o, mejor dicho, nuestros gobernantes hayamos hecho nada mal, lo que ocurre es que nos tienen manía y por eso nos van las cosas así. Ángela Merkel nos tiene manía porque ella tiene cara de llevar toda la vida pasando frío y no soporta que aquí vayamos a la piscina del cuñao a mediados de marzo; las agencias de calificación nos tienen manía porque ellas lo hacen todo muy legal y aquí hemos hecho del chapú y el primo manitas toda una teoría vital; los mercados nos tienen manía y nos desprecian porque ellos pagan puntualmente y nosotros hicimos de la hipoteca con todo incluido una especie de asunto de Estado. Todos nos tienen manía porque en el fondo envidian nuestra capacidad de supervivencia y la calidad de nuestros líderes.

Por tenernos manía nos la tienen hasta los que hacen los informes sobre la situación de la educación en nuestro país. Sabíamos que esos que hacen el informe PISA son unos antipáticos que sólo se fijan en lo malo, pero ahora hemos descubierto que en la Unesco también nos miran mal. A decir verdad esto en Córdoba ya lo sabíamos, que no hay más que recordar la que nos jugó con la Capitalidad el tal Manfredo. A lo que iba: que resulta que la Unesco se ha sacado de la manga un informe sobre la situación de la Educación en el mundo en el que se dice que España es el país de Europa al que le va la cosa peor. Que resulta que no hay quien nos gane en abandono y fracaso escolar en la ESO, el Bachillerato y los ciclos formativos de la FP. Vamos, que somos una ruina.

Yo la verdad es que no me explico cómo se pueden pensar estas cosas y por eso estoy totalmente de acuerdo con la huelga que esta semana han realizado los estudiantes de Secundaria y Bachillerato para denunciar los recortes. Incluso me parece genial que los padres la hayan apoyado y que el rector de la UCO, José Manuel Roldán Nogueras, la haya visto con buenos ojos. Y lo digo de verdad. Porque nosotros tenemos una educación puntera. De hecho, cada vez que llega un Gobierno la mejora y hace una nueva ley para incrementar las capacidades de nuestros alumnos. En las universidades dicen que hubo una vez en la que se dio una asignatura que tenía que ver algo con la realidad laboral que se iban a encontrar los alumnos. Es más, a mi eso de que los maestros sean un colega más en las clases me parece perfecto y altamente democrático. De hecho, estoy con los que piensan que ponerles notas a los niños es de fascista, retrógrado y abusón. Lo dicho, que nos tienen manía. Que para qué queremos nosotros mejorar nuestra educación si podemos tener al 50% de los jóvenes disfrutando de su tiempo libre. Con lo que le gusta a una madre tener a sus hijos en casa. 

Las verdades del CIS

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 8 de octubre de 2012 a las 18:44

El barómetro de septiembre del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) que se presentó ayer registra el mayor nivel de preocupación ciudadana por los políticos y sus partidos de la serie histórica. Un 73,2% de los encuestados considera que la situación política española es “mala” o “muy mala”, mientras que sólo un 3,1 la ve “buena” o “muy buena”. Además, según el sondeo del CIS, un 41,4% de los españoles considera que la situación política del país está peor que hace un año, mientras que un 35,5 cree que esta misma situación empeorará en los próximos meses. Estos son los datos, fríos, determinantes, absolutamente despojados de calificativos. Sólo el paro y la situación económica están por delante entre las preocupaciones de los españoles. Impresionante.

Cada vez que uno trata de este tema con un político, la respuesta que éste da oscila entre un encogimiento de hombros con cara de “qué le vamos a hacer” a una rotunda descalificación del enfoque de la encuesta, pasando por los que directamente admiten que en muchas ocasiones son para matarlos -figuradamente, por supuesto-. De hecho, no es la primera vez que este blog se refiere a la credibilidad de nuestros representantes públicos, quienes se han ganado a pulso su consideración social por numerosas cuestiones.

Tenemos a los que son preocupantes porque a veces dicen lo que piensan y se ponen ellos mismos en evidencia. Ahí situamos al egregio José Manuel Castelao, que este fin de semana tuvo a bien decir que “las mujeres son como las leyes. Están para violarlas”. Dimitió cinco minutos después de decir semejante sandez, aunque seguro que más que por convicción propia lo hizo por intercesión ajena.

Tenemos también a los que se marchan porque, al parecer, son amigos de lo ajeno. Claro que a estos les cuesta irse más que a las manchas lavadas en agua fría. Ahí está el reciente caso del alcalde Orense, Francisco Rodríguez, quien dejó el cargo tras varios días de tiras y aflojas con su partido después de pasar un par de noches de calabozo implicado en la operación Pokemon -adoro la imaginación de los policías que les dan nombres a sus acciones- por haber aceptado, presuntamente, unos sobornillos de nada.

Tenemos también a los que no se van así los echen. De estos hay centenares, con especial incidencia en el Levante español, donde parece que nadie dio en clase la forma de conjugar el verbo dimitir. No incidiré más en ellos, pues ya hablamos en los papeles demasiado de sus tropelías.

Y tenemos a los que ni se van, ni lo harán ni entienden nada de lo que pasa. Ahí hay un amplia representación de concejales, diputados, senadores y otras hierbas que se creen víctimas de una campaña de acoso y derribo cargada de demagogia. Son los que se manifiestan en todo lo manifestable, pero luego censuran movimientos como el del 25-S. Son esos que dicen que del 25-S debe tonar nota el Gobierno como si no fuera con ellos la movida. Son los mismos que se alojan en pisos en propiedad en Madrid al mismo tiempo que reciben ayudas de manutención del Congreso mientras en España hay 6 millones de parados. Muchos de ellos son los mismos que hace 15 ó 20 ó 10 años estaban en las juventudes de algún partido buscando cuelo y que han prosperado en el mágico mundo del medrar, trepar y escalar. Muchos son de esos que ostentan un currículum de etiqueta de anís del Mono mientras dan lecciones de economía aplicada.

Pero no todos son así. No perdamos la esperanza. También hay quien se mete en esto por el bien de sus vecinos. Hay muchos que no cobran, que sacan de su tiempo libre las horas para gestionar los asuntos de sus vecinos. Paseense ustedes por los pueblos de este país y verán quiénes son los políticos de verdad. A esos seguro que nadie les dice nada. Bueno sí, a esos los machacan desde instancias superiores. No vaya a ser que cunda el ejemplo y alguno deba mirarse al espejo.

Carrillo, Cañero y la demagogia

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 23 de septiembre de 2012 a las 10:41

El mismo día en que España se despedía de un hombre clave para su historia reciente, la izquierda cordobesa dejaba plantado Cabalcor. El mismo día en que se incenaraban los restos de un político que fue capaz de evolucionar en sus ideas, unos aprendices de brujo demostraban en Córdoba que la involución aún es posible. El mismo día en que los restos Santiago Carrrillo descansaban para siempre, la cortedad de miras de los líderes políticos volvía a resucitar los fantasmas de la vieja España en nuestra ciudad cuando, los mismos que horas antes glosaban la trayectoria de un hombre que supo dejar atrás extremismos sin sentido y odios atávicos, se plantaron con silbatos y banderas en Caballerizas por el homenaje a Antonio Cañero.

Santiago Carrillo, a quien siempre recordaran unos por sus concesiones en la Transición y otros por la matanza de Paracuellos, demostró en sus 97 años que el ser humano es capaz de pasar de la ortodoxia estalinista al europeísmo democrático. Antonio Cañero, maestro del rejoneo y patriota para unos y sádico asesino genocida para otros, también demostró su humanidad legando a Córdoba los metros suficientes para construir un barrio que hoy lleva su nombre. Ambos tienen luces y sombras y a ambos se ha utilizado esta semana como excusa de feria para hacer política barata y populismo de tres al cuarto.

Carrillo y Cañero representan las dos caras de esa España a la que cantó Machado cuando el país se desangraba camino de la catástrofe impulsado por la intransigencia de unos y el odio de otros (da igual el orden). De aquella contienda que sumió a España en 40 años de dictadura tenebrosa, miedo, atraso y persecución hay quien quiere hacer hoy argumentario político. Del dolor de hace ya 75 años se sigue haciendo pancarta hoy día ante la incapacidad de articular discursos contemporáneos, soluciones a la crisis y alternativas económicas. Del mismo modo que Mas aventa el nacionalismo exacerbado en Cataluña para tapar sus fracasos, en Córdoba se ha querido hacer de un homenaje bandera de guerra entre los buenos y los malos, entre los demócratas y los fascistas, entre los obreros y los señoritos.

Desconozco si Cañero se dedicaba a alancear rojos desde su caballo tanto como si Carillo dio la orden de fusilar a varios miles de personas en Paracuellos. La historia y los historiadores son los que deben narrar, que no juzgar, aquello que pasó más de siete décadas atrás. Lo que sí sé es que en estos tiempos de desesperanza y oscuridad económica, la demagogia no debería ser la línea argumental de quienes están llamados a dar soluciones; no a crear más problemas. Nos desangramos mientras los médicos deciden si el color de la bata para operar debe ser verde o blanco. Pena de país.

Nieto tiene un plan

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 16 de septiembre de 2012 a las 10:06

Flotaba en el ambiente la sensación de que este primer año de José Antonio Nieto al frente de la Alcaldía no es que hubiera sido muy productivo. Las labores de encaje al llegar, unidas a las de poda y reacomodación de la estructura municipal habían trasladado a la ciudadanía cierta impresión de que su alcalde estaba haciendo por sacar a la ciudad de este agujero poco más que gestionar la ruina municipal –que tampoco es poco–. Al mismo tiempo, y en el ámbito político, el cierre de la sempiterna crisis del PSOE local y la presencia cada vez más visible de IU en el Gobierno de la Junta empezaba a obligar al Partido Popular a ponerse las pilas para que nadie les distraiga la atracción de los focos y la primera plana informativa. No está la cosa para regalar espacio y titulares a la competencia por mucho que ésta esté diezmada y se disfrute de una mayoría absoluta. Visto esto, el alcalde anduvo rápido y a la vuelta de las vacaciones dio el golpe de efecto.

José Antonio Nieto convocó la semana pasada por sorpresa el debate sobre el estado de la ciudad, con apenas cuato días para que la oposición ahormase su discurso y preparase un frente de batalla. El regidor ganó por la mano a la hora de citar y, después, lo hizo en los argumentios al sacarse de la mano una completa batería de ideas para relanzar la ciudad. El plan Córdoba 10 es el nuevo mantra municipal, el libro sagrado de los chicos del PP para desarrollar su gestión en los próximos años. Es una iniciativa buena. En el sentido literal porque tiene mucho de buenismo de actuación. En el sentido político es tan amplio y difuso que en él caben todas las piezas que se quieran meter. Vamos que cabe hasta el ascenso del Córdoba.

Está bien que Nieto enseñe sus cartas, marque su rumbo y ponga negro sobre blanco cuáles son sus objetivos. Nos saca así de la atonía en la que estábamos metidos y nos da a los periodistas material para escribir unas cuantas veces. Le falla un poco al tema la concreción, un verbo poco conjugado en Córdoba. Esta ciudad ha vivido ya unos cuantos planes de actuación y ha sido la meca de los maquetistas de medio mundo por lo que en esos planes se ponía. (De este mal se libra el programa nietil porque la maqueta del centro de congresos está ya construida a tamaño real). Ahora sólo falta que el regidor cordobés, una vez impulsado su ideario, le dé el mismo impulso a gran parte de su equipo. Porque al alcalde le hace falta un número dos que salga y dé vidilla casi tanto como que sus concejales salgan a la palestra y nos cuenten exactamente qué es lo que hacen. Salvando honrosas excepciones, lo cierto es que no está muy claro qué se está gestado en Capitulares. Y no estaría de más saberlo.

El sillón de Mas

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 12 de septiembre de 2012 a las 13:06

Nunca me ha gustado Artur Mas. Lo reconozco. Siempre he visto en él la imagen del político arribista, del hombre capaz de cualquier cosa con tal de llegar al poder. Al lado de Jordi Pujol, a quien considero uno de los políticos clave para entender la España actual, Mas me parece de una mediocridad insultante. Siempre he pensado en él con la imagen del niño rico mimado, ése que lloraba y pataleaba en el patio del colegio cuando no le pasaban la pelota. Ése que siempre llevaba las zapatillas de última generación aunque fuese el peor del mundo haciendo deporte. El típico niño que se llevaba el balón si no se hacían las cosas como él quería. Lo ocurrido estos días refuerza mi impresión.

Ayer vimos una impresionante demostración de fuerza del nacionalismo catalán, un sentimiento que existe desde siempre en un pueblo cuya tradición cultural e histórica es innegable. No seré yo quien censure a aquellos que defienden pacíficamente sus ideales. Es más, hace mucho que considero que debemos empezar a reconsiderar seriamente muchas de las aristas de nuestra estructura estatal. La manifestación de ayer con motivo de la Diada y el más que probable arrollador triunfo del nacionalismo en las próximas elecciones del País Vasco así lo reflejan. España es un país diverso, multicolor y multicultural y es posible que sea hora de ahondar en esa diversidad, aunque a título individual podamos pensar que una independencia de Cataluña o el País Vasco en estos tiempos de globalización carezca de sentido.

Volviendo al inefable Artur Mas, creo que ayer dio una nueva muestra de su mediocridad como gobernante y su cobardía como político. Es cierto que Artur se ha encontrado Cataluña hecha un solar después de los tripartitos de izquierdas de Maragall y Montilla. Las deudas le acosan y no puede pagar muchos de los servicios básicos -muchos otros no tan básicos- de los que se dotó Cataluña en la época de vacas gordas. Y como el examen de gestión a afrontar es muy gordo y no hemos estudiado, el presidente catalán -insisto en que sólo considero president a Pujol- ha reaccionado como el niño malcriado que es, pataleando y azuzando fantasmas de ruptura que ni él mismo es capaz de medir. Porque, si bien es cierto que en Cataluña hay un sentimiento nacional no lo es menos que Mas no habría tenido la ocurrencia de echar leña a las brasas independentistas si papá Estado le hubiera dado todo lo que quiere. Si el Gobierno de Madrid se hubiera plegado ante sus demandas y le hubiera dado el rescate sin pedir nada a cambio o le otorgase su famosa independencia fiscal haciendo palmas con las orejas tengo bien claro que Artur no se habría echado al monte.
Le pasa a Mas lo que a los pésimos gobernantes que dirigieron Europa en la crisis del 29, el miedo ante la situación lo ha paralizado y le impide ver más allá de los árboles. Aventar radicalismos en esta época no puede llevar más que a incrementar las tensiones, la persecución del que es diferente y la insumisión del que se considera perseguido. A la propia CiU este coqueteo indecoroso le puede pasar una enorme factura si Madrid cede ante sus objetivos a cambio de que dé pasos hacia atrás en su desafío. Esa hipótesis sería vista como una traición a los cientos de miles de personas que ayer recorrieron Barcelona creyéndose de veras que el Gobierno catalán está dispuesto a llegar al final de su órdago. Ese escenario asomaría aún más a los convergentes al abismo.

Tensión, desafío, ruptura y miedo. Miserias de unos políticos mediocres y rastreros. Mas reta al Estado español y lo hace del modo más cobarde posible. Llama a manifestarse y luego se esconde para no encabezar la marcha. Hay que ser irresponsable y, si se me permite, cobarde para actuar así. Y todo por un sillón.

El próximo parado, ¿un diputado?

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 22 de julio de 2012 a las 10:21

La gente esta definitivamente harta. Lo demostró el jueves. La calle fue un clamor contra la política de un Gobierno que transmite de todo menos confianza, contra unas medidas que no gustan a nadie ni nada bueno auguran, contra unos políticos que cada vez representan menos. El jueves hubo una fiesta de la democracia, y entiéndaseme bien cuando hablo de fiesta. Me refiero a que los ciudadanos salieron en masa a ejercer pacíficamente su derecho a protestar, a gritar bien fuerte que ya está bien de machacar siempre por el mismo lado, que ya va siendo hora de ver alguna medida que caiga para otro lugar, que no se puede ir por la vida con mentiras, medias verdades y falsedades claras. Hubo médicos, bomberos, policías, enfermeros, maestros, funcionarios dela Administración. Ytambién hubo albañiles, arquitectos, periodistas, mecánicos, emprendedores asfixiados… Todos unidos por la impotencia y el miedo del vacío.

El mismo día en el que el PP tiraba de la mayoría absoluta que los españoles le concedieron (no lo olvidemos tampoco) para aprobar su nuevo plan de recortes, el país decía basta en la calle. De modo pacifico, armados los manifestantes sólo con la fuerza de sus gargantas. Sin violencias gratuitas, sin provocaciones a unos policías que sufren el doble calvario de verse ajustados y tener que velar por el orden. Pocas horas antes, en el Congreso de los Diputados, un Gobierno con preocupantes síntomas de estar noqueado defendía sus ajustes, los que le marcan desde Europa, ante una oposición que lo abandonaba a su suerte. Y no porque ofrezca alternativas, sino porque si esto sigue así a ver cuanto aguanta Rajoy en el machito. Especialmente duro fue el portavoz socialista. Rubalcaba arremetió con dureza, con la que tendría un hombre libre de pasado. No es su caso. Él estaba allí cuando esto empezó. Él estaba allí cuando se tomaron las primeras medidas. Pero eso se le ha olvidado. Ahora brama contra la misma Europa en la que su compañero Almunia pide apretarnos hasta sacarnos los higadillos. Incluso se permite mandar a los suyos a las manifestaciones. Como si no hubieran sido cómplices del gasto desenfrenado, del engorde hasta la obesidad dela Administración, del despilfarro en fastos y ayudas estériles, de la política fácil. De la negación.

Pero no iba a hablar de esto. Me refería a la fiesta del pueblo. Un pueblo al que la angustia y el miedo ante el frío otoño que se avecina han despertado. Los ciudadanos están hartos y gritan que el próximo parado sea un diputado. No será así. Eso será lo último, si es que alguna vez ocurre. Antes caeremos todos. Y por eso protestamos, porque en la calle hace mucho frío y allí no hay burbujas, ni moquetas ni discursos. A nosotros nos estallo la burbuja en las manos, a ellos va camino y todavía no lo saben.

Adiós a las extras

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 17 de julio de 2012 a las 19:01

Parece que a la vista del follón que se ha liado con la decisión del Gobierno de retirarle la paga extra de diciembre a los funcionarios, en el PP han saltado todas las señales de alarma y ahora toca recular y dar ejemplo. Llevados por las “afortunadas” declaraciones de esa estrella mediática que es Andrea Fabra y por tener el gran mérito de lograr que todos los funcionarios del país se hayan levantado en armas, los populares buscan ahora denodadamente la forma de salvar la cara. Ahí se enmarca la comunicación en cadena de que todos los concejales, diputados provinciales, parlamentarios andaluces, senadores y diputados en Cortes renuncian al estipendio navideño y ahí se incluye, también, el anuncio de Montoro hace un rato en el Congreso de que los empleados públicos que ganen menos de 962 euros quedan exentos de la retirada de dicha paga. Medidas nuevamente desesperadas y a la carrera para intentar tapar un agujero cada vez más grande entre la sociedad y los populares.

Ignoro si este anuncio de los cargos del PP servirá para algo, pues en todos los corrillos, foros, web o redes sociales en las que uno navegue lo que se encuentra es rechazo, no sólo al PP sino a toda la clase política en general. Al rebufo de los populares, en IU ya han anunciado que renuncia a los dineros decembrinos y han reclamado que se destinen en Córdoba a un fondo de inversión que cree empleo. Una salida imaginativa para una decisión ineludible. En el PSOE han tardado en aclararse. Mientras la Junta despliega toda su fanfarria – en una nueva y preocupante mezcla de áreas de partido e institucionales- para decir que repone la extra de julio a su personal, los ediles de la capital optaron por aceptar la retirada de la paga tras unas dudas iniciales.

Todos, unos y otros, obvian una realidad que va mucho más allá de gestos concretos y momentáneos. Mientras la crisis se está llevando por delante miles de puestos de trabajo, mientras el horizonte pinta más que negro para otros tantos miles, los partidos siguen de espaldas a una realidad social en la que se les exigen medidas contundentes. Contundentes con ellos mismos, con su situación, con sus subvenciones, con sus dietas, con todo lo que les rodea. Los partidos siguen sin ver la crisis de representatividad en la que están sumidos, siguen sin escuchar lemas en los que se pide que el próximo parado sea un diputado, siguen sin aligerar las macroestructuras públicas cargadas de empresas, agencias y sociedades de escasa o nula utilidad. Nuestros políticos ponen cara circunspecta, hablan de lo mal que está la cosa, pero ignoran que al ciudadano de a pie, ése que tiene vida más allá de ser votante, le importa un rábano lo que le prometan. Ese ciudadano convive con la angustia de saber si su empresa seguirá a flote, de si logrará un empleo, aunque sea precario, de si no se quedará en la calle porque la hipoteca ahoga más que aprieta, de si…. Ésta es la situación real en la que vivimos y como más de uno no se entere y reaccione, más temprano que tarde será común ver una escena que ahora llama la atención: la del personal persiguiendo al político para partirle la cara. La cosa está así de mal.

Sus recortes

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 8 de julio de 2012 a las 10:00

Vaya uno donde vaya en los últimos tiempos, la conversación que se repite con más frecuencia es lo mal que está todo, lo dura que está siendo la crisis y la necesidad de salir adelante a través de acuerdos y decisiones que nos hagan el menor daño posible y nos rescaten cuanto antes. No hay bar, restaurante, tienda, gran superficie, piscina o cola en la que uno no escuche al prójimo quejarse amargamente y maldecir la suerte que nos ha tocado vivir. Eso y señalar a los culpables.

En eso, esta semana, la Audiencia Nacional ha decidido imputar al anterior consejo de Bankia, con Rodrigo Rato a la cabeza, por una retahíla de posibles delitos que se sustancian en que no hicieron lo que debían hacer en el gobierno de su entidad. El mismo día, la Fiscalía de Barcelona ponía el ojo en los directivos de Catalunya Caixa y sus retribuciones y demás cobros. Ser banquero se ha convertido en profesión de riesgo últimamente y parece que hemos encontrado un nuevo chivo en el que expiar las culpas. A raíz de las imputaciones de Bankia, además, hemos vuelto a ver las vergüenzas de nuestros representantes públicos, divididos casi a partes iguales entre considerar prematura la decisión de la Audiencia o defenderla y reclamar que se llegue hasta las profundidades abisales que nos llevaron al presente crack económico. (Que tiemble Felipe II).

Políticos y sindicatos. Sindicatos y políticos. Todos piden responsabilidades al tiempo que dicen que estamos así porque hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Usted y yo, no ellos, que son unos sufridos trabajadores que sólo miran por nuestro bien y porque no nos ocurra nada malo. Ellos no estuvieron sentados en los consejos de administración de las cajas de ahorros aplaudiendo las decisiones que llenaban de ladrillos y suelos los balances de las entidades; ellos no supieron nunca nada de los créditos dudosos o amistosos que se concedieron por doquier; ellos nunca aplaudieron el incremento desmesurado de la concesión de hipotecas al precio que fuera. No, ellos no estuvieron allí.

Tenemos la mala suerte, no sólo en este santo país, pero como somos de aquí hablaremos de lo nuestro, de ser víctimas de una clase política cuyo principal problema es precisamente ése, ser clase. Nuestros próceres de la patria –ya sea ésta local, provincial, regional o nacional– son unos inocentes servidores públicos que se dedican a bregar con esta crisis empeñados en sacarnos a toda costa. Debemos apretarnos el cinturón, perder pagas, renunciar a derechos y abonar más impuestos. Es cierto, debemos hacerlo. Por responsabilidad. Ellos, a cambio, se comprometen a llenar los escaños del Congreso, pagarse sus viajes, sus móviles, sus ipad, renunciar a las dietas por comisiones y, por supuesto, rebajarse sus paupérrimas nóminas. Incluso están dispuestos a adelgazar los cargos y recuperar el amor a la política como servicio y no como medio de sustento. Se van a aplicar los recortes…. y después se pondrán las mechas. 

IU, entre predicar y dar trigo

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 1 de julio de 2012 a las 10:00

“Muy difícil, muy difícil”. Con esta claridad expresó el exalcalde de Puente Genil y parlamentario andaluz Manuel Baena la relación entre su partido y el PSOE en estos cuatro próximos años. Baena fue uno de los tres diputados de IU que no refrendó el miércoles el plan de recortes aprobado por el Gobierno andaluz que tiene en pie de guerra a los trabajadores dela Sanidadola Educaciónde la comunidad. En el primer asunto de enjundia que tenía que respaldar la coalición surgida de las urnas el 25 de marzo, el 25% del grupo parlamentario de IU se desmarcaba de las directrices impuestas por su dirección política y, si bien no impedía que las medidas salieran adelante, sí que ponía sobre la mesa el abismo que separa lo prometido de lo hecho por el socio más a la izquierda del Ejecutivo andaluz. Tal es esa distancia que José Manuel Sánchez Gordillo, el peculiar alcalde de Marinaleda, afirmaba ese mismo día que “IU perdería la mitad de sus votos si hubiera elecciones anticipadas ahora”.

 

El partido que lidera Diego Valderas está ante el espejo. En apenas tres meses de cogobierno, IU ya le ha visto la cara más desagradable a la gestión. Para muchos es cómplice de unos ajustes que tienen en pie de guerra a los médicos andaluces y que en Córdoba puede provocar el bloqueo del Reina Sofía si los facultativos hacen todo aquello que dicen que van a hacer. En este tiempo, además, la coalición se ha visto absorbida por los ritmos y el paso que le marcaba su socio socialista. Dos meses después de alcanzar el Gobierno, IU ve cómo tiene que amenazar con nombrar por su cuenta a sus representantes en las provincias porque el proceso congresual que debe mantener a Griñán en su cargo ha hecho al PSOE demorar sus caras en busca de mantener sus equilibrios internos. Al mismo tiempo, estos nombramientos son una nueva prueba de fuego para Valderas, acusado desde Córdoba y Sevilla de saltarse los procedimientos internos de su propio partido,  de imponer nombres y rostros en las consejerías sin tener en cuenta a sus ejecutivas provinciales y de haber promovido un nepotismo en sus primeras decisiones que poco tiene en común con el mérito y capacidad que siempre ha defendido desde la oposición. Por último, el sainete en el que amenaza convertirse la comisión de los ERE, limitada a tres meses de investigación, y además los de verano, puede pasarle una importante factura a IU.

 

Y, todo esto ¿podrá con el cogobierno? Si la coalición no logra imponer un mínimo de sus criterios en los próximos presupuestos y la realidad tozuda de la crisis vence al idealismo un tanto cándido de la federación no creo yo que dure demasiado la cosa. IU sufre la misma medicina que le aplicó ella al PSOE cuando eran socios en Córdoba: lo bueno que hacen se lo queda el otro y de lo malo los dos son culpables. En esa situación los equilibrios internos entre los chicos de Valderas pueden saltar por los aires en nada de tiempo y abocar a un adelanto electoral. Un adelanto que, por cierto, no creo que Griñán mire con malos ojos ante el desgaste del PP en Madrid y la refundación que debe afrontar el partido con la salida de Arenas y su sustitución por Zoido. Veremos qué pasa. Es la diferencia entre predicar y dar trigo.