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El ojo ajeno

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 2 de noviembre de 2014 a las 8:31

Si no fallan las previsiones, la encuesta que hará publica mañana el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) situará a Podemos como primera fuerza política en intención de voto directo. El partido de Pablo Iglesias galopa sin freno hacia un espectacular resultado electoral aupado por la crisis, el hartazgo de los ciudadanos y la incapacidad de los partidos tradicionales para plantarle cara. Con un mensaje que mezcla el populismo, la utopía y algunas ideas felices, el profesor madrileño se está metiendo en el bolsillo a una ciudadanía harta de lo que ve, cansada de asistir día sí, día también a un desfile de casos de corrupción que sonroja y desesperanzada porque la recuperación, por mucho que se empeñe en decir el Gobierno, no se nota a pie de calle. El caldo de cultivo ideal para que crezca Podemos.

Y frente a esto, ¿que hacen las fuerzas tradicionales? Nada. Bueno sí, lo de siempre, gritar a voz en cuello eso del “y tú más” y tentarse la ropa en un ataque de histeria que les tiene bloqueados. Como muestra basta ver la gestión de la escandalosa operación Púnica -habría que hacer doctor honores causa a quien pone los nombres de los operativos en la Guardia Civil- durante esta semana. Hemos asistido a un rosario de gruñidos, quejidos, lamentos y bufidos que retratan a la perfección a la clase política que padecemos en la actualidad. Ignorantes de lo que de verdad piensa la gente en la calle, nuestros políticos han vuelto a tirarse los trastos a la cabeza, han vuelto a condenar sin paliativos la corrupción ajena mientras olvidan la propia y han vuelto a abochornar a una población que no cree justo estar representada por tan lamentables aspirantes a prohombre.

Porque tanto el PP como el PSOE lo mejor que pueden hacer estos días es callarse, fustigarse en público, pedir perdón a todas horas y actuar con rapidez para evitar que volvamos a sufrir comportamientos como estos. Lo de la operación Púnica les coge a ambos, pues de ambos partidos han salido presos altos cargos. Es cierto que más del PP, pero el PSOE tiene a sus espaldas ya tantos corruptos que no debería alegrarse de los ajenos. Urge un pacto de limpieza, un acuerdo en el que se impliquen todos y en el que se busque el bien común por encima del particular. Como ocurrió cuando la sociedad obligó a pactar contra ETA, el clamor de la calle es tal que mucho están tardando estos chiquilicuatres en sentarse a acordar medidas contra los golfos y truhanes que pueblan muchos despachos de este país.

Pablo Iglesias, mientras, se frota las manos y disfruta de la campaña electoral gratuita que le están haciendo. Espera tranquilo a que los jueces sigan sacando basura de las moquetas y promete limpieza de sangre y ajuste de cuentas cuando llegue al poder. Entre tanto, PSOE y PP miran la paja en el ojo ajeno obviando la enorme viga que les tapa el propio. A lo mejor mañana el CIS les hace reflexionar. Falta hace porque de lo contrario cualquier día alguien les va parar por la calle y los va a despertar de su mentira de un buen sopapo. Y entonces no habrá ojo ajeno.

El difícil encaje de Ganemos Córdoba

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 26 de octubre de 2014 a las 14:02

El pasado sábado día 18 Ganemos Córdoba decidió que concurrirá a las municipales del próximo mes de mayo como una alternativa más a las ya conocidas de PP, PSOE y UCOR. La plataforma electoral surgida a imagen y semejanza de la que lidera Ada Colau en Barcelona aprobó de forma mayoritaria constituirse como opción a los partidos tradicionales que ya ocupan asientos en el salón de plenos de Capitulares. Ciudadanos anónimos, antiguos militantes de diversas formaciones de izquierdas, Equo e Izquierda Unida se dan la mano en esta iniciativa popular que aspira a desbancar a José Antonio Nieto del Ayuntamiento capitalizando el desencanto y enfado de miles de cordobeses con la crisis económica y la pérdida de derechos durante estos años. Una amalgama muy amplia que tiene en común una serie de parámetros ideológicos de izquierdas, pero que también afronta difíciles problemas de encaje entre sus diversas corrientes. El principal, el modo de acudir a las elecciones.

En la asamblea del pasado sábado, Ganemos Córdoba decidió que concurrirá a las urnas, pero no cómo va a hacerlo: si como coalición de partidos o como candidatura ciudadana. Y aquí está la madre del cordero porque de la determinación de si se hace de una u otra manera saldrá la viabilidad de este movimiento o su propia autodestrucción por discrepancias internas. La cosa es así: Izquierda Unida sólo se plantea integrarse en Ganemos Córdoba si ésta acude a las urnas articulada como una coalición de partidos, una fórmula que le permitiría hacer valer su peso y su capacidad de movilización y organización en la ciudad. Mientras, Equo y un nutrido grupo de impulsores de la formación son más proclives a hacerlo como una candidatura ciudadana o agrupación de electores en la que no haya siglas anteriores ni repartos de poder basados en cuotas. Esto además permitiría testar el respaldo de Ganemos en la calle ya que serían necesarias al menos 5.000 firmas de ciudadanos de Córdoba para avalar la candidatura. ¿Y por qué esta discrepancia? Muy sencillo, si se va a cuotas muchos piensan que IU puede fagocitar el producto final y hacerse con el control absoluto y eso daría al traste con cuanto han venido defendiendo los impulsores de Ganemos desde el principio, muchos de ellos antiguos militantes o cargos de la coalición que ahora no quieren saber nada de ella. Además, en el seno de la formación muchos piensan que ir con las siglas de IU puede lastrarles ya que representa el sistema contra el que se ha venido oponiendo la asamblea ciudadana desde su constitución.

El debate, muy vivo en el muro de Facebook de Ganemos Córdoba, incluye otras dos variables: la Diputación y el reparto de fondos tras los comicios. Respecto a la primera, la candidatura ciudadana o agrupación de electores sería un problema a la hora de lograr las actas que dan derecho a sentarse en el salón de plenos del Palacio de la Merced. Y es que los sufragios obtenidos por esta fórmula electoral no podrían unirse, por ejemplo, a los que IU podría lograr en otras localidades del partido judicial de Córdoba, un hecho que devendría en la pérdida de representación de ésta en beneficio de otras formaciones como el PP o el PSOE. Ganemos Córdoba sólo llevaría a la Diputación aquellos diputados provinciales que obtuviera como consecuencia de su resultado en la capital, una jugada muy arriesgada que no gusta en IU.

Respecto al tema de los fondos, la constitución como coalición de partidos conllevaría un reparto alícuoto del dinero percibido tras los resultados electorales, de manera que cada formación recibiese una parte en función de su fuerza dentro del conjunto. Esto, defendido a capa y espada desde IU, levanta muchas suspicacias en ciertos sectores de Ganemos que rechazan que este dinero pueda ser utilizado posteriormente para labores de intendencia interna de cada partido en lugar de dedicarse íntegramente al mantenimiento y contratación del personal que fuera necesario tras los comicios.

La realidad es que IU se está esforzando y mucho para movilizar a sus bases y que acudan a las asambleas. Su presencia mayoritaria les garantiza vencer en las votaciones ante el otro sector de Ganemos, menos organizado y jerarquizado. Y todo ello con el fondo de ver qué va a pasar con Podemos, que aún no ha dicho su última palabra. La formación de Pablo Iglesias, metida estas semanas e su constitución y organización como partido político, ha dicho que en principio no concurrirá a las municipales, si bien no es una decisión cerrada. De su toma de posición y, sobre todo, de su participación en la asamblea del 9 de noviembre que decidirá qué será Ganemos Córdoba, depende mucho de lo que puede pasar. De momento, el debate y los contactos son constantes y febriles. Y no dejan de dejar cierta sensación de desconfianza entre quienes son ya novios antes de darse el definitivo sí quiero.

La oportunidad sanitaria

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 19 de octubre de 2014 a las 12:06

Que Córdoba es una ciudad que anda como loca buscando un modelo de desarrollo económico no es algo que vayamos a descubrir ahora. El hundimiento de la construcción y la práctica desaparición del otrora impulsor sector joyero, han hecho que la ciudad ande como loca tratando de definir cuáles pueden ser sus vías de crecimiento para el futuro. Se habla del turismo y la agroindustria, pero ambos modelos adolecen hoy en día del mismo problema, la falta de proyectos realmente reflexionados más allá de proyectos esporádicos y buenistas declaraciones de intenciones. La industria está en franco retroceso –si no desaparición– y las potencialidades logísticas que ofrece Córdoba por su ubicación geográfica no parecen seducir a quienes se encargan de dirigir este cortijo. Todo un panorama, vamos.

Quizás por ello, la aparición en el horizonte del ya seguro proyecto de hospital privado del grupo Quirón, junto con los deseos de Prasa por quedarse con la antigua escuela de Agrónomos, la incipiente iniciativa del hospital Averroes y la reforma del hospital San Juan de Dios pueden hacer que la sanidad se aparezca en el horizonte como una vía de desarrollo para la ciudad. Una vía que, por cierto, ya está más que presente a través de proyectos de clínicas de tamaño medio que son referentes, por ejemplo, en el ámbito de la oftalmología o la reproducción asistida o mediante la espléndida labor que el Reina Sofía o el Instituto Maimónides realizan en el tratamiento e investigación de diversos campos de la medicina. Una realidad tangible, por tanto, aunque quienes la protagonizan sean poco dados a hacerla visible en una mezcla de pudor mal disimulado y temor a que su éxito levante la habitual reacción cainita tan propia de esta ciudad.

Córdoba ha sido referente sanitario desde hace muchos años, desde aquellos tiempos de los coroneles del Reina Sofía que se atrevieron con todo e innovaron en mucho. Córdoba lleva años buscando proyectos sanitarios privados que salgan adelante, conocedores sus impulsores de que el potencial de esta ciudad para su éxito es inmenso. Y lo es por varias razones. Por ejemplo: por la calidad del personal que aquí trabaja; por la existencia de facultades de Medicina y Enfermería que pueden nutrir estos centros; por la ubicación geográfica de una capital entre medias de varias provincias sin oferta de este tipo, y, por último, porque la ciudad ofrece unas condiciones espléndidas para acompañar el tiempo que necesiten los tratamientos médicos. Si el sector privado está viendo claro que hay posibilidades en este mercado –aunque tanta oferta pueda parecer en cierto punto imposible de mantener– y desde lo público se apuesta porque el Reina Sofía y el Maimónides sigan siendo vanguardia nacional en la famosa I+D, no parece lógico dudar del potencial de la Córdoba sanitaria. Si ya dimos a Averroes, Maimónides o Al Gafequi, quién le pone puertas al futuro. La oportunidad sanitaria está más que clara, solo queda ayudarla a rodar.

El ‘egosistema’

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 12 de octubre de 2014 a las 8:33

Si hay algo que aborrezco de una enorme mayoría de quienes ocupan cargos de relevancia, públicos y privados, en esta Córdoba de nuestras entretelas es su inagotable capacidad para criticar y desmontar todo lo criticable y desmontable en conciliábulos de todo tipo y después mantener el silencio más absoluto cuando toca hablar en público. Ya dijo Pío Baroja que Córdoba era la ciudad de los discretos. Yo diría que de algo más. Aquí todo el mundo tiene la solución a los problemas de la humanidad, pero pocos son los que los enuncian en público no vaya a ser que venga otro y se apropie de la idea o, simplemente, no vaya a ser que algo cambie y nos obligue a evolucionar. Eso se traduce en una parálisis total en el ámbito de la toma de decisiones, en la presencia perenne de los mismos en los mismos sitios y en una constante sensación de insatisfacción en la que ni unos ni otros son felices, pero en la que todos conviven sin problemas porque nadie viene a enturbiar su tranquilidad. Es triste, pero es así.

Por eso, cuando alguien recién llegado a un cargo se atreve a decir en público lo que dijo el rector el pasado martes en el foro que organizó este periódico en Bodegas Campos, es necesario levantar la voz y alabar en público la iniciativa. José Carlos Gómez Villamandos pidió delante de quienes gobiernan, aspiran a gobernar, hacen oposición o rigen los designios empresariales de esta ciudad que es necesario que Córdoba “deje de mirarse el ombligo”, que avance, que entre todos seamos capaces de sumar para hacer de ésta una provincia mejor, más próspera  y moderna. Pidió que se abandone el egosistema para que podamos poner en pie un ecosistema de apoyo y colaboración. Reclamó, en definitiva, un gran pacto por la innovación en Córdoba, que es lo mismo que pedir un acuerdo para que esta ciudad crezca. Fue un discurso con un punto de utopía, las palabras del recién llegado que no se ha contagiado aún de la atonía en la que viven los supuesto poderes fácticos de la ciudad; la declaración de intenciones de quien tiene la osadía en público de llamar la atención a los que mandan. Y lo hizo asumiendo que la propia Universidad tiene que salir de su ensimismamiento para abrirse a la ciudad y ser agente impulsor de transformaciones.

Igual es porque lo dijo en un foro de la casa o igual es porque uno no deja de ser un iluso, pero las palabras del rector se me aparecen como una bocanada de aire fresco en un entorno tan viciado que a veces es irrespirable. Irrespirable por la parálisis de quienes gobiernan; por su tendencia al enfrentamiento más que al consenso; por la fijación de quienes quieren mandar en tratar de llegar a los sitios por la vía de la demolición más que por la de la sustitución; por la insoportable condescendencia de quienes viven en contra de todo sin aportar nada; por la exasperante presencia de quienes quieren arreglarlo todo desde su pensamiento único, y, por qué no decirlo, por el acomodamiento en el que los medios nos situamos a menudo temerosos de perder nuestro sitio.

Y mientras, la que pierde es Córdoba, su futuro y nuestros hijos. Muchos dicen que el rector es un iluso al que ya se le pasará todo. Esperemos que no ocurra. Yo prefiero rebelarme contra el egosistema.

La burbuja cultural

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 5 de octubre de 2014 a las 9:20

Hace poco más de tres años Córdoba vivía inmersa en un entusiasmo cultural. El horizonte de la “segura” consecución de la Capitalidad Cultural Europea había sumido a la ciudad y a sus dirigentes en la euforia de la burbuja cultural. En una ciudad tan dada a descubrir la piedra filosofal cada cuatro días, el mundo cultureta campaba a sus anchas, se sucedían las propuestas y decenas de gestores culturales florecían como las setas ofreciendo proyectos de lo más variopinto y diverso. Era la hora de buscar la nueva vía de desarrollo de la ciudad: cultura y patrimonio eran el camino. Hablar entonces de turismo era casi anatema y uno corría el riesgo de ser excomulgado si ponía en duda la viabilidad de ese modelo de Córdoba. Hasta que llegó el chasco.

Esta semana, algo más de tres años y pico después de que el amigo Manfredo Gaulhoffer nos diera con la puerta en las narices, varios acontecimientos nos han demostrado que de aquella efervescencia apenas quedan rescoldos alrededor de una Cosmopoética víctima de los recortes –y eso que este año la cosa está bastante mejor– y de un resucitado proyecto de biblioteca central que, cual Lázaro evangélico, sorprendió a todos levantándose y andando desde su propia tumba. De lo demás, nada. Y a los hechos me remito.

El Gobierno central presentó sus presupuestos el martes sentenciando definitivamente a muerte al nuevo Bellas Artes y al Archivo Histórico y mofándose de quienes creen que verán la casa de los Páez reabierta como museo Arqueológico. La lectura es simple: si no hay pasta para carreteras cómo la va a haber para estos dispendios. ¿Habrase visto semejante osadía? Pedigüeños.

c4El mismo martes, la Junta abría el C4 –se seguirá llamando así por mucho que se empeñe Luciano– para que todo el que estuviera parado o de descanso pudiera visitarlo. El edificio es ciertamente espectacular y bonito por dentro (ahí hay que darle la enhorabuena a Nieto y Sobejano), pero es un auténtica lástima que vaya camino de un quinquenio de indecisión y pseudoabandono. Ahora, dice Cultura que en breve comenzará a arreglar los alrededores y sacará a concurso su dirección, pero a uno le asaltan millones de dudas cuando le cuentan que aquello será una especie de laboratorio multidisciplinar de creación. Y en museo de más de 30 millones, por cierto. Me lo expliquen por favor.

Y para terminar la semanita hoy los músicos de la Orquesta salen a la calle para pedirle a las administraciones que se mojen y pongan la pasta suficiente para mantenerla viva. No piden para dispendios, no, piden para garantizar sus nóminas y el pan de sus hijos. Las administraciones, mientras, callan. Nieto promete más dinero si la Junta –que calla– también se estira y Fuentes tercia enseñando sin abrir la cartera. Y mientras, Córdoba se encamina a perder una seña de identidad de ciudad ilustrada, culta, formada, crisol de occidente… Todas esas palabras con las que se llenan los vacuos discursos oficiales en los actos protocolarios.

Hubo un tiempo en el que se creyó en los proyectos culturales para esta ciudad. ¿Lo recuerdan? No fue hace tanto.

 

Primarias de las buenas

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 28 de septiembre de 2014 a las 8:21

Lo confieso, soy un fan incondicional de las primarias. Y si son abiertas, más todavía. Creo que en un sistema democrático como el nuestro no hay nada más ejemplar que el que sean los ciudadanos, militantes o no, los que elijan a quienes les van a representar mediante un procedimiento de puertas y ventanas abiertas. Democracia en estado puro, debate, confrontación de ideas y proyectos, ejercicio intelectual de decisión entre opciones que, partiendo de una línea común, ofrecen diferentes formas de ejecutar su acción. Primarias de las buenas. A la americana o a la francesa, con sus campañas electorales, sus lobbies de apoyo, sus candidatos haciéndose fotos y poniéndolas en carteles… Vamos, todo el circo que rodea la gran fiesta de la democracia. Primarias de verdad, de las buenas.

Estos días vivimos también un proceso de primarias de calado en Córdoba. El PSOE se ha lanzado a un ejercicio de democracia abierta y participativa para ponerle rostro a quien será su candidato en las municipales de 2015 y pugnará con José Antonio Nieto, Rafael Gómez y alguien del conglomerado Ganemos por ocupar e sillón noble de Capitulares. Andan, por tanto, los socialistas deshojando la margarita, debatiendo abiertamente cuáles son sus mejores opciones, fomentando la libre competencia entre iguales para darle a sus militantes –lástima que no hayan optado por el modelo francés– la opción de respaldar a quien mejor consideren. Como hicieron en las primarias de Susana Díaz o en las de Pedro Sánchez, ejercicios abiertos de participación en los que no hubo injerencias de ningún tipo y todo fueron facilidades para quienes quisieron optar a la nominación. La dirección provincial y la regional no tienen papel alguno en el proceso y los diferentes contrincantes toman sus decisiones de optar libres de toda carga y presión y conscientes de que el proceso de “reflexión personal profunda” –tres palabras a subrayar en todos estos procesos– lleva a tomar la determinación definitiva de optar al cargo más importante de cuantos, en mi humilde opinión, puede ostentar quien quiere realmente a su ciudad. Una fiesta de la democracia, en definitiva, de la que saldrá la cara del cartel de mayo.

Pero claro, siempre hay quien quiere estropear la cosa y va por libre, se presenta sin valorar el ambiente y rompe la paz y la fraternidad. Que no hay quien entienda que haya quien no lleve a cabo ese proceso de “reflexión personal profunda” libre de injerencias que le lleve a descartarse de la carrera porque es lo mejor para el partido. Que siempre hay quien se empeña en ponerle las cosas difíciles a los militantes y obligarles a definirse en el libre e impoluto proceso de recogida de avales y se empeña en desenterrar tensiones internas olvidadas y superadas en ejercicios de diálogo, consenso y acercamiento de posturas. En definitiva, que siempre hay quien quiere llamar la atención y estropear la fiesta de la democracia.

Imperdonable esto, ahora que habíamos llegado entre todos a un acuerdo en el que teníamos claro por quien optar. Qué desfachatez.

Política de la destrucción

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 22 de septiembre de 2014 a las 10:03

Si hay algo que siempre ha caracterizado a la vida política cordobesa eso ha sido la apuesta por la estrategia del “cuanto peor mejor”. En una ciudad de más de 350.000 habitantes con una ubicación espléndida y unas aún mejores comunicaciones, los dirigentes públicos practican un perfecto diálogo de sordos en el que lo más importante es gritar más alto que el de al lado para rechazar todo lo que este proponga. Así llevamos décadas, por no decir que casi siglos. La otra característica pasa por enumerar proyectos faraónicos que no llevan a ninguna parte para después renunciar a ellos en un ataque de súbito realismo y responsabilidad. Así hemos visto desfilar maquetas e ideas por las páginas de los periódicos sin ningún tipo de pudor.

Esta semana, José Antonio Nieto ha presentado su centro de convenciones, ferias y exposiciones con un discurso en el que recordaba esta tendencia a la marquetería y en el que reclamaba confianza y apoyo para su idea. Lo hacía con un tono duro con el contrincante y con la herencia recibida y también contra algún que otro miembro de a clase empresarial que se ha opuesto con uñas y dientes al recinto del parque joyero.

Personalmente, el proyecto de Suárez y Terrados no me parece ni más bonito ni más feo que otros de los que he escrito con profusión. Tiene, empero, una ventaja sobre los demás, que sale mucho más barato y que, si los hados no se configuran en su contra, tiene un plazo de ejecución mucho menor. Dos aspectos que no deberían caer en saco roto.

Un día después del acto del Góngora, mientras los empresarios del sector turístico aplaudían la posibilidad de que se pase de la madera y la cola al hormigón y el cemento, el coportavoz del PSOE en el Ayuntamiento, Emilio Aumente, comparecía ante los medios para decir que si su partido gobierna (ejem, ejem) tras las próximas municipales se paralizaría el proyecto aunque estuvieran iniciadas las obras. Aumente le dio flojo y fuerte a la estrategia del regidor, denunció lo que creen que son delirios de grandeza y dudó de la viabilidad de que la cosa salga adelante. Y lo dijo un miembro del mismo partido que mantiene cerrado y cogiendo pulgas un museo de alto valor junto al río, que prometió que tendría abierto el centro de recepción de visitantes para tal día como hoy o que defendió un Palacio del Sur que costó 11 millones y del que sólo quedan jaramagos.

Esa forma de hacer política, esta destrucción de todo, esta negación del aire al contrincante es del todo nociva para la ciudad. Uno puede estar de acuerdo o no con un proyecto, pero lo que no puede es amenazar con echarlo abajo si llega al poder. Los tiempos en los que un gobierno se construía sobre las cenizas de otro han pasado y los cordobeses no se merecen esta forma de actuar. El PSOE debería plantearse seriamente esta estrategia de derribo, que no le ha llevado más que a convertirse en una fuerza cuasi marginal en la capital. Igual si en lugar de jugar al derribo propusieran algo alguna vez podrían recuperar el crédito electoral que una vez tuvieron. Que falta les hace.

No me toquen el turismo

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 14 de septiembre de 2014 a las 6:53

Si hay algo que ha dejado clara esta crisis económica es que la salida de Córdoba pasa en gran medida por fomentar su turismo, profesionalizar sus servicios y ampliar su oferta hasta donde le sea posible –que es mucho–. Todos los actores económicos y sociales insisten en que a falta de desarrollar un tejido industrial ligado a lo agroalimentario, ahora mismo no hay más teta a la que agarrarse que a la de los señores y señoras que cogen su coche o su AVE y se acercan a disfrutar de las maravillas patrimoniales y gastronómicas que ofrece no sólo la capital. De hecho, lo poco que se ha impulsado con resultados palpables desde el Ayuntamiento en estos tres años de mandato ha estado vinculado al turismo. Los resultados son un incremento de las pernoctaciones y cierta alegría en los rostros de los hosteleros y hoteleros cuando se les pregunta cómo va la cosa.

Sin embargo, hete aquí que en esta ciudad de cainismos, vendettas personales y memorias elefantiásicas parece que no todo el mundo tiene la misma visión del auge turístico o, al menos, no cree que haya sido tan bueno. Esta semana, la asociación de hostelería oficial, Hostecor, señalaba que las pernoctaciones han crecido más o menos un 5% en verano –unas 50.000 más– pero señalaba que lo habían hecho a costa de bajar precios y del cierre temporal de algún alojamiento. Es decir, felices pero menos. Al día siguiente, la asociación extraoficial Córdoba Apetece matizaba a sus mayores y señalaba que los datos son buenos e ilusionantes y que hay que seguir en el camino de innovar. (Por ahí ha ido este fin de semana la Gastronight, que me da a mi que ha dado más ruido que nueces).

Llama poderosamente la atención la lectura que hace Hostecor del verano hotelero en Córdoba, una época históricamente mala para el sector porque el calor hace que hasta las moscas emigren a Fuengirola. Y doy fe de ello porque me he pasado aquí el agosto y de camino a la redacción sólo he visto turistas mapa en mano y cordobeses con la misma cara de alegría que yo yendo hacia el trabajo. De los demás, sin noticias. O mejor dicho, con muchas noticias en el facebook y el twitter de lo bien que se está en la playa con una cervecita y un cacharrito.

Es por ello que no termino de entender esta decisión de Hostecor de ponerle peros al verano, sobre todo si tenemos en cuenta que su afirmación de la rebaja de precios choca con los datos del IPC, que señalan que los precios hoteleros han subido bastante en lo que va de año. Añadamos además que estas afirmaciones se hacen en la sede de CECO, que mantiene una guerra fría con el Ayuntamiento y los disidentes del turismo desde hace tiempo.

No me gustaría pensar que alrededor de la gallina de los huevos de oro de esta ciudad, el turismo, comienza a crecer el enfrentamiento y la lucha de intereses –más de lo muchísimo que ya hay, quiero decir–. No está Córdoba para andar perdiéndose en más pugnas estériles entre personas que trabajan mucho para sacarla adelante y en un sector del que está naciendo lo mejor y más fresco en esta crisis. Que para pelearse ya están los políticos y los aspirantes a ello. No me toquen el turismo hombre.

 

El espíritu de la Capitalidad

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 7 de septiembre de 2014 a las 19:33

Juan Miguel Moreno Calderón tiene en su haber ser tenido como un hombre de diálogo, cordial y sensato con el que se puede hablar y llegar a acuerdos. Así lo ha demostrado a la lo largo de su carrera profesional y así lo ha evidenciado en estos tres años que lleva como edil de Cultura. En este tiempo es el único concejal del equipo de gobierno del que no se ha escuchado una mala palabra y el único que ha sido capaz de lograr consensos con la oposición. Es más, con una delegación mermada económicamente, ha sido capaz de mantener e incrementar incluso la programación cultural logrando el reconocimiento de todos. Ahora, Moreno Calderón presenta una iniciativa que no debería caer en saco roto: la de recuperar para la cultura el clima fraternal que se generó alrededor del sueño de la Capitalidad y articular así una agenda cultural única en el que todas las administraciones y actores implicados trabajen en la misma dirección. Buena idea ésta que demuestra altura de miras y capacidad de estar por encima de las rencillas de patio de colegio. (Lo que no sabemos es si le traerá dolores de cabeza dentro de su propia casa).

La iniciativa del concejal de Cultura, sin embargo, se puede antojar hasta algo escasa ya que lo que esta ciudad necesita es recuperar el espíritu del 2016, su imagen de unidad, en muchas más cosas que sólo en la agenda cultural. Córdoba padece, sobre todo, un atosigante dato de desempleo que tiene a unas 95.000 personas en el paro en la provincia, la mitad de ellas en la capital. Córdoba sufre una lamentable parálisis en todos sus grandes proyectos, frenados por la incapacidad de muchos y el cortoplacismo de otros tantos. Y el de la Cultura es sólo uno de los puntos en los que es necesario el consenso.

Si algo han demostrado los últimos sondeos electorales y las pasadas europeas es que la ciudadanía está harta de lo que ha habido hasta ahora, del egoísmo partidista, del tacticismo electoral y de la sumisión del bien común a los intereses de uno u otro grupo de poder. Existe en la calle una necesidad de articular nuevas fórmulas que sirvan para algo y que vayan más allá de los tradicionales discursos del victimismo o del “y tú más” que tanto se dan entre nuestros dirigentes políticos. El fenómeno Podemos -con todas las sombras y dudas que pueda suscitar- va camino de convertirse en el catalizador de ese hartazgo y a ese paso no sería de extrañar su irrupción en el panorama municipal.

Sin embargo, eso es lo de menos. Lo de más es que Córdoba necesita de ese espíritu de consenso al que aludía esta semana Moreno Calderón. Necesitamos dirigentes que antepongan lo que a usted o a mí nos preocupa para nuestros hijos al mero cálculo electoral o a los sueños de grandeza individuales.

Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que todos remamos juntos para lograr un objetivo. Esperemos que no haya un futuro cercano en el que no existan ni objetivos por los que luchar unidos. Así de mal estamos.

¿Sobreviviremos al curso?

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 24 de agosto de 2014 a las 7:21

Ya estamos de vuelta. No se engañe, aunque ande aún con el bañador y las chanclas en su descanso playero, mañana comienza a fraguarse el nuevo curso político, económico y social en Córdoba y las perspectivas son de entretenerse mucho. Y no sólo porque sea año preelectoral y tengamos a nuestros políticos y aprendices de brujo con los nervios a flor de piel, si no también porque se van a ver movimientos en muchos ámbitos y organizaciones que pueden dar sorpresas.

En la cosa política el tema está claro. Con Nieto a la búsqueda de su reelección –a ver si lo dice pronto y nos ahorramos papel–, la izquierda oficial entre la deriva del PSOE e IU, la incógnita de Gómez, la irrupción de Podemos y la posible fusión de Ciudadanos y UPyD, el mejunje con el que nos podemos encontrar en Capitulares en mayo del 15 puede ser digno del mayor de los caos. El patio anda nervioso, las encuestas vuelan de un lado para otro con datos más que llamativos y los brujos y aprendices andan comenzando a utilizar esos codos que tan bien han afilado en los últimos meses. Va a estar simpático lo del PSOE con la lucha entre Ambrosio y Torralbo –parece que a Baena no la miran bien para esto desde Sevilla–, una pugna que va a destilar sonrisas públicas y empujones privados. En IU a Pedro García parece que le crecen los enanos, así que a ver con qué se presenta. En Podemos y Ganemos ya veremos qué pasa y en el PP lo sabemos por mucho que a Nieto le crezcan estos meses las voces críticas alrededor y haya hasta quien lo critique.

Pero no sólo de política vive la prensa. En CECO y en la Cámara habrá que ver qué pasa con dos perros viejos –sin ánimo de faltar– como Luis Carreto y Fernández de Mesa, a los que parece que va siendo hora ya de jubilar. Al primero le salen alternativas por doquier, aunque bien harían sus rivales en cuidarse que Carreto sabe nadar bien y no se le conoce nunca haberse hundido. El caso de la Cámara es otra cosa, pospuesto como está su futuro a la decisión del Gobierno sobre estas instituciones y demostrado que a su presidente no le afectan cuestiones de índole ética que sí remueven al resto de los mortales. Habrá lío seguro, porque aunque ambas instituciones estén tiesas a nadie le amarga un dulce por mucho que éste esté ya pegajoso y un tanto pasado.

Del fútbol no hablo, que mañana comenzamos a reencontrarnos con el sueño y eso dará por sí mismo cientos y cientos de titulares. Del Gobierno andaluz, tampoco. Que ahí se va a hacer lo que quiera Susana Díaz, cuando quiera Susana Díaz y como quiera Susana Díaz. Así que es tontería bregar. (Aunque me apuesto algo a que hay elecciones anticipadas).

Y por moverse la cosa se puede mover hasta en el sillón de Osio, que anda la cosa clerical como loca por ver quién va a Madrid a sustituir a Rouco y si ese cambio tendrá consecuencias por esta Diócesis. (Que dicen quienes saben de ella que las aguas andan algo revueltas en el mundo de las sotanas).

Así se plantea la cosa por ahora. No me digan que no se antoja entretenida. ¿Sobreviviremos?