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Pimpinela y el CRV

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 13 de julio de 2014 a las 9:33

Debo reconocer que, transcurridos ya diez años desde que llegué a la dirección de este periódico, aún hay actuaciones políticas que me sorprenden y logran dejarme con la mirada atónita. Lamentablemente, esas decisiones no suelen proceder de determinaciones que impulsen a esta santa ciudad, más bien al contrario suelen ser consecuencia de la impagable capacidad de nuestros egregios líderes para meterse en líos inexplicables y en situaciones estrambóticas.

visitantesEsto es lo que ha pasado esta semana con el Ayuntamiento y la Junta de Andalucía a cuenta de la gestión del centro de recepción de visitantes (CRV) de la Puerta del Puente. El sainete que estos días protagonizan ambas administraciones me podría recordar a ese gran tema de mis mocedades que cantaba el nunca bien ponderado dúo Pimpinela. Sin embargo, respeto demasiado a estos argentinos como para decir que lo que pasa en Córdoba es mejor que su Olvídame y pega la vuelta. ¿Recuerdan? Sí, hombre es ese tema en cuyo estribillo decían: “¿Quién es?/ Soy yo… / ¿Qué vienes a buscar? / A ti… / Y es tarde… / ¿Por qué? / Porque ahora soy yo la que quiere estar sin ti… / Por eso vete, olvida mi nombre, mi cara, mi casa, / Y pega la vuelta…”.

Como les decía respeto demasiado a Pimpinela como para decir que lo que hemos vivido esta semana sea mejor que lo que ellos llevan décadas cantando. Y es que la decisión del Ayuntamiento de renunciar al centro de recepción de visitantes supone un nuevo giro de tuerca en esa relación imposible que mantiene con la Junta y que de por medio va a acabar, una vez más, por salpicar y hacer que Córdoba pierda otra oportunidad. No insistiré en que aquí tengo claro que hay dos culpables. Uno, por dejación de funciones y otro, porque ni come ni deja comer. El Ayuntamiento no se ha dado la misma prisa en licitar la gestión del inmueble que se dio el PP para aforar al Rey Juan Carlos y tantos meses de espera y dilación han convertido algo que no debería ser problemático en otro grano en salve sea la parte. Tampoco la actitud de la Junta ha sido la mejor, convertida como está en ser el peor enemigo de Córdoba –esto no es de ahora, lleva ya bastante tiempo pasando.

Sin embargo, cabría hacer excepciones porque no todos en el Gobierno andaluz piensan igual. Ni siquiera dentro de un mismo partido del Gobierno andaluz. En el PSOE andan con un gran cabreo porque precisamente la decisión escenifica esa poca falta de implicación que tanto se le critica. En el sector Turismo de IU también están molestos porque había un principio de acuerdo que ha torpedeado el sector Fomento de su propio Gobierno y partido. Y en el sector Fomento están encantados porque su jefa, Elena Cortés, sigue demostrando que es martillo de herejes y que con ella no puede nadie.

Y a todo esto el centro es solo eso, centro, un edificio. Porque recibir no recibe nada y los visitantes pasan de largo ante él. Y uno se pregunta: ¿ha ganado alguien en todo este lío? Que yo sepa no. Ni siquiera Pimpinela.

De corruptos y cabreados

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 6 de julio de 2014 a las 9:06

Estamos tan acostumbrados a ella que ya ni nos sorprende. Se ha convertido en nuestra compañera de viaje inseparable durante estos últimos años y ha alcanzado tales de cotas de intensidad y reiteración que muy gordo tiene que ser lo que conozcamos como para que nos saque de esta especie de letargo y amodorramiento en el que estamos sumidos. Sin embargo, hay días en los que a uno le rebela lo que ve, lee u escucha y se da cuenta de que no puede ser normal estar tan rodeado de basura.

Cuando escribo este articulo es jueves por la tarde y desde por la mañana no he hecho más que escuchar nuevos casos de golferancia y mangoneo de todo tipo a mi alrededor. Me he despertado con la noticia de que el contable del instituto Nóos ha decidido cantar –a cambio, eso sí, de obtener un beneficioso trato del fiscal– para narrarnos lo que sospechábamos, que Urdangarín y Torres se montaron un chiringuito de padre y muy señor mío para trincar a manos llenas y que eso de que su organización no tenía ánimo de lucro es tan cierto como lo de los reyes y los padres. Al tiempo, he leído que el primogénito de Pujol, ese prohombre de la patria catalana, tenían la bonita costumbre de mover unas indecentes cantidades de euros con la ayuda de su esposa por países de medio mundo en los que eso de los impuestos y otras obscenidades que aplica la Administración no está muy al uso. Después, he escuchado una grabación en la que el alcalde de un pueblo de Madrid ofrece un trato preferente y algún que otro puesto de trabajo a una edil de otro partido a cambio de su apoyo para un proyecto y he visto al susodicho decir que él no ha hecho nada malo y que del sillón se moverá cuando abdique Felipe VI. Por último, llego a la reunión de temas de por la mañana en el periódico y me cuentan que la Fiscalía ha abierto investigación y aprecia delito en una serie de dobles facturas emitidas en las obras de construcción de la Casa de la Cultura de un pueblo de Córdoba.

La lista podría seguir y ser eterna, pero me quedo aquí que es lo que llevo visto hasta esta hora y en este día. Con un simple vistazo, vemos implicados a familiares regios, hijos de honorables, políticos de varios partidos y adjuntos a la mangancia ávidos por llevárselo caliento (que de estos también hay muchos). Y visto que está la cosa así, uno se pregunta si en este país usted y yo somos los únicos gilipollas que no hemos aprovechado algún momento para poner el cazo. Porque a lo que se ve, todos estos presuntos corruptos (pongamos lo de presuntos para evitar problemas) se han estado cachondeando del personal que cada día se levanta con la ilusa idea de hacer bien su trabajo e intentar sacar este desastre adelante.

Menos mal que nos queda la Justicia, que, aunque lenta y exasperante en no pocas ocasiones, está poniendo a todos estos golfos contra la cuerdas y al menos les está haciendo sudar.

Y luego habrá quien se pregunte por qué hay tanta gente cabreada.

Fiebre de primarias

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 29 de junio de 2014 a las 9:31

PABLO IGLESIAS CREE "INACEPTABLE" QUE EL PE TENGA UN FONDO UNIDO A UNA SICAVHay que ver la que ha liado Pablo Iglesias en este país que anda todo el mundo como loco buscando debajo de las piedras a un militante para que participe y diga cómo hay que atarse los zapatos. Nunca un partido tan desarticulado como Podemos se habría imaginado que su éxito en unas elecciones tan poco glamourosas como las europeas iba a poner boca abajo el panorama político nacional. El profesor universitario y su tropa de jóvenes descontentos, maduros desencantados y mayores cabreados han puesto contra las cuerdas al sistema político español y han provocado una catarata de primarias en las que amenaza con meterse hasta el alcalde de Córdoba (perdón que me da la risa).

Así de pronto, como si fuesen Saulo cayéndose del caballo, los partidos de la izquierda de este país se han dado cuenta de que llevaban décadas pasando ampliamente de sus bases y han decidido que tienen que volver a ellas no vaya a ser que la caída del caballo sea con todo el equipo. En la derecha esto no pasa, que ahí las bases nunca han pintado nada a la hora de elegir a sus líderes ni intención que han hecho de querer mandar algo.

Está la izquierda entregada a sus bases, casi más que Podemos, que en su primer atisbo de organización ya ha comenzado a tirarse piedras a la cabeza. Tenemos al PSOE metido en un proceso para elegir a su secretario general, cargo que cotiza bastante a la baja desde que Zapatero pasó a mejor vida (política) y por el que pelean una serie de señores que se recorren España dando mítines y convenciendo a partidarios porque Susana Díaz decidió a última hora que su momento aún no ha llegado. Que me perdonen los fieles de unos y otros, pero si todo el partido –o casi todo, que siempre quedan irreductibles aldeas galas– andaba rogando a Susana que tomara el mando porque era indiscutiblemente la mejor, que me expliquen a mi qué aval tendrá el que se haga de verdad con el sillón de Rubalcaba. Más aún cuando nada más sentarse en Ferraz, el que salga tendrá que ir a otras primarias para elegir candidato a la Presidencia del Gobierno en las que se quieren presentar quienes no se atreven a presentarse a estas y en las que si no gana el que gane ahora ya me dirán ustedes qué hacemos. Joder, qué lío. En fin, cosas del PSOE, que es único para superarse a sí mismo.

En IU también quieren primarias, aunque por barrios. Las quieren en Andalucía y parece que las quieren en Madrid. En Córdoba no, que aquí los militantes son muy listos y no necesitan tirar de urna y sobre cerrado para elegir a su líder. En la coalición quieren primarias porque a ellos sí que les escama, y mucho, la pupa que les puede hacer Pablo Iglesias como siga captando adeptos. Claro que lo de las primarias en IU es bastante relativo, que ya se sabe que hay un parte del partido, el Partido, a la que eso de no controlar las designaciones no le gusta mucho. Pero bueno, que si hay que hacerlas se hacen.

Y, a todo esto, a uno le da por preguntarse si alguien habrá caído en la cuenta de que más que candidatos por primarias lo que la gente quiere es una serie de ideas primarias: trabajo, propuestas, ética, limpieza, esfuerzo, ejemplaridad… Ya saben, esas cositas que obligan a pensar. Pero claro, eso no se arregla en unas primarias. Y además cansa.

Altura de miras

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 9 de junio de 2014 a las 11:38

Tiene España la fea costumbre de andar siempre poniendo en duda todo lo que logra. No es que lo haga porque tenga un irrefrenable sentido del perfeccionismo, sino que más bien esta tendencia tiene mucho que ver con nuestra capacidad autodestructiva. Aquí para triunfar hay que ser incontestable como Rafa Nadal porque sino siempre habrá alguien que venga a ponerte pegas. El cainismo es deporte nacional y esta semana hemos vuelto a ver un ejemplo. La abdicación de Juan Carlos I ha convulsionado el país más por la pegas que se le puedan poner al monarca que por la importancia histórica del hecho. La marcha del hombre que hizo posible la democracia en España, del estadista más relevante que hemos tenido desde hace muchos siglos se ha visto enturbiada por la habitual tropa de críticos furibundos que todo lo cuestionan. Ponen en duda el papel mismo del Rey en acontecimientos como el 23-F, la demolición del régimen franquista o la entrada en Europa a través de argumentos miopes y cargados de demagogia. Negar que Juan Carlos I ha sido clave para que hoy podamos hablar como lo hacemos es casi tanto como no admitir que vivimos en democracia. El papel del monarca ha sido determinante y, con sus errores, no ha lugar el revisionismo. Más aún cuando en buena medida viene liderado por algunos que no han sido capaces jamás de tomar su ejemplo. Pedir perdón por conductas reprobables como hizo él es algo que no hemos visto nunca en política.

Luego tenemos el debate del referéndum sucesorio, una reclamación legítima pero que está siendo manipulada. Padecemos ahora una corriente que pide revisar la articulación del Estado pasándose por el arco del triunfo la Constitución. El argumento no puede ser más pobre, puesto que decir que el 60% de los votantes actuales no la refrendamos es una perogrullada mayúscula. (Imagínense ustedes este argumento en EEUU, donde la Constitución tiene ya varios siglos). La legitimidad de un posible cambio está fuera de toda duda, pero ha de hacerse como está previsto, a través de las urnas y yendo a unas Cortes Constituyentes que, de paso, retoquen otras muchas cosas que hay que retocar.

Afirmar que hay que hacer un referéndum de inmediato, basado además en unos resultados electorales que, si bien son relevantes, no son ni mucho menos definitivos, es ceder a esa tendencia de este país nuestro de hacerlo todo a la ligera, corriendo y sin pensar las consecuencias de nuestros actos. Todo ello adobado por no poca demagogia y oportunismo. Pretender que los resultados de las europeas desvirtúen los de las generales de 2011 es intentar ganar en la calle lo que no se logró en las urnas, y eso, históricamente, ha acabado a tiros por estos lares. Si hay que cambiar las cosas se hace, pero con altura de miras, con calma, teniendo en cuenta que en España vivimos 40 millones de personas y no cuatro y sin olvidar nunca ni qué tenemos ni qué hemos logrado. Que los inventos nunca han sido buenos a la hora de gobernar. Y al Rey démosle la despedida que se merece, no seamos egoístas y recordemos cuánto bueno él y nuestros padres le han dado a este país.

Lecturas cordobesas de las europeas

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 1 de junio de 2014 a las 8:08

Ahora que ha pasado una semana de las elecciones europeas toca analizar lo ocurrido el pasado domingo en las urnas de esta Córdoba nuestra. La cosa va por barrios y, aunque algunos estén más contentos que otros, lo cierto es que todos los grandes tienen motivos para preocuparse por lo visto el domingo. Sólo las fuerzas del extrarradio pueden estar satisfechas, pues la irrupción de unas y la consolidación de otras plantean un panorama algo más abierto.

Empezando por el PP, los chicos de Nieto deberían mirarse muy mucho lo que les ha ocurrido. Han perdido 17 puntos en la capital y se han situado por debajo del 35% de apoyo que les garantizaría revalidar el gobierno municipal. La crisis, la falta de una gestión con resultados visibles para los ciudadanos, la dispersión del alcalde durante meses en los que ha estado con la mirada puesta en Sevilla y la nula consecucn de las iniciativas que se ponen en marcha lastran a los populares. En la sala de mandos popular se cree que los resultados no son tan malos, se mira hacia la masiva abstención de los suyos y se considera que la izquierda más radical, la que aúna a IU y Podemos, ya está completamente movilizada. Una lectura un tanto autocomplaciente que no debería obviar el hecho de que en el año que queda hasta la municipales, bien haría José Antonio Nieto en ir recuperando esa imagen de calle y trabajo que le llevó a la mayoría absoluta. De lo contrario va a sufrir bastante. no debería olvidar el caso de Rafael Merino.

En el PSOE la cosa está aún peor. Han perdido 15 puntos y han mostrado cuál es su suelo electoral, casualmente el mismo número de personas que los apoyan en las municipales desde hace años (algo que no es para tirar cohetes). Los socialistas caminan descabezados en la capital, sufren el abandono del voto joven y ven cómo sus tradicionales apoyos se van a la abstención. El resultado andaluz no debería nublarles el análisis y el congreso de julio tampoco debería ser freno para poner en marcha acciones que los saquen del anonimato en el que se encuentran inmersos. Su discurso hace mucho que dejó de calar entre los cordobeses y su falta de liderazgo, aumentado con la marcha de Durán al Senado, es más que notoria.

En IU están contentos porque han triplicado apoyos respecto a 2009, han recuperado la movilización de su electorado y comienzan a verle los frutos a la ingente labor de calle que están llevando sus principales responsables. La inminente designación de su candidato a las municipales no parece que vaya a convertirse en la batalla campal que habitualmente desgasta a esta formación. No por nada, sino porque me juego lo que quieran a que Pedro García será el designado en un ejercicio perfectamente sincronizado. No obstante, la irrupción de Podemos le resta sonrisa a la coalición, que se ve superada por la izquierda y que podría encontrarse con grandes sorpresas dentro de doce meses si no es capaz de responder a las exigencias del ala más joven y a la izquierda de su potencial electorado.

Podemos es, sin duda, la mayor sorpresa en Córdoba desde la irrupción de UCOR. El partido de izquierdas ha obtenido más de 8.000 sufragios, que le garantizarían presencia en Capitulares y aglutina a su alrededor muchos movimientos sociales hartos de todo. Si dan con un cabeza de cartel conocido pueden saltar la banca dentro de un año. Y si, como se dice, cuentan con el beneplácito del nunca retirado Julio Anguita, la cosa puede ser aún mayor.

Más difícil lo tiene UPyD, cuyos más de 7.500 votos –que también los meterían en Capitulares– buscan un rostro al que seguir en un partido que pierde en lo local lo que gana en lo nacional. La formación magenta, pese a todo, puede ser un importante dolor de cabeza para los grandes ya que suele ser receptor del descontento de los votantes tradicionales de estas dos formaciones. Ahí tendrá que vérselas también con Ciudadanos, cuyos más de 2.000 sufragios tampoco debemos olvidar.

Y a todo este panorama hay que añadirle dos elementos. El primero es que UCOR y Gómez no han comparecido en las urnas del 25-M y no debemos olvidar que al estrambótico empresario de Cañero le votaron en 2011 más de 25.000 cordobeses. El segundo es que la abstención del domingo fue una obscenidad y que esa enorme bolsa de votos puede bascular hacia cualquier parte. Mal harían PSOE o PP en pensar que van a ser los beneficiarios porque si hay algo que ha quedado claro es que el personal está cansado de ellos.

Queda menos de un año y la conclusión clara del domingo es que a los partidos les toca ponerse a trabajar. Que tampoco estaría mal, digo yo.

 

El valor de un voto

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 25 de mayo de 2014 a las 8:27

Estoy de acuerdo en que esta campaña electoral no ha sido precisamente enriquecedora. Comparto con la mayor parte de los ciudadanos que no ha habido argumentos, que se ha hablado de todo menos de Europa y que de no haber sido porque Arias Cañete dijo lo que dijo ni siquiera nos habríamos enterado de que hoy estamos llamados a votar. Suscribo la opinión de muchos que piensan que lo que salga hoy de las urnas vale para más bien poco, principalmente porque los eurodiputados suelen ser en su mayoría viejas glorias de las políticas nacionales venidas a menos o fogosos principiantes que encuentran en Bruselas un lugar donde dar sus primeros pasos. Sin embargo, a pesar de todo ello, creo que hoy es muy importante ir a votar.

Hoy hay que ir a votar, en primer lugar, porque afortunadamente podemos hacerlo  libremente, y eso nunca debe olvidarse. Hoy hay que ir a votar porque en Bruselas se juega mucho más de lo que creemos y, aunque los eurodiputados y la Comisión poco pueden hacer frente a frau Merkel, no está de más que los ciudadanos digamos lo que opinamos. Y hoy, finalmente, hay que ir a votar porque no hacerlo es entregarle el control a los exaltados, a los ultras, a los fanáticos populistas que quieren acabar con todo. Vote usted hoy, hágalo a quien quiera, a los grandes o a los pequeños, a los serios o a los menos formales, a los animalistas o a los taurinos, conscientemente o dejándose llevar por la resaca de dos días de Feria. Pero vote.

Porque si no votamos dejaremos que cafres como Jean Marie Le Pen puedan tener fuerza en el Parlamento para mantener su afirmación de que “la mejor solución contra la inmigración es el virus del ébola”. O que los británicos antieuropeos de UKIP puedan desequilibrar aún más el frágil equilibrio que mantienen las islas con el continente. O que la ultraderecha holandesa del Partido de la Libertad de Geert Wilders campe a sus anchas con su discurso excluyente y racista. Hay que votar porque aunque seamos menos ricos y tengamos menos dinero, los europeos del sur tenemos un concepto democrático más avanzado y menos excluyente que esos que dicen en el norte que son nuestros salvadores. Y eso no nos conviene nada.

Y mañana, una vez que hayan salido los resultados y unos y otros se den por ganadores, podremos decir que nuestros votos han servido como llamada de atención de una clase política que en España está generando un odio, un enfrentamiento y unas rivalidades que no se recuerdan desde hace mucho tiempo. Después de meter el sobrecito en la urna podremos decirles a estos que se supone que nos dirigen que ya está bien de tensar la cuerda, de pensar exclusivamente en su rédito personal y en sus intereses y que ya es hora de que nos tengan en cuenta. Porque si votando nos hacen poco caso, si no lo hacemos aún nos lo harán menos. Y no está la cosa como para andar regalando nuestro pensamiento y nuestra vida a quien no lo merece.

En otra galaxia

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 18 de mayo de 2014 a las 10:49

EL pasado jueves por la noche vi el debate de los candidatos de los dos principales partidos a las elecciones Europeas. Sí, de verdad, aunque no se lo crea lo hice. No sé si por obligación o por cierta tendencia al masoquismo, pero ahí que me planté ante la tele la horita y pico que duró la cosa. Porque fue una cosa. Miguel Arias Cañete y Elena Valenciano nos ofrecieron una hora de monólogos insulsos, carentes de ideas, basados en hechos sesgados, con la mirada puesta en el pasado y sin una sola propuesta en condiciones de lo que pretenden hacer ambos para mejorar este pequeño solar en el que habitamos. En resumen y tras un sesudo análisis al que dediqué cinco segundos puedo decir que aquello me pareció auténticamente un coñazo, un acto absolutamente prescindible y la demostración de que los partidos viven en este país al margen de la realidad.
DEBATE CAÑETE - VALENCIANONo es la primera vez que desde aquí insistimos en que quizás nos iría algo mejor si nuestros políticos, en lugar de vivir en la corte rodeados de estirachaquetas, vivieran un poco la realidad que palpamos los demás a diario. No estaría mal que a Cañete y Valenciano, y a otros muchos, los pasearan por una oficina, un mercado, una redacción, un colegio o un hospital camuflados para que supieran lo que realmente está pasando. Como esos programas de la tele en los que el jefe se disfraza para saber mejor qué es lo que pasa dentro de su empresa y se da cuenta de que sus trabajadores echan más horas de las que deben, se escaquean o cobran poco. No estaría mal un reality de este tipo, pero sin cámaras, que ya sabemos cómo se ponen nuestros próceres cuando ven un foco.
Lo mismo en Europa que en España, igual en Andalucía que en Córdoba. Vestir de hombre o mujer normal a quienes mandan para que sepan que cuesta la vida ser autónomo y ganar lo suficiente para vivir y cubrir los excesivos impuestos; o para que conozcan la carga laboral de nuestros médicos a los que se contrata al 75% para que trabajen al 120%; o para que pasen por casa de un albañil y le escuchen lamentarse por la de tiempo que hace que no coge un palaústre, o para que escuchen en el bar la opinión que les merece a los parroquianos oir hablar en esta ciudad de Rem Koolhaas.
Vivimos en realidades paralelas, en líneas que nunca se cruzan y que además van camino de convertirse en divergentes. Si lo que debemos esperar de nuestros representantes en Europa es lo que vimos en el debate del jueves, lo que se escucha a diario en mítines y entrevistas o lo que se propone de vez en cuando mal, muy mal, vamos. Y no es una cuestión de colores políticos, ni siquiera de competencias personales, es simplemente una cuestión de que quienes supuestamenhte nos gobiernan están cada día más alejados de nuestra vida. Porque pensar que tras esta demoledora crisis los ciudadanos se van a seguir tragando los argumentos y las formas de actuar de siempre es creer que aún nos chupamos el dedo. Urge una reforma mental de los partidos, una nueva forma de comportarse y una bajada a la realidad. De lo contrario, la más que previsible abstención del próximo domingo se va a convertir en norma. Y eso es muy peligroso.

Primarias europeas

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 12 de mayo de 2014 a las 17:47

El viernes arrancó oficialmente la campaña electoral de las Europeas, unos comicios que no suscitan interés alguno entre los ciudadanos y que, salvo sorpresa de última hora, van a contar con una asistencia a las urnas muy inferior al 50%. Suena duro, pero es así. Suena extraño, porque de un tiempo a esta parte deberíamos habernos dado cuenta de que lo que se trata en Bruselas nos afecta casi más de lo que se aborda en Córdoba, Sevilla o Madrid, pero es lo cierto. A los españoles esto de votar a los parlamentarios del avión les da más bien lo mismo. Además, el hecho de que los partidos principales midan estas elecciones en clave de primarias nacionales, regionales o locales incrementa la desafección de un electorado harto de sus dirigentes.

Lo que se ventila el domingo 25 no es moco de pavo. Del resultado de esas urnas saldrá un nuevo Parlamento y una nueva Comisión Europea que supuestamente debe tener más poderes frente a los Estados miembros de la Unión y una forma de gestionar nuestro futuro como Europa con algo más de decencia y fuerza de lo mostrado hasta ahora. Pero, mucho me temo, eso va a dar más bien igual por aquí. Ni los ciudadanos ni los partidos están por la labor de destacar esas cuestiones.

La cosa nacional está más en ver si el PP logra remontar el vuelo tras dos años y medio de Gobierno marcados por los recortes, el paro y el cabreo general. El PSOE está en la difícil tesitura de comprobar si su oposición vale para algo, si sus votantes creen en sus dirigentes o si los resultados los abocarán a un congreso extraordinario en el que intentar reflotar el más que tocado barco del socialismo español. A IU y UPyD la cosa europea debe servirles para conocer si realmente son ciertas esas encuestas que dicen que van en crecimiento continuado y que, ante unas elecciones de mayor calado, pueden ser capaces de convertirse en alternativa real para pintar en la política nacional algo más de lo que lo hacen ahora.

Las europeas también tendrán una importante lectura andaluza, ya que Susana Díaz se juega saber hasta qué punto su enorme campaña de lanzamiento ha calado entre el electorado. Si la rutilante presidenta de la comunidad logra ganar el 25-M, habrá dado un paso de gigante para consolidarse como la gran esperanza blanca del socialismo patrio. Podrá hacer y deshacer a su antojo y tendrá las cartas en la mano para ver si adelanta las andaluzas, si frena las primarias nacionales o si opta a la secretaría federal de su partido. Todo eso se juega Susana. También Moreno Bonilla -gran nombre para un árbitro- va a testar su impacto electoral. El nuevo rostro de los populares andaluces se juega la posibilidad de marcar el ritmo y asentar su liderazgo en caso de que sus resultados no sean tan malos como se prevén (que se prevén). Por último, IU mide cómo de bien o de mal le ha ido el acuerdo de Gobierno para fijar su hoja de ruta y ver si tensa la cuerda un poquito más o espera.

Y todo esto gracias a una participación que si llega al 45% será un éxito. ¿Cree usted que se pueden sacar tantas conclusiones así? Pues ellos sí y veremos cómo cambian muchas cosas después del 25-M.

El lío de Nieto

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 5 de mayo de 2014 a las 11:19

No tengo muy claro el por qué de los continuos problemas que tiene el alcalde de Córdoba, José Antonio Nieto, con los grandes proyectos urbanísticos para la ciudad. Le está ocurriendo casi lo mismo que a sus antecesores, así que debo empezar a creerme que el síndrome de la bombonera –dícese de la zona que ocupa su despacho oficial en Capitulares– se ceba sobre los moradores del sillón regio municipal. Porque lo cierto es que no hay manera de que nada salga bien.

Primero fue el centro de congresos y convenciones –ahora rebautizado palacio de ferias– el que se presentó a bombo y platillo en un acto en el que se dijo que sólo faltaban unos flecos para empezar a trabajar. Eran los tiempos del arenismo militante y la euforia que embebía a los populares ante el que se creía inminente acceso al palacio de San Telmo hacía verlo todo de color de rosa. Luego vino el palo electoral y lo que tendría que haber sido un lugar con las obras hoy día muy avanzadas, permanece siendo un pabellón sin uso a la espera de los albañiles.

Después vino lo del mercado en el cine Andalucía. Anuncio sorpresa del regidor, Nieto se plantaba ante la ciudad con 6 millones de eurazos para hacer una moderna plaza de abastos que sirviese de revulsivo a una zona que languidece. La única condición del regidor era que lo apoyasen los placeros de la Corredera. Y, como era de prever, estos no lo hicieron. Debe ser que nadie le explicó al regidor cómo funciona en esta ciudad cualquier tipo de asociacionismo.

Y ahora toca la Biblioteca del Estado de los Jardines de los Patos. Cuando nadie se acordaba de ella y el proyecto vivía el sueño eterno, el Ministerio de Cultura –imbatible el amigo Wert– saca a licitación la obra, le pone precio y plazos y deja a todos pasmados. Tan pasmados que hasta el alcalde anda ahora porfiando del proyecto y pidiendo que se lo lleven al solar de Miraflores, que anda triste y cariacontecido después de que el Palacio del Sur –el gran homenaje a la maqueta– feneciera víctima de la inanición. Tan triste está el lugar que al alcalde se le ha ocurrido llevarse allí la biblioteca, como si los solares fueran iguales y los proyectos asimilables.

Así que llegamos hasta aquí con un proyecto soñado que no es (por ahora), otro prometido que no fue (por los comerciantes) y otro posible que no se quiere que sea, aunque –en otro homenaje de esta ciudad a la herencia del gran Marx (Groucho)– si tiene que ser será. Un lío. Y uno se pregunta si realmente es todo tan difícil. Si es tan complicado pararse a pensar que quizás no es el momento para dejar tantos millones en el Parque Joyero, o si quizás no es hora de gobernar y hacer en el cine Andalucía algo sin miedo al qué dirán (o harán) los demás, o si ponerle pegas a un proyecto de 13 millones que generará empleo no es más bien una pataleta un tanto irresponsable que una postura sensata y razonada.

Lo dicho, un lío. Estoy que no me aclaro. Será que la alergia me tiene más alelado que de costumbre.

 

El sueldo de los políticos

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 28 de abril de 2014 a las 12:05

El Congreso de los Diputados anda inmerso en descubrir qué hay que hacer y cómo se puede combatir el descrédito y la corrupción de nuestra clase política. Para ello, sus señorías tienen abierta una ronda de comparecencias para analizar con profesionales de acreditado prestigio las medidas propuestas desde Moncloa para acabar con esta lacra. De lo escuchado me quedo con las palabras del fiscal general del Estado, Eduardo Torres-Dulce, y el director del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Benigno Pendás.

Torres-Dulce, que está demostrando que no tiene pelos en la lengua ni complejos, volvió a insistir en que la lucha contra la corrupción es labor imposible en un país en el que los medios son escasos, la Justicia camina con pies de plomo, las leyes son demasiado blandas y el delincuente escapa rápido y sin excesivo coste. Todo ello, afirmó, genera un efecto contagio sobre la sociedad, que ve que los corruptos campan a sus anchas e imita sus comportamientos. Vamos, lo que todos sabemos, que corromperse sale en este país mucho más barato que ser honesto.

Siendo esto cierto, me gustó aún más lo dicho por el director del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. Benigno Pendás apuntó que la corrupción se debe, entre otras cuestiones, a los bajos sueldos que cobran los políticos y que si estos estuvieran mejor pagados la cosa sería mucho menor. En estos tiempos semejante afirmación puede resultar extraña y quien la hace se arriesga a ser lapidado, pero debo decir que la comparto a pies juntillas. Y me explico.

En este país los políticos están muy mal pagados. Y no es que lo estén en función de sus capacidades -de hecho muchos no deberían ni cobrar en clara ausencia de éstas-, sino que como los sueldos son bajos (casi) nadie mínimamente serio y con proyección da el salto a la cosa pública. Si consideramos a los políticos como altos ejecutivos su sueldo debe estar a la altura. Tal y como pasa en muchos países de nuestro entorno. Eso significa que un alcalde, que es lo que más cerca nos toca, debe ganarlo bien por sus 24 horas 365 días al año. Eso es sinónimo también de que sus principales colaboradores han de recibir un estipendio acorde a sus responsabilidades. Eso sí, con sus límites, de tal manera que esos grandes ejecutivos de la cosa pública sean los necesarios y no, por ejemplo, 24 concejales liberados dedicados a labores que, sin lugar a dudas, no merecen liberaciones completas ni salarios exclusivos. Ni en el gobierno, ni en la oposición.

Si esto fuera así, las mejores cabezas del país no tendrían dudas en aparcar por un tiempo sus carreras profesionales para realizar un servicio público y contribuir desde sus conocimientos a la mejora de nuestra sociedad. Si esto fuera así seríamos una sociedad moderna y democrática, en la que las capacidades situarían a los gestores en su sitio y no seríamos víctimas de la situación actual, en la que estamos llenos de mediocres que no han doblado la raspa en ningún sitio y que hacen carrera en los partidos sabedores de que mamarán de la teta pública toda su vida. La propuesta es, desde luego, osada, pero a la vista de lo que tenemos ahora -mediocridad, incapacidad y corrupción-, creo que es la más acertada.