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La hora definitiva

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 20 de diciembre de 2015 a las 6:25

Unos cuantos millones de españoles, entre los que hay más de 650.000 cordobeses, están hoy llamados a las urnas. Después de casi un año de permanente campaña electoral, ha llegado la hora en la que hemos de decidir con nuestro voto quiénes serán nuestros representantes para los próximos cuatro años. No es un voto cualquiera, pues estos comicios son quizás los más importantes que hemos vivido en España desde aquellos que convirtieron la infame dictadura de Franco en la democracia de la que hoy disfrutamos. En juego está la articulación del propio Estado, el reparto de los ingresos, la vigencia del Senado, la modernización de la Corona y el fin del bipartidismo que nos ha regido hasta el momento. Son asuntos de importancia capital y el elevadísimo índice de indecisión que han arrojado todas las encuestas demuestra que los españoles andan dándole muchas vueltas a la cabeza para quedar satisfechos de su elección.

La campaña que terminó el viernes ha sido más pacífica de lo esperado. La tranquilidad ha sido la nota dominante excepción hecha de los improperios de Pedro Sánchez hacia Mariano Rajoy en el cara a cara del pasado lunes y de la agresión impresentable de un mozo de 17 años en Pontevedra al presidente del Gobierno. Es cierto que no ha habido crispación, pero no lo es menos que los dos picos de la misma que hemos tenido deben hacernos reflexionar pues son preocupantes. Nunca se había llegado al extremo de insultar y agredir a un presidente. Esos límites no los había cruzado nadie y no deberían volver a cruzarse jamás. No quiere esto decir que se aliente un voto en detrimento de otro. Ni muchísimo menos, pues todas las opciones son igual de respetables y deben ser tenidas en cuenta de la misma forma.

A partir de las ocho de la tarde de hoy es más que probable, casi sería imposible lo contrario, el fin de una era en la que PSOE y PP se repartían el poder cual Cánovas y Sagasta. Podemos y Ciudadanos van a irrumpir con una fuerza hasta el momento desconocida que los sitúa incluso como elemento determinantes para la estabilidad del país. Ambos plantean una renovación, pero lo hacen desde prismas muy diferentes. Uno más revolucionario, aunque dulcificado en su tono durante la campaña electoral. Otro más técnico y centrado. Frente a ellos, el PSOE acude a los comicios más importantes de su historia reciente. Se juega casi su propio futuro en un panorama internacional en el que la socialdemocracia prácticamente ha desaparecido. Mientras, los populares de Rajoy también se hallan ante un momento clave. La crisis económica y su nefasta gestión de los recortes se enfrentan al veredicto de la calle. Pocos dudan de que se hizo lo que se pudo, pero sí son muchos los que critican las formas en las que se ha hecho.

Millones de españoles darán hoy nuevamente una lección democrática. Se prevé una participación histórica que demostrará cuán importante es la ornada electoral. Por ello, una vez más, hay que hacer una llamamiento a la participación. A la participación democrática, pausada, tranquila y festiva. Tras tiempos tan duros como los que hemos pasado en estos años es ahora, hoy, el momento de expresar libremente lo que queremos. Si hay cambio o continuidad. A partir de mañana se abre un nuevo escenario. Los políticos deberán estar a la altura y, de una vez por todas, entender el mensaje de cambio y acercamiento a los ciudadanos que hay en la calle. Salga lo que salga, lo que es seguro es que saldrá desde la democracia. Y eso no es cualquier cosa. Que lo vote usted bien.

Lo importante y lo accesorio

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 12 de mayo de 2015 a las 6:00

En todas las campañas electorales surgen temas transversales –palabra fetiche en la política actual– que modifican en cierta medida la previsión argumental de los partidos. Del mismo modo, existen otras cuestiones menores para el ciudadano pero inmensas en la deformada visión partidista que se sacan a la palestra reiteradamente con el único objetivo de echar leña al fuego. Es la diferencia entre lo importante y lo accesorio.

En Córdoba, importante es la generación de empleo y riqueza. Accesorio prácticamente es casi todo lo demás. Empleo y riqueza está creando el turismo en estos últimos años, un sector que se ha convertido casi en el único refugio de los empresarios y en el que se está dando una profesionalización extraordinaria de un tiempo a esta parte. Eso es importante y aún más lo es que en una fiesta como la de los Patios –que deberá someterse a examen profundo a partir de la composición del nuevo gobierno municipal– haya quien esté sacando beneficio de forma poco ejemplar. He aquí un tema clave que amenaza con dinamitar la recuperación y con despeluchar a la gallina de los huevos de oro antes de que haya puesto media docena. Pero de eso no se habla.

Accesorios son los debates futiles y eternos tan propios de esta ciudad. Ayer hubo uno para tratar por enésima vez de la situación de la Mezquita-Catedral, monumento que en cuatro meses ha superado ya el medio millón de visitas. Los partidos –salvo el PP en una decisión de esas poco hábiles– se sentaron para discutir si la propiedad debe ser pública o no, sobre si los curas son buenos o no o sobre si hay que llamarle Mezquita o Catedral. El tema, que merece una tesis doctoral, no parece realmente una preocupación del común de los cordobeses, sino de una parte bastante pequeña y poco representativa. Además, se supone que los partidos respetan (o deberían al menos hacerlo) las decisiones del Parlamento andaluz, del Congreso y de los jueces que andan dirimiendo las denuncias presentadas.

Se supone que las campañas electorales han de servir para presentar propuestas y abordar asuntos de futuro y proyectos de ciudad. Para los debates estériles y buenistas ya tenemos los plenos que vendrán a partir del día 25.

Educados y contenidos

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 5 de mayo de 2015 a las 7:21

El primer y único debate electoral que vamos a vivir en la campaña de las municipales terminó anoche en el Círculo de la Amistad con la sensación de que los candidatos de los principales partidos –nada se sabe de Unión Cordobesa y Rafael Gómez– son muy educados, pacientes y se respetan. Poco más. En las más de dos horas de encuentro se vio a tres políticos con años de carrera y a dos aspirantes en diferente estado.

José Luis Vilches (Ciudadanos), Rafael Blázquez (Ganemos Córdoba), Isabel Ambrosio (PSOE), José Antonio Nieto (PP) y Pedro García (IU), ayer en el Salón Liceo del Círculo de la Amistad.José Antonio Nieto e Isabel Ambrosio fueron los que más tensos estaban y eso se dejaba traslucir en sus rostros. Ambos tienen muchos trienios a sus espaldas y saben que en encuentros de este tipo se pueden cometer errores garrafales. El alcalde y aspirante del PP solo estuvo cómodo en su turno de preguntas y en alguna réplica, pero se le vio demasiado contenido y sin la frescura que suele caracterizar su discurso en público. Reservón. La aspirante del PSOE, por su parte, transmitía la responsabilidad que tiene quien de pronto se ve con más opciones de las previstas y ha de tensar la cuerda en sus propuestas con la Administración de la que fue rostro siete años. Entre ambos se movió con soltura Pedro García, sabedor de lo difícil que es la situación de IU y al que le sobraron un par de gracias más para la parroquia que para un encuentro formal. Aun así estuvo bien.

De los nuevos, el rostro de Ganemos Córdoba, Rafael Blázquez, fue de más a menos y profundizó poco en el cambio profundo que propugna su marca. Se ve que tiene madera y tablas pero el tiempo corre y necesita más contundencia en el mensaje. De José Luis Vilches, candidato de Ciudadanos, no puede decirse lo mismo. Anduvo perdido casi toda la noche, con problemas para organizarse el tiempo y para responder a las preguntas que le hacían. Fue quizás el perdedor del encuentro, aunque su marca hoy día lo aguanta todo.

Fue un debate, por otra parte, un tanto anodino y encorsetado. Demasiado freno de mano echado para ser el único hasta el 24-M y mucha escenificación buenista que quedaba en evidencia cada vez que alguien tiraba una patadita al contrincante. Y, lo peor, de proyectos de ciudad, casi nada.

En otra galaxia

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 18 de mayo de 2014 a las 10:49

EL pasado jueves por la noche vi el debate de los candidatos de los dos principales partidos a las elecciones Europeas. Sí, de verdad, aunque no se lo crea lo hice. No sé si por obligación o por cierta tendencia al masoquismo, pero ahí que me planté ante la tele la horita y pico que duró la cosa. Porque fue una cosa. Miguel Arias Cañete y Elena Valenciano nos ofrecieron una hora de monólogos insulsos, carentes de ideas, basados en hechos sesgados, con la mirada puesta en el pasado y sin una sola propuesta en condiciones de lo que pretenden hacer ambos para mejorar este pequeño solar en el que habitamos. En resumen y tras un sesudo análisis al que dediqué cinco segundos puedo decir que aquello me pareció auténticamente un coñazo, un acto absolutamente prescindible y la demostración de que los partidos viven en este país al margen de la realidad.
DEBATE CAÑETE - VALENCIANONo es la primera vez que desde aquí insistimos en que quizás nos iría algo mejor si nuestros políticos, en lugar de vivir en la corte rodeados de estirachaquetas, vivieran un poco la realidad que palpamos los demás a diario. No estaría mal que a Cañete y Valenciano, y a otros muchos, los pasearan por una oficina, un mercado, una redacción, un colegio o un hospital camuflados para que supieran lo que realmente está pasando. Como esos programas de la tele en los que el jefe se disfraza para saber mejor qué es lo que pasa dentro de su empresa y se da cuenta de que sus trabajadores echan más horas de las que deben, se escaquean o cobran poco. No estaría mal un reality de este tipo, pero sin cámaras, que ya sabemos cómo se ponen nuestros próceres cuando ven un foco.
Lo mismo en Europa que en España, igual en Andalucía que en Córdoba. Vestir de hombre o mujer normal a quienes mandan para que sepan que cuesta la vida ser autónomo y ganar lo suficiente para vivir y cubrir los excesivos impuestos; o para que conozcan la carga laboral de nuestros médicos a los que se contrata al 75% para que trabajen al 120%; o para que pasen por casa de un albañil y le escuchen lamentarse por la de tiempo que hace que no coge un palaústre, o para que escuchen en el bar la opinión que les merece a los parroquianos oir hablar en esta ciudad de Rem Koolhaas.
Vivimos en realidades paralelas, en líneas que nunca se cruzan y que además van camino de convertirse en divergentes. Si lo que debemos esperar de nuestros representantes en Europa es lo que vimos en el debate del jueves, lo que se escucha a diario en mítines y entrevistas o lo que se propone de vez en cuando mal, muy mal, vamos. Y no es una cuestión de colores políticos, ni siquiera de competencias personales, es simplemente una cuestión de que quienes supuestamenhte nos gobiernan están cada día más alejados de nuestra vida. Porque pensar que tras esta demoledora crisis los ciudadanos se van a seguir tragando los argumentos y las formas de actuar de siempre es creer que aún nos chupamos el dedo. Urge una reforma mental de los partidos, una nueva forma de comportarse y una bajada a la realidad. De lo contrario, la más que previsible abstención del próximo domingo se va a convertir en norma. Y eso es muy peligroso.