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El bochornoso ejemplo de Irene y Manuela

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 29 de marzo de 2015 a las 10:44

Irene Sabalete era delegada de Empleo de la Junta en Jaén en el año 2012 cuando se celebraron las anteriores autonómicas. Ni corta ni perezosa, un día reunió a los trabajadores de las Utdelt y, sin anestesia, les dijo que si querían seguir en sus puestos de trabajo tras los comicios no solo debían votar a su partido sino que además debían hacer campaña a su favor. El caso es aún más sangrante, pues Irene fue una de las detenidas el martes por orden de la juez Alaya por el feo asunto de las subvenciones de los cursos de formación. Un regalito vamos.

Manuela Gómez es delegada de Educación, Cultura y Deporte de la Junta en Córdoba y el pasado lunes se dirigió por vía oficial a sus colaboradores para agradecerles el esfuerzo que había derivado en la victoria socialista en las urnas el pasado domingo. Así, sin paños calientes ni ningún tipo de rubor. En su defensa, Gómez, que no es precisamente la política con mejor prensa de la provincia, ha dicho que ella lo que hizo fue mandar un correo electrónico y que una secretaria fue la que trasladó aquello a un papel oficial con membrete. Como si lo del correo no fuera ya de por sí suficientemente lamentable.

Ante ambos casos, el PSOE ha reaccionado peor que sus militantes y se ha limitado a pedir perdón por lo de Jaén o decir que en Córdoba Gómez ha pedido perdón. Una muestra más de cuán lejos viven los partidos de la realidad de la calle. No basta con pedir perdón en estos casos, con sacar a la palestra a alguien que diga lo mal que lo ha hecho la compañera de turno y, como un niño chico cuando rompe un vaso, confiar en que papá y mamá se apiaden. Lo de estas dos señoras es una demostración absoluta de desprecio democrático, de utilización de la institución para defender unos colores y de abuso de poder sin límite. Esto ha pasado aquí con el PSOE, pero no sería extraño que pudiera darse igual en otras comunidades en las que gobiernan otros colores.

Ante semejante barbaridad, la respuesta del partido, la única respuesta del partido, debería haber sido la expulsión de ambas señoras, la asunción de responsabilidades por parte de sus mayores y la aparición de algún responsable de los de verdad, no esos pobrecitos que salen y se comen los marrones, entonando el mea culpa ante el bochorno generalizado. Eso es lo que se hace en los países democráticos, eso es lo que los ciudadanos exigen de sus políticos cuando cometen tropelías de este tipo. La corrupción, la confusión del bien particular con el común y el abuso de la posición dominante son los males que han hecho –y están haciendo– tambalearse un sistema que costó mucho poner en pie. Que personas que ocupan cargos públicos, que se dedican a gestionar su interés y el mío se permitan orinarse en la ciudadanía de esta manera debería estar más que castigado. Es una inmoralidad, una vergüenza y una falta de respeto para quien sale cada día a la calle a ganarse el pan o a buscar un modo de hacerlo. Y es el motivo por la que la bilis está sustituyendo a la razón en política. Pero aquí no dimite nadie.