Archivos para el tag ‘democracia’

País de locos

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 10 de enero de 2016 a las 7:00

Vivimos en un país de locos. A medida que pasa el tiempo uno refrenda su opinión de que aquí hemos entrado en una espiral de locura general que nos lleva a cosas cada día más extrañas. La Navidad, que consiste en celebrar el nacimiento de Jesús y la visita de los Reyes Magos, es ahora arma política. Una tradición católica de 2.000 años que se supone que celebra el que quiere pierde su inocencia. Asistimos a un despropósito que demuestra que vamos camino de perder la sesera.

Ya antes de Navidad se especuló con que en Barcelona se conmemorase el solsticio de invierno, quizás porque la alcaldesa Colau es más de druidas que de pastores. Una vez arreglado esto, Manuel Carmena ofreció una cena en Nochebuena para 220 sin techo, loable iniciativa que, sin embargo, no debe obviar que el año anterior se repartieron más de 3.000 entre personas con dificultades. Decisión muy buena, alcaldesa, pero con algo menos de foco estaría mejor.

valencia

El alcalde de Valencia, Joan Ribó, junto a Igualdad, Libertad y Fraternidad en el balcón del Ayuntamiento de Valencia.

Aun así lo importante ha llegado con las cabalgatas de Reyes. Hay dos apasionantes. Una es la de Valencia, donde tres mujeres republicanas han encarnado a la Libertad, Igualdad y Fraternidad (¿?). Lo de las mujeres es algo superado en Córdoba hace años, pues han sido muchas las que ya se han puesto la corona en los cortejos y, oh sorpresa, no ha pasado nada. En Valencia vistieron a las tres majestades republicanas más de cortesanas dieciochescas que de magas de oriente, y digo yo que para repartir caramelos no es necesario lucir pechera. En Madrid, la cosa es aún mejor. Al margen del atuendo indescriptible de los reyes, la alcaldesa optó por un cortejo sin referencia alguna a la fe católica y con los dragones chinos y unos individuos de blanco que eran una mezcla de esperma y muñeco de dibujo de Boing. Un espectáculo lamentable por mucho que quienes aplauden todo lo que hace Carmena, sea bueno o malo, les fastidie la disidencia.

CABALGATA DE REYES EN MADRID

Manuela Carmena, junto a los Reyes Magos el día de la Cabalgata de Madrid.

Y es ahí donde entramos en este país de locos, en el que parece que quienes votan a los partidos del cambio son los únicos con derecho a expresarse. Según ellos porque el bipartidismo, que debe ser lo que votan todos los que no optan por “el cambio”, ha tenido ya muchos años para imponerse. Elevado concepto éste de la democracia y la libertad de expresión, la mayor de las libertades. El intercambio de opiniones y pareceres es la base de cualquier democracia y asistir, como hemos hecho estos días, a la descalificación burda y soez de quien ha discrepado con los espectáculos circenses de Madrid y Valencia, no merece más consideración que la que tienen quienes graznan desde la otra esquina por cuanto hacen los nuevos regidores. Este es un país de orates en el que el sentido común se ha perdido. En el que una Cabalgata de Reyes, en la que los protagonistas son los niños, su ilusión, sus sueños, se convierte en un acto político. Avergüenza vivir en un país en el que los complejos de unos cuantos se imponen a la mayoría. En el que el revanchismo torpe y miope de unos pasa por encima de los derechos de otros. El personal quiere ver a los Reyes y si usted no cree en ellos no los celebre. En este desvarío cualquier día en lugar de hablar del niño Jesús hablamos de la niña Jesusa, quitaremos la mula y el buey porque representan el abuso del ser humano sobre el animal o pondremos a los Panchos como reyes magos porque cantan mejor los villancicos. Locuras impropias de un país desarrollado cuyos problemas reales distan mucho de estar solucionados. Menos galería fotográfica y más trabajo de verdad señores. Que tiemblo pensando lo que nos queda por ver en Carnaval o Semana Santa.

La hora definitiva

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 20 de diciembre de 2015 a las 6:25

Unos cuantos millones de españoles, entre los que hay más de 650.000 cordobeses, están hoy llamados a las urnas. Después de casi un año de permanente campaña electoral, ha llegado la hora en la que hemos de decidir con nuestro voto quiénes serán nuestros representantes para los próximos cuatro años. No es un voto cualquiera, pues estos comicios son quizás los más importantes que hemos vivido en España desde aquellos que convirtieron la infame dictadura de Franco en la democracia de la que hoy disfrutamos. En juego está la articulación del propio Estado, el reparto de los ingresos, la vigencia del Senado, la modernización de la Corona y el fin del bipartidismo que nos ha regido hasta el momento. Son asuntos de importancia capital y el elevadísimo índice de indecisión que han arrojado todas las encuestas demuestra que los españoles andan dándole muchas vueltas a la cabeza para quedar satisfechos de su elección.

La campaña que terminó el viernes ha sido más pacífica de lo esperado. La tranquilidad ha sido la nota dominante excepción hecha de los improperios de Pedro Sánchez hacia Mariano Rajoy en el cara a cara del pasado lunes y de la agresión impresentable de un mozo de 17 años en Pontevedra al presidente del Gobierno. Es cierto que no ha habido crispación, pero no lo es menos que los dos picos de la misma que hemos tenido deben hacernos reflexionar pues son preocupantes. Nunca se había llegado al extremo de insultar y agredir a un presidente. Esos límites no los había cruzado nadie y no deberían volver a cruzarse jamás. No quiere esto decir que se aliente un voto en detrimento de otro. Ni muchísimo menos, pues todas las opciones son igual de respetables y deben ser tenidas en cuenta de la misma forma.

A partir de las ocho de la tarde de hoy es más que probable, casi sería imposible lo contrario, el fin de una era en la que PSOE y PP se repartían el poder cual Cánovas y Sagasta. Podemos y Ciudadanos van a irrumpir con una fuerza hasta el momento desconocida que los sitúa incluso como elemento determinantes para la estabilidad del país. Ambos plantean una renovación, pero lo hacen desde prismas muy diferentes. Uno más revolucionario, aunque dulcificado en su tono durante la campaña electoral. Otro más técnico y centrado. Frente a ellos, el PSOE acude a los comicios más importantes de su historia reciente. Se juega casi su propio futuro en un panorama internacional en el que la socialdemocracia prácticamente ha desaparecido. Mientras, los populares de Rajoy también se hallan ante un momento clave. La crisis económica y su nefasta gestión de los recortes se enfrentan al veredicto de la calle. Pocos dudan de que se hizo lo que se pudo, pero sí son muchos los que critican las formas en las que se ha hecho.

Millones de españoles darán hoy nuevamente una lección democrática. Se prevé una participación histórica que demostrará cuán importante es la ornada electoral. Por ello, una vez más, hay que hacer una llamamiento a la participación. A la participación democrática, pausada, tranquila y festiva. Tras tiempos tan duros como los que hemos pasado en estos años es ahora, hoy, el momento de expresar libremente lo que queremos. Si hay cambio o continuidad. A partir de mañana se abre un nuevo escenario. Los políticos deberán estar a la altura y, de una vez por todas, entender el mensaje de cambio y acercamiento a los ciudadanos que hay en la calle. Salga lo que salga, lo que es seguro es que saldrá desde la democracia. Y eso no es cualquier cosa. Que lo vote usted bien.

Que vote usted bien

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 22 de marzo de 2015 a las 10:25

Ha llegado el momento. Los andaluces volvemos hoy a las urnas en las elecciones autonómicas más abiertas y desconcertantes que se recuerden. La eclosión de nuevos partidos como Ciudadanos y Podemos, unida a la crisis que atraviesa el bipartidismo tradicional de PP y PSOE y las consecuencias que el cogobierno pueda tener sobre IU se dirimen hoy de la mano de la voluntad de más de seis millones de andaluces. Nadie sabe qué pasará esta noche cuando se abran las urnas, aunque parece claro que la composición del próximo Parlamento andaluz será mucho más amplia y plural, con la presencia de hasta cinco formaciones políticas. Buena noticia esta para la política andaluza, demasiado estancada en un discurso que ha parecido en muchas ocasiones un partido de tenis.

Más allá de esta variante partidista, lo que los andaluces nos jugamos hoy es mucho. Es, en primer lugar, contar con un Gobierno que pilote la salida de la crisis que se está esbozando. Con seriedad y rigor, con las ideas claras y cuatros años por delante para establecer las políticas necesarias que doten de estabilidad a nuestro futuro. Estos años han sido demasiado duros para los ciudadanos como para que podamos retroceder en el camino andado, lo que obligará a quienes compongan desde mañana el arco parlamentario a hacer un esfuerzo de rigor y responsabilidad en beneficio de todos. Responsabilidad a quienes estén en el Gobierno y a quienes formen oposición. Altura de miras y sentido de Estado.

También tenemos hoy ante nosotros la posibilidad de mostrar al resto de España la salud de nuestro sistema democrático y nuestra condición de comunidad histórica. Una asistencia masiva a las urnas es lo que se reclama en momentos como los actuales en los que nos jugamos tanto. Andalucía tiene el reconocimiento estatutario como una nacionalidad histórica y no acudir hoy a los colegios electorales es traicionar a quienes se dejaron la piel por conseguirla y renunciar voluntariamente a formar parte del sistema.

Porque, y esto es lo más importante, hoy tenemos la posibilidad de elegir qué queremos para nuestro futuro. Sea cual sea la opción política por la que nos decantemos tenemos esa posibilidad. El voto, elemento mantenedor de la democracia, es un derecho para todos, pero también ha de considerarse una obligación. Afortunadamente, hace muchos años que quedó atrás la época en la que votar era un lujo o directamente no servía para nada. Vivimos tiempos convulsos, difíciles y determinantes, pero afortunadamente tenemos la posibilidad de decidir nosotros mismo el modo en el que queremos enfrentarlos. Por eso, hoy hay que ir a votar. No hacerlo sería, como ya se ha dicho, traicionar nuestras propias creencias y situarnos al margen del sistema. Y este, por fallos y grietas que tenga, es el mejor del que nos hemos dotado en toda nuestra historia. No lo dilapidemos. Que vote usted bien.

Nos merecemos algo más

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 3 de noviembre de 2013 a las 14:24

La derecha no hace prisioneros ni heridos, solo mata y si es posible en las cunetas que es donde siempre nos han dejado a los socialistas”. Así, sin anestesia, se despachaba el secretario provincial del PSOE, Juan Pablo Durán, hace una semana en Peñarroya en su alegato en defensa de la ex alcaldesa de la localidad. Un acto que debía ser un desagravio para una mujer detenida con excesivo rigor, aunque imputada de varios delitos, acabó en una delirante diatriba de un cargo publico imbuido por el espíritu de los mejores Largo Caballero, Carrillo o Calvo Sotelo del 36. Un espectáculo bochornoso y excesivo de cuyo autor no se supo más durante una semana por su miedo a salir en publico a asumir las responsabilidades pertinentes y pedir disculpas a la inteligencia general. Un exceso verbal en el que se ponía en duda incluso la salud de nuestra democracia al afirmar que vivimos en un estado de excepción encubierto en el que la Policía y los jueces son peones en manos del Gobierno. (Qué se echó de menos esta dureza cuando en Madrid mandaba otros que hacían lo mismo). Todo ello con un lamentable momento en el pleno municipal en el que si le hubiese puesto de liebre un medio fondista africano se habrían batido todos los récords del mundo. No hubo periodista que le ganara en el esprint.

Ayer, Juan Pablo Duran sí dio la cara, sí apareció en publico ante los suyos para esbozar una mínima autocrítica e insistir en que en este país la extrema derecha es como el hombre del saco: viene a robarnos todo lo que tenemos o podamos tener. Terrible. Así va nuestra democracia; nuestros líderes siguen considerándonos escasos mentales, ovejas fáciles de pastorear y seres carentes de cualquier capacidad de raciocinio. De un color y de otro, los líderes. En un escrache o en un discurso. Da igual. Yo hablo del discurso, que es el que me coge cerca.

Lo dicho por Durán hace una semana en Peñarroya es preocupante y extremadamente triste. Demuestra un escaso respeto por el sistema democrático del que nos hemos dotado y no menos desprecio a quienes vivieron el momento más oscuro del siglo XX. De un lado y de otro. Las cunetas están llenas de españoles de todos los colores y el futuro se hace logrando que los nietos y bisnietos de unos y otros sean capaces de convivir en paz y armonía para lograr un futuro mejor. Que ya está bien de discursos huecos de quien sabe de tragedias por lo que le han contado. Como usted y como yo. Y usted y yo no estamos todo el día paseando a los muertos. Que eso se acabó. Que se saquen de sus fosas, que se les rinda tributo, que se admita que hubo unos que tuvieron más memoria que otros durante cuatro décadas y que se deje a sus familiares llorar por ellos. Pero ya está. Que no se ensucie ni prostituya su memoria. Y que no se haga sobre todo por intereses partidistas, que no se haga por el ansia de poder. No. Ya está bien. Lo de Durán del sábado en Peñarroya es un insulto a la memoria de este país. Y no nos lo merecemos.

Vivimos en pleno siglo XXI, con unas cotas de libertad desconocidas hasta ahora, con un estado de Derecho que, mejor o peor, defiende a todos, con una Policía que vela por nuestros derechos y con la posibilidad de decir y pensar lo que queramos. Esa es la realidad, por mucho que una crisis económica descomunal este poniéndolo todo en permanente cuestión. Por eso mismo, que salga alguien que de mayor quiere ser importante afirmando semejantes sandeces a uno le revuelve las tripas. Porque no todo vale, porque no somos tontos, porque nos mecemos más.

La Ribera y el bien común

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 13 de enero de 2013 a las 10:25

HACE apenas un mes, el IESA hacía pública una encuesta cuyos resultados eran sobrecogedores. Más de un 58% de los sondeados consideraba que la democracia no funcionaba bien en España y nada más y nada menos que el 92,7% creía que los partidos políticos se preocupan más de sus intereses particulares que de los generales. Las cifras son alarmantes, serias y dignas de que alguien con dos gramos de cerebro activo grite un “paren las máquinas” antes de que este país se meta en una espiral de populismo de preocupante solución. Sirva este prólogo para situar al lector ante los hechos que ahora se describen y para que valore si es cierto que los partidos miran por sus intereses más que por el bien común.

Esta semana hemos asistido a la primera polémica política del año en Córdoba, desatada a cuenta de la reapertura al tráfico –autobuses y taxis sólo– del último tramo que queda por reinaugurar de la Ribera. La obra está terminada y la Junta rechaza dar el paso definitivo porque el Ayuntamiento debe dar el último empujón al asunto con la recepción del Centro de Visitantes de la Puerta del Puente. Traducido: Es como si en su comunidad se arregla la puerta de la cochera, pero no se abre porque hay que cambiar las cuerdas para colgar la ropa en la azotea. La explicación parece, y es, estúpida, pero no menos surrealista e impresentable que la decisión del Gobierno andaluz. El Ayuntamiento se ha apresurado a decir que si la cosa es porque la Junta teme perder la foto de la inauguración, él está dispuesto a cederle ésa y cuantas fueran necesarias, pero que el tráfico debería pasar por esa zona porque Aucorsa está palmando pasta a espuertas desde que dos de sus líneas no circulan por allí. Puede incluso que de fondo haya una especie de vendetta autonómica a la negativa del alcalde de arreglarle a Cultura los alrededores del inconcluso y eterno C4. Si tú no me arreglas esto, yo te dejo sin aquello, podría ser el argumento desde Sevilla. Hasta aquí los hechos. Ahora, las consecuencias.

Nuevamente, Córdoba vuelve a ser víctima del enfrentamiento infantil de dos administraciones. La ciudad, como tantas otras veces, queda en manos de una pelea de niños que olvidan por completo el bien común para centrarse en el interés político y el desgaste del adversario. En este caso, la culpa recae sin duda alguna sobre el Gobierno andaluz –en otras es al revés–, que olvida que no es una extensión del PSOE, sino que es una administración que debe mirar por usted, por mi y por su vecino. Porque eso son las administraciones: representantes de los ciudadanos para que actúen en su beneficio, no para que le pongan piedras a las ruedas y lastren sus posibilidades. Nadie en su sano juicio puede explicar en serio que este vodevil de la Ribera tenga justificación. Igual que nadie parece haber entendido aún que el bien común se encuentra mucho más allá del bien de unas siglas.

Y sólo un 58% duda de la democracia. Milagro

Diálogo de sordos

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 18 de noviembre de 2012 a las 10:45

No hice huelga el miércoles. Dos motivos me llevaron a ello. El primero, pese a lamentar los recortes del Gobierno, que no estoy de acuerdo con las tesis de sindicatos ni partidos de la oposición. El segundo, que creo que la labor de un periodista es informar de lo ocurrido el miércoles. Es como si en una guerra uno cogiera el fusil y soltara la pluma. A cada uno su función: unos denunciar y otros contar lo que se denuncia. No fui el único que pensó así.

Si hay un mensaje que quedó claro el miércoles es que este país, sus trabajadores, pasan de ir a la huelga tanto como de seguir los postulados del Gobierno. Les guste a los sindicatos o no, el paro fue muy cortito. Tuvo incidencia en el primer turno de la industria –lamentablemente escasa en Córdoba–, pero no había más que darse una vuelta por la calle a mediodía para ver que los comercios o bares vivieron su día con absoluta normalidad. Es más, cabría decir que hubo más huelga de consumo que de la otra, quizás porque el personal no quiere salir a la calle en días como esos por temor a que los piquetes informativos les informen la cara. Así que de medianoche a las ocho hubo huelga y luego poca cosa. Que hasta el propio Rafael Rodríguez pidió la final de la manifestación a los suyos que no se fueran de cañas y mantuvieran la presión hasta medianoche. Agua.

Manifestación sí hubo, y mucha. Miles de personas, decenas de miles, salieron a la calle a denunciar lo que se considera ya una política abusiva por parte del Gobierno. A gritar en voz alta que la reforma laboral es un abuso, que el recorte a la sanidad es indecente y que corremos el riesgo de volver al pizarrín en materia educativa. Allí estuvieron juntos jóvenes y viejos, empleados y parados, madres e hijas. Todos hartos de que el Ejecutivo dicte medidas que machacan a las clases trabajadoras y eludan apretar allí donde más hay –en los fraudes de grandes corporaciones y fortunas–. Fue bonito, democrático y pacífico.

Sin embargo, después del miércoles no parece que nadie haya sacado conclusiones. El PSOE sigue haciendo el ridículo, apoyando una huelga que nace de la modificación de la Constituciónque aprobó el último zapaterismo. Los sindicatos aún no se han dado cuenta de que ellos representan a los trabajadores –empleados y desempleados– y no a los partidos. Miren el rechazo de CSIF o ANPE al paro y verán algo de coherencia. Y el Gobierno sigue a lo suyo. Como los monos, ni ve, ni oye, ni habla. Bueno sí habla, para decir que no se mueve y que los centenares de miles de españoles que se manifestaron no saben lo que quieren.

Y usted y yo seguimos cada vez más hartos y menos representados. Testigos impotentes de un diálogo de sordos de unos aprendices de brujo. Pena de país.