Archivos para el tag ‘Educación’

Alumnos y profesores

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 10 de abril de 2016 a las 9:21

Ahora que hemos comprobado que las sevillanas a tres son imposibles y que Pablo tiene celos de Albert porque Pedro le hace ojitos, vamos a hablar de cosas serias. Ahora que tenemos paralizada otra ley de Educación por votación esta misma semana de los señores diputados de ese Congreso de ladridos que tenemos en Madrid, abordemos cosas más interesantes. No conozco ciudadano normal que no esté hasta los mismísimos de esta coreografía eterna de encuentros para nada, así que es mejor hablar de cómo la vida sigue y afortunadamente todos somos capaces de vivir, o sobrevivir, sin acuerdo de Gobierno.

Precisamente esta semana de paralización de la Lomce he tenido la suerte de participar en una iniciativa educativa de esas que te hacen recuperar la fe en el prójimo.  Fe en que a pesar de los políticos y su nefasta gestión de la educación –que ya se sabe que el devenir  de las jóvenes generaciones importa poco cuando se trata de mirar por los garbanzos propios- hay quien sigue luchando por un futuro mejor para nuestros hijos. Fe en que siguen existiendo profesores que aspiran a ser maestros, que se preocupan por sus alumnos y que hacen lo que pueden para ayudarles a decidir con tino su camino profesional. Como digo, esta semana he tenido la suerte de dar con uno de esos ejemplares docentes en unas jornadas en el instituto Galileo.

Reallity bites se llamaba la iniciativa, una semana dedicada a que diferentes profesionales explicaran a alumnos de 3º y 4º de ESO y 1º de Bachillerato qué es la vida real, cómo se consiguen las metas y qué hay que hacer para ganarse el pan. Hosteleros, bomberos, deportistas, policías locales, jóvenes emprendedores y algún que otro juntaletras hemos pasado por allí para someternos a un tercer grado de lo más apasionante. Chavales que tienen toda la vida ante sí, y que en algunos casos lo que han visto de vida no es precisamente aleccionador, han pasado una semana conociendo los valores reales de la vida. Esfuerzo, trabajo, equipo, superación, formación…. De todas esas cosas y muchas más preguntaron. De los deberes, del orgullo profesional, de la dicotomía entre el sueño juvenil y los miedos paternos a la hora de enfocar una vida, de cómo ir a una entrevista de trabajo, de los sueños cumplidos y los fracasos logrados…

Durante una semana, esos alumnos del instituto Galileo han recibido la información que necesitan para saber cómo labrarse el futuro. Mientras quienes se supone que tienen que mirar por su futuro en Madrid hacen el ridículo, un profesor con espíritu quijotesco demostraba que el valor de la educación de este país está en sus docentes. En sus ganas de superarse y en el amor por su profesión. A pesar de los pesares, a pesar de los políticos y a pesar de la falta de medios. Bocados de realidad para enseñarle a los chavales a buscarse la vida. Mientras los de siempre pierden el tiempo tirándose leyes a la cara y apostando por aculturizar a los hombres y mujeres del mañana, aún hay esperanza. Esta semana unos cuantos hemos presumido de Galileo. Igual que otros presumirán de otros centros. Presumamos de docentes implicados y alumnos interesados. De los otros, lamentablemente, no podemos más que avergonzarnos. Gracias Coque.

Empieza lo importante

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 27 de septiembre de 2015 a las 10:17

Cataluña acude hoy a las urnas en unas elecciones autonómicas convertidas en referéndum de autodeterminación. Las estrategia de Artur Mas y el devenir de la campaña han certificado que en las urnas de hoy no se va a decidir nada sobre el funcionamiento de la administración, la política económica, el modelo educativo o el sistema sanitario. Hoy sólo se opta entre seguir dentro de España o declararse independiente y mantener esta locura secesionista caiga quien caiga. Se espera que los partidarios de la ruptura acudan en masa a los colegios electorales y existen dudas sobre lo que harán quienes quieren seguir dentro de este país llamado España. Es lo que tiene formar parte de un movimiento que ha hecho del agravio, el victimismo y la persecución su razón de ser y otro que lleva ya tiempo asistiendo estupefacto a una política de aislamiento y hostigamiento muy bien calculada. En esta dicotomía llevamos dos semanas. Unos se sienten perseguidos por el Estado español y otros por el protoestado catalán. Unos se ven mártires de la incomprensión histórica y otros del arrinconamiento promovido desde las instituciones regionales. Esta es la situación y la base del problema.

Pero cuando esta noche sepamos los resultados y comprobemos si la cosa esta dividida a medias o no, habrá que lanzarse una serie de preguntas sobre qué va a pasar a partir de mañana. Deberemos saber quién y cómo va a gobernar una comunidad autónoma rica en la que la lista independentista mezcla marxistas convencidos con liberales de pura cepa tanto como las candidaturas del otro lado. Tendremos que conocer cómo piensa actuar el Estado central en caso de que el independentismo salga triunfador y cómo lo hará ésta en caso de salir derrotado. Habremos de conocer cuál será la traslación de los resultados a la inminente campaña electoral nacional; si los partidos se comportarán con responsabilidad o utilizarán la cuestión catalana como elemento arrojadizo en busca del voto.

Aunque haya quien se niegue a aceptarlo, hoy se deciden muchas cosas en Cataluña y todas ellas son importantes para nosotros como cordobeses, andaluces y españoles. Porque si parece que es innegable que hay que tocar la Constitución para buscar nuevos encajes y equilibrios territoriales, no lo es menos que estos ajustes no pueden partir de visiones maniqueas ni frentistas. Nuestra clase política, caracterizada por su racanería, falta de altura y profunda miopía, se halla ante un momento clave. De su capacidad de tender puentes y buscar alianzas depende en gran medida nuestro futuro. Imágenes como la del jueves en el Ayuntamiento de Barcelona estomagan y avergüenzan a partes iguales. Son la perfecta representación de cuán bajo han caído los partidos políticos en la selección de sus cuadros. Si es cierto, que lo es, que en Cataluña existe un sentimiento nacional muy arraigado hemos de responder a él con sensatez. La misma que quienes defienden su salida de España han de aplicar con quienes quieren seguir siendo catalanes y españoles. Todos en la búsqueda de discursos comunes. No vayamos a caer en la innata tradición española de construir el futuro arrasando los cimientos del edificio en lugar de añadirle una planta más. Mañana comienza lo importante. Esperemos que estén a la altura.

Mujica para no iniciados

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 20 de septiembre de 2015 a las 9:19

Expone Jaime Miquel en su libro La perestroika de Felipe VI que los nuevos votantes -los nacidos a partir del ocaso de Franco- han roto todos los lazos con la clase política actual por diversos motivos. Entre estos, destacan por encima de los demás la corrupción institucionalizada en el seno de las formaciones políticas, su doble moral a la hora de taparse las vergüenzas unos a otros y su falta de honestidad a la hora de actuar. Es decir, eso que se ha dado en llamar la conversión de los partidos en una casta. No debe equivocarse demasiado el sociólogo a la vista de cómo está el patio electoral, con unas fuerzas tradicionales que cotizan muy a la baja y unos partidos emergentes que ganan terreno a medida que pasan los días.

Con esto en la cabeza tuve el placer de asistir el jueves a una hora de conversación con el expresidente uruguayo José Mujica. Hombre pausado dados sus ochenta años y cadencioso en el habla como buen habitante del Cono Sur. Silencioso por momentos ante las preguntas de la concurrencia. Humilde, alejado del divismo y con cierto aire de acabar de bajarse del tractor hace apenas diez minutos. Durante sesenta minutos, disfruté como un enano de las palabras de un hombre que fue revolucionario antes que presidente y que en la senectud utiliza el verbo como arma de guerra. De lo allí expuesto me quedo con su afirmación de que en la política hay que ser honesto y de que las revoluciones comienzan por uno mismo. No podemos cambiar el mundo si no empezamos a hacerlo desde nuestro propio yo. Sencillo, simple diría, pero de una profundidad conmovedora. Si no fuera político y le dijeran a usted que viene de África poco se diferenciaría su mensaje del que pudiera dar, por ejemplo, nuestro obispo Aguirre desde Bangassou.

Tras escuchar lo expresado asisto el viernes a la cabalgata de cargos públicos que acudieron en manada a la ponencia oficial de Mujica. Atildados, con sus mejores galas, recién duchaditos, allí que fueron pasando cuantos pudieron para asistir desde las primeras filas a la homilía del expresidente. Estaban felices y salieron henchidos de gozo a juzgar por lo que muchos de ellos nos han regalado en sus muros de Facebook durante este fin de semana. Honestidad, ejemplo, autoridad moral, inspiración… han sido términos que he leído en muros de muy diverso pelaje ideológico. Del PSOE al PP, pasando por IU y los independientes. Viva Mujica, se podría decir como resumen.

Y resulta que a uno, que tiene bastante de descreído y algo más de sieso cuando se pone, le crispan hasta el extremo todos estos mensajitos. Líbreme Dios -con perdón del cogobierno- de ejercer de justiciero, pero permítaseme poner en duda tanta bondad. Permítaseme abominar de quienes hablan de esa refundación política mientras siguen peleándose a muerte en el reparto de sillones o dudar de esa pretendida bonhomía cuando se airean basuras cada vez que se puede. Preguntarme, a la postre, cómo se pueden decir semejantes cosas cuando se practica justamente lo contrario. Porque tiene razón Miquel cuando habla de los motivos de la ruptura que vive este país. Tanta como Mujica cuando reclama honestidad en la política. Y yo que miro y no veo (casi) nada de eso.

El Arcángel no se toca

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 5 de julio de 2015 a las 6:39

La identidad de un pueblo se construye sobre tres elementos básicos: la cultura, el idioma y los símbolos. Son estos tres pilares la base sobre la que se sustenta el argumentario propio y diferenciado de cada nación. Cultura, idioma y símbolos son sagrados en la mayor parte del mundo. No hay país en el que cargar contra una de estas tres cuestiones salga gratis ni conlleve duras críticas y, en ocasiones, peligro para la integridad del osado. Ningún país salvo España, claro, donde en un partido de fútbol el personal se mofa del himno y la bandera y encima hay que justificarlo. Como si uno pudiese acudir a las casas de esos que silban a decirle algo de la senyera o la ikurriña. Si eso hubiese ocurrido en Francia, Alemania o EEUU los chifladores habrían sido, a su vez, chiflados. Cosas de los complejos de esta España nuestra.

investidura

Isabel Ambrosio saluda a Rafaela Crespín, delegada del Gobierno de la Junta el día de su toma de posesión ante el cuadro de San Rafael obra de Antonio del Castillo.

En nuestra Córdoba cercana también hay quien ha estado jugando con los símbolos en los últimos días y a punto ha estado de que la jugada le saliera cucona. La alcaldesa, en esa tendencia suya de no zanjar debates nunca, eludió el jueves aclarar si iba a sacar el cuadro de San Rafael de Capitulares y a poco que la cuelgan del palo mayor. En apenas 24 horas, un grupo surgido en Facebook atesoraba más de 22.000 seguidores bajo el aclaratorio epígrafe de No me toques a San Rafael. Ese día fue justo el que necesitó la regidora para darse cuenta de su metedura de pata y emitir una nota en la que abjura de cualquier intención de engrosar los museos municipales con la obra de Antonio del Castillo. Palabrita, le faltó decir.

La polémica originada por la propia Ambrosio no es sino una muestra más de que en ocasiones los políticos que nos dirigen no saben con qué juegan cuando se ponen a tontear. Convenimos en que estamos en un estado aconfesional, en que si a la regidora le molestan los elementos católicos está en su derecho de retirarlos y en que ninguna religión puede ser promocionada por encima de las demás desde las arcas públicas. Sin embargo, la interpretación ortodoxa de esta realidad no puede hacernos vivir al margen de la sociedad. De una ciudad en la que hay más personas que no eligieron a la alcaldesa que votantes del PSOE. En un lugar en el que tocar a San Rafael es atacar los más básicos principios de convivencia, los sentimientos más íntimos, las más profundas creencias. Esas que no entienden de derechas ni de izquierdas, que votan socialista y salen en procesión.

Una vez más, los ciudadanos han demostrado que van muy por delante de sus representantes en cuanto a la concepción democrática de la convivencia. Los textos volcados en el perfil de Facebook destacan, en su gran mayoría, por ser civilizadas defensas de algo que trasciende a la colectividad para introducirse en los más profundo del individuo. A la alcaldesa le han aconsejado bien en la marcha atrás y lo harían mejor si le dijeran que hay cuestiones que no son juguetes al albur de momentos o pactos políticos. Igual que Ambrosio está más que justificada para retirar símbolos de su despacho, lo están los miles de cordobeses que le reclaman respeto con su Custodio. Miles de ciudadanos que no suelen protestar, que no forman parte de minorías ruidosas y polemistas y que han levantado ahora su voz al sentirse atacados. Tiene suerte la alcaldesa de haber errado en los primeros días del mandato, pero debe tomar nota. Van dos en apenas siete días y en algo debe haber fallado para provocar la reacción que ha ocasionado. Cuidado.

La rebelión sanitaria

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 8 de marzo de 2015 a las 8:22

Complicado escribir en estos días electorales sin que alguno de los contendientes se te eche al cuello, pero hay que hacerlo. Esta semana, además, con más motivo porque ha estallado en el ambiente un tema que llevaba demasiado tiempo sobrevolando el ambiente. Por sorpresa y en una comparecencia inédita en Córdoba, todos los sindicatos con representación en el ámbito sanitario comparecieron unidos el martes para denunciar las condiciones en las que realizan su labor los profesionales del hospital Reina Sofía. El hecho es histórico y evidencia que lo que vienen soportando los profesionales de este ámbito en los últimos años dista mucho de ser normal.

Jornadas excesivas, falta de sustituciones, salarios recortados, unidades de dirección en las que las directrices políticas están casi por encima de las médicas, son las principales demandas. Eso, unido a pacientes que se cansan y que en muchas ocasiones demuestran escasa educación, ha colmado el vaso de la paciencia. Para terminar de arreglarlo, la respuesta tanto de la dirección del centro como de la delegada de Salud ha distado enormemente de ser convincente y se ha quedado en una serie de vaguedades, compromisos con tinte electoral y cierta negación de la evidencia que ofende a quien la padece.

En estos tiempos tan electorales que nos ha tocado vivir, la sanidad debería entrar de lleno en el debate para que de una vez por todas se dé a su alrededor un acuerdo de Estado en el que, como con la educación, nadie pueda hurgar cada vez que las urnas le sonríen. Un país que no cuida a sus médicos, tal como debería hacer con sus maestros –aunque ese sea tema de otro artículo–, está condenado a padecer a la indigencia intelectual. Quien maltrata a sus médicos, y en eso no están exentos ni PSOE ni PP en función de donde gobiernen, está machacando además a sus pacientes. O, lo que es lo mismo, les está faltando al respeto a sus ciudadanos, que son los que frecuentan los hospitales.

Si para ser médico o enfermero se precisan las mejores notas y las carreras más largas, no se entiende muy bien que el trato y la remuneración que perciben quienes se dedican a tan nobles labores no esté a la altura de esas exigencias. Si a los que deben velar por nuestra salud los tratamos así, luego no podremos quejarnos de cómo están los hospitales. La culpa, y las soluciones, está claro en manos de quién están. Y, desde luego, no se arreglan ni a golpe de promesa electoral ni con contratos recrecidos a la carrera. Se arreglan dándole a os profesionales el lugar que merecen.

Que alguien pare a Gomendio

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 15 de junio de 2014 a las 8:39

La educación es uno de los elementos más castigados en la historia de este país. De la época de los golpes en la mano del alumno con la regla hemos pasado ahora al insulto al docente por parte de los padres. Del la letra con sangre entra hemos pasado a nada de letra no vayamos a hacernos sangre. De los libros llenos de texto en los que encontrar una imagen era una machada hemos pasado a los libros llenos de imágenes en los que encontrar un párrafo de cuatro líneas es prácticamente imposible. Del esfuerzo y el hincar los codos para aprobar hemos pasado a la comprensión con el suspenso. Tan comprensivos somos que la Junta anda ahora planteando nuevas trabas para que los profesores no puedan suspender a los alumnos. Perfecto, lleguemos a la excelencia por la incomparecencia (intelectual).

No se cuantas leyes en 35 años de democracia han terminado de torpedear el sistema, han acabado con la figura del maestro, han llenado las aulas de profesores que los son porque sólo pedían un cinco para entrar en la facultad y los pasillos de padres de alumnos permisivos con sus hijos y amenazantes con los profesores. Triste panorama.

Ahora le llega el turno a las becas. La secretaria de Estado de Educación, Montserrat Gomendio, dejó caer el viernes que el Gobierno estudia cambiar el sistema y convertir la becas en unos préstamos sin intereses al estilo británico. Acojonante (con perdón). Estoy de acuerdo en que en esto de las becas hay muchas trampas, que hay quien disfruta de una ayuda pública al estudio al tiempo que en su casa no faltan dos coches, dos plasmas y unas buenas vacaciones de verano. Comparto la teoría de que para recibir y repetir la beca hay que exigirle al alumno, como mínimo, que apruebe las asignaturas a las que se ha presentado. Si no todas, sí un porcentaje elevado, que no está la cosa para andar regalando dinero de nuestros impuestos a quien lo que mejor hace en la facultad es trajinar Cruzcampo en el bar. Hay que ser serios, rigurosos y exigentes con el alumno. Tanto como lo será la vida misma con el egresado una vez que caiga en las fauces del mercado laboral.

Ahora, de ahí a que las becas se conviertan en préstamos va un mundo. La educación es un derecho universal, un derecho humano al que debemos tener acceso todos los seres que habitamos este planeta. Todos por igual, sin distinciones de clase ni de cuna. Por ello pretender que quien obtiene una beca tenga que devolver el dinero cuando se incorpore al mercado laboral es obsceno y tremendamente injusto. Si uno accede a una ayuda por su currículum, sus ganas, su motivación y, sobre todo, porque de otro modo no podría estudiar, es indigno hacérselo pagar después. Es indigno y demuestra un escaso apego a la realidad entre quienes eso proponen. Contener el sumidero en el que en ocasiones se convierte la educación es una obligación del Estado, de los alumnos y de sus padres. Eso se hace aplicando criterios de calidad, excelencia y adecuación de la enseñanza al mundo real. Pretender hacerlo a través de la cuenta corriente debería ser delito de lesa humanidad. Esperemos que alguien pare a Gomendio.

Educación

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 1 de diciembre de 2013 a las 9:26

Yo estudié en un sistema en el que había EGB, BUP y COU. Soy culpable de haber ido a un colegio concertado y que no fue mixto hasta primero de BUP. En mis tiempos, los libros tenían muchas letras y pocas fotos, pesaban lo suyo y nadie llevaba la maleta con ruedas so pena de ser tildado de blando en el mejor de los casos. Cuando yo iba al cole, porque nunca fui al instituto –soy culpable–, había que pegarle a los codos y estudiar de memoria muchas cosas. En clase había que estar callado, llegar a la hora y, a pesar de no vestir uniforme –vaya colegio de curas pensarán algunos– había que ir medianamente presentable. Recuerdo que a los maestro de EGB se les llamaba don Emilio, don Vicente, don Antonino o doña Elvira y que estaban capacitados para echarte de clase si dabas el coñazo o molestabas. Aquello era un problema gordo, y no porque te echaran de clase sino porque si te echaban de clase y se enteraban tus padres, que solían hacerlo, lo de enterarse digo, la bronca en casa era descomunal, el castigo asegurado y el cosqui más que probable. Así estudié yo y, salvo que me dio por hacer periodismo y dedicarme a emborronar hojas, no he tenido mayores traumas.

Ahora que soy padre y que llevo unos cuantos años viendo pasar becarios por el periódico observo atónito cómo el sistema educativo se ha convertido en una especie de chalaneo en el que otros padres llevan tarde al cole a sus hijos y no pasa nada; en el que te viene un chaval de la facultad que ha sido víctima –sí, victima– de la Logse y te sitúa Ponferrada en Almería, te pregunta quién es Moby Dick o te reduce a tres las provincias catalanas con cara retadora cuando le insinúas que son realmente cuatro. Ahora que soy padre y he tenido a muchos becarios en la redacción me quedo estupefacto cuando otros padres ponen en duda la autoridad del profesor o su preparación –aunque eso da para otro artículo– y los chavales que vienen al periódico en verano escriben con un número de faltas de ortografía y discordancias gramaticales que apabulla. Ahora que soy padre y he visto mucho aspirante a periodista pasar por mi despacho me quedo de una pieza cuando otros pasdres critican las tareas que llevan sus hijos mientras los apuntan a 250.327 actividades extraescolares que van de la música a la danza pasando por el inglés, el kárate y la pastelería, al tiempo que algunos jóvenes aspirantes a redactor desconocen cómo funciona nuestro sistema democrático, quienes acompañaron a Franco en el golpe del 36 o cuando arrancó la primera guerra mundial. Esa es la educación que veo ahora y me espanta.

Por eso, porque lo que yo quiero para mis hijos es lo mismo que usted me parece una vergüenza que este país lleve siete leyes educativas en apenas 35 años, que los políticos –muchos de ellos con niños en colegios concertados o privados– tengan la cara dura de reducir la educación a un problema de índole religioso mientras desarbolan al maestro, le pagan de pena y lo humillan públicamente. Una clase política que condena a su educación a vivir al albur de cuestiones ideológicas no me merece respeto alguno. Es más me asquea. Un país es su educación, en ella está su futuro. Y ese futuro no puede cambiar cada cuatro años. Ni siquiera porque algunos, de un lado y de otro, nos quieran dejar sin él.

Primarias improcedentes

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 7 de julio de 2013 a las 11:18

Desde hace ya mucho tiempo, todas las encuestas le echan en cara a los políticos que viven de espaldas a la realidad y que andan siempre más pendientes de sus cosas que del interés común. Esto no es que pueda aplicarse como norma general, pero desde luego sí que es una constante común a muchos de nuestros dirigentes. Tampoco puede decirse que quienes nos gobiernan no hagan nada, que no es cierto, sino que en sus ratos libres se dedican a pensar cosas extrañas y soluciones rebuscadas que a nadie que se dedique a otra cosa que la pública se le ocurrirían. Y si no se lo creen, las primarias socialistas puestas en marcha en Andalucía son un buen  ejemplo.

En una comunidad autónoma con un millón de parados y serios problemas como es la nuestra, a pocos se les habría ocurrido poner en tensión al Gobierno autonómico sólo un año después de haberse constituido. José Antonio Griñán ha decidido, así de sopetón, que es buen momento para que los socialistas elijan a quien se supone que deberá sustituirle en el cargo dentro de tres años… y la ha liado parda. Primero, porque lo que iba a ser en principio un relevo que no conllevaba cambios a corto plazo ya tiene la puerta abierta a un adelanto electoral. Segundo, porque lo que estaba llamado a ser un movimiento pacífico, sin tensión dentro del partido ni del Gobierno autonómico, se ha convertido en una carrera en la que la política volverá a ofrecer su peor cara. (Me resisto a creer que Luis Planas o Susana Díaz vayan a continuar en el Gobierno del otro una vez que finalice el proceso). Y tercero, toda esta unión de movimientos tocará de lleno la labor del Ejecutivo regional, que será objeto de modificaciones que a buen seguro se notarán en su forma de funcionar.

Ignoro si Griñán ha convocado las primarias por temor a la juez Alaya, porque está cansado, porque no aguanta ni un minuto más compartiendo consejo de Gobierno con IU o porque con la designación de su sustituto le gana la partida política al PP y se ve libre para convocar elecciones anticipadas en el momento que considere oportuno. Sí tengo claro que la decisión del todavía presidente dela Juntade Andalucía me parece absolutamente improcedente. 

Cuando la ciudadanía lo que está reclamando es que hagan las cosas bien o que, por lo menos, no se estropeen más, la convocatoria de las primarias supone todo lo contrario. Demuestra que el presidente andaluz anda más preocupado por las cosas internas de su partido que por lograr que baje el paro, mejoren los resultados educativos o se acaben los recortes sanitarios. Por mucho que el PSOE se esfuerce en explicar que esta decisión es la mejor y una muestra de lo demócratas que son, la sombra de que Mercedes Alaya aprieta y comienza a ahogar y las denuncias por parte de los candidatos críticos de que se está presionando a los militantes para que gane la lista oficial se encargarán de demostrarnos en estas dos semanas lo alejada que está la teoría de la práctica. Y eso que a mi las primarias me parecen un gran sistema. Pero para hacerlas cuando tocan y sin forzar la máquina. Lo de ahora me parece extemporáneo e improcedente. Por mucho que usted diga lo contrario, señor presidente.

Chamizo, Gracia y los burros

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 2 de junio de 2013 a las 12:26

Hace  aproximadamente un año, José Chamizo denunciaba en una comparecencia en el Parlamento andaluz el sistema de partidos actual y recriminaba a los políticos que se dedicasen a sus “peleítas” en lugar de a arreglar las muchas cosas que hay que arreglar en Andalucía. Aquellas palabras le han costado a Chamizo el puesto después de 17 años en los que la institución que dirigía, el Defensor del Pueblo Andaluz, ha logrado convertirse en un referente ético en la comunidad autónoma. Cierto es que en estos más de dos lustros, no es que el Defensor del pueblo haya arreglado muchas de las cuestiones que se le pedían, pero sí que se había convertido en un pepito grillo incómodo y peleón. Ha sido la única voz que ha calado en la conciencia de muchos políticos, si es que la tienen todos.

Chamizo cayó tras denunciar a los partidos y el final de su mandato se antojaba claro tras recibir duras críticas del presidente de la Cámara andaluza, el cordobés de nacimiento Manuel Gracia, a quien nada gustaron sus reproches. El Defensor del pueblo andaluz cayó en una de esas escasas ocasiones en las que los partidos andaluces se ponen de acuerdo. Una de esas veces en las que PSOE, PP e IU pactan elementos clave para nuestra democracia y que, por supuesto, nada tienen que ver con la educación, la sanidad, la economía o alguna de esas zarandajas que de nada sirven y a nadie interesan. Todo un ejemplo.

Nuestros partidos con representación parlamentaria fulminaron a Chamizo con la misma falta de argumentos con la que esta semana sabíamos que habían pactado un incremento de sueldos del apurado Gracia y los portavoces adjuntos de cada formación en la Cámara andaluza. A Gracia le caían 400 euritos más al mes para pagarse desplazamientos, que con 6.5000 no llega el hombre, mientras que a los adjuntos les apañaban otros 2.000 por barba para paliar los recortes de nomina del año pasado. Vergonzoso.

De no ser por la labor investigadora de un periodista de esta casa, Antonio Fuentes, la desvergüenza se habría consumado sin rubor, con nocturnidad, alevosía y toda la oscuridad burocrática. Nada más hacerse público el tema, Gracia ha dado marcha atrás empujado por Griñán, que decía estar sorprendido, y por el bochorno general que ha causado el tema. Mientras, los partidos dicen que desconocían la cuestión, se daban golpes (leves) en el pecho preguntándose cómo podía haber pasado todo y ordenaban también restituir el daño hecho. Personalmente, no me creo que PP, PSOE e IU no estuvieran al tanto, que Griñán no supiera nada y que Gracia y los tres adjuntos aún no hayan puesto a disposición de sus partidos su puesto por respeto a todos los andaluces que viven en sus carnes los recortes desde hace ya demasiado tiempo.

Y luego hay quien se sorprende porque un juez llame burros a los políticos en una sentencia. Corto se ha quedado.

La Educación, un bien de Estado

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 24 de marzo de 2013 a las 12:05

Desde hace 40 años, este país tiene un grave problema educativo: sus políticos. Desde que la democracia aterrizó en España, llevamos siete leyes educativas paridas para dar la mejor formación a nuestros hijos. De la lista de reyes godos y el “la letra con sangre entra” hemos pasado a los modelos coeducativos, no impositivos e integradores. De considerar al maestro una autoridad en lo suyo y respetarlo al máximo –recuerdo el miedo que daba llegar a casa con malas noticias del cole–, hemos pasado a tratarlo como a  un igual, a depauperar su labor y a no respetar en absoluto lo que hace. Nos ha ido tan bien con estas siete leyes que lideramos los informes de calidad educativa si los leemos de abajo arriba y tenemos una juventud –sobre todo la que fue víctima dela Logse– con unas carencias culturales que dan auténtico pavor.

En todos estos años, no ha habido una sola norma educativa que estuviese concebida para hacer el bien entre sus destinatarios –los estudiantes–, sino que hemos visto cómo un Gobierno tras otro modificaba la ley del anterior para imponer criterios poco formativos y muy adoctrinadores. Nuestros regidores no se han preocupado por tener una infancia y juventud formada en materias básicas –matemáticas, lengua, historia, ciencias, etc– si no en crear modelos a la imagen y semejanza de pequeños lobbies y localismos. (Excepción sea hecha del inglés, al que afortunadamente ya nos hemos incorporado). Da auténtica pena comprobar cómo los modelos educativos han caminado hacia el empobrecimiento cultural de nuestros chavales, cómo se han primado contenidos vernáculos en sustitución de aquellas materias que realmente nos hacen personas.

De la mano de estos cambios, le hemos perdido el respeto al maestro, al profesor. Hemos devaluado su profesión hasta el punto de que sea un refugio al que acudir cuando no se tiene media para otra cosa. Del profesor por vocación hemos pasado al enseñante-opositor que debe luchar contra unos padres insufribles, unos niños malcriados y unas carencias de base realmente estremecedoras. Hemos confundido el desarrollo tecnológico y la capacitación en nuevas herramientas con el olvido de las tradicionales. Nos hemos creído que se podía aprender sin estudiar y hemos caído en la vergonzosa paradoja de querer formar a niños permitiéndoles pasar de curso con un carro de asignaturas pendientes y sin conocer lo que es el esfuerzo ni el castigo a la vagancia.

Estamos hartos de escuchar a nuestros políticos decir que de esta crisis sólo se sale a través de la formación y la educación al tiempo que desmontaban el edificio común para imponer temas menores en los que prima la ideología por encima del bien común. Hemos creado la falsamente llamada generación mejor formada de la historia; una falacia en la que un exceso de titulitis convive en el Inem con una absoluta falta de formación. Tenemos miles de licenciados universitarios haciendo cola junto a sus coetáneos que dejaron los estudios en busca del ladrillo. Ésa es la dura realidad, fruto del egoísmo de quienes nos han gobernado. Siete leyes en 40 años para tener unos pésimos resultados. ¿Cuándo se darán cuenta estos de quela Educación es un bien de Estado?