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Una Semana Santa histórica

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 20 de marzo de 2016 a las 12:00

Si el tiempo lo permite -que parece que anda la cosa complicadilla-, la Semana Santa que arranca hoy puede ser histórica para Córdoba. Por primera vez, las 37 hermandades con las que cuenta la ciudad van a transitar por la Mezquita-Catedral para realizar su estación de penitencia. Veremos imágenes hasta ahora inéditas del paso de los diferentes titulares de cada cofradía, además de por el Patio de los Naranjos, por rincones de la ciudad cargados de historia, simbolismo y plasticidad. La ilusión de los miles de nazarenos, penitentes, costaleros y músicos anda desbordada estos días ante esta oportunidad.

Sin embargo, más allá de la celebración espiritual que para los católicos supone la Semana Santa, hay que decir que ésta es para Córdoba una inmensa oportunidad económica. La afluencia de miles de turistas y cordobeses a las calles de la ciudad, da lugar al primer gran pico de la temporada turística local. El último estudio publicado señala que el impacto de la Semana Mayor supera los 40 millones de euros, la previsión de contratos ronda los 9.500 para estos días y a ello hay que unirle un importante movimiento económico no declarado alrededor de bocadillos, latas de refrescos y paquetes de pipas.

La Semana Santa va a servir también de banco de pruebas para comprobar si el entorno de la Mezquita está preparado para acoger la carrera oficial en futuras ediciones o si, por el contrario, habría que mantener ésta en la zona de Claudio Marcelo y Las Tendillas. Quizás esta ampliación de los recorridos a más zonas de la ciudad suponga menos aglomeraciones y además amplíe los beneficios económicos de la Semana Mayor a zonas de Córdoba hasta el momento menos favorecidas.

Lo que sí que está claro es que durante estos días hay que huir de la polémica, del enfrentamiento y de la búsqueda de titulares en los medios por cosas que separan más que unen. Batallas artificiales como la titularidad de la Mezquita, la segunda puerta del edificio para el paso de las hermandades o los costes de las salidas procesionales para las arcas públicas han de quedar en segundo plano. (Si es que alguna vez fueron dignas de ocupar el primero). No hemos de olvidar en ningún momento que son miles las familias que se van a beneficiar del tránsito de las cofradías por las calles de la ciudad durante estos días. De vendedores de pipas a camareros, de recepcionistas de hotel a taxistas, de podólogos a músicos.

Córdoba tiene una ocasión única para mostrar al mundo una imagen hasta ahora nunca vista. Más allá de las tradicionales postales de la Mezquita, observar a hermandades de larga historia y tradición transitando por las callejuelas de un Casco Histórico y un Patio de los Naranjos patrimonio de la Humanidad puede suponer un importantísimo salto adelante en la promoción de nuestra Semana Santa y, por ende, de nuestra ciudad. Es hora de olvidar prejuicios y complejos. No hay nada que envidiar en nuestra Semana Mayor a lo que sucede en otras capitales de Andalucía, pues ninguna otra capital de Andalucía tiene el marco histórico con el que cuenta nuestra Semana de Pasión. Que la disfruten.

La estrategia del avestruz

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 8 de noviembre de 2015 a las 7:13

Una vez más, y ya van no se sabe cuantas, la Junta de Andalucía vuelva a posponer una decisión de importancia relativa a Córdoba por los miedos que tiene a la hora de enfrentarse a los lobbies de presión. En esta ocasión, ha sido la consejera de Cultura, Rosa Aguilar, la encargada de transmitir a los cordobeses que no habrá segunda puerta en la Mezquita-Catedral hasta que no se manifieste la Unesco sobre su viabilidad. La decisión de Aguilar se produce después de recibir un informe del Icomos, organismo asesor de la Unesco en materia de patrimonio, en el cual se informa en contra de la apertura de esta segunda entrada para facilitar el paso de las cofradías en la Semana Santa. Con esta medida, la Junta lo único que hace es darle una patada hacia adelante al problema, poner en entredicho la opinión de sus propios técnicos, que aprobaron la obra en la Comisión Provincial de Patrimonio, y dejar claro que tiene pánico a tomar resoluciones claras que tengan que ver con el monumento.

Rosa Aguilar, el jueves antes de informar sobre la decisión de la Junta.No es cuestión de analizar si la segunda puerta genera o no algún menoscabo en el edificio, si no de destacar ese cacao mental que caracteriza a la Junta con la Mezquita-Catedral. Se entiende a la perfección que Rafael De La-Hoz recurriera un proyecto que acababa con una de las celosías que construyera su padre, si bien según ese mismo razonamiento tampoco podrían haberse abordado dichas celosías en su momento porque también rompían con la imagen del edifico. En fin, el huevo o la gallina.

Por otra parte, Icomos se ha caracterizado en los últimos tiempos por tener una postura bastante beligerante contra la Iglesia en el asunto de la denominación e inmatriculación del monumento y ha defendido el posicionamiento de la plataforma que reclama la titularidad pública de la Mezquita. Es aquí donde radica la clave de toda esta polémica. A escasos 50 días de unas elecciones generales en las que las perspectivas del PSOE no son las mejores, y en las que Podemos aparece encabezada en Córdoba por uno de los impulsores de esta plataforma, Antonio Manuel Rodríguez, en los despachos se decide dejar en suspenso cualquier resolución para evitar el impacto que podría tener sobre sus electores, los de Susana Díaz, esta decisión. No hay más.

¿Y quien pierde en todo esto? Pues Córdoba una vez más. Porque si la Junta considerase la segunda entrada un problema no tendría más que haber informado en contra y si por el contrario, tal y como sostienen sus propios técnicos, no lo es no tendría más que haber aprobado el proyecto. Con esta patada hacia adelante lo único que se consigue es perjudicar a Córdoba. Más allá de la inspiración religiosa de esta iniciativa, lo verdaderamente lamentable es que volvemos a asistir a otra ocasión perdida en la ciudad. A nadie con mínimas luces escapa que vivimos del turismo. Tampoco, que el transitar de las procesiones por el Casco sería un gran atractivo turístico que se traduciría en más visitas, más empleo, más riqueza y más crecimiento. La decisión de la Junta frena todo esto y encima pone un conflicto local en manos de una organización supranacional, que seguro que flipará al recibir este dossier.

Si la Junta sigue sin tomar decisiones en Córdoba –y basta recordar casos como las naves de Colecor, el Palacio de Congresos, la Ronda Norte o el Marrubial– desde luego cabe empezar a plantearse si no está más para restar que para sumar. Al tiempo, esa estrategia de esconder la cabeza siempre da vergüenza ajena. Y eso que el PSOE gobierna ahora en Capitulares. Con amigos así…

Discursos sobre el paro

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 5 de enero de 2014 a las 11:05

Las Navidades son ocasión para compartir momentos, charlar con familiares y amigos, hacer balance y analizar la perspectiva del año que entra. En esos ratos de conversación, este año, como en los últimos cinco o seis, el tema estrella ha sido la crisis y, dentro de ella, el empleo. No creo que a nadie le haya faltado la pregunta del amigo o familiar sobre qué tal le iba la cosa, sobre cómo ve el futuro y sobre si en su trabajo le han recortado el sueldo, las pagas extra o la jornada laboral. Todo ello para quienes mantienen su empleo, que otros lo que han contado es la de tiempo que llevan esperando poder incorporarse a cualquier sitio y cómo el cansancio de la espera les va minando. 

Viene todo esto por las reacciones que el viernes pudimos escuchar después de conocer la bajada del paro en diciembre. La mejor cifra de la serie histórica arroja cierta esperanza en que esto pueda empezar a moverse y se atisbe en el horizonte la luz que durante muchos meses no se ha visto por ningún lado. Cierto es que el PP no debe lanzar las campanas al vuelo, ha de esperar el efecto rebote que en enero se produce con el fin de la campaña navideña y tiene que admitir que el empleo que se está generando es de peor calidad, menos estable y, sobre todo, menos retribuido que el que hace poco más de un lustro se generaba en este país. No es momento aún para cantar victoria y la prudencia manda que aquellos que ya creen que esto va a despegar imparable permanezcan silenciosos en sus asientos. 

Sin embargo, es cierto que hay más de 107.000 personas en España -más de 6.000 en Córdoba- que respiran en este 2014 mejor que en el pasado 13 y ésa es una cifra innegable. Es por ello que llaman la atención los discursos catastrofistas que se quieren lanzar desde algunos foros de la oposición. Si los sindicatos han comprendido que el mensaje es que la cosa va mejor pero con matices, el discurso del PSOE señalando que los datos camuflan oscuras realidades, que en el fondo no son buenos y que hace mal quien los celebra no llego a entenderlo. Es cierto que ha crecido la emigración, tanto como que se han ido extranjeros de este país, pero no lo es menos que un número importante de personas han conseguido trabajo y tiene ya para llevar el pan a casa. La estrategia socialista prefiere ignorar ese hecho y se centra en continuar mandando mensajes en negativo a una sociedad que está harta de oscuridad, que ansía tener buenas noticias y que cada vez que escucha a alguien del PSOE hablar de empleo recuerda a Zapatero. 

Es cierto que hay que llamar la atención sobre la precarización innegable del mercado laboral, pero de ahí a seguir empeñados en pintarlo todo de negro va un mundo. Y no parece, según señalan las encuestas, que a los socialistas les esté yendo muy bien con esa estrategia. Caminan por la peor senda de voto de su historia, directos a engrosar ellos mismos las listas del Inem, incapaces de comprender que los ciudadanos reclaman soluciones, propuestas y mensajes positivos. No es que se pida un optimismo infantil, lo que se demanda es la aportación de elementos para el futuro. Que llevamos demasiados años vestidos de luto y va siendo hora de ponerse algo de color encima.

 

Un modelo de paro

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 4 de marzo de 2012 a las 10:19

Un mes más, y ya van siendo demasiados, las cifras de paro de febrero han vuelto a poner sobre la mesa camilla la pésima situación por la que atraviesa la economía cordobesa. Febrero sumó en la provincia más de 5.000 nuevos desempleados, que, sumados a los anteriores, superan las 91.000 personas en disposición de trabajar con distintas casuísticas y situaciones. Demasiados nuevos nombres en unas listas que ya han notado algo la influencia de la reforma laboral y que nadie espera que adelgacen, más bien todo lo contrario, durante el primer semestre, si es que hay suerte, del año. Caen todos los sectores, todas las edades, todos los sexos. Nadie escapa a esta epidemia de despidos.

Y mientras que esto ocurre, la ciudad inaugura nuevo centro comercial a la espera de otras dos grandes tiendas que sumen 1.000 personas a la lista de altas. Cada apertura es y será una fiesta y todos hemos de felicitarnos de que al menos hay osados empresarios que pongan sus ojos en la ciudad. ¿Pero es eso suficiente? ¿Saldremos de este agujero sólo a base de comprar tornillos, ropa o comida en el supermercado? ¿Alguien tiene previsto algo parecido a un plan estratégico para Córdoba que pueda ponerse en práctica antes de que pase otra década? ¿Será posible ver realidades en esta ciudad condenada a las maquetas?

Porque realmente ésta es la necesidad que tenemos. No es cuestión de manifestarse o contramanifestarse por la que está cayendo o va a caer, sino que es cosa de que quienes tienen la obligación, repito, obligación, de dirigir esta ciudad –en gobierno y oposición– se pongan de una vez de acuerdo para ofrecernos algo tangible. Parece que el asunto del Palacio de Congresos avanza y en la jornada que se montaron ayer CECO y el Ayuntamiento por fin presentaron un proyecto lógico y ajustado a la realidad que vivimos. Pero más allá de eso necesitamos saber si somos un centro logístico, una provincia turística, una emergente potencia agroindustrial, un nicho para la ubicación de futuras industrias o, simplemente, un conjunto de ciudadanos que debe buscarse la vida a la primera que salte.

(Personalmente, me creo bastante más lo de la logística que el resto de cuestiones. No porque se vaya a poner en marcha, sino porque como es una cuestión de ubicación geográfica eso ya lo tenemos hecho y no nos lo pueden quitar).

Es urgente ponerle de una vez el cascabel al gato. Dejar de marear al personal y disipar de una vez el humo que durante una década nos hizo perder casi todos los trenes. Eso o en lugar de tener un modelo de futuro podremos patentar un modelo de paro. Y muy bueno, por cierto.