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El esfuerzo de ir a votar

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 24 de mayo de 2015 a las 11:38

O mayoría o caos. Así terminaba el viernes  el candidato del PP y alcalde, José Antonio Nieto, la campaña electoral en su último llamamiento al voto de hoy. Se acababan 15 días de actos electorales y promesas varias en las que el miedo a meter la pata ha sido la nota dominante. Dos semanas más bien aburridas, tediosas diría yo, en las que la mayoría de los partidos han hablado muy poco sobre el futuro de la ciudad y mucho sobre el amor, la fraternidad y el corazón. Iniciativas reales hemos visto pocas, casi todas desde el mismo lado, y eso es una pena si tenemos en cuenta que lo que hoy elegimos es quién dirigirá los designios de nuestro entorno cercano los próximos cuatro años. No votamos a Susana Díaz, ni a Rajoy, ni a Albert Rivera, ni a Pablo Iglesias… Lo que hoy decidimos es cómo queremos que se hagan las obras en nuestra calle, cómo queremos que circule el tráfico a nuestro alrededor, cómo nos gustaría que se enfocase la ciudad para salir del agujero de la crisis. Y sobre todo ello es sobre lo que ayer debimos reflexionar.

La política nacional y las dudas alrededor del sistema tradicional de partidos han invadido la campaña de estas municipales. Las profundas crisis que viven socialistas y populares han mancillado la convocatoria y los partidos emergentes aparecen como la vía de escape más fácil para el cabreo del personal. Sin embargo, si algo se ha echado de menos en estos días ha sido que esos emergentes hayan planteado de manera clara el modelo de ciudad que defienden. No se debe concurrir a las urnas rodeado de generalidades bienintencionadas o con candidatos cuyo rostro ni aparece en la propaganda electoral que reparte su partido. Ganemos y Ciudadanos quieren ser alternativa y en su camino han pecado de cicateros a la hora de explicar cuál es.

En los partidos grandes o tradicionales ha habido quien sí ha planteado esa alternativa y quien lo que ha hecho es navegar en las aguas de la dialéctica. Nieto ha sacado todas esas maquetas de las que ha rajado siempre para pedir  cuatro años más con los que cerrar su proyecto. El alcalde sabe que juega solo y contra la pésima imagen de su marca, así que lo que pase esta noche será un mérito o fracaso muy personal. El PSOE, que sueña con ser segunda fuerza política, no ha planteado nada concreto de cómo quiere la Córdoba del futuro. No es cuestión de vender ilusiones como Pepe Mellado, pero sí debería haber ido un poco más allá del corazón y los sentimientos de Isabel Ambrosio. Para ser alternativa hay que plantearla. IU lo ha hecho, no con nada nuevo sino con el recuerdo de las glorias pasadas. Pedro García se juega su futuro, y lo sabe, y ha optado por rescatar lo que fueron los gobiernos de su coalición con el riesgo que eso conlleva. Veremos si los ciudadanos le recuerdan cómo acabó su último gobierno o prefieren rememorar los laureles de Anguita.

La decisión hoy está en los cordobeses, es el momento soberano de ir a las urnas para reclamar el modelo de ciudad que cada uno quiera. Sea este el que sea. Hará calor y puede que haya resaca de la Feria, pero la decisión sobre qué va a pasar estos cuatro años en el vecindario bien que vale hacer el esfuerzo de ir a votar. Y que Dios reparta suerte.

Ecuador caluroso

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 15 de mayo de 2015 a las 6:07

Ya queda la mitad, siete días de campaña para trasladar a los cordobeses lo bien que lo va a hacer cada cual y lo mal que lo va a hacer el contrario. Llega el sprint final, ese que nadie dice que da pero todos los partidos darán a partir de que, entre hoy y mañana, les lleguen las últimas encuestas encargadas. Esas que existen pero no son reales. Esas mismas.

Es el momento de los nervios, del jefe de campaña que todo lo ve mal, del candidato que se pone histérico porque la enara en la que sale su cara no está bien puesta. Es la hora en la que quienes se la juegan comienzan a dudar de los suyos por bien que les den los sondeos. Una mirada, una sonrisa o la más mínima mueca de quienes cubren la información de los partidos se lee como una censura total a lo hecho. Aguanten los asesores, que vienen curvas. Ya no queda casi tiempo y para los primeros de la lista no hay horas suficientes con las que solucionar sus fallas. Es lo que hay. Aguanten el tipo.

Y todo esto con un calor infernal, con una temperatura que retrae en casa al más pintado para acudir al reparto de publicidad, al encuentro con militantes o a la entrevista predeterminada. Quedan siete días, horror, prepárense los míos. Vivir unas elecciones en mayo en Córdoba es lo peor del mundo. La gente vive en la calle y cuando no está paseando está metida debajo del aire acondicionado. Y si esto es así, ¿cómo se llega al votante? Buena pregunta. Siendo el más cansino y el más insistente; respuesta. Claro que ser cansino en los Patios puede ser inútil porque uno no sabe si el que le coge el folleto es de Córdoba, de Cuenca o de Copenague. Y eso quema. Casi tanto como el calor.

No hay nada que machaque más a los equipos electorales que la indefinición y esa donde aparece es en el medio de la campaña. Porque si va bien uno no se lo cree y si va mal, tampoco. Tocan días de nervios hasta que llegue el lunes. Entonces todo se verá más claro. Para bien y para mal, pero se verá más claro. Y entonces si que veremos carreras.

Política de la destrucción

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 22 de septiembre de 2014 a las 10:03

Si hay algo que siempre ha caracterizado a la vida política cordobesa eso ha sido la apuesta por la estrategia del “cuanto peor mejor”. En una ciudad de más de 350.000 habitantes con una ubicación espléndida y unas aún mejores comunicaciones, los dirigentes públicos practican un perfecto diálogo de sordos en el que lo más importante es gritar más alto que el de al lado para rechazar todo lo que este proponga. Así llevamos décadas, por no decir que casi siglos. La otra característica pasa por enumerar proyectos faraónicos que no llevan a ninguna parte para después renunciar a ellos en un ataque de súbito realismo y responsabilidad. Así hemos visto desfilar maquetas e ideas por las páginas de los periódicos sin ningún tipo de pudor.

Esta semana, José Antonio Nieto ha presentado su centro de convenciones, ferias y exposiciones con un discurso en el que recordaba esta tendencia a la marquetería y en el que reclamaba confianza y apoyo para su idea. Lo hacía con un tono duro con el contrincante y con la herencia recibida y también contra algún que otro miembro de a clase empresarial que se ha opuesto con uñas y dientes al recinto del parque joyero.

Personalmente, el proyecto de Suárez y Terrados no me parece ni más bonito ni más feo que otros de los que he escrito con profusión. Tiene, empero, una ventaja sobre los demás, que sale mucho más barato y que, si los hados no se configuran en su contra, tiene un plazo de ejecución mucho menor. Dos aspectos que no deberían caer en saco roto.

Un día después del acto del Góngora, mientras los empresarios del sector turístico aplaudían la posibilidad de que se pase de la madera y la cola al hormigón y el cemento, el coportavoz del PSOE en el Ayuntamiento, Emilio Aumente, comparecía ante los medios para decir que si su partido gobierna (ejem, ejem) tras las próximas municipales se paralizaría el proyecto aunque estuvieran iniciadas las obras. Aumente le dio flojo y fuerte a la estrategia del regidor, denunció lo que creen que son delirios de grandeza y dudó de la viabilidad de que la cosa salga adelante. Y lo dijo un miembro del mismo partido que mantiene cerrado y cogiendo pulgas un museo de alto valor junto al río, que prometió que tendría abierto el centro de recepción de visitantes para tal día como hoy o que defendió un Palacio del Sur que costó 11 millones y del que sólo quedan jaramagos.

Esa forma de hacer política, esta destrucción de todo, esta negación del aire al contrincante es del todo nociva para la ciudad. Uno puede estar de acuerdo o no con un proyecto, pero lo que no puede es amenazar con echarlo abajo si llega al poder. Los tiempos en los que un gobierno se construía sobre las cenizas de otro han pasado y los cordobeses no se merecen esta forma de actuar. El PSOE debería plantearse seriamente esta estrategia de derribo, que no le ha llevado más que a convertirse en una fuerza cuasi marginal en la capital. Igual si en lugar de jugar al derribo propusieran algo alguna vez podrían recuperar el crédito electoral que una vez tuvieron. Que falta les hace.

Susana ‘superstar’

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 24 de noviembre de 2013 a las 10:31

Bienvenidos al Susanato, la era del hiperliderazgo en el socialismo. Nace un nuevo tiempo, casi desconocido en Andalucía, y nos aprestamos a comprobar hasta dónde es capaz de llegar la nueva estrella del puño y la rosa en su ascenso interestelar. Susana Díaz es, desde ayer, la persona con más poder que jamás haya habido en el PSOE andaluz: presidenta de la Junta de Andalucía, secretaria general del partido en Andalucía y única baronesa con poder real de su formación en toda España. La política sevillana ha logrado lo que nadie había conseguido jamás bajo sus siglas en la comunidad, ganar un congreso por abrumadora mayoría sin tener que haber negociado antes nada en ningún despacho y tener a sus pies a todo el que hoy en día quiere ser algo dentro de su formación. La conversión al susanismo es total y no hay alma en el partido capaz de ponerle ni media falta en voz alta .

susanaEn menos de seis meses, Susana Díaz ha conseguido lo impensable. Ha sacado al Gobierno andaluz del marasmo y el ko técnico en el que vivía a causa de los ERE, ha insuflado ánimos en su partido, muerto tras las últimas luchas internas y carente de cualquier tipo de norte y dirección, y ha conectado con el electorado a base de un discurso buenista en el que ha insistido machaconamente en que hay que luchar contra la corrupción, hay que reconocer que Zapatero fue un desastre y hay que gobernar pensado en el ciudadano de a pie. Mensajes sencillos, cargados del contenido de cualquier conversación de barra de bar de los últimos años, pero que nadie entre los suyos había sabido ni podido articular hasta el momento. Hay que reconocer que la señora está muy bien asesorada. Susana reina ya Andalucía y se encamina a hacerlo en España entre los suyos. Personalmente, tengo la impresión de que si ve la cosa bien no dudara en adelantar elecciones, pelearse con IU (algo que a la vista de las últimas propuestas de la coalición tampoco parece complicado) y medir sus posibilidades de asaltar sin violencia el liderazgo nacional de los suyos. Porque los suyos Despeñaperros arriba la quieren con locura, se rinden ante su discurso y su medido tono didáctico-catecumenal. Ven en ella casi al nuevo Felipe del siglo XXI.

Pero antes de que todo eso ocurra, el Susanato deberá demostrar de verdad que todo lo que dice es cierto y dar muestras de que además de armar discursos fáciles a la vez que cargados de sensatez es capaz de gestionar un Gobierno andaluz que debe hasta de callarse, que tiene en pie de guerra a medio mundo y que tiene que rebajar, sí o sí, ese lamentable 37% de paro que machaca Andalucía.

Susana Díaz s ela juega de verdad en los primeros meses del 14, ahí donde los exiguos presupuestos de la comunidad tienen que funcionar, ahí donde las deudas con todos se deben pagar, ahí donde su equipo de consejeros se debe fajar. Ahí donde el PP fía a la mejora económica el primer paso de su recuperación. Si lo hace, si gana esa batalla, Susana será imbatible. Si naufraga, el fenómeno Díaz tomará forma de taponazo de champán y bajará a mayor velocidad aún de la que subió. Y lo hará sola. Como las estrellas fugaces. Bienvenidos a la época de Susana superstar.

Las verdades del CIS

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 8 de octubre de 2012 a las 18:44

El barómetro de septiembre del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) que se presentó ayer registra el mayor nivel de preocupación ciudadana por los políticos y sus partidos de la serie histórica. Un 73,2% de los encuestados considera que la situación política española es “mala” o “muy mala”, mientras que sólo un 3,1 la ve “buena” o “muy buena”. Además, según el sondeo del CIS, un 41,4% de los españoles considera que la situación política del país está peor que hace un año, mientras que un 35,5 cree que esta misma situación empeorará en los próximos meses. Estos son los datos, fríos, determinantes, absolutamente despojados de calificativos. Sólo el paro y la situación económica están por delante entre las preocupaciones de los españoles. Impresionante.

Cada vez que uno trata de este tema con un político, la respuesta que éste da oscila entre un encogimiento de hombros con cara de “qué le vamos a hacer” a una rotunda descalificación del enfoque de la encuesta, pasando por los que directamente admiten que en muchas ocasiones son para matarlos -figuradamente, por supuesto-. De hecho, no es la primera vez que este blog se refiere a la credibilidad de nuestros representantes públicos, quienes se han ganado a pulso su consideración social por numerosas cuestiones.

Tenemos a los que son preocupantes porque a veces dicen lo que piensan y se ponen ellos mismos en evidencia. Ahí situamos al egregio José Manuel Castelao, que este fin de semana tuvo a bien decir que “las mujeres son como las leyes. Están para violarlas”. Dimitió cinco minutos después de decir semejante sandez, aunque seguro que más que por convicción propia lo hizo por intercesión ajena.

Tenemos también a los que se marchan porque, al parecer, son amigos de lo ajeno. Claro que a estos les cuesta irse más que a las manchas lavadas en agua fría. Ahí está el reciente caso del alcalde Orense, Francisco Rodríguez, quien dejó el cargo tras varios días de tiras y aflojas con su partido después de pasar un par de noches de calabozo implicado en la operación Pokemon -adoro la imaginación de los policías que les dan nombres a sus acciones- por haber aceptado, presuntamente, unos sobornillos de nada.

Tenemos también a los que no se van así los echen. De estos hay centenares, con especial incidencia en el Levante español, donde parece que nadie dio en clase la forma de conjugar el verbo dimitir. No incidiré más en ellos, pues ya hablamos en los papeles demasiado de sus tropelías.

Y tenemos a los que ni se van, ni lo harán ni entienden nada de lo que pasa. Ahí hay un amplia representación de concejales, diputados, senadores y otras hierbas que se creen víctimas de una campaña de acoso y derribo cargada de demagogia. Son los que se manifiestan en todo lo manifestable, pero luego censuran movimientos como el del 25-S. Son esos que dicen que del 25-S debe tonar nota el Gobierno como si no fuera con ellos la movida. Son los mismos que se alojan en pisos en propiedad en Madrid al mismo tiempo que reciben ayudas de manutención del Congreso mientras en España hay 6 millones de parados. Muchos de ellos son los mismos que hace 15 ó 20 ó 10 años estaban en las juventudes de algún partido buscando cuelo y que han prosperado en el mágico mundo del medrar, trepar y escalar. Muchos son de esos que ostentan un currículum de etiqueta de anís del Mono mientras dan lecciones de economía aplicada.

Pero no todos son así. No perdamos la esperanza. También hay quien se mete en esto por el bien de sus vecinos. Hay muchos que no cobran, que sacan de su tiempo libre las horas para gestionar los asuntos de sus vecinos. Paseense ustedes por los pueblos de este país y verán quiénes son los políticos de verdad. A esos seguro que nadie les dice nada. Bueno sí, a esos los machacan desde instancias superiores. No vaya a ser que cunda el ejemplo y alguno deba mirarse al espejo.

Hartos de políticos, señor Gracia

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 24 de junio de 2012 a las 10:50

El miércoles escribí un post, titulado Las verdades de Chamizo,  en la versión digital de esta columna en el que me alineaba con las críticas que el Defensor del Pueblo Andaluz había realizado a los parlamentarios autonómicos el día anterior. José Chamizo dijo en sede parlamentaria que “la gente está hasta el gorro de ustedes [los parlamentarios]” y reclamó a los partidos que se dediquen a arreglar los problemas del personal porque la gente “está muy enfadada porque los ven todo el día en la peleíta”. Inconmensurable. Lo suscribo plenamente y, a juzgar por lo que dice el CIS, la gran mayoría de los españoles también. Recuerdo que en el último sondeo del centro nacional los políticos son percibidos como el tercer problema de la sociedad, sólo superados por la crisis y el paro. Dicho esto, se preguntará usted que a qué viene recordar aquí aquel post. Me explicaré.

Viene a que el presidente del Parlamento andaluz, ese cordobés llamado Manuel Gracia, criticó el miércoles en Canal Sur (donde si no) al defensor del pueblo porque lo que había dicho, lo había dicho fuera de lugar y momento y señaló que le trasladaría “personalmente” el malestar, suyo y dela Mesadela Cámara, por sus palabras. Impresentable. Con perdón, don Manuel, pero así lo veo yo. José Chamizo es un sacerdote peculiar que lleva 17 años en su cargo, tiempo más que suficiente como para haber calado al personal. Tanto lo ha calado que en la misma comparecencia en la que arremetió contra sus señorías se declaró hastiado de que sus adjuntos sean nombrados por los partidos y de tener que estar más pendiente de meterlos en vereda que de atender a sus funciones. De José Chamizo seguro que se pueden decir cosas desagradables. Personalmente no lo conozco, por lo que en esa faceta me callaré, pero es indudable que su labor la ha venido desempeñando bien en estos tres lustros largos, ya que de lo contrario sería inexplicable que siguiera en su puesto.

Tan bien lo ha hecho que les ha dado donde más les duele a nuestros representantes en la villa y corte sevillana: en su quehacer (¿?) diario y en su capacidad de representación de la soberanía popular. Creo que a quien deberían llamarle la atención, señor Gracia, es a usted. Por sus palabras, por no asumir lo que es una verdad como un templo, que la gente está harta de políticos –le sugiero un paseo por los índices de abstención electoral para comprobarlo– y por ejercer más de militante de partido que de presidente de Parlamento al amonestar a quien le lleva la contraria. España, Andalucía, tienen multitud de problemas que urge arreglar. Uno de ellos es que los políticos salgan de su burbuja y vean cómo se vive en el exterior. Porque la gente esta harta de políticos, señor Gracia, aunque a usted le duela.

De encuestas, ERE y otras hierbas

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 11 de marzo de 2012 a las 10:57

Si hace dos semanas decíamos aquí mismo que nos queda un mes de tortas, hoy, tres días después de que haya arrancado la campaña electoral, no podemos más que suscribir la opinión. Por lo ajustada que se ha puesto la cosa y por la tensión que hay alrededor de la misma. PSOE y PP se juegan el 25 de marzo más que el Gobierno andaluz, está en juego el triunfo absoluto de un modelo o la leve resurrección socialista. Si Arenas llega a San Telmo con mayoría absoluta, Rajoy respirará tranquilo pues la comunidad autónoma que más diputados da habrá rubricado su política de recortes y reformas. De lo contrario, si es Griñán el que se mantiene en el poder -de la mano de IU, por supuesto-, los socialistas recibirán una bocanada de aire fresco, pondrán a Andalucía como punta de lanza de su reconquista nacional y se lanzarán sin duda a una huelga general el 29-M en la que la izquierda o, mejor dicho, sus representantes oficiales e históricos se juegan la propia subsistencia.

Las encuestas tampoco contribuyen a dejar claro el panorama, ni la que publicó el CIS el jueves, ni la que se puede leer unas páginas más adelante en este periódico. El Barómetro de Invierno del Grupo Joly, realizado por el Instituto Commentia, apunta a una victoria clara del PP en las urnas, aunque deja abierta la opción de que la mayoría absoluta se le escape a Javier Arenas entre los dedos. Será cuestión de unos pocos votos aquí y allí, de convencer en las provincias clave -Sevilla, Cádiz y Málaga- y de esperar a que Izquierda Unida no se dispare tanto como algunos creen para que no reste en la atribución final de escaños. El futuro de UPyD es más negro y su presencia en el Parlamento andaluz no está asegurada. Dicho de otro modo, la figura de Rosa Díez vale para las generales pero para las autonómicas no parece que sirva lo mismo Martín de la Herrán.

Claro que luego debemos tener en cuenta el caso de los ERE, la presencia del inefable Guerrero, de su chófer y de unos cuantos más en un foco mediático que la juez Mercedes Alaya atiza con maestría propia del Maquiavelo más avezado a pesar de que ella dice que ni siente ni padece estas cuitas del día a día que vivimos los demás. Invercaria y sus surrealistas conversaciones -más propias de las gloriosas parodias de Gila sobre la guerra que de cualquier profesional serio- no se quedarán atrás.

Y, mientras, uno se pregunta si de verdad a los andaluces les interesa toda esta cochambre o si realmente lo que quieren es que alguien les dé trabajo y seguridad en el futuro. De cuantos vayan a votar el 25 obtendremos la respuesta. Ya queda menos.

 

26 puntos

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 13 de noviembre de 2011 a las 10:50

A una semana de que acuda usted a depositar su voto en la urna, arrancamos el sprint final de la campaña electoral más decantada, anodina y aburrida que se recuerda. La abismal diferencia que dan las encuestas a favor del PP –y que hoy mismo veremos si se mantiene o no- llevan a pensar que lo único que se dilucida el próximo domingo es el tamaño y magnitud de la victoria de Mariano Rajoy. Eso y saber si el resultado que obtiene Rubalcaba es simplemente una derrota anunciada o una debacle en toda regla del socialismo patrio. En función de lo que ocurra ahí veremos lo que pasará a partir del día 21 en Ferraz y aledaños. Hay otras variables que se juegan, es cierto, pero la parte del león es ésta y en ella debemos fijarnos.

En Córdoba esa pelea electoral se traduce en saber si el PP que encabezan Federico y Bea es capaz de pasar por encima del socialismo vernáculo de Rosa y Maribel. Porque, siendo realistas, los demás partidos no tienen nada que hacer en esta contienda. IU bastante tendrá con demostrar que lo que pasó en las municipales fue un castigo concreto y que sus políticas se ven desde la izquierda como alternativa al PSOE traidor. El PA, Equo y UPyD luchan por ver quien es la cuarta fuerza política de la provincia, un objetivo no menor teniendo en cuenta que los andalucistas cuentan con un buen número de concejales que el electorado casi ni identifica con sus siglas. Son votos tan personales como los candidatos que presenta la formación al Congreso y el Senado. Dos personajes que poco o nada tienen que ver con el andalucismo político tal y como éste se ha entendido hasta ahora. Los otros dos partidos bastante con saber si su apuesta tiene visos de futuro o es mejor echar la persiana ya.

La lucha de PSOE y PP será, por tanto, la que se sustancie en los resultados en cuanto a número de diputados y senadores. Para la Cámara Alta todos coinciden en que los populares darán la vuelta y pasarán de uno a tres senadores, lo contrario de los socialistas. En la Cámara Baja la cosa va a dentro color. Las encuestas hablan de un empate a tres que sería un buen resultado para el PP y una dulce derrota para el PSOE. Sin embargo, hay quien cree que el cambio va a ser mayor, que los populares se van a llevar el gato al agua y crecerán hasta los cuatro representantes frente a los dos de los socialistas. Si esto ocurre el día 21 puede ser de mucho dolor en la avenida del aeropuerto y el pánico por el resultado de las autonómicas de marzo se desataría. Es cuestión de 26 puntos, los trece por los que ganó el PSOE en 2008 y otros tantos para consolidar esa diferencia a favor del PP. Ahí radica la magnitud de la goleada, el prometedor futuro de algunos y el fracaso estrepitoso de otros. Quedan siete días.

De encuestas y pulpos

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 6 de noviembre de 2011 a las 10:46

Ahora que entramos en el tercer día de campaña podemos decir que nunca nadie afrontó la recta final de su pelea por la Moncloa en peores condiciones que Alfredo Pérez Rubalcaba. Y no por lo que traía consigo ya antes de iniciar el esprint de los últimos metros, sino porque en estos primeros días de contienda le están dando tal mano de bofetadas desde todas partes que cualquiera habría colgado los trastos antes de empezar. El día de la pegada de carteles, el Gobierno hizo público un demoledor dato de paro de octubre: 134.000 personas se habían ido a las listas del Inem durante ese mes, una cifra inasumible de todo punto que retrotrae a los peores momentos de la crisis y anuncia un futuro trágico. Un día después, el CIS presentaba su encuesta directa de intención de voto y pintaba un demoledor panorama en las urnas el 20-N: el PP arrasa y los socialistas se depsloman hacia su peor resultado desde Pablo Iglesias hasta en su feudo andaluz. Hoy, ignorante de los que dirá otros medios, el Grupo Joly les ofrece una encuesta que da una clara ventaja al PP en Andalucía y una perspectiva de futuro aún más aterradora para el otrora invencible partido del puño y la rosa en nuestra comunidad. Como decía: tres días, tres datos demoledores. Y todo ello en un ambiente en el que la expectación alrededor de la campaña electoral es la más baja que recordemos. La prolongada crisis económica, los larguísimos años que llevamos viendo cómo el PP le zurra la badana al PSOE mientras Zapatero navega en mensajes contradictorios y opuestos a sus promesas y la nefasta opinión que los ciudadanos tienen de la clase política actual –precisamente por eso, por clase- hacen que casi nadie ande pendiente de lo que se dice en mítines y entrevistas y dedique su tiempo a labores más constructivas como podar los rosales de su casa, jugar a las chapas o ir a hacer la apasionante compra del mes en el centro comercial. Así de claro está el panorama electoral en un país que lo único que tiene entre ceja y ceja –sin zeta en esta ocasión– es ver un atisbo de luz en un horizonte demasiado invernal. Todo apunta a que Rajoy ganará de calle, lo dicen las encuestas, lo admiten los socialistas y flota en el ambiente. Triunfará sin decir qué va a hacer, no lo necesita. Su mensaje se basa en tres palabras sin más adornos a su alrededor: austeridad, reforma y rebaja. La inmensa mayoría del país no le pide absolutamente nada más. La cosa está tan mal que se admite pulpo como animal de compañía. Aunque no venga en las encuestas.

Se acabó lo que se daba

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 20 de mayo de 2011 a las 13:08

No va más. Fin de trayecto. Próxima parada, las urnas. Después de quince días bastante más aburridos de lo esperado, esta medianoche se echa el cierre de la campaña electoral al mismo tiempo que se encienden las luces de la portada de la Feria. La de verdad, me refiero, que las campañas electorales tienen mucho de feria también, aunque más de vanidades que de otra cosa. En las horas que quedan los candidatos harán un llamamiento masivo a la participación para que no gane el contrario. Está gracioso esto de la participación porque en la izquierda mantienen que si se participa mucho los mayores beneficiados son ellos, mientras que el PP afirma que para lograr la absoluta necesita diez puntos más de participación para no volver a quedarse en el intento. Eso sin contar que con la boca chica todos dicen que si la participación se desata puede favorecer a Rafael Gómez, muchos de cuyos electores potenciales son abstencionistas profesionales. Y ahí entramos en el anatema de la campaña, en la amenaza fantasma, en el miedo que recorre el espinazo de los equipos de campaña. ¿Logrará el empresario de Cañero dos concejales, como dicen la mayoría de los sondeos, o se disparará hasta los cinco que le auguraba uno esta semana? Si le hacemos caso a él “nos va a votar la marabunta, hermano”. Ya veremos. Ése es el miedo general. Luego está el que atenaza a PSOE e IU por el impacto que sobre ellos pueda tener la candidatura de Ecolo, un grupo por el que pocos daban nada al principio de la campaña pero que en estos días ha demostrado una gran capacidad de movilización y sorpresa. Tanto, que el Ayuntamiento, en una jugada poco estética y más bien sucia, les ha desmontado esta madrugada el escenario desde el que querían cerrar su campaña esta noche en La Corredera. Ya saben, una putadita para ver si les aguan el final de fiesta. Porque los chicos de Ecolo rascan ahí donde duele, en la izquierda ecologista, en la de los ámbitos universitarios, en la de los profesionales liberales que están hartos -¿les suena?- de dos formaciones que llevan demasiados años gobernando de la mano. Y queda la última incógnita, la de los movilizados del #15M. La de esa masa informe que está hastiada de todos los políticos y sus mediocridades y que está en la calle protestando por lo que consideran una situación insostenible. ¿A quién beneficia su presencia? Si se atiende a la caverna todo es culpa del Gobierno. Si se mira al PSOE, se observa tal cara de pánico ante la duda que da hasta penita. Y se se mira hacia IU, se ve otra vez cómo un movimiento que se enmarca dentro de su ideario se les ha vuelto a escapar vivo. Así las cosas hay dos posibilidades: un incremento de la abstención y el voto e blanco, o un castigo trasladado hacia Ecolo u otras opciones regeneracionistas como UPyD. A Gómez no, pues representa ampliamente muchos de los vicios que se denuncian en la acampadas. Hasta aquí llega la campaña, ahora queda esperar al domingo disfrutando de la Feria. No se pongan nerviosos, en apenas 72 horas saldremos de dudas.