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Cien días de vergüenza

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 27 de marzo de 2016 a las 8:14

Cuando un gobierno se forma, sea en un ayuntamiento, comunidad o Estado, se le dan siempre cien días de margen para que pueda aclimatarse a sus responsabilidades. Se entiende que este es un plazo razonable para que los nuevos gestores se hagan cargo de sus responsabilidades, nombren a sus nuevos equipos y tracen sus nuevas estrategias. Es de lo poco que se respeta de la cortesía política en los últimos tiempos, más dados a la broza, el mugido y la descalificación. El próximo miércoles se cumplen en España cien días de la celebración de las elecciones generales el pasado 20 de diciembre. Tiempo más que suficiente para poder analizar lo que unos y otros han hecho en el supuesto objetivo común de dotar al país de un gobierno y una hoja de ruta clara. Si quisiéramos acabar rápido tendríamos una conclusión directa: nada. No han hecho nada ni han servido para nada. Pero vayamos por partes.

Desde que el 20 de diciembre los españoles decidiéramos que era el momento de abrir un nuevo tiempo en la política nacional, nuestros principales partidos sólo han contribuido a demostrarnos que el arco del triunfo es un lugar que comparten a la hora de tener en cuenta nuestras reclamaciones. Ni PP, ni PSOE, ni Ciudadanos ni Podemos, por citar solo a los cuatro jinetes de la apocalipsis, han hecho nada por nosotros.

El PP de Mariano Rajoy ha demostrado que en el inmovilismo es donde mejor se mueve. Avalado por su pírrica victoria y sus más de siete millones de votos, el gallego presidente se ha encastillado estos meses en una estrategia de pacto a tres en la que no ha dado ni un paso adelante. Sordo a la basura corrupta que emponzoña su gestión al frente del partido ha preferido esperar al desgaste ajeno y ha demostrado que su permanencia en la poltrona es hoy en día su único credo.

El PSOE de Pedro Sánchez ha hecho un simulacro de negociación para contentar a los inocentes. Ha firmado un papelito con Ciudadanos que es como la carta a los Reyes Magos para después enseñarnos a todos que la estrategia pasa exclusivamente por mantenerse vivo y negar el pan y la sal al más votado. Si su estrategia pasa por insistir en que Rajoy debe irse por sus pésimos resultados, ya está tardando él en dejar el sitio de quien ostenta los guarismos más bajos de la historia del socialismo español. Algo menos de petulancia y más de eficiencia es exigible.

Ciudadanos tampoco se queda atrás. Es cierto que se ha ofrecido a pactar a diestro y siniestro, con quien lo ha logrado por cierto, pero también basa en el veto su estrategia de Gobierno. Albert Rivera dice que no va con Rajoy ni a por café al tiempo que defiende una nueva política de acuerdos. Poco acuerdo puede haber cuando se parte de echar del mismo a uno d ellos implicados.

Por último tenemos al Podemos de Pablo Iglesias. Más allá de la cacería a la que esta siendo sometido por sus crisis internas, el líder morado sigue en la estrategia del cuanto peor mejor. Mientras pone orden en su casa igual que han hecho los demás partidos de la casta -que lo de las purgas de los críticos es muy antiguo- sigue dedicado a volar todos los puentes de consenso que puedan ponérsele por delante. Es el que menos disimula que quiere nuevas urnas convencido como está de que en esa situación el PSOE se irá a pique.

Y mientras los españoles comienzan a olvidarse de la política. En los bares ya se habla más de Champions que de Gobierno. El fantasma electoral se ve cercano y está sumido. Tanto como que irá a votar Pirri si las caras a elegir son las mismas. Qué país más grande éste. Cien días después de las elecciones pasa de sus dirigentes y se dedica a salir adelante convencido de que es inútil bregar con gente a la que nadie le importa nada. Poca vergüenza.

Mandela y Mas

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 15 de diciembre de 2013 a las 11:02

Nelson Mandela estuvo 27 años encarcelado por defender los derechos de su pueblo, el fin de la segregación racial y la consecución de la paz entre blancos y negros con el final definitivo del apartheid. Murió hace dos semanas y desde entonces no hay día en el que no se le rinda tributo por hacer de este mundo algo mejor así como por su ejemplo de vida y perdón. Su obra política es un ejemplo de cómo se pueden lograr los objetivos más difíciles sin disparar un arma, sin aventar los odios raciales ni acudir al agravio histórico como única fuente de legitimación. Mandela es el espejo en el que todo aquel que quiera dedicarse a la política ha de mirarse, pues su legado histórico trascenderá sin duda alguna su tiempo y el nuestro y quedara grabado en la historia de la humanidad como un modelo a imitar.

Al tiempo en que el mundo se despide de Mandela, Artur Mas anuncia la convocatoria de su referéndum de autodeterminación en Cataluña a la par que cobija un seminario mentiroso y manipulador destinado a limpiar cerebros. Mas se mantiene en su huida hacia adelante, trampeando todo lo que puede con tal de mantenerse atado a una poltrona que le va varias tallas grande. El presidente catalán sigue empeñado en romper su país, en enfrentar a los vecinos unos con otros con la única justificación de mantener su desvarío. Hasta tal punto llega la cosa que él mismo es incapaz de decir abiertamente qué votaría en ese hipotético referéndum, no vaya a ser que los pocos que lo acompañan en las urnas decidan abandonarlo definitivamente a su suerte de capitán iluminado.

Mas ha convocado una consulta que sabe que no puede sacar adelante porque no lo permiten ni la Constitución ni la abrumadora mayoría del arco parlamentario. Hay quien opina que lo ha hecho para salir adelante, conocedor de que no podrá mantener su empeño pero que así gana tiempo y respaldo popular. Sea como sea, la miopía y el egoísmo de un político que jamás llegara a ser un líder va camino de meter a España en un callejón sin salida. Está claro que la mayoría del país rechaza la autodeterminación catalana, pero lo que no lo está tanto es cómo van a ser de profundas las heridas que esta bravata de gallito engominado. Cuál puede ser el impacto económico de la misma en las cuentas de resultados de las empresas de esa tierra, que ya han avisado en más de una ocasión de que su president no es que esté precisamente ayudándoles a salir del agujero. El mismo agujero del que Mas no quiere hablar porque es incapaz de gestionarlo y cuya existencia quiere tapar del modo que sea.

Nos queda por delante un año de mucha tensión, descalificaciones, victimismos y vergüenzas políticas. Lástima que Mas no haya tomado ejemplo de Mandela y su mensaje: Juntos somos más fuertes, separados nos encaminamos al fracaso.