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De campaña por la red

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 16 de mayo de 2015 a las 6:37

Como nos hemos convertido en unos seres que viven con los dedos pegados a la pantalla del móvil o la tableta, los partidos se han dado cuenta de que hay que llenar las redes sociales de vídeos, mensajes y fotografías con las que atrapar el voto propio. La estrategia pasa por desarrollar un equipo que se encargue de colgar todo lo que se pueda, dar con un asesor que se invente alguna técnica transgresoras, buscar a unos montadores que doten de cierto gracejo vídeos y fotos y confiar en que los ciudadanos no tengan otra cosa mejor que hacer que tragarse todo esto. Esto en la parte positiva porque si uno se para a ver lo que cuelgan las formaciones en la red con respecto a sus contrincantes de dará cuenta de que internet se ha convertido en un gallinero lamentable donde lo que más pita es descalificar al contrario e, incluso, insultarlo. si los candidatos se atreviesen a decir delante de las cámaras la mitad de las cosas que sus seguidores mueven por la red, es muy posible que más de uno tuviera que poner la tienda de campaña en los juzgados ante la avalancha de demandas contra el honor que iba a recibir.

El lamentable mundo de los tertulianos televisivos ha hecho que el debate político desaparezca para ser sustituido por una especie de graznidos que encuentran en la red su mejor lugar. No es que se diga ya que el contrario miente, si no que se entra en descalificaciones personales de elevado tono. Las redes sociales, sobre todo twitter, son el muro en el que casi todo se permite y donde mejor se ve que esa España de dos caras a la que tan bien retrató Machado sigue más viva que nunca. La velocidad de contestación y la escasez de caracteres para expresarse derivan en no pocas ocasiones en ese maniqueo retrato de fascistas-fachas contra rojos-comunistas. Las lindezas que se cruzan unos y otros son las que provocan que en la calle nadie quiera hablar de política por temor a que le partan la cara cuando diga cuál es su opción. Seguimos anclados para esto en la España de los garrotazos de Goya y no hemos aprendido nada de nuestra reciente historia.

Qué rollazo de turismo

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 5 de abril de 2015 a las 8:22

Iba a empezar este artículo con una sucesión de ingeniosas entradas en redes sociales de personas que no son precisamente seguidoras de la Semana Santa. Estos días me he entretenido, además de en ver muchas procesiones –debo ser un vicioso, capillita, trasnochado, caduco, decimonónico– y beber alguna que otra cerveza –aquí que califique cada cual–, en leer muchos de esos comentarios que tras su apariencia jocosa denotan más de lo que dicen. Uno, que tiene la libertad de expresión por bandera –cosas del oficio– disfruta viendo estas cosas e imaginando a sus autores. Todos ellos, por supuesto, tan defensores del derecho ajeno al disfrute del ocio como del propio. ¿O no?

Lo reitero, soy un gran seguidor del ingenio crítico y creo que no hay nada más inteligente que la sátira como medio denuncia. Es por ello que me divierto igualmente cuando los mismos que ahora escriben critican en la Feria que hay quien sale de las casetas con vasos de plásticos que tiran al suelo –¡horror!– o rechazan  en la Noche Blanca los desgarradores gritos de los flamencos –¡no hay quien duerma!– o satanizan a los habituales de las terrazas veraniegas a eso de las taitantas –¡golfetes!–  o lamentan el estado en el que quedan las gradas de El Arcángel tras los partidos –¡comepipas!– o se fustigan con el ruido de los conciertos del Festival de la Guitarra pasada la medianoche –¡rockeros!_–. Y todo eso por no hablar del rastro de caramelos tras la Cabalgata de Reyes, de papelillos tras el Carnaval o de claveles tras las Cruces. Es nuestro carácter cordobés, siempre constructivo, en apoyo de lo propio y vigilante de mantener y promocionar la ciudad para que cada día sean más los que vengan y nos visiten. ¿O no?

Claro, que ahora caigo en que igual lo que tan insignes creadores quieren es que andemos por aquí siempre los mismos, vayamos a los mismos sitios y disfrutemos de las mismas cosas. Porque es que no hay quien soporte tanta gente metida en la calle, tantos bares vendiendo cervezas, tanta personas trabajando, tantos hoteles llenos, tantas carreras de taxi, tantas reservas en los restaurantes, tantas pipas vendidas, tantas sillas alquiladas, tantos bocatas envueltos….

Con lo bien que se está aquí en agosto, sin nadie que venga a molestarnos, sin colas, gritos ni prisas. Con las calles vacías toítas toas pa nosotros, las piscinas con el público justo y las terrazas con los parroquianos más selectos. Que esto de la Semana Santa es un sin parar que no le gusta a nadie, nada más que a los guarros que comen –comemos– pipas y ponen –ponemos– la calle echa unos zorros. (Conste que aquí va mi voto a favor de unas jornadas intensivas de civismo para todos impartidas en Sadeco).

Pero que no se preocupen los amantes de la calma y el silencio, que siempre les quedará la Junta, guardiana máxima de las esencias. Que, si para conseguir que haya paz hay que cerrar las oficinas de turismo para no hablarle a los turistas se hace y punto. Y al que venga a vernos que le den por saco, que ese seguro que no sabe que donde mejor se está es en casa.

¿Dónde estáis?

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 13 de octubre de 2011 a las 18:48

Han pasado ya cinco días desde que denunciaron vuestra desaparición en el Parque Cruz Conde y aún no sabemos dónde estáis. Son ya muchos días intentando saber cómo se puede dar con vosotros y no hay manera de sacar nada en claro. Son ya cinco días en los que los medios se han volcado en tratar de averiguar cómo pudisteis desaparecer sin que nadie os viera y comenzamos a no saber cómo encontraros. Son cinco días de exceso informativo y de excesos de algunos informadores, pero lo importante es que no hay manera de dar con vosotros. Córdoba está sobrecogida, la entrada de los colegios todas las mañanas no tiene más conversación que saber dónde podéis andar, Ruth y José. La frustración crece. Vuestra familia sigue a la espera, la Policía investiga, al parecer, sin tener demasiado claros cuáles son los pasos que tiene que dar para hallar vuestro paradero. Son ya cinco días y cinco largas noches pensando en qué lugar estaréis. No perdemos la esperanza, no estamos dispuestos a darnos por vencidos en vuestra búsqueda y en seguir llevando vuestra imagen por todas partes. Redes sociales, periódicos, radios y televisiones lanzan sin cesar vuestra imagen. ¿Dónde estáis?

“Me daría vergüenza ser político”

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 15 de mayo de 2011 a las 7:00

Dentro de una semana, miles de cordobeses irán a las urnas para elegir a sus nuevos alcaldes. Día D y hora H. Ya no habrá más mensajes ni más indicaciones que las que le marque la conciencia a cada uno en la soledad de la cabina de voto o con las papeletas en casa. Será el momento mágico de la democracia, ése que debe ser una fiesta general por el mero hecho de existir. Miremos al norte de África para darnos cuenta de lo afortunados que somos o pensemos en los 40 años durante los que nuestros padres o abuelos estuvieron secuestrados de democracia para convencernos.

Y después de convencernos acudamos a votar con conciencia crítica. Aunque creo que de eso no va a faltar. Estos diez días de campaña me han servido para comprobar cómo están los ánimos en esta convocatoria electoral. El mejor elemento para ello ha sido la página de Facebook Si yo fuera alcalde que hemos puesto en marcha para conocer lo que harían los cordobeses si gobernasen sus ciudades, lo que esperan de sus regidores y cómo consideran a los que están o aspiran a estar. Y aquí es donde el viernes hubo una respuesta que me dejó estupefacto: “Si yo fuera alcalde me avergonzaría de ser político”. Una frase corta, directa, sencilla, sin alharacas ni oropeles. Una opinión de tal dureza en su simplicidad que mueve a la reflexión. La sentencia sintetiza muchas otras de días precedentes y cataliza un sentimiento ciudadano que viene reflejándose en las encuestas desde hace años: los políticos no son vistos como parte de la solución sino como parte del problema. La credibilidad de la clase política atraviesa por sus cotas más bajas; tanto que más abajo ya no hay más que el núcleo terrestre.

Quizás por ello esta campaña electoral está siendo tan plana y poco movilizadora. No se ven mítines masivos ni se aprecia a la ciudadanía con ganas de aprehender propuestas de futuro. Quizás por ello sólo llena sus mítines Gómez con sus músicos, sus mensajes poco profundos y menos complicados. Quizás por ello los partidos tradicionales sean cada día más conscientes del peligro que representa para ellos el empresario de Cañero y su recolección del voto cabreado e insatisfecho. Quizás por ello, Ocaña, Nieto y Durán no se cansan de repetir que votar a Sandokán es perjudicar a Córdoba, temerosos de que “la marabunta” que pronostica el de Cañero pueda tener de cierto más de lo esperado.

Son los miedos que surgen tras gestionar mal la democracia. El riesgo de que una opcion cuando menos poco fiable se haga un hueco que condicione la vida futura d ela ciudad. Claro que si eso ocurre la culpa no será de los cordobeses, sino de quien les llevó al extremo por su escasa credibilidad. De todos.