Archivos para el tag ‘Felipe González’

Autodestrucción

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 3 de enero de 2016 a las 11:32

El pasado 20 de diciembre PP y PSOE obtuvieron los peores resultados de su historia reciente. Los populares se dejaron 63 diputados y cayeron a cifras de 1989, mientras que los socialistas perdieron 20 actas y cerraron su peor dato en la democracia. Entre ambos, fueron cinco los millones de votantes que dejaron de confiar en las fuerzas que han marcado la política nacional en las últimas cuatro décadas. Un cifra para hacerse mirar. Sin embargo, pasados los días las sensaciones que ofrecen cada uno de ellos son diametralmente opuestas. Así, el PP ha logrado situarse en una posición de búsqueda de acuerdos de Estado y de unidad alrededor de su líder, Mariano Rajoy. Ciudadanos le ha hecho daño, pero no pone en riesgo definitivo su primacía en el centro-derecha español. Además, la jugada de Rajoy de situar rostros nuevos en la sala de mando le permite afrontar estos momentos con una imagen muy mejorada, e incluso renovadora en cierto punto. Si él cae, cosa poco probable, el relevo está garantizado. Y eso no es poca cosa.

En el PSOE la cuestión es diferente. Los socialistas no han querido ver hasta ahora que llevan en caída libre desde que Zapatero traicionó a sus votantes en 2010. Han querido camuflar su reiterado retroceso tras el espejo de los pactos que les han devuelto poder regional y municipal, sin querer darse cuenta de que para lograrlo se estaban echando en brazos de su principal enemigo. Siguen siendo la segunda fuerza política del país, sí, pero por los pelos. Apenas algo más de un punto les separa de Podemos, que crece como la espuma en las ciudades de más de cien mil habitantes al tiempo que va ganando terreno en los graneros rurales de los que se alimentan los socialistas. Tan claro está esto en el imaginario real de los dirigentes del partido del puño y la rosa, que han tardado apenas 24 horas en lanzarse unos a la yugular de los otros por ver quién salva el cuello. Lo ha dicho Patxi López al destacar la patética imagen que está ofreciendo el partido.

Los socialistas se encuentran dos semanas después de las elecciones con un líder cuestionado internamente, unos barones lanzados a la guerra de Taifas, una estrategia de pactos que lejos de mirar por el bien de la gobernabilidad del Estado se centra en rechazar al PP sin más argumentos, y con la imposibilidad de buscar socios que no les supongan traicionar principios básicos del partido como la unidad de España. Todo ello adobado con titulares y filtraciones para preparar un futuro congreso y hasta una convocatoria electoral que entronice a Susana Díaz, la elegida. Se han colocado ellos solos en el centro de la diana a la que apuntan todas las escopetas y no hay nadie hoy en día capaz en el partido de tapar las múltiples vías de agua que escapan desde Ferraz. Y eso sin que aún hayan comenzado a llegarles de verdad las presiones exteriores para que cambien su actitud. El Íbex todavía no ha se ha resentido de la sensación de ingobernabilidad que va a tomar el país una vez se vayan los Reyes Magos de vacaciones. La prima de riesgo, Bruselas y Merkel van a apretar de lo lindo. No son pocos los históricos dirigentes del partido, esos que Zapatero comenzó a laminar en 2004, que plantean la necesidad de recuperar la altura de miras que siempre ha caracterizado al socialismo español.

Y mientras todo esto ocurre, ellos, los que sueñan sólo con pasar a la historia, siguen entregados a sus cuitas de patio de colegio y cunde a su alrededor la sensación de que alguien ha pulsado la tecla de autodestrucción. ¿Saldrá Felipe a apagarla? Pocos dudan que es el único que puede poner orden.

La lección de José

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 12 de enero de 2014 a las 9:06

Sev.Andaba Felipe (González) repachingado en un confortable sillón de la Fundación Tres Culturas de Sevilla escuchando más bien aburrido cómo iba la presentación de su último libro –una cosa sobre liderazgo– cuando algo vino a sacarlo de su sopor. En su ciudad, ante su público, rodeado de compañeros de partido y de una clac con tendencia al aplauso fácil –no se imaginan ustedes la adoración que ejerce el mandatario entre sus fieles–, poco podía esperar el expresidente que alguien iba a osar romper la paz del acto para recriminarle, en la parte que le toca, la crisis, el paro, el descrédito de los políticos, en definitiva, el desastre moral que vive este país. Pero ocurrió.

De repente, sin que nadie lo esperase, José se levantó de la silla y lo que iba a ser una pregunta se convirtió en todo un alegato en favor de la recuperación de los valores ciudadanos y en contra de una clase política cada vez más desprestigiada y alejada de la realidad. José tuvo para todos, especialmente para un Manuel Chaves que aguantó desde la primera fila cómo le decían que se fue porque le obligaron porque sino se habría muerto en su sillón de presidente de la Junta. Fue un discurso corto, contundente y expresado con las palabras que salen del corazón. Si no lo han visto, háganlo porque el protagonista pone voz a lo que se dice en todas las tertulias, en todas las conversaciones de barra de bar, en todas las reuniones de amigos o familiares. El monólogo de José expresa lo mismo que otro de un médico en un programa de televisión que circuló por la red hace no demasiado y que también ponía a parir a la clase política por su incapacidad para hablar de las mismas cosas de las que hablamos el resto de seres humanos.

Sev.Generalizar nunca es bueno, pero estos años de agonía y apreturas nos están obligando a hacerlo cada vez más a la vista de que pasan los meses y quienes tienen que dirigirnos siguen caminando por una vía paralela a la nuestra, preocupados por ver quién lleva la corbata más larga o el pelo más corto mientras los demás hacemos malabarismos para cubrir todos los gastos sin que la cuenta se ponga más roja que colorada.

Corrupción, tráfico de influencias, indultos escandalosos, servilismo partidista, leyes confiscatorias o directamente contra los derechos básicos, discursos guerracivilistas que avivan odios ancestrales, estrategias nacionalistas que ocultan problemas globales, jueces politizados y políticos judicializados, escándalos sindicales y patronales, vergüenzas reales, trinconeos municipales y, sobre todo, demagogos de todas las condiciones y edades. Ése es el panorama público que día a día servimos en estas páginas, vemos en la tele o escuchamos en la radio entre indignados, impotentes y asqueados.

La lección de ética que José le dio el jueves a Felipe,como la del médico citado, como la de muchos otros que se levantan y han levantado en plenos municipales de medio país, demuestra que la gota que colme el vaso está cada vez más cerca. Y demuestra, también, que los que se verán empapados aún siguen lejos de haberse dado cuenta de la que se les viene encima. Cambien ustedes señores, porque el pudor ya se ha perdido y los ánimos están más que caldeados.

 

Merecemos la paz

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 23 de octubre de 2011 a las 10:05

Han sido tantos años esperando que ahora uno siente una especie de vacío interior, una mezcla de sentimientos contrapuestos difícil de explicar. ETA deja por fin de matar, abandona su carrera de violencia y se compromete a un cese definitivo de sus acciones armadas tras medio siglo de locura que ha costado más de 800 vidas. Los terroristas dejan de asesinar porque ven un nuevo tiempo en Euskadi y porque en un paripé sin nombre algún que otro destacado miembro de la comunidad internacional les ha prestado su mano. En realidad, la banda oculta tras su habitual verborrea una debilidad extrema que le ha llevado a quedarse casi sin pistoleros, sin dinero con el que financiar sus canalladas y sin el respaldo social del que antaño disfrutó. ETA está vencida, lo sabe e intenta dejar de existir de la forma menos humillante posible. Ésa es la verdad. Ésa y que hay unas elecciones el próximo 20 de noviembre en las que la cosa pinta bien para su marca política si el eco de las balas deja de retumbar. Lo ha dicho claro Felipe González, el hombre que con más sentido común ha hablado estos días y el primero en recordar que las campanas no se deben tirar al vuelo todavía: “Estamos en víspera de elecciones y eso no se debe olvidar”.

Pero pese a todo ello, debemos estar contentos. Más que eso, debemos estar felices. Las armas han dejado de ser una forma de diálogo y ahora toca que las palabras y los gestos abran la senda de la normalidad. Palabras y gestos que deben partir, antes que nada, de la propia ETA. Palabras como perdón o arrepentimiento y gestos como el de entregar las armas y quitarse los pasamontañas. Palabras como Justicia: la que deben afrontar todos aquellos que tengan las manos manchadas de sangre. Gestos como el de permitir que aquellos que no defienden la exclusión y el nacionalismo extremo puedan defender sus ideas sin necesidad de escoltas ni salvavidas. Luego será el Estado el que tenga que modificar posiciones. Desde la consciencia de que es mejor ceder en algunas cuestiones que vivir con miedo a las bombas. Con la exigencia a sus dirigentes de tener altura de miras, condición de estadistas y generosidad política. Sin concesiones inasumibles, pero con cambios plausibles. Es hora de afrontar un tiempo nuevo, de reparar el daño que han sufrido miles de familias, de reconocer su sufrimiento y de acompañarlos en un camino que, más que nadie, ellos van a sobrellevar con el dolor de la ausencia. Sin régimen de igualdad: unos han sido asesinados y otros se han dedicado a matar.

Este país se merece la paz, la quiere, y no hay justificación posible para permitir que vuelvan a silbar las balas. Llegó la hora de mirar al futuro. Con cautela, pero con optismismo. Aprovechemos la oportunidad, nos lo merecemos.


							

Incontinente Aznar

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 18 de abril de 2011 a las 14:07

Si a Felipe González le costó irse tras perder en el 96 y anduvo no pocos años condicionando el patio del socialismo español desde la azotea, lo de José María Aznar ya no tiene nombre. Al expresidente del Gobierno parece que eso de pasar a la historia de la democracia española por ser el primer líder conservador en dirigir el país se le queda corto y está empeñado en hacerse ver cada vez que puede aunque sea diciendo majaderías.

Lo de la semana pasada en la Universidad de Columbia (EEUU) me tiene loco, no tanto por su ataque a la economía española -ya saben ustedes que no ha habido más que él en esta materia desde el óbito de Keynes-, sino por sus palabras en favor de ese friki de la política internacional que es Muammar Gadafi. Aznar nos ha descubierto que el coronel es un amigo “extravagante” de Occidente y que es una indecencia que Occidente ataque a un amigo. Tiene razón el expresidente en eso de que ha sido un amigo y en que desde hace unos años en Europa y EEUU se le ha hecho la ola tras su conversión antiterrorista, pero eso no quita para que sea un tirano, un sátrapa y un exterminador de su propio pueblo. Que Occidente tiene poca memoria y menos vergüenza tampoco es nada nuevo, no hay más que mirar al África subsahariana, pero eso no resta para que tome alguna que otra decisión acertada.

Aznar no sabe estarse callado, necesita, como el rey destronado, que su clac le dé palmaditas en el lomo y le recuerde lo gran presidente que fue. Aznar quiere seguir influyendo en España cueste lo que cueste, como si aún no hubiese asumido que el 14-M de 2004 su candidato y, por ende, él salieron derrotados. La pena es que en ese afán de influir le da igual llevarse por delante el prestigio de España, la poca fortaleza que estaba recuperando la economía y el futuro del país. Eso es lo que le falta para ser el estadista que dice ser. No hay caso similar en todo el mundo democrático que se dedique de esa manera a lanzar basura contra su propio tejado. Que alguien se lo diga, por favor.