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Entre mayorías y pactos

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 23 de mayo de 2015 a las 6:38

Terminó la campaña. Después de dos semanas oficiales pidiendo el voto y varios meses calentando el ambiente, los candidatos tienen hoy la jornada libre. Se la toman los aspirantes y también los ciudadanos, un tanto embotados después de tantos mensajes como han recibido en este tiempo. Lo mejor ante tanto exceso quizás sea pasarse hoy por la Feria para renovar las neuronas a ritmo de sevillanas y chunda-chunda. Pocas cosas hay mejores para afrontar con calma mañana el momento de votar.

En el cierre de campaña que vivimos ayer quedó claro que se elige entre dos maneras de gobernar Córdoba a partir del lunes. Por un lado está el PP, cuyo candidato, José Antonio Nieto, tiene claro que su proyecto necesita de otros cuatro años y solo una mayoría suficiente le permitirá llevarlo a cabo. El aún alcalde no pactará con nadie, en un claro guiño a los electores para que acudan el domingo en masa y le renueven la confianza.

La otra opción es que la formaría un amplio gobierno de concentración con todos los demás que se presentan. El PSOE de Isabel Ambrosio insiste en cambiar la ciudad con corazón y esperanza y mantiene ese recuerdo del talante zapateril como base de futuro. IU apela al pasado, a su legado y a la reivindicación de una ciudad plena de barrios. Su candidato, Pedro García, es el que más claro habla de que lo que quiere es echar al PP. Ganemos ha apurado el momento hasta última hora. El partido verde se ha dado cuenta tarde de que su campaña necesitaba impulso, pero confía en que la izquierda cansada de los de siempre y el espíritu del 15-M y Podemos le aúpen a un lugar determinante.

Luego está Ciudadanos, cuyo candidato, José Luis Vilches, ha hecho una campaña irregular y fía al tirón de Albert Rivera gran parte de sus expectativas. La formación naranja no aclara a quien apoyará, pero sí que no cogobernará. Y, por último, está Rafael Gómez, el candidato sin campaña salvo los mítines de los dos últimos días. Poco más hay que decir de él.

Se acabó la campaña, toca reflexionar. La decisión va entre una mayoría suficiente y un cogobierno abierto. Que lo piense usted bien.

Neoconservadores de la tradición

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 17 de mayo de 2015 a las 8:52

Esta Córdoba de nuestras entre telas no dejará nunca de sorprendernos. Su ancestral tendencia a vivir entre el péndulo y la discreción acaba por llevarnos a descubrimientos que, una vez reflexionados, nos dejan patidifusos. De pronto un día, entre ducha y lavado de dientes, uno se da cuenta de que caminamos hacia la definición de un nuevo grupo social de esos que evolucionan con el paso de los años desde la defensa de unos postulados hasta el encastillamiento en otros. Todo ello, por supuesto, con la misma vehemencia.

Viene esto al caso porque en este mes de mayo se observa, no sin cierta sorpresa, que en determinados sectores de esta ciudad se está tendiendo a realizar una defensa de nuestras tradiciones centrada en la recuperación de la esencia frente el éxito turístico. Los llenos en la Cata, las Cruces, los Patios y el más que previsible de la Feria nos están sirviendo para alumbrar una suerte de nuevo grupo social que denuncia la masificación y pérdida de sentido de nuestras fiestas por mor de un interés pecuniario y casi que bastardo. Nada habría que decir si esta forma de pensar procediese de los tradicionalistas de siempre, esos vinculados más bien a las capas más conservadoras e inmovilistas de la ciudad. Pero hete aquí que no es así, que este nuevo grupo proviene de ámbitos ideológicos hasta ahora situados en las antípodas de los de siempre. Es más, muchos de quienes ahora denuncian lo mal que está todo son los que hace apenas quince días eran ardientes defensores de la libertad individual, del carpe diem y la apertura de los muros que han mantenido a Córdoba lejana y sola. Son los neoconservadores.

Este grupo social es muy activo en redes sociales, se mueve ideológicamente entre la gauche divine cordobesa y el movimiento supuestamente no alineado y hay que reconocer que tiene una capacidad de impacto en ciertos sectores de opinión. Son estos los que muestran fotografías de la basura tras las Cruces, imágenes de las colas en los Patios y mezclan el ataque a las casetas privadas con la denuncia del botellón en la Feria. Es un colectivo que pregona que la ciudad está perdiéndose por el vil metal y más o menos prostituyendo lo que ha sido para salir del agujero de la crisis económica.

Siendo como son muy respetables sus críticas cabría ponerles la pega de que estos ataques se realizan siempre desde cierta atalaya revestida de intelectualidad y ni proponen alternativas ni ofrecen soluciones. Suelen ser ataques en los que se tiende a pasar por alto que el boom turístico de la ciudad es lo único que nos está sacando de la crisis, a la espera de que otros sectores muy prometedores terminen de cuajar sus alternativas. Se ignora así que tras tanto visitantes hay salidas laborales y oxígeno para largos dramas familiares.

Sin negar que el mayo necesita ser revisado a fondo, y admitiendo que lo suyo es ver los Patios tranquilos y sin bullas, cabría pensar que tanta visión neoconservadora tiene más que ver con los intereses y comodidades individuales que con los beneficios comunes. Un poco con el “yo me lo merezco y tú te apañas como puedas”. Y eso, además de neoconservador, es bastante miope.