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IU, ante su encrucijada

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 11 de noviembre de 2014 a las 11:23

La crisis se ceba con Izquierda Unida. La otrora todopoderosa formación que gobernó Córdoba durante lustros de la mano de Julio Anguita, Herminio Trigo, Manuel Pérez, Rosa Aguilar y Andrés Ocaña sufre ahora una especie de destierro en la ciudad del Califato Rojo. El fiasco de las municipales de 2011, colofón a un mandato municipal desastroso en el que a la salida de Rosa Aguilar camino del PSOE se sumó la incapacidad de Andrés Ocaña para reorientar el rumbo de un equipo heredado, ha puesto a la coalición de izquierdas en el peor momento de su historia en Córdoba. Una situación en la que su propia supervivencia como fuerza política independiente en la cartelería de las próximas municipales aparece ahora rodeada de dudas y sombras. El colofón a una historia que venía fraguándose desde hace muchos.

Y es que la bofetada recibida el domingo en la asamblea de Ganemos Córdoba está a punto de dar con la coalición en la lona. Una abrumadora mayoría (352-175), decidió que la nueva formación política surgida al albur de la crisis, los movimientos sociales y el hartazgo ciudadano concurrirá a las urnas del 24 de mayo de 2015 constituida como agrupación de electores, es decir sin siglas de nadie en su interior y convertida en una reunión de independientes unidos por un programa común. La decisión supone un durísimo varapalo a IU, que debe decidir ahora si está dispuesta a enterrar las siglas con las que mandó en Córdoba durante décadas para diluirse en una amalgama en la que está (casi) todo por decidir. Las fuentes consultadas por el Día señalan que aún es pronto para saber cuál será la postura de la coalición y dejan para mañana, cuando se reunirá el consejo andaluz de la formación en Sevilla, una primera toma de postura oficial sobre lo acontecido el domingo. Lo cierto es que no había más que ver el rostro del coordinador provincial y candidato a la Alcaldía, Pedro García, para entender la magnitud de su derrota. Igual que bastaba observar las sonrisas de algunos de los impulsores de Ganemos Córdoba para comprender cuán dulce era su victoria.

GANEMOS CORDOBAIzquierda Unida está ante la encrucijada de aclarar qué quiere hacer en adelante, una decisión en la que hay mucho que leer. Por un lado, su disolución dentro de Ganemos le supondría una pérdida de representación en la Diputación al no poder sumar sus votos con los obtenidos en otros lugares de la provincia. De la mano iría una disminución de ingresos para una organización que necesita captar fondos si quiere mantener su estructura actual. Y, por último, un pérdida de influencia considerable. Si los resultados de la asambleas del domingo pueden servir de banco de pruebas, en unas hipotéticas primarias abiertas IU tendría muy difícil situar a sus candidatos en los puestos de salida. Antes de ayer, los votos obtenidos por la agrupación de electores fueron el doble de los logrados por la coalición que auspiciaban desde Ambrosio de Morales, toda una declaración de que hay muchos que no quieren ligar el futuro de esta nueva experiencia política con nada que se asemeje al pasado.

Existe otra clave que puede explicar la caída en desgracia de IU en su propia casa: el hastío de su votante tradicional con la formación. Ya desde hace años, la forma de Rosa Aguilar de conducirse desde Capitulares comenzó a provocar una sangría continuada de militantes y cargos medios hacia el exterior. Ese distanciamiento, que acabó con la exregidora en el PSOE, no ha sido corregido por las nuevas cabezas visibles del partido, que, paradójicamente, cuenta entre sus principales activos en Andalucía con dos cordobeses: el coordinador regional Antonio Maíllo y la consejera de Fomento, Elena Cortés. Los vaivenes en la dirección provincial y local, las purgas internas o los enfrentamientos entre la ortodoxia del PCA y visiones más aperturistas han provocado un éxodo que parece cristalizar en Ganemos Córdoba. A modo de ejemplo, el domingo se vio en la asamblea a exconcejales de la época gloriosa de la coalición como Paco Paños, Paco Muñoz o María José Moruno o a antiguos militantes destacados como Ángel B. Gómez Puerto y Pedro Antúnez.

Y luego están Podemos y Julio Anguita. El partido de Pablo Iglesias se ha hecho con la calle en la ciudad y desde la propia coalición admiten que la del domingo fue una lección de movilización en toda regla. Tras decidir el jueves pasado que apoyarían la agrupación de lectores, los seguidores del partido morado llamaron a una movilización masiva para la asamblea del domingo y tal fue su capacidad que arrasaron a las siempre bien dispuestas huestes de IU. Anguita, por su parte, hirió de muerte a la formación que dio a luz al anunciar desde su Frente Cívico el apoyo a la agrupación de electores, con lo que eso supone de capacidad de arrastre.

Con estos mimbres debe jugar ahora una Izquierda Unida que desde Madrid y Sevilla aboga por mezclarse con la sociedad, pero que a pie de campo afronta una profunda crisis. Los resultados del domingo deben leerse como un durísimo golpe a su dirección cordobesa, pero también es cierto que ésta es coherente al mantener su deseo de persistir como marca política consciente de que cualquier otra decisión supondría su disolución y, prácticamente, su desaparición de la escena política. El consejo andaluz de Sevilla marcará las pautas a seguir y durante esta semana o, a lo sumo, principios de la próxima la formación deberá exponer sus conclusiones en la ciudad. Seguir siendo Izquierda Unida o entregar la memoria histórica de la coalición a nuevas formaciones en ascenso en las que, salvo el despecho, hartazgo y cabreo social, poco más se conoce. Difícil decisión.

IU busca compañía

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 31 de agosto de 2014 a las 8:39

Debe ser bastante frustrante haber sido durante años la voz que ejercía de Pepito Grillo en el panorama político nacional y ver cómo se te va la oportunidad en el último momento. No debe ser plato de gusto tener que tragarse unos resultados como los de las Europeas –buenos pero no tanto como se esperaba– después de haber transitado durante años por el desierto de la indiferencia y el ostracismo mediático. Pero la vida es así, sobre todo la política, y a Izquierda Unida la ha tocado aceptar que la cima del Everest estaba más allá de la última curva y que toca buscar a nuevos compañeros de escalada si se quiere tocar cumbre. Que le vamos a hacer, así son las cosas y así hay que aceptarlas.

El miércoles por la tarde, el comité federal de la coalición asumió lo que de todos era sabido y dio orden a los suyos de lanzarse en pos de cualquier alianza posible con toda fuerza política, movimiento social o asociación de interés que se mueva en la izquierda nacional y esté dispuesta a converger en lista única hacia las municipales. Alberto Garzón gana el pulso a Cayo Lara y toca decirle a Podemos lo guapos que son y lo bien que les sienta la coleta. No hay nada cómo el pánico a perder la oportunidad y la amenaza de sorpasso desde la izquierda para aceptar la triste y tozuda realidad. Porque, no nos engañemos, en IU se dan al pactismo ahora porque de lo contrario corren el riesgo de quedarse en la marginalidad. No porque realmente crean que ha llegado el momento de coaligarse con nadie. Las encuestas, tozudas ellas, y los resultados de las europeas, más tozudos todavía, obligan a un replanteamiento. No hay más.

En Córdoba, la cosa va por el estilo, aunque hasta que el martes su coordinador provincial, Pedro García, se dirija a las masas no parece que vayamos a saber por dónde van los tiros. Aquí, IU soñaba con grandes resultados, pero parece que la vía de agua que le ha surgido con Podemos y Ganemos amenaza con hundir el Titánic antes incluso de que salga de los astilleros. Así que el susodicho García se ve en la obligación ahora de replantear la flamante cabecera de cartel que obtuvo en esa elección de las bases tan propia del PCA –esas cosas nada teledirigidas por la dirección– y mucho nos tememos que no tendrá más remedio que ceder a unas primarias conjuntas si mantiene su intención de ser quien le pelee el puesto a Nieto. No lo va a tener fácil García (cuyo facebook recomiendo visitar para saber sus nada diplomáticas opiniones sobre Caucescu, Lenin, el CCF, Sadeco o los medios de comunicación burgueses). A IU, por tanto, le ha salido un grano importante con Podemos, en cuyo interior existe poco o ningún cariño hacia el aparato local. Además, el movimiento articulado alrededor de Acampada Dignidad vuela impulsado por el apoyo claro de Julio Anguita y su Frente Cívico, y cualquiera le discute a estas alturas al exalcalde su condición de piedra angular de la izquierda más izquierda en la ciudad. Difícil panorama que antoja unos meses entretenidos en esta parte del arco político.

Veremos si son capaces de llegar a un acuerdo. ¿Apuestas?