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Responsabilidad

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 19 de abril de 2015 a las 8:18

Manuel Chaves nunca supo nada de los ERE. Ni José Antonio Griñán, ni Gaspar Zarrías, ni José Antonio Viera, ni Francisco Vallejo. Mariano Rajoy desconocía las aventuras contables de Bárcenas. Como también, Javier Arenas, Ángel Acebes o José María Aznar. En Cataluña, nadie se preguntó por la fortuna de los Pujol. Ni Artur Mas, ni Duran Lleida. La Infanta Cristina firmaba los papeles de su marido Iñaki loca de amor y así lo creían todos en su real casa… Podría seguir poniendo ejemplos hasta Corpus con casos como el Gürtell, Bankia, Filesa, los cursos de formación… y un largo etcétera, pero esto es una columna y no una enciclopedia.

Vivimos en un país en el que, como medida de precaución, nadie sabe nunca nada de nada. Es la mejor fórmula para librarse de problemas y la respuesta más rápida y fácil ante una pregunta incómoda. -“Oye, ¿tú sabes algo de lo de fulanito?” -“¿Yo?, nada de nada”. Desde pequeños nos han enseñado que ante cualquier sospecha hay que echarle la culpa a otro. A tu hermano cuando te peleas de pequeño; al profe que te tiene manía cuando cateas en el cole; a los colegas que te obligaron a tomarte la última; al “que todo el mundo lo hace” cuando te pillan sin pagar el IVA; al del banco “que me ofreció una hipoteca que decía que era buena y me engaño” o al de la tienda “que me vendió el plasma diciendo que era muy barato”…. A todo el mundo menos a uno mismo, no vaya a ser que nos tomen por tontos. Es el reino del escaqueo, de la excusa permanente. Aquí nadie es responsable de nada.

Responsabilidad, qué gran palabra. Dice el diccionario que responsabilidad es, en su tercera acepción, el “cargo u obligación moral que resulta para alguien del posible yerro en cosa o asunto determinado”. Es decir, la capacidad del ser humano de asumir que se ha equivocado, admitirlo y reconocer su error enfrentando las consecuencias que este tenga. Y con esta definición, respóndanme, ¿conocen ustedes a alguien que asuma su responsabilidad? Yo, a pocos, muy pocos.

En política, que no es sino la traslación a las instituciones de la vida real, ni el maestro armero asume sus responsabilidades. Ser responsable de algo no significa necesariamente haber delinquido, es, simplemente, aceptar que bajo tu mando han ocurrido determinadas cosas. En los casos de los ERE, Bárcenas, Gürtell, Urdangarín, etc… hay numerosos responsables. Los primeros, los golfos que se lo han llevado calentito. Los segundos, a los que atañe la acepción tercera de responsabilidad, son todos aquellos que pusieron a esos mangantes en sus sitios. Si la corrupción es la plaga que enfanga el siglo XXI, la asunción de responsabilidades debería ser su antídoto más directo. Resulta inconcebible que todo lo que leemos a diario ocurriera sin que nadie con mando en plaza supiera nada, sin que nadie intermedio avisara al jefe, que sucediera en la absoluta impunidad. Aunque lo dude profundamente, si eso ha ocurrido así quienes eso han declarado ante el juez deberían irse a su casa a tricotar. Y no porque hayan robado nada, sino porque con sus palabras demuestran que nunca han valido para los cargos que ocuparon. Por ciegos y por irresponsables. Y porque demostrarían algo de vergüenza.

El C4 y la novia abandonada

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 1 de marzo de 2015 a las 8:00

Hay una tendencia en esta ciudad a dejar los proyectos inacabados o a no empezarlos nunca que realmente reconozco que me apasiona. Tiene su punto de estudio antropológico esto de que entre que se pare una idea y se pone en práctica deban pasar en Córdoba un mínimo de diez años para atisbar algún avance. No sé si será el pasado árabe, romano o judío o simplemente una incapacidad manifiesta de quienes nos gobiernan, pero lo cierto es que aquí no hay quien sea capaz de hacer algo y ponerlo en marcha en un plazo razonable. Ejemplos hay múltiples y distintos y diferentes, que diría Rosa Aguilar, pero esta semana me ha seducido especialmente el nuevo frenazo al Centro Andaluz de Creación Contemporánea, vulgo C4.

Prueba de iluminación de los paneles exteriores del C4 con la mirada de una mujer, realizada en agosto de 2013Recuerdo los tiempos en los que se hablaba de la manzana cultural en la margen izquierda del Guadalquivir, ese diálogo de infraestructuras –no se puede ser más cursi– que iban a reflotar el Sector Sur y el Campo de la Verdad e iban a hacer sombra a la mismísima Mezquita. El C4 alternaría con sus nonatos hermanos Palacio del Sur y Museo de Bellas Artes, para vertebrar un eje cultural –otra buena moñería–que impulsase a la ciudad. De los trillizos hoy en día solo sobrevive el C4, obra arquitectónica más que destacada de esa pareja de maestros, Nieto y Sobejano, que también nos regalaron el centro de interpretación de Medina Azahara. Dos edificios multipremiados que han tenido la mala suerte de topar con la crisis y la mayor de las ineficacias. Al menos, el del yacimiento está abierto y puede disfrutarse.

El C4 ha sido desde su nacimiento una especie de niño de orfanato, un edificio sin padres reconocidos que nunca ha sabido muy bien si ha venido a este mundo para penar o para ser, simplemente, carne de cañón. Lo que en su momento fue una gran idea, lúcida y atractiva, es hoy en día una especie de ballena varada a la que nadie quiere ayudar a volver al mar. Es como una novia con gran boda concertada a la que en el último momento dejan plantada en el altar vestida del blanco más impoluto y que se aja allí incapaz de aceptar que el novio no vendrá y además se ha llevado la dote. Y aquí, el novio y los suegros son los mismos.

Una técnico muestra el interior de la sala principal del C4 a un grupo de visitantes durante la jornada de puertas abiertas que se realizó en otoño de 2014.A la Junta debería darle vergüenza ofrecer el espectáculo que está ofreciendo con este edificio. A estas alturas nadie quiere saber de él y nadie quiere recuperar de las hemerotecas las decenas de compromisos de fechas, inauguraciones y horarios que, desde que Manuel Chaves asumiera el compromiso allá por los inicios del siglo, han dado a su paso por aquí consejeros como Plata y Alonso o presidentes como Griñán o Díaz. El C4 no tiene proyecto, ni director, ni accesos, ni contenidos, ni absolutamente nada de nada. No tiene responsables que digan lo que van a hacer con él quizás porque ni ellos mismos saben cuáles son las potencialidades del edificio. La demora, desidia y desilusión con la que se trata a este edificio desde su Administración impulsora (es un decir) azorarían al más pintado y deberían ser motivo de más de una dimisión. Pero no se preocupen que eso no pasará. El C4 seguirá ahí plantado, viendo cómo le salen arrugas, como esa novia abandonada que quedó para vestir santos. Con lo bonita que fue de joven.

Susana ‘superstar’

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 24 de noviembre de 2013 a las 10:31

Bienvenidos al Susanato, la era del hiperliderazgo en el socialismo. Nace un nuevo tiempo, casi desconocido en Andalucía, y nos aprestamos a comprobar hasta dónde es capaz de llegar la nueva estrella del puño y la rosa en su ascenso interestelar. Susana Díaz es, desde ayer, la persona con más poder que jamás haya habido en el PSOE andaluz: presidenta de la Junta de Andalucía, secretaria general del partido en Andalucía y única baronesa con poder real de su formación en toda España. La política sevillana ha logrado lo que nadie había conseguido jamás bajo sus siglas en la comunidad, ganar un congreso por abrumadora mayoría sin tener que haber negociado antes nada en ningún despacho y tener a sus pies a todo el que hoy en día quiere ser algo dentro de su formación. La conversión al susanismo es total y no hay alma en el partido capaz de ponerle ni media falta en voz alta .

susanaEn menos de seis meses, Susana Díaz ha conseguido lo impensable. Ha sacado al Gobierno andaluz del marasmo y el ko técnico en el que vivía a causa de los ERE, ha insuflado ánimos en su partido, muerto tras las últimas luchas internas y carente de cualquier tipo de norte y dirección, y ha conectado con el electorado a base de un discurso buenista en el que ha insistido machaconamente en que hay que luchar contra la corrupción, hay que reconocer que Zapatero fue un desastre y hay que gobernar pensado en el ciudadano de a pie. Mensajes sencillos, cargados del contenido de cualquier conversación de barra de bar de los últimos años, pero que nadie entre los suyos había sabido ni podido articular hasta el momento. Hay que reconocer que la señora está muy bien asesorada. Susana reina ya Andalucía y se encamina a hacerlo en España entre los suyos. Personalmente, tengo la impresión de que si ve la cosa bien no dudara en adelantar elecciones, pelearse con IU (algo que a la vista de las últimas propuestas de la coalición tampoco parece complicado) y medir sus posibilidades de asaltar sin violencia el liderazgo nacional de los suyos. Porque los suyos Despeñaperros arriba la quieren con locura, se rinden ante su discurso y su medido tono didáctico-catecumenal. Ven en ella casi al nuevo Felipe del siglo XXI.

Pero antes de que todo eso ocurra, el Susanato deberá demostrar de verdad que todo lo que dice es cierto y dar muestras de que además de armar discursos fáciles a la vez que cargados de sensatez es capaz de gestionar un Gobierno andaluz que debe hasta de callarse, que tiene en pie de guerra a medio mundo y que tiene que rebajar, sí o sí, ese lamentable 37% de paro que machaca Andalucía.

Susana Díaz s ela juega de verdad en los primeros meses del 14, ahí donde los exiguos presupuestos de la comunidad tienen que funcionar, ahí donde las deudas con todos se deben pagar, ahí donde su equipo de consejeros se debe fajar. Ahí donde el PP fía a la mejora económica el primer paso de su recuperación. Si lo hace, si gana esa batalla, Susana será imbatible. Si naufraga, el fenómeno Díaz tomará forma de taponazo de champán y bajará a mayor velocidad aún de la que subió. Y lo hará sola. Como las estrellas fugaces. Bienvenidos a la época de Susana superstar.

Primarias improcedentes

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 7 de julio de 2013 a las 11:18

Desde hace ya mucho tiempo, todas las encuestas le echan en cara a los políticos que viven de espaldas a la realidad y que andan siempre más pendientes de sus cosas que del interés común. Esto no es que pueda aplicarse como norma general, pero desde luego sí que es una constante común a muchos de nuestros dirigentes. Tampoco puede decirse que quienes nos gobiernan no hagan nada, que no es cierto, sino que en sus ratos libres se dedican a pensar cosas extrañas y soluciones rebuscadas que a nadie que se dedique a otra cosa que la pública se le ocurrirían. Y si no se lo creen, las primarias socialistas puestas en marcha en Andalucía son un buen  ejemplo.

En una comunidad autónoma con un millón de parados y serios problemas como es la nuestra, a pocos se les habría ocurrido poner en tensión al Gobierno autonómico sólo un año después de haberse constituido. José Antonio Griñán ha decidido, así de sopetón, que es buen momento para que los socialistas elijan a quien se supone que deberá sustituirle en el cargo dentro de tres años… y la ha liado parda. Primero, porque lo que iba a ser en principio un relevo que no conllevaba cambios a corto plazo ya tiene la puerta abierta a un adelanto electoral. Segundo, porque lo que estaba llamado a ser un movimiento pacífico, sin tensión dentro del partido ni del Gobierno autonómico, se ha convertido en una carrera en la que la política volverá a ofrecer su peor cara. (Me resisto a creer que Luis Planas o Susana Díaz vayan a continuar en el Gobierno del otro una vez que finalice el proceso). Y tercero, toda esta unión de movimientos tocará de lleno la labor del Ejecutivo regional, que será objeto de modificaciones que a buen seguro se notarán en su forma de funcionar.

Ignoro si Griñán ha convocado las primarias por temor a la juez Alaya, porque está cansado, porque no aguanta ni un minuto más compartiendo consejo de Gobierno con IU o porque con la designación de su sustituto le gana la partida política al PP y se ve libre para convocar elecciones anticipadas en el momento que considere oportuno. Sí tengo claro que la decisión del todavía presidente dela Juntade Andalucía me parece absolutamente improcedente. 

Cuando la ciudadanía lo que está reclamando es que hagan las cosas bien o que, por lo menos, no se estropeen más, la convocatoria de las primarias supone todo lo contrario. Demuestra que el presidente andaluz anda más preocupado por las cosas internas de su partido que por lograr que baje el paro, mejoren los resultados educativos o se acaben los recortes sanitarios. Por mucho que el PSOE se esfuerce en explicar que esta decisión es la mejor y una muestra de lo demócratas que son, la sombra de que Mercedes Alaya aprieta y comienza a ahogar y las denuncias por parte de los candidatos críticos de que se está presionando a los militantes para que gane la lista oficial se encargarán de demostrarnos en estas dos semanas lo alejada que está la teoría de la práctica. Y eso que a mi las primarias me parecen un gran sistema. Pero para hacerlas cuando tocan y sin forzar la máquina. Lo de ahora me parece extemporáneo e improcedente. Por mucho que usted diga lo contrario, señor presidente.

Chamizo, Gracia y los burros

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 2 de junio de 2013 a las 12:26

Hace  aproximadamente un año, José Chamizo denunciaba en una comparecencia en el Parlamento andaluz el sistema de partidos actual y recriminaba a los políticos que se dedicasen a sus “peleítas” en lugar de a arreglar las muchas cosas que hay que arreglar en Andalucía. Aquellas palabras le han costado a Chamizo el puesto después de 17 años en los que la institución que dirigía, el Defensor del Pueblo Andaluz, ha logrado convertirse en un referente ético en la comunidad autónoma. Cierto es que en estos más de dos lustros, no es que el Defensor del pueblo haya arreglado muchas de las cuestiones que se le pedían, pero sí que se había convertido en un pepito grillo incómodo y peleón. Ha sido la única voz que ha calado en la conciencia de muchos políticos, si es que la tienen todos.

Chamizo cayó tras denunciar a los partidos y el final de su mandato se antojaba claro tras recibir duras críticas del presidente de la Cámara andaluza, el cordobés de nacimiento Manuel Gracia, a quien nada gustaron sus reproches. El Defensor del pueblo andaluz cayó en una de esas escasas ocasiones en las que los partidos andaluces se ponen de acuerdo. Una de esas veces en las que PSOE, PP e IU pactan elementos clave para nuestra democracia y que, por supuesto, nada tienen que ver con la educación, la sanidad, la economía o alguna de esas zarandajas que de nada sirven y a nadie interesan. Todo un ejemplo.

Nuestros partidos con representación parlamentaria fulminaron a Chamizo con la misma falta de argumentos con la que esta semana sabíamos que habían pactado un incremento de sueldos del apurado Gracia y los portavoces adjuntos de cada formación en la Cámara andaluza. A Gracia le caían 400 euritos más al mes para pagarse desplazamientos, que con 6.5000 no llega el hombre, mientras que a los adjuntos les apañaban otros 2.000 por barba para paliar los recortes de nomina del año pasado. Vergonzoso.

De no ser por la labor investigadora de un periodista de esta casa, Antonio Fuentes, la desvergüenza se habría consumado sin rubor, con nocturnidad, alevosía y toda la oscuridad burocrática. Nada más hacerse público el tema, Gracia ha dado marcha atrás empujado por Griñán, que decía estar sorprendido, y por el bochorno general que ha causado el tema. Mientras, los partidos dicen que desconocían la cuestión, se daban golpes (leves) en el pecho preguntándose cómo podía haber pasado todo y ordenaban también restituir el daño hecho. Personalmente, no me creo que PP, PSOE e IU no estuvieran al tanto, que Griñán no supiera nada y que Gracia y los tres adjuntos aún no hayan puesto a disposición de sus partidos su puesto por respeto a todos los andaluces que viven en sus carnes los recortes desde hace ya demasiado tiempo.

Y luego hay quien se sorprende porque un juez llame burros a los políticos en una sentencia. Corto se ha quedado.

Se busca oposición

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 10 de marzo de 2013 a las 10:25

La democracia se inventó para que los ciudadanos pudieran elegir a sus representantes, estos les gobernasen, les diesen seguridad y la sociedad avanzara. Este sistema llevaba aparejada la consecuencia de que quien no ganara las elecciones se convertía en oposición política con la clara función de controlar a aquellos que ejercían el mando para evitar que cometieran excesos y para darle voz a aquellas minorías que no se vieran representadas o discreparan de las medidas tomadas por sus gobernantes. En pocas palabras, así es como los españoles decidimos en 1978 que íbamos a regir nuestras vidas. En todos los ámbitos. Del municipal al nacional, pasando por el autonómico. Y durante años funcionó. Tuvimos gobiernos más o menos fuertes, con oposiciones más o menos fuertes, que nos hicieron avanzar en un Estado de bienestar que nunca habíamos conocido. Fuimos felices, perdonamos dislates, creímos que nunca jamás volveríamos a ver maletas de cartón cargándose en vagones de tren en estaciones que conducían hacia el Dorado… Incluso fuimos guapos. Hasta que llegó la crisis.

Han pasado ya cinco años desde que pinchó la burbuja inmobiliaria, un lustro en el que se ha desinflado todo lo que se podía desinflar, y nos encontramos con que la desesperanza es el sentimiento común a todos los ciudadanos. La desesperanza y el descreimiento. Estamos cansados de tragar basura y aún más hartos de ver que no se atisba inteligencia alguna que nos encamine a dejar de hacerlo. Lo dicen todas las encuestas: las oficiales, las privadas y las que dicta el café de la mañana para el que aún lo tome en la pausa del trabajo. Vivimos la amarga experiencia de sentirnos huérfanos, desvalidos y solos en la aldea global. Y no parece que haya inteligencia que ofrezca alternativas para salir de aquí.

La democracia se inventó para que gobernasen los más votados bajo el control de los menos votados. Era un sistema perfecto basado en el diálogo, la generosidad y el bien común. Hoy en día, aún nos gobiernan los más votados… pero no los controlan los menos votados. Ni en Córdoba, ni en Andalucía, ni en España aquellos que están llamados a ejercer la función de contrapoder realizan su trabajo. Abolido el diálogo por las mayorías absolutas o los pactos de gobierno, exterminada la generosidad salvo para los más cercanos y olvidado el bien común en aras del bien partidario, la oposición ha entregado sus armas víctima de los mismos errores de los gobernantes. Da igual que hablemos de PSOE, IU o PP. La labor de oposición ha desaparecido fagocitada por luchas cainitas para conservar el sillón y la mínima cuota de poder o mamandurria. Asistimos espantados a vergonzosos ejercicios de desmemoria tras años en el poder, somos espectadores escandalizados de mociones de censura que sacan a la luz las vergüenzas de los partidos, contemplamos estupefactos los bandazos de quienes andan más preocupados en buscar un líder que una salida a este agujero. Estamos huérfanos de alternativas. Escuchamos un griterío que no nos representa y caminamos sonámbulos hacia la sima del populismo. Qué decepción.

 

 

 

Disidentes

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 3 de marzo de 2013 a las 9:41

Tenía pensado hablarles de los resultados del Barómetro Joly que este grupo ha venido publicando con motivo del28F, ese día en el que nuestros próceres se declaran más andaluces que el salmorejo y recuerdan a Blas Infante entre golpes de pecho por el poco caso que (ellos mismos) han hecho a su legado, pero paso. Creo que con la manifestación manipulada del jueves la cosa se define sola. El jueves no se habló de Andalucía, sino que se volvió a hacer gala de un victimismo y un frentismo lamentable que son los que impiden que este terruño vaya más rápido. Así lo dicen ustedes en la encuesta, en la que no aprueba ni el que sube la bandera en tan sonado día y en la que todos los representantes de la soberanía popular andaluza acaban en el mismo saco de gente poco creíble y aún menos comprometida. Son tiempos de borreguismo partidista y eso a los ciudadanos no les gusta nada.

Blas Infante jamás se dio a este borreguismo, y les reconozco que no soy yo el más acérrimo seguidor del llamado padre de la patria andaluza. Sin embargo, sí debo admitirles que admiro su decisión y su lucha personal por dignificar una tierra que no tengo duda que es la mejor del mundo. He de reconocerles que a mí siempre me han gustado las disidencias, los espíritus libres que ponen a los partidos ante su espejo. Aquellos que en determinados momentos son capaces de plantarse ante los suyos y decir que no, que por ahí no pasan, que los principios de cada cual son sagrados y no pueden prostituirse. Son los versos sueltos los que le dan su esencia a la democracia.

Este semana hemos visto a Carme Chacón ejercer de verso suelto en Madrid plantándose ante las majaderías soberanistas del socialismo catalán, si bien, en un calculado ejercicio de equilibrismo, tampoco se ha alineado con los postulados de sus compañeros madrileños. No es que Chacón sea el ejemplo más adecuado, ni me parece a mi la más indicada para sacar al PSOE de su actual marasmo interno, pero es el que tenemos más a mano para ilustrar que hay veces en las que los diputados deben plantarse y decir que no. Todos sabemos que la buena de Carme (léase Carma) hace lo que hace porque aspira al sillón de Rajoy y, de paso, al de Rubalcaba, pero no puedo por menos que alabar al primer diputado en años que es capaz de llevar la contraria a las pesadas y casi mafiosas estructuras partidarias. En unos tiempos en los que tanto se debate sobre las listas abiertas y el cambio del sistema electoral –no creo que lo veamos nunca, por cierto– acciones como ésta deben servirnos para reflexionar sobre la verdadera esencia de representar a los ciudadanos. Muchos llaman a esta forma de actuar ser disidente.

Para mí, quien es capaz de plantarse ante lo que considera inadecuado, injusto o directamente majadero me merece todos los respetos. Aunque lo haga por calculado interés personal. Por lo menos, quien así obra demuestra que aún hay quien utiliza el cerebro en el Congreso para algo más que acompañar los cabezazos laudatorios al amo de turno. Por eso me quedo con los disidentes porque siempre fueron más interesantes.

Cara de gilipollas

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 3 de febrero de 2013 a las 11:05

“¿Tengo cara de gilipollas?” El viernes cuado me levanté me hice esta pregunta, a la que, naturalmente pues soy yo, me respondí negativamente. Luego me fui a mi mujer y le pregunté lo mismo, a lo que ella contestó “un poquito” –cosas de casados, ya saben–. Después llamé a un amigo, le inquirí de similar manera y él afirmó que “no especialmente”. Iba a llamar a mi madre, pero lo descarté porque ya sabe usted que madre no hay más que una y por mucho que me empeñe siempre habla bien de mi. También descarté hacer la pregunta en el periódico, no vaya a ser que uno dé la mano y la acaben cogiendo el brazo. Conclusión: si para quienes me quieren y conocen no tengo cara de gilipollas, ¿por qué me levanté el viernes con esa sensación? La razón la encontré en el jueves. Ese día, con el escándalo de los papeles de Bárcenas, descubrí que soy gilipollas. Y me explico.

El jueves, María Dolores de Cospedal negó la existencia de los documentos del extesorero del PP casi al mismo tiempo que el presidente del Senado reconocía algunas anotaciones recogidas en los mismos y les daba, por tanto, carta de naturaleza. Ese mismo día, el líder –o eso dicen– del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, salía en rueda de prensa a exigir explicaciones y casi dimisiones por el asunto con la misma vehemencia (modo ironía) con la que lo ha hecho en Andalucía con el tema de los ERE, el fondo de reptiles y las corruptelas en la Junta. Ytambién ese día, uno de los muchos Pere (léase Pera) que tiene CIU afirmaba que “últimamente el PP no está dando mucho ejemplo de comportamiento limpio”. Como si la coalición que sustenta a Mas estuviera ahora para dar lecciones de pulcritud con el caso Palau, el caso Pallerols o el de las ITV y los Pujol.

Así que ahí encontré la explicación a mi irrefrenable sensación de tener una cara de gilipollas comola Mezquitade grande. Porque verán, uno conoce sus limitaciones, no es un premio Nobel, ni ha descubierto nada y ni siquiera es bueno haciendo ningún deporte, pero de ahí a asumir que uno es gilipollas va un trecho.

Sin embargo, por mucho que me empeñe en lo contrario, con esto de la corrupción y los pactos de transparencia parece que nuestros gobernantes y aspirantes al mando parece que sí nos han visto a todos cara de gilipollas. Lo de Bárcenas es una vergüenza, un escándalo, una golfería que debe costar cabezas. Lo es tanto como los ERE, como lo de Cataluña, como lo del yerno del Rey, como los de las decenas de alcaldes y concejales enmarronados en el ladrillo, como lo de los cientos de cargos públicos puestos a dedo, como lo de la financiación de los partidos con fondos municipales… Somos víctimas de unos partidos que se han apropiado de nuestra democracia y nos consideran a todos gilipollas maleables a su gusto y conveniencia. Mi duda es si no estaremos cayendo nosotros en su juego o debemos levantarnos ya hartos y mandarlos un poquito lejos. A su conciencia lo dejo. Decida quién es el gilipollas es usted o lo son ellos. Yo lo tengo claro

Pena de país

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 20 de enero de 2013 a las 10:11

EL tesorero del PP pagó durante años a cargos del partido sobresueldos de entre 5 y 15.000 euros en sobres entregados en mano; el yerno del Rey usó su posición privilegiada para llevárselo calentito de varias comunidades autónomas; la Junta tuvo durante una década un fondo de reptiles que sirvió para nutrir a no pocos estómagos agradecidos; los hijos de Jordi Pujol tienen cierta preferencia por los bancos extranjeros a la hora de gestionar unas cuentas que parece que no han pasado la ITV; los antiguos dirigentes de Unió Democrática de Cataluña se salvan de ir a la cárcel porque le aflojan a la Justicia unos 400.000 euros por haberse financiado ilegalmente….

María Dolores de Cospedal dice que no le consta nada de lo que hizo Luis Bárcenas; la Infanta nunca supo qué hacía exactamente su marido; José Antonio Griñán jamás conoció nada de los quehaceres del exdirector general de Empleo; Artur Mas atribuye a persecuciones nacionalistas españolas los escándalos financieros de su partido; Josep Antoni Duran Lleida sigue en el Palace porque su formación ya expulsó a quienes se lo llevaron calentito y no tiene responsabilidad alguna aunque el escándalo se haya confirmado.

Felipe González pide un pacto de todos contra la corrupción que acabe de una vez para siempre con esta lacra; Soraya Sáenz de Santamaría afirma que caerá todo el peso de la ley sobre quien se aproveche de su situación; el Rey dice que hay que dar ejemplo ante los ciudadanos; Rubalcaba exige dimisiones en el Gobierno porque Bárcenas se aprovechó de la amnistía fiscal; Arenas dice que no le consta nada de lo de los sobres en su época de mandamás en Génova; Griñán sigue sin enterarse de nada en la trama de los ERE.

Los ciudadanos están hartos de todo, salen a la calle en manifestaciones espontáneas a exigir mano dura contra los trincones. Están cansados de ser las víctimas de un sistema de políticos –sí, de políticos– que carece de valores, que no se responsabiliza de nada, que arruina al país y encima saca pecho, que cruje a impuestos y no es capaz de reducir su inabarcable legión de organismos afectos, que vacaciona del Parlamento durante meses mientras seis millones de personas lo hacen de su empleo desde hace demasiado, que no admite preguntas de los periodistas porque escuchar la verdad escuece…

Un una semana seguro que usted ha oído hablar de alguno de estos temas –si no de todos– y en una semana seguro que usted ha maldecido a más de un político o allegado a la política por sinvergüenza, golfo, trincón, aprovechado, caradura o lo que sea –ponga usted el orden de las palabras–. España vive una situación de emergencia. La corrupción ha acampado en su esencia. Pena de país.

La Ribera y el bien común

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 13 de enero de 2013 a las 10:25

HACE apenas un mes, el IESA hacía pública una encuesta cuyos resultados eran sobrecogedores. Más de un 58% de los sondeados consideraba que la democracia no funcionaba bien en España y nada más y nada menos que el 92,7% creía que los partidos políticos se preocupan más de sus intereses particulares que de los generales. Las cifras son alarmantes, serias y dignas de que alguien con dos gramos de cerebro activo grite un “paren las máquinas” antes de que este país se meta en una espiral de populismo de preocupante solución. Sirva este prólogo para situar al lector ante los hechos que ahora se describen y para que valore si es cierto que los partidos miran por sus intereses más que por el bien común.

Esta semana hemos asistido a la primera polémica política del año en Córdoba, desatada a cuenta de la reapertura al tráfico –autobuses y taxis sólo– del último tramo que queda por reinaugurar de la Ribera. La obra está terminada y la Junta rechaza dar el paso definitivo porque el Ayuntamiento debe dar el último empujón al asunto con la recepción del Centro de Visitantes de la Puerta del Puente. Traducido: Es como si en su comunidad se arregla la puerta de la cochera, pero no se abre porque hay que cambiar las cuerdas para colgar la ropa en la azotea. La explicación parece, y es, estúpida, pero no menos surrealista e impresentable que la decisión del Gobierno andaluz. El Ayuntamiento se ha apresurado a decir que si la cosa es porque la Junta teme perder la foto de la inauguración, él está dispuesto a cederle ésa y cuantas fueran necesarias, pero que el tráfico debería pasar por esa zona porque Aucorsa está palmando pasta a espuertas desde que dos de sus líneas no circulan por allí. Puede incluso que de fondo haya una especie de vendetta autonómica a la negativa del alcalde de arreglarle a Cultura los alrededores del inconcluso y eterno C4. Si tú no me arreglas esto, yo te dejo sin aquello, podría ser el argumento desde Sevilla. Hasta aquí los hechos. Ahora, las consecuencias.

Nuevamente, Córdoba vuelve a ser víctima del enfrentamiento infantil de dos administraciones. La ciudad, como tantas otras veces, queda en manos de una pelea de niños que olvidan por completo el bien común para centrarse en el interés político y el desgaste del adversario. En este caso, la culpa recae sin duda alguna sobre el Gobierno andaluz –en otras es al revés–, que olvida que no es una extensión del PSOE, sino que es una administración que debe mirar por usted, por mi y por su vecino. Porque eso son las administraciones: representantes de los ciudadanos para que actúen en su beneficio, no para que le pongan piedras a las ruedas y lastren sus posibilidades. Nadie en su sano juicio puede explicar en serio que este vodevil de la Ribera tenga justificación. Igual que nadie parece haber entendido aún que el bien común se encuentra mucho más allá del bien de unas siglas.

Y sólo un 58% duda de la democracia. Milagro