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De encuestas, ERE y otras hierbas

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 11 de marzo de 2012 a las 10:57

Si hace dos semanas decíamos aquí mismo que nos queda un mes de tortas, hoy, tres días después de que haya arrancado la campaña electoral, no podemos más que suscribir la opinión. Por lo ajustada que se ha puesto la cosa y por la tensión que hay alrededor de la misma. PSOE y PP se juegan el 25 de marzo más que el Gobierno andaluz, está en juego el triunfo absoluto de un modelo o la leve resurrección socialista. Si Arenas llega a San Telmo con mayoría absoluta, Rajoy respirará tranquilo pues la comunidad autónoma que más diputados da habrá rubricado su política de recortes y reformas. De lo contrario, si es Griñán el que se mantiene en el poder -de la mano de IU, por supuesto-, los socialistas recibirán una bocanada de aire fresco, pondrán a Andalucía como punta de lanza de su reconquista nacional y se lanzarán sin duda a una huelga general el 29-M en la que la izquierda o, mejor dicho, sus representantes oficiales e históricos se juegan la propia subsistencia.

Las encuestas tampoco contribuyen a dejar claro el panorama, ni la que publicó el CIS el jueves, ni la que se puede leer unas páginas más adelante en este periódico. El Barómetro de Invierno del Grupo Joly, realizado por el Instituto Commentia, apunta a una victoria clara del PP en las urnas, aunque deja abierta la opción de que la mayoría absoluta se le escape a Javier Arenas entre los dedos. Será cuestión de unos pocos votos aquí y allí, de convencer en las provincias clave -Sevilla, Cádiz y Málaga- y de esperar a que Izquierda Unida no se dispare tanto como algunos creen para que no reste en la atribución final de escaños. El futuro de UPyD es más negro y su presencia en el Parlamento andaluz no está asegurada. Dicho de otro modo, la figura de Rosa Díez vale para las generales pero para las autonómicas no parece que sirva lo mismo Martín de la Herrán.

Claro que luego debemos tener en cuenta el caso de los ERE, la presencia del inefable Guerrero, de su chófer y de unos cuantos más en un foco mediático que la juez Mercedes Alaya atiza con maestría propia del Maquiavelo más avezado a pesar de que ella dice que ni siente ni padece estas cuitas del día a día que vivimos los demás. Invercaria y sus surrealistas conversaciones -más propias de las gloriosas parodias de Gila sobre la guerra que de cualquier profesional serio- no se quedarán atrás.

Y, mientras, uno se pregunta si de verdad a los andaluces les interesa toda esta cochambre o si realmente lo que quieren es que alguien les dé trabajo y seguridad en el futuro. De cuantos vayan a votar el 25 obtendremos la respuesta. Ya queda menos.

 

De encuestas y pulpos

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 6 de noviembre de 2011 a las 10:46

Ahora que entramos en el tercer día de campaña podemos decir que nunca nadie afrontó la recta final de su pelea por la Moncloa en peores condiciones que Alfredo Pérez Rubalcaba. Y no por lo que traía consigo ya antes de iniciar el esprint de los últimos metros, sino porque en estos primeros días de contienda le están dando tal mano de bofetadas desde todas partes que cualquiera habría colgado los trastos antes de empezar. El día de la pegada de carteles, el Gobierno hizo público un demoledor dato de paro de octubre: 134.000 personas se habían ido a las listas del Inem durante ese mes, una cifra inasumible de todo punto que retrotrae a los peores momentos de la crisis y anuncia un futuro trágico. Un día después, el CIS presentaba su encuesta directa de intención de voto y pintaba un demoledor panorama en las urnas el 20-N: el PP arrasa y los socialistas se depsloman hacia su peor resultado desde Pablo Iglesias hasta en su feudo andaluz. Hoy, ignorante de los que dirá otros medios, el Grupo Joly les ofrece una encuesta que da una clara ventaja al PP en Andalucía y una perspectiva de futuro aún más aterradora para el otrora invencible partido del puño y la rosa en nuestra comunidad. Como decía: tres días, tres datos demoledores. Y todo ello en un ambiente en el que la expectación alrededor de la campaña electoral es la más baja que recordemos. La prolongada crisis económica, los larguísimos años que llevamos viendo cómo el PP le zurra la badana al PSOE mientras Zapatero navega en mensajes contradictorios y opuestos a sus promesas y la nefasta opinión que los ciudadanos tienen de la clase política actual –precisamente por eso, por clase- hacen que casi nadie ande pendiente de lo que se dice en mítines y entrevistas y dedique su tiempo a labores más constructivas como podar los rosales de su casa, jugar a las chapas o ir a hacer la apasionante compra del mes en el centro comercial. Así de claro está el panorama electoral en un país que lo único que tiene entre ceja y ceja –sin zeta en esta ocasión– es ver un atisbo de luz en un horizonte demasiado invernal. Todo apunta a que Rajoy ganará de calle, lo dicen las encuestas, lo admiten los socialistas y flota en el ambiente. Triunfará sin decir qué va a hacer, no lo necesita. Su mensaje se basa en tres palabras sin más adornos a su alrededor: austeridad, reforma y rebaja. La inmensa mayoría del país no le pide absolutamente nada más. La cosa está tan mal que se admite pulpo como animal de compañía. Aunque no venga en las encuestas.