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De corruptos y cabreados

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 6 de julio de 2014 a las 9:06

Estamos tan acostumbrados a ella que ya ni nos sorprende. Se ha convertido en nuestra compañera de viaje inseparable durante estos últimos años y ha alcanzado tales de cotas de intensidad y reiteración que muy gordo tiene que ser lo que conozcamos como para que nos saque de esta especie de letargo y amodorramiento en el que estamos sumidos. Sin embargo, hay días en los que a uno le rebela lo que ve, lee u escucha y se da cuenta de que no puede ser normal estar tan rodeado de basura.

Cuando escribo este articulo es jueves por la tarde y desde por la mañana no he hecho más que escuchar nuevos casos de golferancia y mangoneo de todo tipo a mi alrededor. Me he despertado con la noticia de que el contable del instituto Nóos ha decidido cantar –a cambio, eso sí, de obtener un beneficioso trato del fiscal– para narrarnos lo que sospechábamos, que Urdangarín y Torres se montaron un chiringuito de padre y muy señor mío para trincar a manos llenas y que eso de que su organización no tenía ánimo de lucro es tan cierto como lo de los reyes y los padres. Al tiempo, he leído que el primogénito de Pujol, ese prohombre de la patria catalana, tenían la bonita costumbre de mover unas indecentes cantidades de euros con la ayuda de su esposa por países de medio mundo en los que eso de los impuestos y otras obscenidades que aplica la Administración no está muy al uso. Después, he escuchado una grabación en la que el alcalde de un pueblo de Madrid ofrece un trato preferente y algún que otro puesto de trabajo a una edil de otro partido a cambio de su apoyo para un proyecto y he visto al susodicho decir que él no ha hecho nada malo y que del sillón se moverá cuando abdique Felipe VI. Por último, llego a la reunión de temas de por la mañana en el periódico y me cuentan que la Fiscalía ha abierto investigación y aprecia delito en una serie de dobles facturas emitidas en las obras de construcción de la Casa de la Cultura de un pueblo de Córdoba.

La lista podría seguir y ser eterna, pero me quedo aquí que es lo que llevo visto hasta esta hora y en este día. Con un simple vistazo, vemos implicados a familiares regios, hijos de honorables, políticos de varios partidos y adjuntos a la mangancia ávidos por llevárselo caliento (que de estos también hay muchos). Y visto que está la cosa así, uno se pregunta si en este país usted y yo somos los únicos gilipollas que no hemos aprovechado algún momento para poner el cazo. Porque a lo que se ve, todos estos presuntos corruptos (pongamos lo de presuntos para evitar problemas) se han estado cachondeando del personal que cada día se levanta con la ilusa idea de hacer bien su trabajo e intentar sacar este desastre adelante.

Menos mal que nos queda la Justicia, que, aunque lenta y exasperante en no pocas ocasiones, está poniendo a todos estos golfos contra la cuerdas y al menos les está haciendo sudar.

Y luego habrá quien se pregunte por qué hay tanta gente cabreada.