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La rebelión sanitaria

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 8 de marzo de 2015 a las 8:22

Complicado escribir en estos días electorales sin que alguno de los contendientes se te eche al cuello, pero hay que hacerlo. Esta semana, además, con más motivo porque ha estallado en el ambiente un tema que llevaba demasiado tiempo sobrevolando el ambiente. Por sorpresa y en una comparecencia inédita en Córdoba, todos los sindicatos con representación en el ámbito sanitario comparecieron unidos el martes para denunciar las condiciones en las que realizan su labor los profesionales del hospital Reina Sofía. El hecho es histórico y evidencia que lo que vienen soportando los profesionales de este ámbito en los últimos años dista mucho de ser normal.

Jornadas excesivas, falta de sustituciones, salarios recortados, unidades de dirección en las que las directrices políticas están casi por encima de las médicas, son las principales demandas. Eso, unido a pacientes que se cansan y que en muchas ocasiones demuestran escasa educación, ha colmado el vaso de la paciencia. Para terminar de arreglarlo, la respuesta tanto de la dirección del centro como de la delegada de Salud ha distado enormemente de ser convincente y se ha quedado en una serie de vaguedades, compromisos con tinte electoral y cierta negación de la evidencia que ofende a quien la padece.

En estos tiempos tan electorales que nos ha tocado vivir, la sanidad debería entrar de lleno en el debate para que de una vez por todas se dé a su alrededor un acuerdo de Estado en el que, como con la educación, nadie pueda hurgar cada vez que las urnas le sonríen. Un país que no cuida a sus médicos, tal como debería hacer con sus maestros –aunque ese sea tema de otro artículo–, está condenado a padecer a la indigencia intelectual. Quien maltrata a sus médicos, y en eso no están exentos ni PSOE ni PP en función de donde gobiernen, está machacando además a sus pacientes. O, lo que es lo mismo, les está faltando al respeto a sus ciudadanos, que son los que frecuentan los hospitales.

Si para ser médico o enfermero se precisan las mejores notas y las carreras más largas, no se entiende muy bien que el trato y la remuneración que perciben quienes se dedican a tan nobles labores no esté a la altura de esas exigencias. Si a los que deben velar por nuestra salud los tratamos así, luego no podremos quejarnos de cómo están los hospitales. La culpa, y las soluciones, está claro en manos de quién están. Y, desde luego, no se arreglan ni a golpe de promesa electoral ni con contratos recrecidos a la carrera. Se arreglan dándole a os profesionales el lugar que merecen.

La oportunidad sanitaria

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 19 de octubre de 2014 a las 12:06

Que Córdoba es una ciudad que anda como loca buscando un modelo de desarrollo económico no es algo que vayamos a descubrir ahora. El hundimiento de la construcción y la práctica desaparición del otrora impulsor sector joyero, han hecho que la ciudad ande como loca tratando de definir cuáles pueden ser sus vías de crecimiento para el futuro. Se habla del turismo y la agroindustria, pero ambos modelos adolecen hoy en día del mismo problema, la falta de proyectos realmente reflexionados más allá de proyectos esporádicos y buenistas declaraciones de intenciones. La industria está en franco retroceso –si no desaparición– y las potencialidades logísticas que ofrece Córdoba por su ubicación geográfica no parecen seducir a quienes se encargan de dirigir este cortijo. Todo un panorama, vamos.

Quizás por ello, la aparición en el horizonte del ya seguro proyecto de hospital privado del grupo Quirón, junto con los deseos de Prasa por quedarse con la antigua escuela de Agrónomos, la incipiente iniciativa del hospital Averroes y la reforma del hospital San Juan de Dios pueden hacer que la sanidad se aparezca en el horizonte como una vía de desarrollo para la ciudad. Una vía que, por cierto, ya está más que presente a través de proyectos de clínicas de tamaño medio que son referentes, por ejemplo, en el ámbito de la oftalmología o la reproducción asistida o mediante la espléndida labor que el Reina Sofía o el Instituto Maimónides realizan en el tratamiento e investigación de diversos campos de la medicina. Una realidad tangible, por tanto, aunque quienes la protagonizan sean poco dados a hacerla visible en una mezcla de pudor mal disimulado y temor a que su éxito levante la habitual reacción cainita tan propia de esta ciudad.

Córdoba ha sido referente sanitario desde hace muchos años, desde aquellos tiempos de los coroneles del Reina Sofía que se atrevieron con todo e innovaron en mucho. Córdoba lleva años buscando proyectos sanitarios privados que salgan adelante, conocedores sus impulsores de que el potencial de esta ciudad para su éxito es inmenso. Y lo es por varias razones. Por ejemplo: por la calidad del personal que aquí trabaja; por la existencia de facultades de Medicina y Enfermería que pueden nutrir estos centros; por la ubicación geográfica de una capital entre medias de varias provincias sin oferta de este tipo, y, por último, porque la ciudad ofrece unas condiciones espléndidas para acompañar el tiempo que necesiten los tratamientos médicos. Si el sector privado está viendo claro que hay posibilidades en este mercado –aunque tanta oferta pueda parecer en cierto punto imposible de mantener– y desde lo público se apuesta porque el Reina Sofía y el Maimónides sigan siendo vanguardia nacional en la famosa I+D, no parece lógico dudar del potencial de la Córdoba sanitaria. Si ya dimos a Averroes, Maimónides o Al Gafequi, quién le pone puertas al futuro. La oportunidad sanitaria está más que clara, solo queda ayudarla a rodar.