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Es el turismo

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 31 de enero de 2016 a las 6:49

En una ciudad tan poco acostumbrada a los cambios como Córdoba, la aparición de un movimiento empresarial con ganas de hacer cosas es siempre algo digno de aplaudir. Así se presentaba el jueves en el salón Liceo del Círculo de la Amistad Fides, el clúster constituido por Comercio Córdoba, Hostecor, Córdoba Apetece y la Asociación de Agencias de Viajes. En palabras de sus impulsores, esta asociación no nace con el objetivo de “hacer más de lo mismo”, sino que le mueve el interés por convertirse en “una fábrica de ideas para el desarrollo” de capital y provincia. El nuevo ente de representación persigue “algo novedoso” y convertirse en “punto de encuentro para poner en valor” lo que tenemos y ofrecer “paquetes conjuntos” con los que sacar más partido a la ciudad. Loables intenciones las expresadas por los fundadores en una gala que, además de romper la estructura normal de este tipo de actos, contó con una impresionante capacidad de convocatoria.

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Foto de familia de los fundadores de Fides y las autoridades el jueves en el Círculo de la Amistad.

No es la primera vez -más bien se repite uno ya como la cebolla- que afirmamos aquí que el futuro de Córdoba pasa a corto y medio plazo indefectiblemente por el turismo. En una ciudad sin industria ni modelo productivo alternativo y en una provincia en la que el peso del agro sigue siendo fundamental, hay que aprovechar los recursos a la mano para crecer y desarrollarse. A pesar de haber superado el récord histórico de visitas, andamos aún muy lejos, casi a años luz, de sacarle al patrimonio, gastronomía, cultura y clima que disfrutamos el partido que se le podría obtener. En la reciente edición de Fitur hemos vuelto a comprobar que la oferta de nuestros atractivos debe hacerse de otra manera, con una visión amplia, moderna y sin complejos. Buscando el impacto a gran escala en lugar del pequeño acto de autoconsumo. La ambición debe marcar la forma de actuar, la altura de miras ha de ser el guión de las puestas en escena y la profesionalidad debe abrirse camino en unas instituciones sordas la mayor de las veces a las recomendaciones del sector. Si Fides nace con esos objetivos hemos de darle la bienvenida, desearle suerte y ofrecer la mano tendida para colaborar en cuanto ejecute.

No obstante, en esta Córdoba tan dada a movimientos cuyo recorrido es el mismo que el del corcho de una botella de champán también hay ciertos riesgos que el clúster debe evitar. Sumar iniciativas no significa pelear por la presencia en las fotos y ante los focos ni luchar por posiciones ocupadas por otros. Una ciudad que aspira a la modernidad -y ya suena raro decir esto en pleno siglo XXI- debe dejar de lado los cesarismos y abogar por la colaboración sincera. Ha de perseguir el diálogo y el consenso y no la sustitución. Debe buscar la suma y no la resta. Parece que estamos en tiempos de cambio en el empresariado, que rejuvenece y afronta el futuro con otras manera de pensar. En la era global no tiene sentido poner el objetivo en las individualidades sino que es necesario aglutinar movimientos de cambio potentes en los que se concentren los esfuerzos de cuantos más actores mejor.

El nacimiento de Fides es motivo de alegría para la ciudad por lo que de dinamización de la misma supone. La puesta en escena ha sido ambiciosa, esperemos que los resultados de la misma también lo sean.

La encrucijada del turismo

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 18 de octubre de 2015 a las 7:24

A falta de que los expertos designados por el Ayuntamiento diseñen por quincuagésimo séptima vez el modelo de la Córdoba del futuro, nadie puede negar que el sector económico más importante de la ciudad es el turismo. La gallina de los huevos de oro da de comer a miles y miles de cordobeses, de manera legal e ilegal. Si convenimos que a la ciudad vienen cada año centenares de miles de turistas que dejan en la ciudad centenares de miles de euros, no podemos por menos creer que hay que tenerle el respeto que se merece al sector. Que en ocasiones parece que nuestros próceres políticos se avergüenzan de tener una ciudad que viva en gran medida de sus visitantes.

Sin embargo, el turismo padece en Córdoba el mismo problema que el resto de sectores económicos para posicionarse y definir su personalidad. Esta semana hemos tenido al primer teniente de alcalde, Pedro García, retomando un argumento del PP –vade retro Satanás– para destacar que la ciudad carece de la infraestructura hotelera necesaria y que los precios son muy elevados. Tiene razón García cuando afirma esto; tanta como puede tener el todavía presidente de Hostecor, Antonio Palacios, cuando le reprocha que “desconoce” la realidad del sector y le reclama que “se ponga a trabajar” para solucionar las carencias del mismo. Y es que a estas alturas del siglo XXI no tenemos Palacio de Congresos, no tenemos reciento ferial y no tenemos una programación adecuada que acabe con la estacionalidad y el turismo de fin de semana. Pero no es sólo cuestión de hacer las infraestructuras que están pendientes o diseñar una programación adecuada. Hay que hacer más.

Hostecor también debe tener un papel fundamental a la hora de impulsar el turismo, algo que en los últimos años no ha existido. Fagocitada por la omnipresente Confederación de Empresarios de Córdoba (CECO), la directiva de Palacios ha dinamitado casi todos los puentes para conseguir que el cisma interno derivara en la aparición de Córdoba Apetece. Mañana, los empresarios de este pujante sector económico cordobés tienen ante sí la oportunidad de decidir qué quieren hacer con su futuro.

Por un lado, Francisco de la Torre, representa aire nuevo y cierta bisoñez frente a una María Dolores Jiménez heredera de la directiva saliente y conocida por su larga trayectoria en cargos de representación en la ciudad. Sin valorar ni a uno ni a otro, lo que ambos deberían tener presente es que han de acabarse los personalismos y ese afán enfermizo por figurar. El sector turístico no puede dedicarse siempre a criticar y pedir, debe implicarse en el desarrollo de la ciudad, en la promoción y organización de eventos como la campaña de Navidad, la Semana Santa, el Mayo Festivo o el Festival de la Guitarra que tanto les benefician. Esa implicación ha de ser por la vía de la aportación porque los empresarios deben quitarse de la cabeza la idea de que poner dinero es gastar y han de pensar que el gasto es inversión y que si ésta está bien hecha da pingües beneficios.

Ya hace cuatro años las elecciones de Hostecor acabaron convertidas en un sainete. Esperemos que mañana, gane quien gane, se impongan la cordura, la profesionalidad y el rigor. Esto no consiste en que todos sean amiguitos sino en que sean capaces de sumar voluntades y poner los intereses de la ciudad por encima de los personales. Y no por altruismo sino porque la unión hace la fuerza y ésa es la que da beneficios y llena las cajas registradoras. Aunque parezca mentira decir esto en esta ciudad.

No me toquen el turismo

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 14 de septiembre de 2014 a las 6:53

Si hay algo que ha dejado clara esta crisis económica es que la salida de Córdoba pasa en gran medida por fomentar su turismo, profesionalizar sus servicios y ampliar su oferta hasta donde le sea posible –que es mucho–. Todos los actores económicos y sociales insisten en que a falta de desarrollar un tejido industrial ligado a lo agroalimentario, ahora mismo no hay más teta a la que agarrarse que a la de los señores y señoras que cogen su coche o su AVE y se acercan a disfrutar de las maravillas patrimoniales y gastronómicas que ofrece no sólo la capital. De hecho, lo poco que se ha impulsado con resultados palpables desde el Ayuntamiento en estos tres años de mandato ha estado vinculado al turismo. Los resultados son un incremento de las pernoctaciones y cierta alegría en los rostros de los hosteleros y hoteleros cuando se les pregunta cómo va la cosa.

Sin embargo, hete aquí que en esta ciudad de cainismos, vendettas personales y memorias elefantiásicas parece que no todo el mundo tiene la misma visión del auge turístico o, al menos, no cree que haya sido tan bueno. Esta semana, la asociación de hostelería oficial, Hostecor, señalaba que las pernoctaciones han crecido más o menos un 5% en verano –unas 50.000 más– pero señalaba que lo habían hecho a costa de bajar precios y del cierre temporal de algún alojamiento. Es decir, felices pero menos. Al día siguiente, la asociación extraoficial Córdoba Apetece matizaba a sus mayores y señalaba que los datos son buenos e ilusionantes y que hay que seguir en el camino de innovar. (Por ahí ha ido este fin de semana la Gastronight, que me da a mi que ha dado más ruido que nueces).

Llama poderosamente la atención la lectura que hace Hostecor del verano hotelero en Córdoba, una época históricamente mala para el sector porque el calor hace que hasta las moscas emigren a Fuengirola. Y doy fe de ello porque me he pasado aquí el agosto y de camino a la redacción sólo he visto turistas mapa en mano y cordobeses con la misma cara de alegría que yo yendo hacia el trabajo. De los demás, sin noticias. O mejor dicho, con muchas noticias en el facebook y el twitter de lo bien que se está en la playa con una cervecita y un cacharrito.

Es por ello que no termino de entender esta decisión de Hostecor de ponerle peros al verano, sobre todo si tenemos en cuenta que su afirmación de la rebaja de precios choca con los datos del IPC, que señalan que los precios hoteleros han subido bastante en lo que va de año. Añadamos además que estas afirmaciones se hacen en la sede de CECO, que mantiene una guerra fría con el Ayuntamiento y los disidentes del turismo desde hace tiempo.

No me gustaría pensar que alrededor de la gallina de los huevos de oro de esta ciudad, el turismo, comienza a crecer el enfrentamiento y la lucha de intereses –más de lo muchísimo que ya hay, quiero decir–. No está Córdoba para andar perdiéndose en más pugnas estériles entre personas que trabajan mucho para sacarla adelante y en un sector del que está naciendo lo mejor y más fresco en esta crisis. Que para pelearse ya están los políticos y los aspirantes a ello. No me toquen el turismo hombre.

 

Córdoba apetece

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 23 de febrero de 2014 a las 10:27

“Córdoba debe vivir del turismo”. “Si queremos tener futuro debemos potenciar los valores patrimoniales, culturales y gastronómicos de Córdoba para crecer”. “Hay que aprovechar al máximo la espléndida situación geográfica de Córdoba para atraer a los turistas a la ciudad y la provincia”. Estas son solo tres de las afirmaciones que uno lleva años y años escuchando en todos los foros, debates, campañas electorales y encuentros de medio pelo en los que ha participado y en los que se ha hablado sobre la relevancia que el sector servicios tiene en la economía provincial. Posiblemente, este sea el tema más manido y trillado de la actualidad -salvado sea con perdón el mausoleo del centro de congresos en sus diversos proyectos- y, como tantos otros en nuestra ciudad, el que menos ha avanzado en los últimos tiempos.

Córdoba se caracteriza por la capacidad que tiene de generar conciliábulos en los que se despelleja a todo Quisque y se aporta poco. Una característica que se completa con la capacidad para crear asociaciones u organizaciones en las que lo primero es la cuota y el capítulo uno y después, ya si hay ganas, se habla de todo lo demás. Eso sí, sin tampoco volvernos locos ni embarcarnos en grandes aventuras que eso de doblar la raspa más de lo estrictamente necesario está feo. Y así nos va.

Por todos estos motivos, el nacimiento de Córdoba Apetece surge en el horizonte como un soplo de aire fresco. Y no porque nazca de las cenizas de la boqueante Hostecor, víctima esta de sus contradicciones, miopías y falta de ambiciones, sino porque lo hace de la mano de empresarios jóvenes, de emprendedores que en tiempos de penuria económica han tenido el valor de crear negocios, de incrementarlos o de diversificarlos. Son estos empresarios los que le hacen falta a la ciudad. Los que miran al futuro con otros ojos, los que están innovando en un sector tradicional, los que tienen claro que al turista hay que traerlo en parihuela si hace falta, darle bien de comer, ofrecerle una buena visita guiada a la ciudad, ponerle un hotel al alcance de su bolsillo e invitarle a una copa por la noche para que se quede y gaste más y mejor. Son estos emprendedores los que más claro tienen qué hacer, quizás porque su edad les impone mirar al futuro de otra manera sabedores de que a este paso la jubilación será el lujo de muy pocos.

Por todo ello, Córdoba Apetece suena bien e invita al optimismo. Ahora sólo cabe esperar que no acabe fagocitada por las envidias palaciegas, los enfrentamientos miopes, los bastardos intereses políticos y, sobre todo, por la envidia y la parálisis que tanto daño le ha hecho a esta ciudad. El futuro de Córdoba ha de ser joven. La sociedad del siglo XXI exige nuevas formas, revoluciones que surjan desde el respeto y el reconocimiento a lo que otros hicieron antes. En éste y otros muchos ámbitos. Así que bienvenidos sean estos osados. Que la fuerza les acompañe.

La gallina de los huevos podridos

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 19 de enero de 2014 a las 10:26

Dice el informe de invierno de Analistas Económicos que Córdoba va a crecer este año un 0,7%, una buena cifra aunque esté a cuatro décimas de la media andaluza. El texto coloca como las provincias que más se van a desarrollar a Málaga y Granada, ambas impulsadas por el turismo. La llegada de visitantes es lo que mantiene con vida a nuestra comunidad. No es que esto sea malo, pero sigue convirtiendo nuestra economía en algo débil que depende en exceso de coyunturas y modas. Y, según el informe, la moda de Córdoba decayó el año pasado tanto como las de Sevilla o Jaén, algo preocupante.

Este mal dato nos lleva a reflexionar sobre el modo en el que el turismo esta gestionado en la ciudad. La sanción a Hostecor desvelada por El Día ha puesto sobre la mesa la pésima situación en la que se encuentra la asociación encargada de velar por los intereses del sector en Córdoba. El presidente de la organización, Antonio Palacios, afirma en una carta que su negociado está bastante mal, pero, en lugar de pedir un cierre de filas, se dedica a lanzar duras acusaciones contra quienes él considera que intentan torpedearle. Hostecor se desangra por una evidente mala gestión, una situación económica que viene muy de largo y la evidente falta de visión de un sector que se ha convertido en una especie de viejo achacoso al que no se le escuchan propuestas un positivo y se limita a poner pegas y jugar a la contra en defensa de miopes intereses gremiales.

A todo ello hay que sumar que el Ayuntamiento, que ve en el turismo la punta para recuperar la economía cordobesa, está lejos de gestionar bien este vital asunto. A los vaivenes en el Consorcio de Turismo, desaparecido en combate, se une la incapacidad para impulsar iniciativas clave como el centro de recepción de visitantes de la Ribera, la gestión de las Caballerizas o el incremento de la planta hotelera como solución a los abusivos precios que marcan el destino cordobés durante los meses de mayor interés. Es cierto que se han dado algunos pasos, pero que se han quedado cortos. Tampoco ayuda que en iniciativas como la capitalidad gastronómica o la ciudad europea del deporte, que tampoco es que nos vayan a sacar de pobres, dé la impresión de existir una absoluta falta de previsión y un programa de actuaciones claro.

La gallina de los huevos de oro de esta ciudad tiene forma de turista. Mientras no seamos capaces de adoptar medidas comunes, abandonar las visiones aldeanas y sentarnos en una mesa para abordar un plan de acción conjunto y serio no habrá manera de impulsar el crecimiento de esta ciudad. Si Hostecor es cada día más un boxeador sonado, los hoteles siguen empeñados en freír a los turistas con tarifas inasumibles y el Ayuntamiento no toma de una vez por todas el mando de la promoción, los informes económicos seguirán señalando que nuestro enorme potencial se escapa en los autobuses con destino a Sevilla, Granada o Málaga. Podemos tener una gallina que ponga huevos de oro; la pena es que como no la cuidemos estos pueden salir directamente podridos.

Teoría de la destrucción

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 23 de septiembre de 2013 a las 12:02

No vino nadie y los que vinieron no se gastaron un duro. Además eran todos unos meapilas capillitas de extrema derecha que prefieren organizar fervorosos festivales católicos antes que hacer nada por los demás. Lo que se hizo no sirvió para nada, no se ha enterado nadie de fuera de Córdoba ni ha generado ningún beneficio para la ciudad, sus hosteleros y hoteleros. Todo ello unido a que es una sinvergonzonería permitir que se corten al paso las calles por las que transita el espectáculo porque nos impide a los demás caminar a nuestras anchas por la ciudad. En resumen, y con perdón, una porquería de acontecimiento del que no queremos saber más.

via buenoAsí podríamos analizar el Vía Crucis Magno organizado la semana pasada en Córdoba por la Agrupación de Cofradías si hiciéramos caso de lo dicho por algunos y otros públicamente en los papeles y en las redes sociales. Si hacemos caso de los portavoces oficiales de hoteleros y hosteleros, las más de 150.000 personas que se concentraron en la ciudad no hicieron uso de ni una sola cama de más y se trajeron toda la comida de sus casas. Decir que la ocupación ha crecido un 3% con respecto a un fin de semana normal es una majadería de tal calibre que por sí sola se descalifica. Casi tanto como afirmar que el gasto de los turistas no ha sido el esperado sin apostillar a continuación que hay quien aún no se ha enterado de que el bolsillo ciudadano no está para pagar platos a 20 euros ni cervezas a 3. Criticar que se corte el paso de la Ribera al tránsito peatonal porque pasan “unos muñecos” es proceder a un reduccionismo ciudadano según el cual hoy la marcha del día de la bicicleta (en la que espero ver a todos esos críticos) debería transitar por el Arenal, igual que la media maratón de Almodóvar, el rally Sierra Morena o las cabalgatas de Reyes y procesiones de Semana Santa.

via 2Esta Córdoba nuestra peca en no pocas ocasiones de un masoquismo extremo que roza el sadismo y la autodestrucción. Porque, a qué negarlo, el Vía Crucis Magno fue un éxito en todos sus extremos. Desde el fervoroso, pues se realizó en silencio católico, hasta el turístico -dejó pingües beneficios que sólo algunos se atreven a admitir- pasando por el de imagen, pues mostró nuestra oferta allende nuestras fronteras. Todo lo demás es farfolla, con todos los respetos. Son discursos que sólo buscan descalificar los gustos del otro en una ciudad que luego se llena la boca hablando de su pasado de convivencia de tres culturas. Uno puede ser católico, musulmán, judío, mediopensionista o adicto al parchís, pero lo que no se debe ser es ciego. Con la crisis que tenemos encima, el paro galopante y las malas perspectivas, no estaría de más que de vez en cuando nos pusiéramos la camiseta de Córdoba para hacer patria y fuéramos capaces de aplaudir los éxitos ajenos aunque no comulguemos con quien los obtiene. Porque sólo así se crece. La alternativa es quedarnos como estamos, parados o hablando de proyectos tan insustanciales como el C4, el centro de convenciones y el aeropuerto. Que, hasta donde yo sé, aún no dan de comer a miles de cordobeses.

Los Patios como revulsivo

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 10 de diciembre de 2012 a las 11:54

La Declaración de la Fiesta de los Patios de Córdoba como Patrimonio Intangible de la Humanidad ha generado por fin un movimiento común de respaldo sobre un tema concreto en Córdoba. Partidos políticos, instituciones, sectores económicos implicados y, por supuesto, propietarios y cuidadores, están de acuerdo en que de la decisión de la Unesco debe salir algo muy bueno para Córdoba. El impulso de la marca de la ciudad y su traslación al rendimiento turístico, una de las bases -fuera de toda duda- para superar la actual crisis económica, están tras esta designación. Sin embargo, la experiencia dicta que aún queda mucho camino por andar y que son múltiples los retos que la ciudad afronta para lograr que este reconocimiento le permita unas cifras que llevan años estancadas.

PROMOCIÓN 

Si los Patios son Patrimonio Intangible de la Humanidad, Córdoba ya puede presumir de ser de las pocas ciudades del mundo que cuenta con una triple corona de este tipo. A los recintos recién declarados se suman el Casco Histórico (1994) y la Mezquita (1984), tres ejes vertebradores de la ciudad a partir de los cuales debería girar toda la labor de captación de visitantes. Córdoba siempre ha adolecido de una falta de marca preocupante en el exterior y se ha perdido en la venta de actividades secundarias, aunque relevantes, para sacar partido a su potencial. Unido a ello, la separación de la marca de la capital y la provincia ha provocado que en Ferias como Fitur no quedase muy claro si la intención era la de sumar esfuerzos o si los equipos de captación de ambas partes peleaban entre sí por arrimar el ascua a su sardina. Lo cierto es que Córdoba puede permitirse presumir de un patrimonio al alcance de muy pocos en el mundo y de nadie en Andalucía, lo cual debería llevar a nuevas estrategias que lo potencien. La presencia de actos paralelos como la Noche Blanca, el Festival de la Guitarra o Cosmopoética debería ser utilizada como acompañamiento secundario, nunca como elemento principal. Los turistas no vienen a Córdoba por festivales o certámenes puntuales, sino que lo hacen atraídos por la belleza monumental y patrimonial de la ciudad, por lo que todo lo demás son adornos a los que hay que sacar partido sin que secuestren la imagen real de la ciudad.

OFERTA FINAL 

A pesar de ser uno de los sectores que están salvando a Córdoba de la crisis, el turismo no consigue arrancar en Córdoba con toda la fuerza que necesita. Las pernoctaciones siguen situándote muy por debajo de otras ciudades de similar dimensión, menor valor histórico artístico, pero mucha mayor oferta complementaria. Y es que pasear por Córdoba cualquier día por la tarde, por su Casco Histórico, es poco menos que desalentador. En el momento en el que cierra sus puertas la Mezquita-Catedral, la vida desaparece del conjunto declarado Patrimonio de la Humanidad y las calles quedan semidesérticas. La falta de oferta de ocio nocturno es alarmante y es la causante de la falta de fijación d ellos visitantes a la ciudad. Si es cierto lo que el Ayuntamiento ha propuesto estos días y se logran abrir algunos patios durante las noches de verano la ciudad saldrá ganando de manera considerable. Sin embargo, no puede ser que el sector turístico siga dependiendo de los pasos que urden administraciones publicas o grandes instituciones privadas para mejorar sus resultados. Las apuestas por la visita nocturna al Alcazar, la Mezquita-Catedral o Palacio de Viana son tremendamente positivas, pero de nada sirven si los empresarios encargados de sacarle partido se limitan a esperar en sus negocios la entrada de los potenciales clientes. Si miramos a nuestro entorno más cercano, observamos que es el propio tejido hostelero el principal dinamizador de la oferta de ocio nocturno en ciudades como Málaga, Sevilla y Granada. Aquí no. Se echa en falta una acción decidida por parte de Hostecor como colectivo mas allá de acertadas, y osadas, apuestas empresariales del tipo del Mercado Victoria. Recorridos guiados, visitas tematizadas, ofertas culturales alternativas a los cauces oficiales o, sobre todo, la potenciación de un turismo del que Córdoba podría ser referente se atisban como alguna de las opciones a tener en cuenta de cara al futuro.

LA PARÁLISIS HOTELERA 

Otro de los enormes problemas con los que se enfrenta Córdoba a la hora de sacarle partido a su potencial turístico se refiere a la planta hotelera. La Fiesta de los Patios es el principal exponente de una situación que debería solucionarse: encontrar una habitación en condiciones, en un hotel de media categoría y a un precio asequible es poco menos que misión imposible. Muchas han sido las voces y los intentos por intentar desbloquear esta situación y numerosas las quejas y enfrentamientos que se han tenido desde el ámbito de lo público con el sector. Si comparamos Córdoba con ciudades anteriormente citadas se aprecia una oferta de alojamientos muy inferior a la media, con unos precios muy elevados y muy poca capacidad de adaptación a la demanda. Así hemos llegado a ver en acontecimientos como la Copa Davis que los hoteles de la capital no lograban llenarse mientras zonas limítrofes sí lo hacían ofertando cama y AVE. Del mismo modo, alguna gran competición realizada recientemente se ha visto cuestionada por la exigencia de pagos adelantados de importes de enorme relevancia por parte de los hoteleros. No es cuestión de poner en duda las acciones llevadas a cabo por los hoteleros, que como empresa privada tienen la lógica y legítima ambición de obtener los mayores resultados posibles para sus negocios, pero sí hemos de llamar la atención sobre la posibilidad de mejorar resultados, sobre todo entre semana, con una mayor flexibilidad en la oferta y ya implicación de esta en la promoción y desarrollo de la ciudad. El debate sobre la escasa planta hotelera de la ciudad no es precisamente nuevo y el actual equipo de gobierno de José Antonio Nieto ya ha tenido más de un encontronazo con el sector por su intención de incrementar la oferta existente.

ACUERDO COMÚN 

La designación de la Fiesta de los Patios como Patrimonio Intangible de la Humanidad llega en un momento estratégico de gran relevancia para Córdoba capital y provincia. La llegada del PP al poder en Capitulares y en la Diputación parece encaminar por fin la promoción de la ciudad hacia una marca única, potente, complementaria y dispuesta a explotar al máximo las enormes potencialidades que ofrece la provincia. Esa es la vía por la que hay que caminar, sin partidismos políticos tal y como han hecho ciudades de nuestro entorno de diverso color político.

Junto a ello, la confección de una oferta amplia repartida en los doce meses del año es un elemento capital a valorar. Córdoba es mucho más que su mes de mayo y la articulación de una programación que complemente a su triple corona patrimonial con la Cata del Vino en primavera, los festivales musicales en verano y Cosmopoética y Eutopia en otoño se antojan determinantes. Además, el Ayuntamiento debería concretar de una vez esas grandes apuestas culturales que ha anunciado en demasiadas ocasiones tras el fiasco de la Capitalidad.

Finalmente, la iniciativa privada debe dar un paso adelante si quiere incrementar su rendimiento económico y garantizarse su propia continuidad. No sólo con una adecuación de la oferta en términos de precio a la demanda, sino implicándose de manera decidida en la puesta en marcha de nuevas iniciativas y la consolidación de las ya existentes. En estos tiempos de penuria, la colaboración publico-privada se antoja fundamental para el futuro de capital y provincia.

En definitiva, Córdoba cuenta con sus Patios, su Mezquita y su Casco Histórico como oferta básica. A ello hay que sumar una posición y unas comunicaciones espléndidas para sacarles partido. En los últimos tiempos se han dado pasos adecuados para incrementar la oferta de ocio y las pernoctaciones en enclaves inigualables como la Mezquita-Catedral, el Alcázar o el Palacio de Viana. Es momento de cerrar el círculo mirando el interés común que revertirá en el beneficio privado de los cordobeses. Ojalá el impulso de esta última decisión de la Unesco sirva para ello.