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El informe Valeriano

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 13 de marzo de 2016 a las 8:13

Valeriano Lavela tiene fama de ser hombre peculiar en sus planteamientos. No se casa con nadie y lo mismo les da a unos que a otros en lo que considera que es la defensa de los intereses del Ayuntamiento. Dicen que tiene también cierta habilidad para jugar al plazo y la zanahoria, de tal modo que a un informe crítico con una parte suele ir otro que le da estopa a los argumentos de la contraria. Él es así. Es también hombre culto y versado en sus materias y tiene cierto aire de verso suelto al que es difícil colocar en bando concreto. Hay quien lo adora, con los trabajadores de Procórdoba a la cabeza, y quien tiene poco cariño a su forma de ser y actuar. Vamos, que reúne el perfil de funcionario independiente que tanto se echa de menos en esta administración nuestra de cada día.

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Isabel Ambrosio observa un informe junto con Valeriano Lavela durante un pleno del Ayuntamiento de Córdoba.

En su condición de hombre sin ataduras, Valeriano Lavela se ha dedicado en estas dos semanas a defender la propiedad que la humanidad ostenta sobre la Mezquita. No el Ayuntamiento, ni la Iglesia, ni el Estado ni las madre que las parió, no. La Mezquita, según el secretario, pertenece “a todos los ciudadanos y ciudadanas del mundo”. Algo así como la paz, el amor y la fraternidad. El edificio es de todos pues está considerado como patrimonio de la humanidad por la Unesco y eso es más que suficiente para obviar cualquier otra consideración sobre el tema. Y si para justificar este planteamiento es necesario inventarse conceptos como el de “supradominio público” o retrotraerse al derecho romano para poner en duda la cesión que hizo Fernando III a la Iglesia, pues se hace. Que digo yo que el pobre rey conocido como El Santo debe andar temblando allá donde ande. Porque estando el patio patrio como está, no podemos descartar que la juez Alaya deduzca testimonio de las afirmaciones del funcionario y mande investigar al fallecido monarca por corrupto universal. Tampoco descartemos al juez Garzón como instructor de la causa, que es casi el único que nos falta aquí por aparecer y bien podría tirar de la justicia universal para resolver tan lamentable tropelía.

Así ha puesto el patio Valeriano Lavela con su informe, que es como los de wikileaks, pero con sotana. Claro que no contaba el secretario con que hay por ahí quien está pendiente de las cosas que se dicen y, sobre todo, las que se escriben sobre el edificio en cuestión. Y hete aquí que hemos descubierto que la inspiración argumental de Valeriano no es divina, es más que humana y además parte clara del conflicto. Lavela ha tirado de los argumentos de Antonio Manuel Rodríguez Ramos, una especie de cruzado pero a la inversa, quien en 2013 enunció las máximas que ahora suscribe el secretario. Es además, uno de los más furibundos miembros de la plataforma por una Mezquita pública. Esto no debería ser motivo de problema si Lavela lo hubiera citado en su texto, pero se ve que los derechos de autor no entran en los informes municipales. Y, aunque yo no esté de acuerdo con lo que dice el bueno de Antonio Manuel, que no los estoy, no significa ello que el profesor me merezca todo el respeto. Caso contrario es que lo que hace Valeriano. Que plagiar esta feo siempre y más aún siendo un alto funcionario municipal.

Difícil papeleta tiene ahora la alcaldesa, Isabel Ambrosio. Tener un secretario que copia argumentos no parece lo mejor para el devenir municipal. Tampoco lo es que ella le diera audiencia para escuchar sus disparatados argumentos. Ahora le toca mover ficha. Y debería hacerlo con decisión y mando. Aunque eso no vaya mucho con su concepto de ciudad amable.

Un debate de mentira

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 18 de enero de 2015 a las 8:33

Creo que lo he dicho mil veces, pero a riesgo de repetirme volveré a insistir aquí en que me parece que el debate sobre la titularidad de la Mezquita carece de base y la intención de quitarle la gestión al Cabildo es absurda en el año del récord de visitantes. También he reiterado que tampoco es lógica y se cae por su propio peso la renuncia al pasado musulmán, árabe o islámico –a gusto del consumidor– que ha planteado la Iglesia en los últimos años del que es el principal emblema de la ciudad. Nada de lo dicho hasta aquí es nuevo y, ciertamente, comienza a aburrirme tener que andar reiterando lo dicho una y otra vez. Sin embargo, esta semana han ocurrido varias cosas que obligan a volver al tema.

En primer lugar está la cuestión del reconocimiento que las administraciones han venido realizando sobre el edificio por mucho que a Susana Díaz le haya entrado la perra con que la Mezquita ha de ser de todos. Durante esta semana, el Día ha venido demostrando documentalmente que tanto el Gobierno andaluz como la coalición IU y PSOE en su época en Capitulares jamás le pusieron pegas a la Iglesia por ser la titular del monumento y así reza en no pocos informes fechados en años tan dispares como 1991, 2005, 2007 o 2010. Esa es la verdad y debe quedar clara. A la presidenta andaluza alguien debería decirle que sus antecesores jamás pusieron reparos e, incluso, firmaron unos cuantos convenios reconociendo expresamente dicha propiedad. Es más, a la presidenta andaluza habría que decirle que si tan convencida está de que la Mezquita-Catedral debe ser pública, bien podría hacer lo mismo con la Catedral de Sevilla, que me da a mi que no es propiedad de la asociación de pescadores de Cuenca. Claro, eso sí, que igual si a la que más manda se le ocurre decir estas cosas en su patria chica le pasa lo mismo que a la secretaria general de Podemos de esas tierras y se le echa encima hasta el apuntador. No olvidemos que Díaz es cofrade declarada y tiene pasado de catequista y en Sevilla jugar con estas cosas no está bien visto. Vamos que no hay…

En segundo lugar, tampoco estaría de más que alguien aclarase qué es lo que quiere la Junta, que en función de quien hable aboga por la titularidad pública con gestión eclesial, por la titularidad eclesial con gestión compartida o vaya usted a saber qué. Si el consejero de Turismo, Rafael Rodríguez, hombre por otra parte sensato, dice una cosa, al día siguiente llega su jefa y dice lo contrario con lo que lo deja a los pies de los caballos. A estas alturas uno ya no sabe qué creer y comienza a pensar que es verdad eso de que los socios de Gobierno en Sevilla se llevan regular.

Y, por último, todo ello adobado con explicaciones como la de Marisantos Córdoba, a la que la refriega ha cogido sin los deberes hechos y que dice que la Junta no sabía que el edificio estaba sin inmatricular cuando firmaba los convenios. Como si eso fuera cierto y tuviera algo que ver con esta movida. Vamos hombre.

Y en medio de todo esto la que sigue perdiendo como siempre es Córdoba. Otra vez moneda de cambio para debates carentes de interés y que no hacen más que restarle el protagonismo que merece. Qué pena.

IU vuelve a la Iglesia

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 30 de noviembre de 2014 a las 12:19

Me declaro fan incondicional de los estrategas políticos de Izquierda Unida. Su visión y don de la oportunidad en algunos asuntos es digna de figurar en la lista de maestros de la organización electoral. En un tiempo en el que los parados se cuentan por millones, la corrupción sitia a la política y el sistema cruje por los cuatro costados, en la coalición han descubierto un nuevo arma electoral, algo que hasta ahora nunca se había utilizado y que seguro que va a revolucionar la triste perspectiva que les atenaza. Así, después de sesudas y largas reuniones cargadas de debate de fondo, los estrategas han encontrado el mejor camino para recuperar el afecto de los que parecen decididos a optar por el señor de la coleta. No se preocupen, el peligro va a desaparecer, hemos encontrado la alternativa, parecen decir. Zurrémosle estopa a la Iglesia que eso no lo hemos hecho nunca y nos puede ir muy bien.

Así, el jueves, el portavoz municipal de la coalición daba una rueda de prensa con Córdoba Laica para reclamar que el Ayuntamiento abandone cualquier participación en actos religiosos y se abone a la laicidad. Normal que lo diga la plataforma, que lleva en ello unos cuantos lustros, pero que Francisco Tejada nos salga ahora con estas tiene su punto. Debe ser que se le ha olvidado que durante una década larga formó parte de un gobierno municipal que estiró sotanas, presidió procesiones y participó en misas como si no hubiera un mañana. No contentos con ello, el viernes, toda la plana mayor de IU –con sus Cayo Lara, Antonio Maíllo y demás– se vino para Córdoba para reclamar la propiedad de la Mezquita para “el pueblo” –el suyo, claro– desde el Patio de los Naranjos. La cosa iba básicamente de buscar la foto en la que la seguridad de los curas los echara del lugar para demostrar que las sotanas son lo peor de lo peor. Pero, claro, no contaban con que la cosa les iba a salir cucona y que los curas se habían olido la tostada. Así que allá que se fueron, dieron una rueda de prensa en la que, por cierto, a Maíllo le dio pereza hablar de las dimisiones de los suyos en Sevilla, y se fueron entre abrazos felices y contentos como el niño que roba un donut en un comercio y no le pilla el dueño. Nivelito.

Anda Izquierda Unida desnortada en estos tiempos, perdida entre el impulso de Podemos y palos como el de Ganemos Córdoba. La coalición predica un nuevo tiempo con nuevos rostros para reformar la política mientras mantiene un pacto de Gobierno en Sevilla que sus propios electores no entienden. Es cierto que Rajoy y el PP aprietan, pero no lo es menos que desde Sevilla el Gobierno andaluz no le anda a la zaga. La estrategia de atacar al clero como culpable de todos los males, además de obviar que hay votantes de IU –y muchos– que van a misa, no sirve ya ni de cortina de humo ante los problemas de verdad que nos sacuden. Si la coalición quiere seguir existiendo es hora de que se renueve a sí misma, cambie el discurso, proponga cosas concretas y escuche a la calle. Si no, me da a mí que tras las municipales va a estar la cosa jodidilla. Y no habrá donde esconderse.

Y a los curas que los dejen tranquilos, que ya hacen ellos solos todo lo posible por meterse en un montón de charcos.

Tres injusticias con la Mezquita (y Catedral)

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 16 de noviembre de 2014 a las 12:22

Córdoba es la Mezquita y la Mezquita es Córdoba. Cualquier cordobés que viva en esta ciudad tiene clara esta afirmación de perogrullo y no digamos los cientos de miles de turistas que se dejan caer por aquí a lo largo del año. Y si eso es así, ¿por qué hay tanta gente empeñada en liar la madeja? ¿Alguien me puede explicar cómo es posible que exista tal cantidad de gente dispuesta a estar todo el día poniendo en solfa algo que 799.000 cordobeses de la provincia tienen tan claro? No me lo explico. Bueno, sí. Sí me lo explico porque la torpeza, el aburrimiento, los intereses torticeros y, con perdón, las ganas de tocar los cojones, son algo consustancial al pueblo español. Y sigo.

Esta semana hemos tenido tres magníficos ejemplos de cómo no se debe actuar para proteger un monumento (quien quiera que le llame templo) que está por encima del bien y del mal. Estos días hemos tenido por aquí al presidente de VOX, Santiago Abascal, quien se ha entretenido en decir que tras el intento de retirarle la propiedad de la Mezquita a la Iglesia hay un movimiento yihadista capitaneado por la Junta Islámica que quiere imponer el rezo musulmán. Bonita forma de liarlo todo, principalmente si tenemos en cuenta que la Junta Islámica no está en la Plataforma de la Mezquita. Primera injusticia.

También esta semana, la citada plataforma ha convocado otro debate para analizar la inmatriculación del templo a nombre de la Iglesia –que lo de los 800 años como catedral es un detalle menor que no hay que tener en cuenta– de la mano de Federico Mayor Zaragoza, ex jefe de la Unesco, y Carmen Calvo, ex de todo en el PSOE. La cosa iba de debatir el tema, pero, como en casi todo lo que hace este colectivo, el debate no existe porque no hay nadie que defienda la postura contraria. Así que, como era de prever, el intenso, duro y sesudo debate concluyó con algo así como que los curas son muy malos, sólo quieren ganar dinero y jodernos la marrana. Segunda injusticia.

Pero claro no se iban a quedar los clérigos sin su parte de salida de tono. Así, el canónigo encargado de Turismo del Cabildo, Manuel Montilla, ponía de su parte en esta ceremonia de la confusión al decidir unilateralmente cobrarle a los cordobeses que quisieran ver la Torre Campanario en horario de mañana. El Cabildo, inmerso en una importante campaña de imagen, echaba humo el viernes por la mañana al leer la información publicada por el Día, y, aunque no quiso hacer sangre, por la tarde reaccionaba pidiendo perdón y anunciando que de cobrar a los lugareños, nada de nada. Tercera injusticia.

Y todo esto en sólo una semana en la que ni PSOE ni IU ni el obispo –actores principales también en este sainete– han abierto el pico. Menos mal que sigue habiendo 799.000 cordobeses que pasan de todo esto y de todos estos; que si no acabaríamos poniendo un bar en el crucero y un confesionario en las taquillas. Que jartura, de verdad. Si algún Abderramán levantara la cabeza no haría mal en darle duro en las suyas a toda esta panda de gente aburrida. Con la de cosas importantes que hay que arreglar.

Qué culpa tendrá la Mezquita

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 2 de marzo de 2014 a las 11:10

Córdoba tiene una enorme capacidad para generar debates eternos y absurdos. La histórica tendencia de esta ciudad de generar opinión en conciliábulos alrededor de una mesa camilla ha convertido en habitual algo que no debería serlo: la tendencia a buscar complicaciones allí donde no las hay. Da igual que sea uno de izquierdas o derechas, musulmán, judío o católico, del Barça o del Madrid, monárquico o republicano. La cosa reside en sentarse alrededor de una mesa y decidir qué ser humano está haciendo algo que nos molesta para, a continuación, trazar un plan para desmontar sus actos. Del enlosado del Puente Romano al puente oxidado pasando por el Ojo del Califa no ha habido proyecto, idea o pensamiento que no se haya encontrado de frente con un grupo organizado para tumbarlo todo. Ahora le toca a la Mezquita.

Antes de seguir hemos de aclarar que gran parte de la polémica que envuelve al histórico edificio se la ha ganado a pulso la propia Iglesia a través del obispo Demetrio Fernández, quien nada más tomar posesión de la silla de Osio se apresuró a decir que por aquellos lares no había pasado nadie con turbante más que para echar abajo la basílica visigoda de San Vicente Mártir. Flaco favor le hizo el prelado al Cabildo al decir semejantes palabras, tan flaco como todas sus declaraciones posteriores diciendo que aquí lo que hay es una Catedral y punto.

Pero, aclarado esto, no hay más donde rascar. Ahora surge una plataforma para pedir que la Mezquita sea de titularidad pública bajo la peregrina argumentación de que la Iglesia la inmatriculó a su nombre con nocturnidad y alevosía en 2006 por 30 euros. Vaya coincidencia, treinta monedas dan mucho de sí en la historia de la Iglesia.  Ahora hay una plataforma que recaba firmas en internet para que las administraciones se hagan cargo del edificio y una de esas administraciones, la Junta, les hace caso y anuncia a bombo y platillo que va a estudiar la cosa por si puede hacer algo. Lo que nos faltaba, la Mezquita metida en campaña electoral. Si Abderramán levantara la cabeza.

Dicen quienes propugnan el uso público del edificio que permitir a la Iglesia que siga en él es lo más parecido a un sacrilegio e incluso, haciéndole un favor a la ciudad, se van a la Unesco a tocar la moral por si de camino somos capaces de quedarnos sin declaración de patrimonio. No estoy con la plataforma. Lo digo aquí alto y claro para quien me quiera oír, pero seguiré contando todo aquello que haga porque en eso consiste la libertad de expresión. Libertad que no se respeta en todas partes y que a mi me permite decir que después de ocho siglos me parece una memez que la Iglesia tenga que sacar las escrituras notariales del templo para demostrar que durante estos ochocientos años ha sido la encargada de mantenerlo limpia y aseadito. Me declaro sorprendido con el tema, lo reconozco. No doy crédito a esa inesperada revelación que ha hecho que ahora nos demos cuenta de que hay curas en la Mezquita y debemos salvarla del imperio del alzacuellos. Qué culpa tendrá la Mezquita. Con lo bien que estaba ella con sus siglos de historia sin que viniera nadie a salvarla o negarle su pasado musulmán.

Palabra de Demetrio

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 22 de enero de 2012 a las 10:03

Cuando llegó a Córdoba, Demetrio Fernández ya dejó claro que no iba a ser un obispo al uso y que no se iba a morder la lengua en aquellos asuntos que considerara prioritarios para su labor. Avalado por su trayectoria en Tarazona, donde tuvo más de un roce con medios y parroquianos por sus cartas pastorales y artículos, el obispo dio el salto a una diócesis diez veces más grande convencido de que la claridad a la hora de exponer las posiciones de la Iglesia más que una opción es una obligación. En las antípodas del perfil florentino y negociador de su antecesor, Juan José Asenjo, el nuevo prelado pareció llegar con la máxima de “duro y a la cabeza”.

No tardó mucho el obispo en levantar polvareda al manifestar que la Mezquita ya no era mezquita sino catedral y que a las cosas hay que llamarlas por su nombre. Nada de tradición cordobesa ni de respeto patrimonial, como mucho “Catedral, antigua Mezquita”, y eso poniéndose generoso el hombre. Luego vino aquella famosa declaración de que “la Unesco tiene programado en los próximos 20 años hacer que la mitad de la población del mundo sea homosexal”. Ahí es nada. Más recientemente ha manifestado que “los niños de familias como Dios manda crecen más saludables” y también que la economía de las familias de este tipo es más sostenible y mejor. Ya sabe usted que si está divorciado o es madre soltera lo tiene crudo. Por último, la semana pasada se despachó con una pastoral en la que apunta a que algunos institutos y los medios de comunicación incitan a la fornicación con sus enseñanzas y publicaciones. Vamos, que se abre el periódico o se pone la tele y le da a uno un apretón que lo cruje.

Estas son sólo cuatro perlas del prelado cordobés, un botón de muestra de la capacidad dialéctica y gramatical de Demetrio Fernández para meterse él y a la Iglesia que representa en líos. Porque una cosa es defender los postulados de la fe de cada cual, los dogmas sagrados del cristianismo, la virginidad, el matrimonio eclesiástico, el concepto de familia como grupo en el que se desarrollan las personas en armonía y amor y otra cosa bien distinta es descalificar todo lo demás. La tendencia de Fernández a satanizar a homosexuales, separados o madres solteras no puede beneficiar en nada a la Iglesia católica. El tiempo ha demostrado ya que las cazas de brujas más que llenar los templos los vacían. Porque una cosa es predicar y otra muy distinta conocer los motivos que llevan a un matrimonio a romperse, a una madre a tener hijos sola o a una persona a tomar una opción sexual. Cada cual es libre de creer en lo que quiera, pero siempre desde el respeto a los demás. Que hace ya mucho que la Inquisición pasó al olvido.