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Las razones de Extremadura

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 20 de junio de 2011 a las 12:59

La decisión de Izquierda Unida en Extremadura de abstenerse en el debate de elección del nuevo presidente de la comunidad y propiciar con ello la llegada del PP al poder tiene al país revolucionado. La decisión de los militantes de la coalición se ve a ojos de muchos como una claudicación ante los populares y una traición al electorado de izquierdas. El tertulianismo furibundo mantiene que es impresentable que los votos de IU avalen al PP y que semejante decisión es poco menos que merecedora de quemar a alguien en la plaza mayor de Trujillo. Nada se dice, sin embargo, de otros pactos extraños de los socialistas con el PP que tampoco tienen mucha explicación, caso del alcanzado en Asturias para quitarle la presidencia del Parlamento al partido de Cascos. Que se sepa, el PP de Asturias tiene los mismos cuernos y rabo que el de Extremadura. ¿O acaso en la tierra de don Pelayo los populares han mudado el azul gaviota por el rojo del puño y la rosa? Da igual, el caso es mantener la incoherencia.

Hace una semana dije en este mismo espacio que los socialistas deberían mirarse bien al espejo para conocer las causas de su deterioro electoral y, ya que ellos no lo hacen, está bien mirar a las razones aportadas por el coordinador regional de IU en Extremadura, Pedro Escobar, -por cierto, contrario a la opción tomada- para justificar la propia decisión. Y es que después de 28 años, Escobar afirma que la opción tomada por sus compañeros responde al objetivo de poner fin “al enchufismo y al clientelismo” que ha desarrollado el PSOE en dicha comunidad. Mucho tiempo en el poder, demasiados cargos ocupados por los amiguetes y escasa capacidad de diálogo con la sociedad. ¿Les suena? ¿Han oído ustedes a alguien en una conversación decir lo mismo pero referido a esta tierra nuestra? ¿Conocen ustedes algún caso concreto en el que esto se dé o haya dado?

El 22 de mayo introdujo en la política española una pulsión de cambio sin precedentes que ha dejado al PSOE en paños menores. La sociedad castigó al partido en el gobierno tanto por las consecuencias de la crisis económica cuanto por los propios errores en el desarrollo del poder. Quien lo niegue desde luego se hace trampas al solitario, bien porque la ignorancia es un estado mental realmente cómodo por cuanto no reclama de gimnasia neuronal, o bien porque el miedo que le atenaza tiene más que ver con las posibles consecuencias que sobre su día a día pueda tener un cambio de ciclo.

Vivimos una época en la que los mismos que aplauden las reclamaciones de regeneración, renovación y limpieza que defienden los indignados del 15-M se permiten arremeter acto seguido contra la decisión libre y democrática tomada por los militantes de IU en Extremadura aludiendo a una supuesta traición al voto de la izquierda. Y llegados a este punto yo me pregunto: ¿quién es nadie para decirle al de al lado que su decisión es mejor o peor? ¿Quién reparte las tarjetas de la verdad absoluta? ¿Por qué hay pactos que valen, otros que se ocultan y otros que directamente se rechazan? Por último, ¿tanto miedo hay en los pasillos de palacio?

Pervertir el 15-M

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 15 de junio de 2011 a las 18:35

Los lamentables acontecimientos que están teniendo lugar hoy en Barcelona protagonizados por supuestos integrantes del movimiento de los indignados suponen la prostitución de una idea. Así de claro. Si entre el 15 de mayo y el pasado día 10 había algo que estaba claro era que el espíritu de las protestas surgidas del clamor de la calle contra los políticos era un espíritu pacífico, positivo, crítico pero civilizado. Lo que está ocurriendo hoy en la capital catalana, lo que le pasó el otro día a Ruiz Gallardón en Madrid o lo que le ha ocurrido a Cayo Lara también en la capital de España resta credibilidad a este movimiento. (Claro que Cayo Lara podría haberse ahorrado el paseo y la búsqueda del rédito electoral). Entramos en una espiral de violencia impresentable y comienza el reto al sistema democrático que hemos elegido.

Lo que ocurre hoy ya tuvo un triste prólogo el sábado pasado durante la constitución de los ayuntamientos, cuando grupos de supuestos indignados atosigaron a las puertas de los consistorios no sólo a los políticos que allí acudían a tomar posesión de sus actas de concejales, sino también a los invitados que fuimos a presenciar la investidura del nuevo alcalde. Y digo fuimos porque yo mismo fui regalado con unas bonitas frases para el recuerdo al abandonar el edificio de Capitulares. Supongo que mi delito fue llevar corbata, trabajar en un periódico bastantes más horas de las que me gustaría y cumplir con mi labor de representación institucional. Eso da derecho a que me consideren un chorizo, un señorito y un representante del capitalismo más furibundo. En fin, que le vamos a hacer seré un chorizo.

Los impulsores del movimiento 15-M se han apresurado a desmarcarse de todas estas acciones violentas, han reiterado que el espíritu de su protesta no es poner en juego el sistema democrático sino denunciar los vicios que éste tiene y tratar de cambiarlo desde dentro sin torpedear las instituciones que los españoles nos hemos dado. No pretende el 15-M desacreditar a aquellos representantes que los ciudadanos nos hemos dado libremente hace apenas un mes, sino modificar el sistema de elección para que los resultados de las urnas sean más democráticos, más amplios y más representativos. Estoy de acuerdo, apoyo la protesta, también considero que la ley electoral castiga en demasía el voto de algunos partidos y prima en exceso el de los otros. Respaldo sin dudas una protesta ciudadana que ha recordado mucho a ese mayo del 68 que desperezó al mundo de su estado de autosatisfacción. Ésa es la belleza de la democracia, la libertad en estado puro, la protesta cívica en defensa de los derechos.

Lo de hoy, lo del lunes con Gallardón o lo del sábado ante los ayuntamientos no es democracia, no es protesta ni es libertad. Lo de hoy es el vandalismo de cuatro macarras que, ocultos tras la máscara de un movimiento reivindicativo, están haciendo lo que mejor saben: el cafre. Y lo hacen ante el Parlamento catalán, igual que lo hacen cuando el Barça o el Madrid ganan una liga o cuando se juega un derbi provincial. Lo que estamos viendo es violencia sin sentido y un intento vergonzoso de hurtar la democracia. Y ante eso no cabe más que una firme defensa de las instituciones y de la representatividad parlamentaria. Está claro que el sistema tiene muchos defectos, pero estos no se arreglan a palos.