Archivos para el tag ‘Islam’

Europa mira hacia otro lado

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 23 de agosto de 2015 a las 6:46

Hay imágenes capaces de conmover hasta al corazón más duro. Instantáneas capaces de transmitir en una fracción de segundo todo el dolor, sufrimiento y desesperación de quien lo ha perdido todo y busca un futuro mejor. Fotografías que trasladan a quien las ve una sensación de desazón, impotencia y rabia irresolubles. Son retratos que conducen a la reflexión, al silencio, a la introspección, al análisis de cómo el ser humano puede llegar hasta determinados límites y permitir que haya quien no encuentre el descanso ni la paz en su existencia.

Dos niños lloran en la frontera de Macedonia en un enfrentamiento entre policías y refugiados.Esto es lo que ocurre cuando se ve la desesperación con la que miles de refugiados sirios tratan de dejar atrás las miserias de la guerra que corroe su país en busca del Dorado europeo. No son ni mejores ni peores que otros inmigrantes que llevamos años, décadas, viendo por televisión, pero la magnitud que está alcanzando el éxodo sirio –y libio, afgano o iraquí– tiene absolutamente desbordada a la vieja Europa. Mientras aquí apuramos los últimos sorbos del verano, allí nadan cuanto sea necesario para escapar del horror. La guerra en Oriente Próximo, la extensión del Estado Islámico con su bárbaro modo de gobierno, ha sacado a cientos de miles de personas de sus casas. Huyen del genocidio, de la persecución religiosa, de la concepción más extrema y arcaica que se pueda tener de la vida humana. Como lo hicieran los tutsis en Ruanda, los bosnios en Srebrenica, los judíos de toda Europa. Huyen despavoridos.

Y mientras, aquí, en la vieja Europa, en la cuna de la democracia y la civilización continuamos mirando hacia otra parte. Respondiendo al exterminio con barreras de alambre, con fronteras cerradas, con policías, gases lacrimógenos y porras. Con ministros de estados miembros que cierran acuerdos millonarios para convertir un túnel en búnker impenetrable desde el que impedir que nadie venga a turbar al ciudadano europeo. Seguimos pendientes de la bolsa, del desatino griego y de las ocurrencias políticas, mientras a escasos cientos de kilómetros de nuestra tranquila existencia hay unos salvajes que amenazan con llevarnos a una crisis en la que la presión migratoria reviente todos los diques de contención. Una vez más, Europa permanece miope ante el dolor ajeno. Miope y agarrotada, incapaz de dar soluciones y confiada en que el tiempo, las bombas del amigo americano y la suerte pongan fin a la tragedia.

Pero la cosa no es así. Europa no puede actuar como el niño pequeño que cierra los ojos para no ver lo que no le gusta. Europa debe reaccionar cuanto antes y tomar medidas. Poner orden al caos en el que se ha convertido Oriente Próximo, implicarse en solucionar unas guerras que sabemos dónde comenzaron pero ignoramos dónde pueden terminar. La locura impuesta en Mosul, Palmira o Alepo conduce a las fronteras de Grecia, de Macedonia, al Eurotúnel, al Estrecho… Mientras al otro lado del Mediterráneo unos matan para imponer la Edad Media, aquí giramos la mirada incapaces de admitir que la solución al dolor, la miseria y el sufrimiento es la que es y cuesta lo que cuesta. Porque si Europa no actúa alguien vendrá a quitarle las manos de los ojos y mostrarle cuán dura puede ser la realidad. Lo que allí ocurre aquí afecta y, a menos que comencemos a darnos cuenta, lo que ahora es un problema de fronteras puede ser mañana un conflicto irresoluble. Europa no puede mirar a otro lado.

Ante la estrategia del odio

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 11 de enero de 2015 a las 8:34

El lenguaje de la barbarie no entiende de medias tintas. No hay posibilidad de ponerse tibio ante la crueldad extrema y el asesinato a sangre fría. No cabe buscar explicaciones alambicadas ni justificaciones históricas. Ante esta forma de actuar cobarde y traidora solo vale la firmeza, la denuncia clara y el rechazo rotundo. No cabe más. Cualquier otra cosa es hacerle el juego y ceder ante quienes no tienen en el cerebro –si es que lo tienen– más que odio, degeneración y depravación.

charlieLos crueles asesinatos de esta semana en París nos han vuelto a poner ante los ojos hasta qué punto el fanatismo religioso puede nublar la mente de las personas. La ejecución sumaria de los periodistas del semanario Charlie Hebdo y del agente que los custodiaba, el asesinato de la Policía municipal un día después en plena calle o la muerte sin sentido de los rehenes del supermercado judío el viernes no hacen si no exponernos de frente ante la degradación moral de quien se dice defensor de una fe y no es más que un asesino cobarde. Porque lo ocurrido en Francia, como lo que sucede cada día en esos países olvidados como Siria, Iraq, Nigeria o Somalia, no es más que la demostración de la exaltación enfermiza de unos preceptos religiosos que sólo entienden quienes hacen del odio, la intolerancia y la muerte su lenguaje diario.

El yihadismo islamista ha vuelto a intentar que el mundo civilizado claudique a sus pies. Lo ha hecho de la única manera que sabe, ejecutando sin sentido a unos cuantos periodistas, policías y ciudadanos anónimos. Ha intentado minar los pilares del Estado de derecho en la cuna de la Ilustración, en el país que primero separó razón y fe, en el que más claro tiene que la esfera pública y la privada son totalmente independientes. Ha atacado en una venganza delirante la redacción de una revista que desafió a la intolerancia, que se plantó ante el miedo y que dio ejemplo de solidaridad con sus compañeros cuando el fanatismo apuntó a la cabeza de una revista danesa. La masacre de Charlie Hebdo es un monumento a la locura y un tributo a cuanto de bueno tiene la civilizació occidental. Las víctimas de la revista, como los policías y los rehenes, representan la resistencia del mundo civilizado a ceder un solo milímetro ante quienes no entienden la vida más que desde el miedo, la prohibición, la amenaza y el odio.

Europa ha reaccionado unida ante el desafío. El mundo ha gritado basta al salvajismo. Cristianos, judíos, musulmanes, budista o hindúes han condenado una acción que no sirve para nada. Unidos, como seres civilizados, cientos de miles de franceses marcharán hoy para reclamar que los dejen vivir en paz y para gritar bien fuerte que la civilización no cederá ante chantajes ni amenazas. Ante la estrategia del odio sólo cabe plantarse firme y alzar la voz en defensa de quienes sufren el castigo de estar en manos de un Islam que no es ni el de Alá ni el de Mahoma, sino el de unos orates que buscan en la marginalidad mártires para su delirio. Ante la estrategia del odio sólo cabe denunciar bien alto que ni el yihadismo ni su lenguaje de muerte podrán con nosotros. Porque no le tenemos miedo.