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No sé si me explico

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 24 de enero de 2016 a las 12:00

Tienen los políticos una extraña manía de considerarnos más tontos de lo que de por sí ya debemos ser. Viene esto por su tendencia a pretender explicarnos como si fuéramos lerdos que lo que hacen o dicen no es como es, sino todo lo contrario. Primer ejemplo: Patxi López, el flamante presidente del Congreso de los Diputados. El consensuado López ha arremetido esta semana contra Ciudadanos y PP porque estos han impedido que ERC, Bildu e IU se montaran grupo parlamentario propio en la Carrera de San Jerónimo porque consideran que lo hacen sólo para cobrar las subvenciones. Esto, que es algo sabido por todos los que vivan en este mundo y admitido por alguno de los implicados, ha llamado la atención del bueno de Patxi. El presidente mantiene que la decisión del centroderecha responde a algo así como a la política futurista o predictiva y que él no la comparte porque en ningún sitio pone que catalanes, vascos y Garzón vayan a hacer lo que todos sabemos que van a hacer. Habrá que aclararle a don Patxi que aquí seremos tontos pero no idiotas y que está claro que esos tres se iban a juntar para llevarse calentita la pasta que les costease la cosa electoral.

El segundo ejemplo de esta forma de hacer política lo tenemos aquí en Córdoba. Con esa tendencia innata que parece que tiene para meterse en charcos, Isabel Ambrosio ha vuelto a decir que no entiende la polémica que se ha generado con la retirada de las ayudas a los toros por parte del Ayuntamiento. Dice la regidora que lo que ella votó era una moción para impedir los circos con animales en la ciudad -que digo yo que qué habrán hecho ellos para merecerse esto-, y que de ponerle freno a los toros nada de nada. Que se le ha malinterpretado y tergiversado.

Es cierto que los periodistas de vez en cuando retorcemos las palabras. Sin embargo, no parece que los errores de la alcaldesa en temas tan sensibles para la ciudad sean fruto de la tergiversación sino más bien de sus problemas de definición y de falta de política de comunicación. Conviene recordar aquí que la regidora ya reconoció que con el tema de San Rafael no se había explicado, igual que dijo con el minuto de silencio de los sirios que se le había malinterpretado. No sabemos quién asesora a Ambrosio en materia de comunicación, si es que lo hace alguien, pero lo que sí está claro es que quien sea debería decirle que hay ocasiones en las que admitir errores es bueno y otras en las que un silencio, el mismo que mantuvo en el pleno cuando Moreno le recordó su presencia en más de una plaza de esta provincia en su época en la Junta, es la mejor respuesta.

Llama mucho la atención esa tendencia al “no me he explicado bien” que practica la alcaldesa. Debe ser que como se prodiga poco en ruedas de prensa aún no le hemos cogido el punto. Tanto como que la regidora debería comparecer en una rueda de prensa para dejar claro qué ha votado y explicárselo a la ciudad y a sus socios de Ganemos (que están que se salen con el lío). Esos mismos socios que la tienen cogida por la pechera y le obligan a comulgar con estas ruedas de molino a cambio de su apoyo. Porque la moción, diga lo que diga Ambrosio, habla textualmente de quitar subvenciones a espectáculos que supongan maltrato animal. Así que si, acto seguido, se retiran los dineros de los toros está clarinete que alguien asume que estos son maltrato animal. Y si eso es así ese alguien debería pedir su supresión por incumplir las leyes de protección animal. ¿O me vuelvo a equivocar?

No sé, igual es que yo tampoco me sé explicar.

Autodestrucción

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 3 de enero de 2016 a las 11:32

El pasado 20 de diciembre PP y PSOE obtuvieron los peores resultados de su historia reciente. Los populares se dejaron 63 diputados y cayeron a cifras de 1989, mientras que los socialistas perdieron 20 actas y cerraron su peor dato en la democracia. Entre ambos, fueron cinco los millones de votantes que dejaron de confiar en las fuerzas que han marcado la política nacional en las últimas cuatro décadas. Un cifra para hacerse mirar. Sin embargo, pasados los días las sensaciones que ofrecen cada uno de ellos son diametralmente opuestas. Así, el PP ha logrado situarse en una posición de búsqueda de acuerdos de Estado y de unidad alrededor de su líder, Mariano Rajoy. Ciudadanos le ha hecho daño, pero no pone en riesgo definitivo su primacía en el centro-derecha español. Además, la jugada de Rajoy de situar rostros nuevos en la sala de mando le permite afrontar estos momentos con una imagen muy mejorada, e incluso renovadora en cierto punto. Si él cae, cosa poco probable, el relevo está garantizado. Y eso no es poca cosa.

En el PSOE la cuestión es diferente. Los socialistas no han querido ver hasta ahora que llevan en caída libre desde que Zapatero traicionó a sus votantes en 2010. Han querido camuflar su reiterado retroceso tras el espejo de los pactos que les han devuelto poder regional y municipal, sin querer darse cuenta de que para lograrlo se estaban echando en brazos de su principal enemigo. Siguen siendo la segunda fuerza política del país, sí, pero por los pelos. Apenas algo más de un punto les separa de Podemos, que crece como la espuma en las ciudades de más de cien mil habitantes al tiempo que va ganando terreno en los graneros rurales de los que se alimentan los socialistas. Tan claro está esto en el imaginario real de los dirigentes del partido del puño y la rosa, que han tardado apenas 24 horas en lanzarse unos a la yugular de los otros por ver quién salva el cuello. Lo ha dicho Patxi López al destacar la patética imagen que está ofreciendo el partido.

Los socialistas se encuentran dos semanas después de las elecciones con un líder cuestionado internamente, unos barones lanzados a la guerra de Taifas, una estrategia de pactos que lejos de mirar por el bien de la gobernabilidad del Estado se centra en rechazar al PP sin más argumentos, y con la imposibilidad de buscar socios que no les supongan traicionar principios básicos del partido como la unidad de España. Todo ello adobado con titulares y filtraciones para preparar un futuro congreso y hasta una convocatoria electoral que entronice a Susana Díaz, la elegida. Se han colocado ellos solos en el centro de la diana a la que apuntan todas las escopetas y no hay nadie hoy en día capaz en el partido de tapar las múltiples vías de agua que escapan desde Ferraz. Y eso sin que aún hayan comenzado a llegarles de verdad las presiones exteriores para que cambien su actitud. El Íbex todavía no ha se ha resentido de la sensación de ingobernabilidad que va a tomar el país una vez se vayan los Reyes Magos de vacaciones. La prima de riesgo, Bruselas y Merkel van a apretar de lo lindo. No son pocos los históricos dirigentes del partido, esos que Zapatero comenzó a laminar en 2004, que plantean la necesidad de recuperar la altura de miras que siempre ha caracterizado al socialismo español.

Y mientras todo esto ocurre, ellos, los que sueñan sólo con pasar a la historia, siguen entregados a sus cuitas de patio de colegio y cunde a su alrededor la sensación de que alguien ha pulsado la tecla de autodestrucción. ¿Saldrá Felipe a apagarla? Pocos dudan que es el único que puede poner orden.

La hora definitiva

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 20 de diciembre de 2015 a las 6:25

Unos cuantos millones de españoles, entre los que hay más de 650.000 cordobeses, están hoy llamados a las urnas. Después de casi un año de permanente campaña electoral, ha llegado la hora en la que hemos de decidir con nuestro voto quiénes serán nuestros representantes para los próximos cuatro años. No es un voto cualquiera, pues estos comicios son quizás los más importantes que hemos vivido en España desde aquellos que convirtieron la infame dictadura de Franco en la democracia de la que hoy disfrutamos. En juego está la articulación del propio Estado, el reparto de los ingresos, la vigencia del Senado, la modernización de la Corona y el fin del bipartidismo que nos ha regido hasta el momento. Son asuntos de importancia capital y el elevadísimo índice de indecisión que han arrojado todas las encuestas demuestra que los españoles andan dándole muchas vueltas a la cabeza para quedar satisfechos de su elección.

La campaña que terminó el viernes ha sido más pacífica de lo esperado. La tranquilidad ha sido la nota dominante excepción hecha de los improperios de Pedro Sánchez hacia Mariano Rajoy en el cara a cara del pasado lunes y de la agresión impresentable de un mozo de 17 años en Pontevedra al presidente del Gobierno. Es cierto que no ha habido crispación, pero no lo es menos que los dos picos de la misma que hemos tenido deben hacernos reflexionar pues son preocupantes. Nunca se había llegado al extremo de insultar y agredir a un presidente. Esos límites no los había cruzado nadie y no deberían volver a cruzarse jamás. No quiere esto decir que se aliente un voto en detrimento de otro. Ni muchísimo menos, pues todas las opciones son igual de respetables y deben ser tenidas en cuenta de la misma forma.

A partir de las ocho de la tarde de hoy es más que probable, casi sería imposible lo contrario, el fin de una era en la que PSOE y PP se repartían el poder cual Cánovas y Sagasta. Podemos y Ciudadanos van a irrumpir con una fuerza hasta el momento desconocida que los sitúa incluso como elemento determinantes para la estabilidad del país. Ambos plantean una renovación, pero lo hacen desde prismas muy diferentes. Uno más revolucionario, aunque dulcificado en su tono durante la campaña electoral. Otro más técnico y centrado. Frente a ellos, el PSOE acude a los comicios más importantes de su historia reciente. Se juega casi su propio futuro en un panorama internacional en el que la socialdemocracia prácticamente ha desaparecido. Mientras, los populares de Rajoy también se hallan ante un momento clave. La crisis económica y su nefasta gestión de los recortes se enfrentan al veredicto de la calle. Pocos dudan de que se hizo lo que se pudo, pero sí son muchos los que critican las formas en las que se ha hecho.

Millones de españoles darán hoy nuevamente una lección democrática. Se prevé una participación histórica que demostrará cuán importante es la ornada electoral. Por ello, una vez más, hay que hacer una llamamiento a la participación. A la participación democrática, pausada, tranquila y festiva. Tras tiempos tan duros como los que hemos pasado en estos años es ahora, hoy, el momento de expresar libremente lo que queremos. Si hay cambio o continuidad. A partir de mañana se abre un nuevo escenario. Los políticos deberán estar a la altura y, de una vez por todas, entender el mensaje de cambio y acercamiento a los ciudadanos que hay en la calle. Salga lo que salga, lo que es seguro es que saldrá desde la democracia. Y eso no es cualquier cosa. Que lo vote usted bien.

Cosmos arde

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 13 de diciembre de 2015 a las 6:41

Que Córdoba es la ciudad de los debates surrealistas no es algo que vayamos a descubrir ahora. Sin embargo, hay que reconocer la capacidad que tiene la ciudad, o al menos parte de ella, para desarrollar polémicas alrededor de temas que se supone solucionados. La penúltima gira alrededor del proyecto de Cosmos de utilizar residuos como combustible. La iniciativa, que cuenta con el visto bueno de la Junta y que fue aprobada por Urbanismo en 2006 bajo la supervisión de Andrés Ocaña, parece que ahora no gusta en Capitulares. El bipartito ha planteado a la empresa una especie de órdago según el cual si se atreve a valorizar, o incinerar como dicen ellos, se arriesgan a que caiga sobre la multinacional todo el peso de la ley. El argumento, en palabras de nuestra lírica alcaldesa, es que la ciudad amable y sostenible que nos queremos dar no puede “abrazar” una factoría que lleve a cabo semejante labor.

Como espectadores de excepción, los 80 trabajadores de la industria, que temen por su nómina y han iniciado una ronda de movilizaciones. Para echarle más sal a la cosa aparecen los vecinos o los representantes de los vecinos, que no es lo mismo, para decir que Cosmos poco más o menos va a matarlos cuando empiece a valorizar. (Esta ciudad ha conseguido que lo que nació como un elemento altamente positivo, la representación vecinal, se haya convertido en una suerte de corralito político que actúa en función de quién esté en Capitulares. No pocas asociaciones responden de forma clara a postulados de partidistas).

Para situar esta polémica debemos retrotraernos a la campaña electoral cuando, en un acto absolutamente irresponsable, todos los partidos firmaron un compromiso para impedir que la factoría llevase a cabo sus planes. Compromiso electoral que buscaba el titular, la foto y agradar a los representantes de los vecinos y que obviaba a los varios cientos de familias que directa o indirectamente comen todos los días de esta fábrica. No nos debe sorprender que nuestros representantes políticos actúen como lo hicieron pues por eso estamos como estamos. Pero en una ciudad en la que el paro supera el 30% y en la que vivimos de un sector servicios que no genera la mejor contratación, atacar de este modo al escaso tejido fabril es, cuando menos, irresponsable. Hacerlo respondiendo a las presiones minoritarias es aún peor.

No vamos a negar que haya preocupación en el vecindario por este proyecto de Cosmos, tanto como no podemos dudar de que la ubicación de la fábrica no es la mejor. Pero ello no obsta para que pensemos que ésta estaba allí antes que el barrio. Además, si la fábrica tiene todos los permisos por algo será, salvo que pensemos que esos papeles valen casi tanto como los que envuelven los regalos navideños.

A última hora, y coincidiendo con la primer manifestación, la parte socialista del cogobierno da marcha atrás en la idea de llevar a pleno la salida de Cosmos del PGOU. Presiones de las agrupaciones locales y el miedo al impacto electoral de esta medida están tras una decisión que vuelve a poner de manifiesto que el bipartito no es un ejemplo de firmeza y cohesión. Y que vuelve a llevar a preguntarnos si después de seis meses y, visto lo visto, alguna vez va a haber alguna medida que se tome, para bien o para mal, que se mantenga en el tiempo.

La pelea de Cosmos no ha hecho más que empezar. Esperemos que el desenlace no se traduzca en la desaparición de unos cientos de empleos y en el empobrecimiento aún mayor de la ciudad en la que vivimos.

Quince días

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 6 de diciembre de 2015 a las 10:07

Dos semanas quedan para acabar con esta sobredosis electoral que hemos vivido en 2015. Apenas 15 días para que los partidos nos cuenten por enésima vez lo bien que lo van a hacer si les votamos y los mal que lo van a hacer los contrarios. En Córdoba, como en toda España, las elecciones del próximo día 20 barruntan revolución toda vez que parece que van a definir un nuevo mapa político. Del bipartidismo en el que PP y PSOE campaban a sus anchas, con alguna entrada coyuntural de IU, vamos a pasar a contar con otras dos fuerzas: Ciudadanos y Podemos. Ambas irrumpen con fuerza en el panorama provincial a pesar de que sus candidatos ni son conocidos ni tienen relevancia social. Nuevos tiempos en los que no importan tanto las caras como los proyectos.

Las caras conocidas del PP y el PSOE sí que se juegan mucho. En el primero, José Antonio Nieto tiene que enjugar el mal momento que vivió el 24 de mayo cuando perdió la Alcaldía por un puñado de votos. Nieto, que ha andado bastante grogui durante estos meses, afronta las urnas como un reto personal. Necesita un buen resultado para verse reforzado dentro de su partido y para recuperar su imagen fuera de él. El presidente popular parece que tiene claro que su futuro pasa por Madrid y muchas de las posibilidades de ocupar un lugar en condiciones pasan por obtener un buen resultado dentro de dos domingos. No hay que olvidar que quien le sigue en la lista, Rafael Merino, ocupa ya un importante puesto en Madrid y ambos no son precisamente íntimos amigos.

En el PSOE la cosa no es distinta. Los socialistas necesitan recuperar el cetro que perdieron en 2011 y confirmar esa recuperación que parece han vivido en este 2015. Casi más que por mensajes internos, Juan Pablo Durán necesita un buen resultado para apoyar a Susana Díaz, de la que es fiel escudero y quien, si los sondeos aciertan, el día 21 podría estar en el AVE camino del despacho de mando en Ferraz. Durán ha optado por María Jesús Serrano y Antonio Hurtado, al frente de la plancha, pero ha colocado a su hermana en el tres en una decisión polémica que puede tensar el partido si, como parece, se quedan con dos escaños.

Y luego están Ciudadanos y Podemos. Marcial Gómez y Marta Domínguez pueden hacer historia al convertirse en diputados sin que se les conozca pasado político ni de activismo en Córdoba. El de Ciudadanos, procurador de carrera, se toma las cosas con calma sabedor de que no hay mejor reclamo para el voto naranja que el de Albert Rivera. No obstante, la situación del partido en Córdoba y los malos resultados de las municipales podrían lastrar sus opciones. Marta Domínguez bastante tiene con sobrevivir a la guerra interna desatada en el partido morado tras ponerla a ella en lugar de Antonio Manuel Rodríguez al frente de la plancha. Cuenta a su favor con el impulso que Pablo Iglesias da a la marca y habrá que ver si es capaz de movilizar a los círculos para llevar a cabo la campaña. En ambos casos, no obstante, los dos partidos lograron acta parlamentaria en Sevilla en marzo sin que sus campañas fueran como para hacer historia.

Y luego está IU, rebautizada como Unidad Popular. Antonia Parrado es la carta de la coalición para intentar un hueco en la Carrera de San Jerónimo. La aspirante es buena, pero en IU dan por descontado que volverán a quedarse fuera. Eso sí, sueñan con lograr un voto más que Podemos.

Lo dicho quedan 15 días de suplicio. Tómenselo con calma, disfruten del puente y mediten. Que hay mucho en juego.

Candidatos molones

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 29 de noviembre de 2015 a las 7:26

Dentro de tres domingos (hoy ya no cuenta), los españoles acuden a las urnas en las elecciones más importantes en los últimos 35 años. Está en juego la arquitectura constitucional del país, la organización territorial y el reparto de fondos entre las comunidades autónomas. El desafío soberanista catalán, la respuesta a la amenaza yihadista o la modificación de la estructura de sucesión a la corona también están sobre la mesa. Al tiempo, la irrupción de Podemos y Ciudadanos atisba el fin del bipartidismo PP-PSOE tal y como estaba entendido hasta el momento y la constitución de unas Cortes Generales más abiertas que nunca y con cuatro partidos con capacidad de decisión y mando. El Gobierno que salga de las urnas del 20 de diciembre con toda seguridad no estará respaldado por una mayoría absoluta y los responsables políticos habrán de demostrar su capacidad de negociación y encuentro para sacar adelante al país en este atisbo de recuperación tras la crisis económica. Así de fácil es la decisión que cada español tiene ante sí a la hora de elegir su opción política.

DEBATE ELECTORAL ENTRE ALBERT RIVERA Y PABLO IGLESIAS

Albert Rivera y Pablo Iglesias, el viernes antes del debate electoral que mantuvieron en la Universidad Carlos III de Madrid.

Vivimos tiempos de transformaciones vertiginosas, irrumpe una nueva mayoría ciudadana que se ha criado en democracia cuyas exigencias son nuevas y diferentes. Lo que hasta el momento nos ha servido como pegamento está puesto en duda y una época en la que la satrapía, el nepotismo, la corrupción y la desvergüenza han campado a sus anchas parece encontrar su fin. La nueva sociedad de la tecnología, la comunicación instantánea y la regeneración política e institucional afronta su primer gran momento. Atrás quedan el 15-M, la crisis, el rescate a medidas, los ERE, la Gürtel, Bárcenas, el 3% catalán y otras tantas miserias. Es hora de comenzar el cambio y parece que hay conciencia social de esta necesidad.


Ante esta situación, los partidos llevan meses preparando su terreno, diseñando estrategias sesudas con las que desmarcarse del contrario. Los gurús electorales se devanan la sesera pensando cuál será el mejor método para que sus candidatos aparezcan frescos y renovados ante el elector. La eterna campaña que vivimos en este 2015 se americaniza a marchas forzadas y se buscan métodos rompedores. La frescura de Pablo Iglesias y Albert Rivera choca de frente con el desgaste que arrastra el PSOE desde el final del zapaterismo y con la tristeza camuflada en rigor con la que se maneja Rajoy. Hay que darle la vuelta a la cosa, piensan los estrategas, y para ello hay que hacer todo lo que sea necesario. Convirtamos al candidato en un tío molón, señala el más avezado, y allí que todos los demás comienzan a buscar un hueco en el que destacar cuán humano es su caballo de carreras. Descendamos una montaña, montémonos en un coche de rallies, bailemos en un programa, comentemos un partido de fútbol, echemos unas cañas con Bertín… Hagamos el gamba, que así seguro que captamos decenas de miles de sufragios. Es la era del espectáculo. Si a Obama le ha ido bien, por qué no a nosotros, piensan en los cuarteles de mando.

RAJOY RECIBE A SANCHEZ EN LA MONCLOA PARA ANALIZAR LA RESPUESTA A LA DECLARACION INDEPENDENTISTA

Mariano Rajoy y Pedro Sánchez saludan durante uno de sus últimos encuentros en La Moncloa.

 

Y, mientras, el ciudadano asiste atónito al show. Ve casi con ardores a los partidos tradicionales bailando a un son en el que son arrítmicos. Como ese amigo de farras que daba vergüenza ajena cuando se lanzaba a la pista en busca del triunfo al final de la fiesta. Seamos molones, repiten los estrategas. “Y el contenido de los mensajes, ¿qué hacemos con él?”, dice uno al fondo. “Ah, por eso no te preocupes, llama a la Campos y di que vamos el sábado”, responde el otro. “¿No ves que somos molones?”.

Un minuto

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 22 de noviembre de 2015 a las 6:54

Hay ocasiones en las que la sorpresa por algún acto inesperado te deja seco y sin capacidad de reacción. Son esos momentos en los que alguien dice o hace algo que se sale del guión, te coge fuera de juego y te obliga a reaccionar sobre la marcha de una manera en absoluto prevista. Eso dice Isabel Ambrosio que es lo que le pasó el lunes cuando la concejala de Podemos Victoria López promovió secundar un minuto de silencio por las víctimas de los bombardeos franceses sobre Raqqa. Fue justo después de permanecer cinco minutos callados como homenaje a las 130 víctimas mortales de los atentados del 13-N en París. Fue un acto impresentable, un gesto que requiere toda la reprobación posible.

minuto

Isabel Ambrosio preside el minuto de silencio por las víctimas de los bombardeos franceses en Raqqa junto a los ediles de PSOE, IU y Ganemos.

Victoria López, una de las ediles más duras de la línea Podemos, anda encantada con su acción. Empeñada en explicarnos que lo que pasó en París y lo que ocurrió en la ciudad siria en la que el Estado Islámico tiene su capital es lo mismo. Y no, no lo es. No lo es porque en París se asesinó a sangre fría a 130 personas cuyo único pecado era haber quedado con amigos para pasarlo bien. No lo es porque quienes blandieron fusiles y bombas lo hicieron a sabiendas de que iban a causar el máximo dolor y querían causar el mayor de los destrozos. Victoria López y sus compañeros ponen en el mismo lugar a unas víctimas y a otras, y eso no es así. Es más, su actitud es una falta de respeto sin precedentes en un país en el que de terrorismo sabemos mucho. Claro que igual a la edil de Ganemos el recuerdo de ETA y sus barbaries se le haya borrado ya.

La reacción de Ganemos, IU y PSOE ante ese improvisado minuto de silencio pone sobre la mesa esa tendencia que tiene una parte de la izquierda española instalada en el buenismo y en la equidistancia ante cualquier tipo de violencia. Es esa forma de pensar en la que siempre se justifican las acciones del uno porque algo habrá hecho el otro. Es ese complejo que surge del pánico a tomar una posición clara en un asunto concreto. Lo de París está mal, pero también lo de Siria porque así no se arreglan los problemas. La violencia genera más violencia, vienen a decir ignorando que en una guerra como la que vive occidente contra el Daesh o te defiendes o te matan. Es el equilibrismo político y, con todos los respetos, cobarde que practican sobre todo en IU y Podemos. Como si a los animales que actuaron en París o en Bamako, o que matan a todo el que no piensa como ellos en Oriente Próximo, se les pudiera convencer con palabras. Alguien debería decirles que en el mundo hay buenos y malos. La vida es así.

Y luego está lo de la alcaldesa y el PSOE. El bochorno de ver a un partido que lo ha sido todo en el gobierno de este país haciendo el ridículo de esta manera. La sorpresa de ver a unos concejales romper el discurso de su partido en Europa, España y Andalucía para no enfadar a quienes les mantienen en los sillones de Capitulares. La indignación de ver a la principal autoridad de la ciudad poniendo a los cordobeses en el punto de mira de la mofa general. Hay cosas, alcaldesa, que no tienen sentido por mucho que se utilice la retórica para explicarlas. Párese un minuto solo a pensarlo.

Isabel ya tiene perfil

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 25 de octubre de 2015 a las 6:57

Poco más de cuatro meses después de llegar a la bombonera de Capitulares, parece ser que Isabel Ambrosio al fin se ha decidido a buscar y definir un perfil público. Asesorada por su escaso círculo de consejeros, la regidora, en apenas tres días, ha optado por darle una vuelta de calcetín a su presencia pública para dejar atrás polémicas estériles y aparecer ante la ciudadanía como lo que es, su alcaldesa. Una visita a San Andrés para entregar la medalla de oro a la hermandad de La Esperanza –con levantá, besos y abrazos incluidos–, un baile por sevillanas con las peñas en las setas de Noreña y una rueda de prensa arremetiendo contra los “manifiestamente mejorables” presupuestos de la Junta de Andalucía, han sido el vehículo para vestir de largo esta estrategia

Parece ser que Ambrosio por fin se ha dado cuenta de lo que muchos comentan por lo bajini en la ciudad, que su socio de gobierno Pedro García le ha comido la tostada y está ejerciendo de facto como alcalde a ojos de la ciudadanía. La regidora sabe también que debe cubrir la escasa, siendo generoso, presencia de su equipo en la vida cordobesa. A excepción de Emilio Aumente, perro viejo en estas lides, ninguno del resto de sus concejales parece haber encontrado todavía su sitio en la ciudad. La falta de experiencia de unos y la falta de ganas por salir de casa de otros, estaba ofreciendo como resultado la ausencia del PSOE de la ciudad que ha logrado conquistar tras 40 años de democracia.

Con su acercamiento a las cofradías, la regidora deja atrás sus errores de novata con el cuadro de San Rafael –ahora le falta ponerlo encima de su cama para demostrar su entrega al Custodio– o sus ausencias sonadas en la Magna Mariana o en La Fuensanta. Al tiempo, parece que por fin se da cuenta de que entre sus votantes hay también cofrades por mucho que a algunos les pueda sorprender. En el otro lado de la balanza, este gesto calienta las relaciones con sus socios de gobierno de IU y, sobre todo, con sus “padrinos” en el pleno de Ganemos. El partido verde, de hecho, ha tardado muy poco en reaccionar para recordarle que existe un acuerdo de gobierno en el que la laicidad es punto irrenunciable y exigirle la revisión de las relaciones con las cofradías. De este primer envite, Ambrosio ha salido diciendo que no debe dar explicaciones a nadie. Veremos si eso es así y no debe pagar facturas.

Pero de este cambio de imagen, lo más relevante es el órdago a la Junta por los lamentables presupuestos previstos para Córdoba. La alcaldesa cumple su promesa electoral de poner a la ciudad por delante de su partido. No han sido pocas las llamadas que han recibido tanto ella como su entorno para preguntar que qué pasa aquí. La regidora, pese a todo, permanece firme ante cualquier presión. Siendo una decisión acertada (e inédita) anteponer Córdoba a los colores, la alcaldesa corre el riesgo de sufrir el desafecto de los suyos y verse víctima del ninguneo por parte de una dirección en Sevilla que no está acostumbrada a que nadie le plante cara y mucho menos un cargo público.

Ambrosio al fin parece haberse encontrado, algo de lo que todos debemos alegrarnos por la parte que nos toca como cordobeses. Veremos si este cambio de piel es duradero o si son sólo gestos de cara a la galería. Esperemos que no sea así porque si hay una lección que se deben aprender todos los alcaldes es que sus votantes les permiten errores y deslices en sus primeros días, pero que andar jugando con las cosas serias durante todo el mandato es algo que luego se paga muy caro cuando se opta a la reelección.

Y llegaron las ordenanzas

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 4 de octubre de 2015 a las 6:45

Poco más de cien días ha tardado el cogobierno de PSOE e IU en mostrar las primeras cartas de cómo va a ser su modelo de gobierno para la ciudad. Más allá de los juegos florales, tanteos y cortinas de humo surgidas alrededor de la ciudad deportiva del CCF, de la gestión del Alcázar de los Reyes Cristianos o, en la última semana, del convenio entre Defensa y el PP para las Caballerizas Reales, el proyecto de ordenanzas fiscales ha sido realmente la primera gran prueba de fuego por la que han pasado los dos partidos que conforman la coalición que manda en Capitulares. Y en esa prueba de fuego, el cogobierno ha optado por la solución más fácil: subir la presión fiscal para incrementar los ingresos. En palabras de Alba Doblas, la edil encargada de los asuntos de la Hacienda pública, la decisión viene marcada por el criterio de “progresividad” y por la necesidad de conseguir que “paguen más quienes más tienen”. Hasta aquí todo suena bien y muy loable.

Sin embargo, surgen ciertas dudas sobre si realmente esa progresividad que se persigue castiga a los que más ganan o cae a plomo sobre las carteras de una ya de por sí bastante depauperada clase media. Decisiones como subir un 3,1% el impuesto a los vehículos de 12 caballos fiscales –casi el 50% del total–, incrementar un 2% la tasa de basura o retirar parte de las ayudas que recibían las familias numerosas no parecen encaminadas a que esos que más ganan –y que podríamos identificar como los que viven en el Brillante o en las zonas nobles del centro y las áreas de expansión– se dejen caer por las arcas municipales.

No haría mal el cogobierno en pensar que la crisis no sólo ha afectado a aquellos que se encuentran en una situación directa de exclusión, sino que hay multitud de familias en la capital que antes formaban parte de esa clase media y que ahora se las ven y se las desean para llegar a fin de mes. Otra cosa es que esas familias vivan en una zona u otra de la ciudad. La solidaridad es un bien que hay que proteger, sin duda, pero no puede ir en contra del día a día de los cordobeses. Los socios plantean un proyecto en el que va a lo fácil, subir los impuestos para recuperar ingresos y de este modo afrontar las necesidades de personal que padece y cubrir la recuperación de pagas que los funcionarios perdieron y que el Gobierno ha decidido ahora reponer. Todo esto es muy loable, pero no debe olvidarse que hay otra parte de la ciudad que no recibe estos beneficios y no puede cargar sobre sus espaldas más esfuerzos.

Al tiempo, el cogobierno cae en los errores de todos sus antecesores y plantea un proyecto sin interlocución con los grupos de la oposición además de mediatizado por las exigencias de Ganemos Córdoba. Si la alcaldesa, Isabel Ambrosio, anunciaba nuevos tiempos, una ciudad más amable y una ciudad en la que el diálogo y la comprensión fueran las notas dominantes no parece que este proyecto de ordenanzas sea precisamente así. Salvo que pensemos, no sin algo de mala leche, que el pacto lo que hace es enseñar la patita de lo que puede venir en el futuro y pueda ser cierto eso de que PSOE e IU van a gobernar para favorecer a sus votantes más que al global de la ciudadanía. Y ese sería un mal comienzo para arrancar cuatro años en los que el diálogo no es que sea una necesidad; es una obligación marcada por los cordobeses en las urnas.

Mujica para no iniciados

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 20 de septiembre de 2015 a las 9:19

Expone Jaime Miquel en su libro La perestroika de Felipe VI que los nuevos votantes -los nacidos a partir del ocaso de Franco- han roto todos los lazos con la clase política actual por diversos motivos. Entre estos, destacan por encima de los demás la corrupción institucionalizada en el seno de las formaciones políticas, su doble moral a la hora de taparse las vergüenzas unos a otros y su falta de honestidad a la hora de actuar. Es decir, eso que se ha dado en llamar la conversión de los partidos en una casta. No debe equivocarse demasiado el sociólogo a la vista de cómo está el patio electoral, con unas fuerzas tradicionales que cotizan muy a la baja y unos partidos emergentes que ganan terreno a medida que pasan los días.

Con esto en la cabeza tuve el placer de asistir el jueves a una hora de conversación con el expresidente uruguayo José Mujica. Hombre pausado dados sus ochenta años y cadencioso en el habla como buen habitante del Cono Sur. Silencioso por momentos ante las preguntas de la concurrencia. Humilde, alejado del divismo y con cierto aire de acabar de bajarse del tractor hace apenas diez minutos. Durante sesenta minutos, disfruté como un enano de las palabras de un hombre que fue revolucionario antes que presidente y que en la senectud utiliza el verbo como arma de guerra. De lo allí expuesto me quedo con su afirmación de que en la política hay que ser honesto y de que las revoluciones comienzan por uno mismo. No podemos cambiar el mundo si no empezamos a hacerlo desde nuestro propio yo. Sencillo, simple diría, pero de una profundidad conmovedora. Si no fuera político y le dijeran a usted que viene de África poco se diferenciaría su mensaje del que pudiera dar, por ejemplo, nuestro obispo Aguirre desde Bangassou.

Tras escuchar lo expresado asisto el viernes a la cabalgata de cargos públicos que acudieron en manada a la ponencia oficial de Mujica. Atildados, con sus mejores galas, recién duchaditos, allí que fueron pasando cuantos pudieron para asistir desde las primeras filas a la homilía del expresidente. Estaban felices y salieron henchidos de gozo a juzgar por lo que muchos de ellos nos han regalado en sus muros de Facebook durante este fin de semana. Honestidad, ejemplo, autoridad moral, inspiración… han sido términos que he leído en muros de muy diverso pelaje ideológico. Del PSOE al PP, pasando por IU y los independientes. Viva Mujica, se podría decir como resumen.

Y resulta que a uno, que tiene bastante de descreído y algo más de sieso cuando se pone, le crispan hasta el extremo todos estos mensajitos. Líbreme Dios -con perdón del cogobierno- de ejercer de justiciero, pero permítaseme poner en duda tanta bondad. Permítaseme abominar de quienes hablan de esa refundación política mientras siguen peleándose a muerte en el reparto de sillones o dudar de esa pretendida bonhomía cuando se airean basuras cada vez que se puede. Preguntarme, a la postre, cómo se pueden decir semejantes cosas cuando se practica justamente lo contrario. Porque tiene razón Miquel cuando habla de los motivos de la ruptura que vive este país. Tanta como Mujica cuando reclama honestidad en la política. Y yo que miro y no veo (casi) nada de eso.