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Que alguien pare a Gomendio

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 15 de junio de 2014 a las 8:39

La educación es uno de los elementos más castigados en la historia de este país. De la época de los golpes en la mano del alumno con la regla hemos pasado ahora al insulto al docente por parte de los padres. Del la letra con sangre entra hemos pasado a nada de letra no vayamos a hacernos sangre. De los libros llenos de texto en los que encontrar una imagen era una machada hemos pasado a los libros llenos de imágenes en los que encontrar un párrafo de cuatro líneas es prácticamente imposible. Del esfuerzo y el hincar los codos para aprobar hemos pasado a la comprensión con el suspenso. Tan comprensivos somos que la Junta anda ahora planteando nuevas trabas para que los profesores no puedan suspender a los alumnos. Perfecto, lleguemos a la excelencia por la incomparecencia (intelectual).

No se cuantas leyes en 35 años de democracia han terminado de torpedear el sistema, han acabado con la figura del maestro, han llenado las aulas de profesores que los son porque sólo pedían un cinco para entrar en la facultad y los pasillos de padres de alumnos permisivos con sus hijos y amenazantes con los profesores. Triste panorama.

Ahora le llega el turno a las becas. La secretaria de Estado de Educación, Montserrat Gomendio, dejó caer el viernes que el Gobierno estudia cambiar el sistema y convertir la becas en unos préstamos sin intereses al estilo británico. Acojonante (con perdón). Estoy de acuerdo en que en esto de las becas hay muchas trampas, que hay quien disfruta de una ayuda pública al estudio al tiempo que en su casa no faltan dos coches, dos plasmas y unas buenas vacaciones de verano. Comparto la teoría de que para recibir y repetir la beca hay que exigirle al alumno, como mínimo, que apruebe las asignaturas a las que se ha presentado. Si no todas, sí un porcentaje elevado, que no está la cosa para andar regalando dinero de nuestros impuestos a quien lo que mejor hace en la facultad es trajinar Cruzcampo en el bar. Hay que ser serios, rigurosos y exigentes con el alumno. Tanto como lo será la vida misma con el egresado una vez que caiga en las fauces del mercado laboral.

Ahora, de ahí a que las becas se conviertan en préstamos va un mundo. La educación es un derecho universal, un derecho humano al que debemos tener acceso todos los seres que habitamos este planeta. Todos por igual, sin distinciones de clase ni de cuna. Por ello pretender que quien obtiene una beca tenga que devolver el dinero cuando se incorpore al mercado laboral es obsceno y tremendamente injusto. Si uno accede a una ayuda por su currículum, sus ganas, su motivación y, sobre todo, porque de otro modo no podría estudiar, es indigno hacérselo pagar después. Es indigno y demuestra un escaso apego a la realidad entre quienes eso proponen. Contener el sumidero en el que en ocasiones se convierte la educación es una obligación del Estado, de los alumnos y de sus padres. Eso se hace aplicando criterios de calidad, excelencia y adecuación de la enseñanza al mundo real. Pretender hacerlo a través de la cuenta corriente debería ser delito de lesa humanidad. Esperemos que alguien pare a Gomendio.

Las dos caras de Wert

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 15 de julio de 2012 a las 10:00

He de reconocer que el ministro de Educación y Cultura, José Ignacio Wert, me tiene absolutamente cautivado. Proviniendo como proviene del mundo de los medios y precedido de cierta pátina de ser el menos liberal de sus compañeros de Gobierno, el otrora tertuliano se ha destapado como la voz con menos pelos en la lengua del Ejecutivo de Rajoy, el azote de los malos estudiantes o el enemigo número uno de los profesores universitarios. Pese a su trayectoria profesional y vital, Wert ha demostrado que eso de decir lo que conviene en cada momento no va con él y que si es necesario le saca los colores en público a quien sea con tal de defender sus postulados.

Como digo, el ministro me tiene cautivado. Comparto con él que es más que necesaria una reforma del sistema educativo que realmente forme a hombres y mujeres del mañana y no permita aprobados y pasadas de mano en las evaluaciones. Creo también que el maestro tiene que ser maestro, que se le debe respetar, que no es el responsable único de la educación de nuestros hijos ni el culpable de sus suspensos. Estoy de acuerdo en que a muchos catedráticos y profesores titulares de Universidad no les vendría mal recuperar el olor a la tiza de la clase y recordar que la docencia es la pieza clave de su trabajo. De paso, si se recuperase el concepto de universitas en detrimento de la endogamia y el amiguismo, seguro que saldríamos ganando todos. Creo que el sistema de becas es muy mejorable, que hay que primar al que se esfuerza y saca mejores calificaciones y que hay que evitar abusos como los que se han visto en los último tiempos. (Sé de quien se compró una moto con el importe de la ayuda). Lo mismo pasa con las tasas.

Hasta aquí comparto lo que dice el ministro. Sin embargo, hay varias cosas que no comparto. La primera de todas ellas es esa displicencia con la que se expresa el titular de Educación. Viniendo de donde viene, llama poderosamente la atención su falta de empatía al comunicar, rayana en la soberbia en muchas ocasiones. No comparto tampoco que la reforma de las becas y tasas pueda acabar machacando a quien menos tiene. Tampoco creo que la ‘fuga de cerebros’ no sea “un fenómeno negativo” (sic), sino que más bien considero que exportar talento y creatividad sólo contribuye a empobrecer a un país. Es cierto que hay que fomentar la FP, pero tampoco pasemos ahora de la titulitis pasada a la apuesta en exclusiva por formar mano de obra para las fábricas de los demás.

Así es Wert, un ministro con dos caras. Defensor del mérito y la capacidad como máxima para el éxito personal y del país. Bonita lucha si se la planteara también a muchos de los que comparten poder con él. De un lado y de otro.