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Susana se lo juega todo

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 25 de enero de 2015 a las 8:39

Por si alguien tenía alguna duda, Susana Díaz ha demostrado esta semana quién es la que manda aquí. En Andalucía y en el PSOE nacional. La presidenta de la Junta, salvo que ocurra algo muy, pero que muy raro, lanzará mañana su campaña de ascenso a las alturas de la política con la convocatoria anticipada de las elecciones andaluzas. Díaz se ha cansado de esperar y ha visto la ocasión de culminar su estrategia tras unas Navidades en las que da la impresión que se ha dedicado a reflexionar, estudiar encuestas y trazar su plan de ruta. Ha llegado la hora de actuar, parece haberse dicho, y tirando de unas excusas más bien prefabricadas ha decidido darle la patada a sus socios de Gobierno en busca de una victoria que la consolide.

susanaLo cierto es que hay que reconocerle a la presidenta que en esto de la política se mueve bien. Mañana firmará un decreto que coge absolutamente en fuera de juego a todos sus rivales, obligados ahora a correr y modificar sus planes. Por un lado, Podemos, el gran temor de Díaz, tendrá que acelerar su proceso de elección de lideresa y candidata para que la gaditana Teresa Rodríguez se lance al ruedo electoral con algo de tiempo. Al tiempo, las secciones locales de la nueva formación tendrán que afrontar su primer envite serio conel diseño de listas cuando aún están frescos ciertos enfrentamientos a al elegir a sus cuadros de mando locales. Al PP, la convocatoria lo pilla con un líder que no termina de conectar y le va a obligar a confeccionar unas listas que no estaban ni pensadas y para las que hay que buscar nuevos reclamos. Y, finalmente, a IU esta llamada a las urnas la va a llevar al culmen de su bipolaridad. La coalición deberá mandar un mensaje de alejamiento de sus socios de Gobierno que le pueda servir para frenar la sangría hacia Podemos, mientras que, por otra parte, tendrá que tirar de sus logros en ese mismo Gobierno roto para reivindicar su labor de gestión. Un lío más para un partido ya de por sí bastante enmarañado.

Pero no solo convoca Susana para hacerse con el poder en Andalucía y marcar su territorio en un Gobierno con menos ataduras. La líder socialista quiere, por un lado, salvarse de la quema de unas municipales que no le pintan nada bien a su partido, bastante ausente de la vida municipal en este mandato. Díaz sabe que su cartel tiene mucho tirón y le puede dar la victoria, pero no quiere arriesgarse a que una convocatoria conjunta con las locales le pueda jugar en contra. Que los experimentos se hacen con gaseosa.

Por otro lado, la presidenta andaluza ha puesto ya definitivamente el ojo en Madrid, donde es recibida cada vez que va con alfombras rojas (y no solo por sus compañeros de partido) y se la ve como la única salida para salvar a un socialismo en el que Pedro Sánchez parece tener las horas tan contadas que hasta Zapatero se le ha revelado. (Triste que te mate el llamado bambi).

Susana Díaz apuesta fuerte y se juega el todo por el todo convocando el 22 de marzo con tan poco plazo. Si le sale bien, tendrá el camino expedito para llegar algún día a La Moncloa. Como pinche en hueso, su carrera habrá acabado a la misma fulgurante velocidad a la que despegó.

Un debate de mentira

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 18 de enero de 2015 a las 8:33

Creo que lo he dicho mil veces, pero a riesgo de repetirme volveré a insistir aquí en que me parece que el debate sobre la titularidad de la Mezquita carece de base y la intención de quitarle la gestión al Cabildo es absurda en el año del récord de visitantes. También he reiterado que tampoco es lógica y se cae por su propio peso la renuncia al pasado musulmán, árabe o islámico –a gusto del consumidor– que ha planteado la Iglesia en los últimos años del que es el principal emblema de la ciudad. Nada de lo dicho hasta aquí es nuevo y, ciertamente, comienza a aburrirme tener que andar reiterando lo dicho una y otra vez. Sin embargo, esta semana han ocurrido varias cosas que obligan a volver al tema.

En primer lugar está la cuestión del reconocimiento que las administraciones han venido realizando sobre el edificio por mucho que a Susana Díaz le haya entrado la perra con que la Mezquita ha de ser de todos. Durante esta semana, el Día ha venido demostrando documentalmente que tanto el Gobierno andaluz como la coalición IU y PSOE en su época en Capitulares jamás le pusieron pegas a la Iglesia por ser la titular del monumento y así reza en no pocos informes fechados en años tan dispares como 1991, 2005, 2007 o 2010. Esa es la verdad y debe quedar clara. A la presidenta andaluza alguien debería decirle que sus antecesores jamás pusieron reparos e, incluso, firmaron unos cuantos convenios reconociendo expresamente dicha propiedad. Es más, a la presidenta andaluza habría que decirle que si tan convencida está de que la Mezquita-Catedral debe ser pública, bien podría hacer lo mismo con la Catedral de Sevilla, que me da a mi que no es propiedad de la asociación de pescadores de Cuenca. Claro, eso sí, que igual si a la que más manda se le ocurre decir estas cosas en su patria chica le pasa lo mismo que a la secretaria general de Podemos de esas tierras y se le echa encima hasta el apuntador. No olvidemos que Díaz es cofrade declarada y tiene pasado de catequista y en Sevilla jugar con estas cosas no está bien visto. Vamos que no hay…

En segundo lugar, tampoco estaría de más que alguien aclarase qué es lo que quiere la Junta, que en función de quien hable aboga por la titularidad pública con gestión eclesial, por la titularidad eclesial con gestión compartida o vaya usted a saber qué. Si el consejero de Turismo, Rafael Rodríguez, hombre por otra parte sensato, dice una cosa, al día siguiente llega su jefa y dice lo contrario con lo que lo deja a los pies de los caballos. A estas alturas uno ya no sabe qué creer y comienza a pensar que es verdad eso de que los socios de Gobierno en Sevilla se llevan regular.

Y, por último, todo ello adobado con explicaciones como la de Marisantos Córdoba, a la que la refriega ha cogido sin los deberes hechos y que dice que la Junta no sabía que el edificio estaba sin inmatricular cuando firmaba los convenios. Como si eso fuera cierto y tuviera algo que ver con esta movida. Vamos hombre.

Y en medio de todo esto la que sigue perdiendo como siempre es Córdoba. Otra vez moneda de cambio para debates carentes de interés y que no hacen más que restarle el protagonismo que merece. Qué pena.

Cinco meses para todos

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 4 de enero de 2015 a las 13:24

24 de mayo. Esta es la fecha que está subrayada en rojo en absolutamente todas las mesas de los que mandan en los partidos. Ese día se verá hasta dónde va a mudar este país si la pulsión de cambio que ha marcado el final de 2014 se mantiene vigente. Las elecciones municipales de ese día, y autonómicas en las comunidades no históricas, escenificarán hasta qué punto el bipartidismo que ha venido gobernando este país desde la Transición está tocado de muerte o si, por el contrario, no padece más que un resfriado que se curará dando con el tratamiento preciso. Pero hasta que la noche de ese 24 de mayo las urnas hagan publico su escrutinio aún quedan muchos meses en los que el pánico que preside ahora mismo las salas de máquinas de los grandes partidos será el gran protagonista.

PP y PSOE asisten con honda preocupación a su descrédito público y buscan la manera de plantarle cara y reinventarse sin tener que tocar sus esencias. Ahí radica principalmente su problema, en que aún no se han enterado de que ni su forma tradicional de hacer política ni el modo de comunicarse con sus potenciales electores sirven ya para nada. Si Rajoy lo fía todo a ala mejora económica y a la llamada del voto del miedo va tan apañado como Pedro Sánchez y sus shows comunicativos y descuelgues televisivos. El mensaje claro de los ciudadanos hacia el llamado bipartito es que hay que cambiar formas, fondos y, sobre todo, rostros. Ahí reside la exigencia, no en los grandes discursos ni en los ventiladores cargados de mierda. Acuerdos contra la corrupción, limpieza de los partidos y meritocracia son exigencias que no pueden posponerse más.

La siempre zozobrante Izquierda Unida no lo tiene más fácil, pues ha de formatear su discurso sin perder el respaldo de quienes le han sido fieles en las travesías del desierto y ser capaz de articular una oferta que atraiga a esa ingente masa de descontentos que busca alguna solución en la izquierda. Igual andan en UPyD, temerosos de ver si el efecto Rosa Díez tiene fecha de caducidad víctima de su cesarismo y sus cuitas internas. En Ciudadanos, sin embargo, la cosa va por otro lado y el efecto Albert Rivera podría ser un elemento de sorpresa importante en algún que otro lugar.

Y luego está Podemos, verdaderos protagonistas del año y auténticos aspirantes a todo a pesar de que, en principio, no van a concurrir con sus propias siglas a los comicios. Inteligente medida para no caer a las primeras de cambio. Los chicos de Pablo Iglesias tienen ante sí meses en los que deben hacerse mayores, demostrar que detrás de sus camisas de cuadros hay la posibilidad de articular un proyecto político serio, con medidas capaces y un programa que vaya más allá del panfleto, la crítica al establishment y los guiños populistas. Si lo consiguen se convertirán sin duda en la gran alternativa de poder en España, pero si fracasan, Pablo Iglesias y los suyos serán los culpables de que el desafecto ciudadano sea aún mayor.

Y todo esto hay que verlo en solo cinco meses. Promete la cosa.

Aterriza como puedas

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 21 de diciembre de 2014 a las 8:11

Si no fuera porque es algo serio, el informe del Tribunal de Cuentas de la Unión Europea la gestión política de la ampliación del aeropuerto de Córdoba sería para troncharse. Ni en el mejor guión de Woody Allen o de los Hermanos Marx podría encontrarse mejor ejemplo de despilfarro, ataque a los fondos públicos y desprecio a la realidad que en este faraónico proyecto puesto en marcha hace ya no se sabe ni cuanto tiempo y que a día de hoy lo único que ofrece es una pista un poco más grande, con menos personal para cuidarla, un horario más restringido y una inexistente torre de control. Vienen a la memoria ahora aquellas ruedas d prensa en las que se decía que poco menos que Córdoba iba a ser la nueva Meca del turismo gracias a sus nuevas instalaciones. Eran tiempos en los que la bonanza y ese complejo de nuevo rico en el que nos instalamos nos hacían hablar de los euros por decenas de millones, porque todo lo que fuera de menor cuantía era algo cutre e impropio de nuestra categoría. Fueron los tiempos megalomaníacos de Rosa Aguilar y sus socios del PSOE –fueron tantos y tan variados que poner todos los nombres sería excesivo–. Fue la época en la que íbamos a tener un aeropuerto mejor en poniente, un Palacio del Sur en Miraflores y un Recinto Ferial en Levante. (Y dos huevos duros, que dirían los geniales Marx).

Luego la realidad, tozuda e insolidaria como siempre, se impuso al onirismo y poco a poco fuimos perdiendo el oído ante los cantos de sirena. La lluvia nos echó por tierra –o más bien todo lo contrario– el proyecto aeroportuario, que quedó en entredicho cuando se inundó la pista y hubo que gastarse unos milloncejos en poner un dique. Las expropiaciones de chalés ilegales a precio de mercado hicieron las delicias de sus propietarios –que hasta se atrevieron a quejarse antes de ver los cheques– y sumieron en la pobreza el bolsillo público. El fin del boom inmobiliario hizo el resto y , hoy por hoy, esa espléndida nueva terminal que nos vendieron sigue siendo una maqueta –sigo con mi idea de hacer un museo de maquetas en esta ciudad–, la nueva torre de control se sitúa en Sevilla y ni siquiera el cable de alta tensión que amenaza los vuelos ha sido aún soterrado. Qué despropósito.

Ha tenido que ser Bruselas, esa tía vieja y fea que siempre viene a reñirnos, la que ponga los puntos sobre la íes y nos explique que lo del aeropuerto no hay por donde cogerlo. Que cómo se va a ampliar un aeródromo teniendo los de Sevilla y Málaga al lado, teniendo Madrid a tiro de piedra con el AVE y, sobre todo, sin haber hecho ni un sólo estudio de impacto y necesidad de la infraestructura. En lenguaje políticamente correcto y muy profesional, lo que nos han dicho desde Bruselas es que aquí se ha hecho una chapuza de padre y muy señor mío. Ahora vienen unos y otros a ponerse parches. El PP a decir que nunca creyó en el proyecto –aunque su idea privada no dejaba de ser otro sin sentido– y tanto IU como PSOE a ponerse de lado y culpar a los de ahora de no traer vuelos. Quizás Nieto tenía que haber llamado de nuevo a Flysur para reflotar esto. Que aquella aventura sí que fue rentable. Tiene telita la cosa.

Rajoy el triste

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 14 de diciembre de 2014 a las 12:14

“En muchos aspectos la crisis ya es historia. (…) La recuperación se vive en los mostradores de los pequeños negocios, en los pedidos de los proveedores, en las barras de las cafeterías, en las mesas de los restaurantes, en las nóminas de muchos españoles y en el interior de sus hogares. (…) Estas serán las primeras navidades de la recuperación”. Esto dijo Mariano Rajoy el jueves ante un aforo de empresarios. El presidente del Gobierno, con esa tendencia que tiene a convertir en plomizo y aburrido todo discurso que pronuncia, dio por finiquitado este desastre y auguró un futuro de esperanza, sol y buen tiempo. Sin pestañear, sin inmutarse, el gallego que manda en La Moncloa transmitió sus buenas sensaciones con la misma falta de sintonía con la humanidad con la que transmitía las malas. Estuvo lejos de la vehemencia de Zapatero al anunciar los brotes verdes o de ese tono catecumenal de nuestra Susana cuando quiere explicar que todos los males de Andalucía se gestan Despeñaperros arriba. Así es Rajoy, triste y aburrido como el orballo de su tierra. Dicen las malas lenguas que hubo una vez que sonrió; yo no me lo creo mucho.

Rajoy ha dicho que la crisis se ha terminado y al escuchar esto uno se pregunta en qué tipo de realidad vive este hombre. Es cierto que hay pequeños síntomas de que la cosa va un poquito mejor, igual que parece que en estas fiestas vamos a soltar algo más la cartera que en años anteriores. Pero decir que la crisis se ha terminado con casi cinco millones de parados en el Inem, con la inflación en negativo, con los sueldos –quien los haya conservado– tiritando por los ajustes empresariales y con decenas de miles de personas dependiendo de la solidaridad de los demás en estos fríos días, me parece una obscenidad. El presidente del Gobierno debería tener presente que cuando manda sus mensajes no lo hace sólo a los miembros del Íbex 35 o a los grandes gurús bursátiles, sino que hay 45 millones de españolitos de a pie que andan pendientes de saber lo que dice. Y lo que dijo, al ciudadano medio, a la familia trabajadora, al que vive de las peonadas del campo o al que vende pañuelos en los semáforos, se le antoja muy lejano.

El Gobierno de Rajoy se ha caracterizado estos tres años por su distancia de la realidad. O, mejor dicho, por su frialdad a la hora de afrontar la dureza de la crisis. A un presidente del Gobierno se le exige, además de que haga bien las cosas –y algunas se han hecho bien para que haya indicadores en positivos ahora–, que sea capaz de conectar con el estado de ánimo de sus conciudadanos. Hay que hacer posible que quienes padecen los recortes, el paro o las rebajas salariales se sientan mínimamente arropados por quienes están llamados a sacarlos del hoyo. Y eso no ha pasado ni con Rajoy ni con ninguno de los suyos. Más bien al contrario, más de un ministro ha dado muestras de una frialdad casi despreciativa cuando se le preguntaba por la situación y las perspectivas de futuro. No es que haya que ir de optimistas patológicos, que para eso ya tuvimos a ZP, pero sí que hay que exigir algo de empatía. Que el jueves parecía Rajoy el mismo Carlos Arias Navarro cuando dijo aquello de “españoles, Franco ha muerto”. No me sea más triste presidente. Que sonreír es gratis.

Vender Córdoba

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 7 de diciembre de 2014 a las 8:20

Pasee usted hoy por Córdoba. Transite por la Judería y dese un salto al Patio de los Naranjos. Busque un lugar en el que comer en el entorno de la Ribera. Siéntese en una terraza a disfrutar del sol y del frío prenavideño. Cuando lo haga, mire a su alrededor con atención, escuche los sonidos de la calle, preste atención a las conversaciones de los cientos de turistas que se agolparán para entrar en la Mezquita, para comer una tortilla en el Santos, para conocer los jardines del Alcázar o para perderse callejeando en busca de la Sinagoga. Disfrute del momento, de esas personas de fuera que alaban esta ciudad, que destacan la limpieza del Casco Histórico, que se maravillan ante el ingente patrimonio que desborda sus miradas. Y créaselo. Hablan de Córdoba. Sí, de esta ciudad. Estarán a buen seguro estupefactos ante la contemplación de una urbe que es mucho más de lo que les habían contado cuando prepararon el viaje. Esa es Córdoba, una ciudad que nunca deja de sorprender, que maravilla a los visitantes y que camina hacia un récord histórico de turistas que cuando vuelven a sus casas ejercen de pregoneros de esta villa. Lo dicho, disfrute de sus palabras, que ya llegará el martes. Porque cuando llegue el martes, quienes deben ejercer de mensajeros de nuestras excelencias volverán a salir a la palestra a pelearse por un sillón, una palabra o una foto. Así de claro, así de duro y así de descarnado.

Así lo dejaron de manifiesto el pasado jueves unos pocos empresarios dedicados a vender esta ciudad allende nuestras fronteras en un acto que –perdón por la inmodestia– organizó este periódico en la Diputación. Allí, los profesionales que se dedican a traer personas a esta ciudad, a llenar los hoteles, las tabernas, los restaurantes y los monumentos, volvieron a clamar en el desierto en busca de un acuerdo; de la unidad necesaria para hacer las cosas bien; de un plan estratégico que tenga menos de plan y más de estratégico; de una reunión de intereses en la que todos salgamos ganando; del fin del yoísmo imperante para que triunfe el nosotros; de la introducción de un lenguaje de diálogo y cooperación entre las administraciones y los agentes sociales, de la implementación, en definitiva, de un sistema que nos sirva a todos y del que todos salgamos ganando.

Porque Córdoba debe vender su marca. Estamos ante un momento clave, cargados de infraestructuras, explotadas y por explotar, que nos pueden situar en el mapa de una economía, la de los congresos, que no tiene más que ventajas y cuyo sonido suena a caja registradora. Organizadores de congresos, profesionales de la joyería, la Universidad, el periodismo, empresarios de todo tipo y condición reclaman a gritos el fin de este ruido insoportable que hace que nos perdamos en la lucha por sillones apolillados mientras dejamos pasar los barcos del oro camino de otras ciudades. Gentes de todo tipo que reclaman a los políticos que se sienten y tracen un plan para esta ciudad; un plan duradero que supere los vaivenes electorales, un plan de traiga pan y trabajo a una Córdoba devastada por el paro. Y si luego alguien quiere hacerse una foto que se la pida a un turista. Pero que no joda más.

IU, ante su encrucijada

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 11 de noviembre de 2014 a las 11:23

La crisis se ceba con Izquierda Unida. La otrora todopoderosa formación que gobernó Córdoba durante lustros de la mano de Julio Anguita, Herminio Trigo, Manuel Pérez, Rosa Aguilar y Andrés Ocaña sufre ahora una especie de destierro en la ciudad del Califato Rojo. El fiasco de las municipales de 2011, colofón a un mandato municipal desastroso en el que a la salida de Rosa Aguilar camino del PSOE se sumó la incapacidad de Andrés Ocaña para reorientar el rumbo de un equipo heredado, ha puesto a la coalición de izquierdas en el peor momento de su historia en Córdoba. Una situación en la que su propia supervivencia como fuerza política independiente en la cartelería de las próximas municipales aparece ahora rodeada de dudas y sombras. El colofón a una historia que venía fraguándose desde hace muchos.

Y es que la bofetada recibida el domingo en la asamblea de Ganemos Córdoba está a punto de dar con la coalición en la lona. Una abrumadora mayoría (352-175), decidió que la nueva formación política surgida al albur de la crisis, los movimientos sociales y el hartazgo ciudadano concurrirá a las urnas del 24 de mayo de 2015 constituida como agrupación de electores, es decir sin siglas de nadie en su interior y convertida en una reunión de independientes unidos por un programa común. La decisión supone un durísimo varapalo a IU, que debe decidir ahora si está dispuesta a enterrar las siglas con las que mandó en Córdoba durante décadas para diluirse en una amalgama en la que está (casi) todo por decidir. Las fuentes consultadas por el Día señalan que aún es pronto para saber cuál será la postura de la coalición y dejan para mañana, cuando se reunirá el consejo andaluz de la formación en Sevilla, una primera toma de postura oficial sobre lo acontecido el domingo. Lo cierto es que no había más que ver el rostro del coordinador provincial y candidato a la Alcaldía, Pedro García, para entender la magnitud de su derrota. Igual que bastaba observar las sonrisas de algunos de los impulsores de Ganemos Córdoba para comprender cuán dulce era su victoria.

GANEMOS CORDOBAIzquierda Unida está ante la encrucijada de aclarar qué quiere hacer en adelante, una decisión en la que hay mucho que leer. Por un lado, su disolución dentro de Ganemos le supondría una pérdida de representación en la Diputación al no poder sumar sus votos con los obtenidos en otros lugares de la provincia. De la mano iría una disminución de ingresos para una organización que necesita captar fondos si quiere mantener su estructura actual. Y, por último, un pérdida de influencia considerable. Si los resultados de la asambleas del domingo pueden servir de banco de pruebas, en unas hipotéticas primarias abiertas IU tendría muy difícil situar a sus candidatos en los puestos de salida. Antes de ayer, los votos obtenidos por la agrupación de electores fueron el doble de los logrados por la coalición que auspiciaban desde Ambrosio de Morales, toda una declaración de que hay muchos que no quieren ligar el futuro de esta nueva experiencia política con nada que se asemeje al pasado.

Existe otra clave que puede explicar la caída en desgracia de IU en su propia casa: el hastío de su votante tradicional con la formación. Ya desde hace años, la forma de Rosa Aguilar de conducirse desde Capitulares comenzó a provocar una sangría continuada de militantes y cargos medios hacia el exterior. Ese distanciamiento, que acabó con la exregidora en el PSOE, no ha sido corregido por las nuevas cabezas visibles del partido, que, paradójicamente, cuenta entre sus principales activos en Andalucía con dos cordobeses: el coordinador regional Antonio Maíllo y la consejera de Fomento, Elena Cortés. Los vaivenes en la dirección provincial y local, las purgas internas o los enfrentamientos entre la ortodoxia del PCA y visiones más aperturistas han provocado un éxodo que parece cristalizar en Ganemos Córdoba. A modo de ejemplo, el domingo se vio en la asamblea a exconcejales de la época gloriosa de la coalición como Paco Paños, Paco Muñoz o María José Moruno o a antiguos militantes destacados como Ángel B. Gómez Puerto y Pedro Antúnez.

Y luego están Podemos y Julio Anguita. El partido de Pablo Iglesias se ha hecho con la calle en la ciudad y desde la propia coalición admiten que la del domingo fue una lección de movilización en toda regla. Tras decidir el jueves pasado que apoyarían la agrupación de lectores, los seguidores del partido morado llamaron a una movilización masiva para la asamblea del domingo y tal fue su capacidad que arrasaron a las siempre bien dispuestas huestes de IU. Anguita, por su parte, hirió de muerte a la formación que dio a luz al anunciar desde su Frente Cívico el apoyo a la agrupación de electores, con lo que eso supone de capacidad de arrastre.

Con estos mimbres debe jugar ahora una Izquierda Unida que desde Madrid y Sevilla aboga por mezclarse con la sociedad, pero que a pie de campo afronta una profunda crisis. Los resultados del domingo deben leerse como un durísimo golpe a su dirección cordobesa, pero también es cierto que ésta es coherente al mantener su deseo de persistir como marca política consciente de que cualquier otra decisión supondría su disolución y, prácticamente, su desaparición de la escena política. El consejo andaluz de Sevilla marcará las pautas a seguir y durante esta semana o, a lo sumo, principios de la próxima la formación deberá exponer sus conclusiones en la ciudad. Seguir siendo Izquierda Unida o entregar la memoria histórica de la coalición a nuevas formaciones en ascenso en las que, salvo el despecho, hartazgo y cabreo social, poco más se conoce. Difícil decisión.

Limpieza de sangre

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 9 de noviembre de 2014 a las 12:00

Lo confirmó el CIS el miércoles, Podemos es hoy en día la primera fuerza en atracción de electores y nuevos votantes. Su ascenso es de  tal magnitud que incluso en el propio partido morado comienzan a lanzar mensajes de que hay que tomarse las cosas con calma no se vaya a morir de éxito. Los chicos de Pablo Iglesias son conscientes de que mucha de la grey que les sigue lo hace más por desafecto y cabreo con los partidos tradicionales que porque suscriba al 100% su programa electoral. Señal de alarma, cuidado, corremos el riesgo de pasarnos de frenada y eso tampoco es bueno. Sigamos como hasta ahora, seamos martillo de herejes, voz de los sin nada y portavoces de la utopía, pero no nos vengamos arriba que eso no lleva a ninguna parte. No cometamos el pecado de casta y comencemos a elaborar un programa de verdad, con sus propuestas y sus cositas bien puestas.

Mientras, en la acera de enfrente PP y PSOE tiemblan de nervios. Los populares no ganan para sustos, su cacareada recuperación no llega al pie de la calle y la imagen de sus líderes se arrastra por el fango. En el Gobierno sólo existe superSoraya, el gallego sigue en gallego y los demás miran hacia abajo esperando que no se les pare una nube encima y tengan que explicar nada. Según la cocina de las encuestas siguen siendo los primeros, pero la sensación de zozobra, miedo y desnorte va alcanzando cotas estratosféricas. Nadie sabe qué decir ni cómo actuar y, por ahora, lo único que parece que ha parido Arriola es que todos se dediquen a pedir perdón compulsivamente e cuantos actos y discursos se les ofrezcan. La contricción, segunda parte del pecado, cotiza al alza. Para todos menos para Monago, al que parece que sus picores le pueden costar caros.

En el PSOE anda la cosa movida. La que manda, Susana, advierte a quienes fueron sus mentores de que tendrán que coger las maletas si el Supremo les mete mano por los ERE. Se revuelve el socialismo histórico, pero la chica de Triana atiene claro que si quiere llegar a mayor en esto debe plantarse en sus reales. Susana sueña con la Moncloa y en Madrid, en los círculos del Poder –no confundir con los violetas- la ven con más que buenos ojos. El chico que dicen que manda, el joven Pedro, anda a la carrera tratando de ganarse el puesto recorriendo España. Pero le falta rotundidad, le falta claridad, le falta, en definitiva, experiencia. Que corra que le va el reloj en contra.

De los pequeños no hablamos, el terremoto se los ha llevado por delante víctimas de sus indecisiones, sus cesarismo y sus luchas cainitas.

La Podemitis se ha adueñado de España, si Torquemada reviviera seria feliz en esta especie de carrera de limpieza de sangre en la que andamos metidos. Como si fuese algo recién inventado, la decencia, la vergüenza y la honradez se han puesto de moda entre quienes ni la quisieron, ni la practicaron, ni la consideraron. Ahora toca ser castellano viejo. Pero andémonos con ojo, que la obsesión inquisitorial ya nos costó un imperio. No vaya a ser que el miedo a la coleta nos cueste un Estado.

El ojo ajeno

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 2 de noviembre de 2014 a las 8:31

Si no fallan las previsiones, la encuesta que hará publica mañana el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) situará a Podemos como primera fuerza política en intención de voto directo. El partido de Pablo Iglesias galopa sin freno hacia un espectacular resultado electoral aupado por la crisis, el hartazgo de los ciudadanos y la incapacidad de los partidos tradicionales para plantarle cara. Con un mensaje que mezcla el populismo, la utopía y algunas ideas felices, el profesor madrileño se está metiendo en el bolsillo a una ciudadanía harta de lo que ve, cansada de asistir día sí, día también a un desfile de casos de corrupción que sonroja y desesperanzada porque la recuperación, por mucho que se empeñe en decir el Gobierno, no se nota a pie de calle. El caldo de cultivo ideal para que crezca Podemos.

Y frente a esto, ¿que hacen las fuerzas tradicionales? Nada. Bueno sí, lo de siempre, gritar a voz en cuello eso del “y tú más” y tentarse la ropa en un ataque de histeria que les tiene bloqueados. Como muestra basta ver la gestión de la escandalosa operación Púnica -habría que hacer doctor honores causa a quien pone los nombres de los operativos en la Guardia Civil- durante esta semana. Hemos asistido a un rosario de gruñidos, quejidos, lamentos y bufidos que retratan a la perfección a la clase política que padecemos en la actualidad. Ignorantes de lo que de verdad piensa la gente en la calle, nuestros políticos han vuelto a tirarse los trastos a la cabeza, han vuelto a condenar sin paliativos la corrupción ajena mientras olvidan la propia y han vuelto a abochornar a una población que no cree justo estar representada por tan lamentables aspirantes a prohombre.

Porque tanto el PP como el PSOE lo mejor que pueden hacer estos días es callarse, fustigarse en público, pedir perdón a todas horas y actuar con rapidez para evitar que volvamos a sufrir comportamientos como estos. Lo de la operación Púnica les coge a ambos, pues de ambos partidos han salido presos altos cargos. Es cierto que más del PP, pero el PSOE tiene a sus espaldas ya tantos corruptos que no debería alegrarse de los ajenos. Urge un pacto de limpieza, un acuerdo en el que se impliquen todos y en el que se busque el bien común por encima del particular. Como ocurrió cuando la sociedad obligó a pactar contra ETA, el clamor de la calle es tal que mucho están tardando estos chiquilicuatres en sentarse a acordar medidas contra los golfos y truhanes que pueblan muchos despachos de este país.

Pablo Iglesias, mientras, se frota las manos y disfruta de la campaña electoral gratuita que le están haciendo. Espera tranquilo a que los jueces sigan sacando basura de las moquetas y promete limpieza de sangre y ajuste de cuentas cuando llegue al poder. Entre tanto, PSOE y PP miran la paja en el ojo ajeno obviando la enorme viga que les tapa el propio. A lo mejor mañana el CIS les hace reflexionar. Falta hace porque de lo contrario cualquier día alguien les va parar por la calle y los va a despertar de su mentira de un buen sopapo. Y entonces no habrá ojo ajeno.

La burbuja cultural

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 5 de octubre de 2014 a las 9:20

Hace poco más de tres años Córdoba vivía inmersa en un entusiasmo cultural. El horizonte de la “segura” consecución de la Capitalidad Cultural Europea había sumido a la ciudad y a sus dirigentes en la euforia de la burbuja cultural. En una ciudad tan dada a descubrir la piedra filosofal cada cuatro días, el mundo cultureta campaba a sus anchas, se sucedían las propuestas y decenas de gestores culturales florecían como las setas ofreciendo proyectos de lo más variopinto y diverso. Era la hora de buscar la nueva vía de desarrollo de la ciudad: cultura y patrimonio eran el camino. Hablar entonces de turismo era casi anatema y uno corría el riesgo de ser excomulgado si ponía en duda la viabilidad de ese modelo de Córdoba. Hasta que llegó el chasco.

Esta semana, algo más de tres años y pico después de que el amigo Manfredo Gaulhoffer nos diera con la puerta en las narices, varios acontecimientos nos han demostrado que de aquella efervescencia apenas quedan rescoldos alrededor de una Cosmopoética víctima de los recortes –y eso que este año la cosa está bastante mejor– y de un resucitado proyecto de biblioteca central que, cual Lázaro evangélico, sorprendió a todos levantándose y andando desde su propia tumba. De lo demás, nada. Y a los hechos me remito.

El Gobierno central presentó sus presupuestos el martes sentenciando definitivamente a muerte al nuevo Bellas Artes y al Archivo Histórico y mofándose de quienes creen que verán la casa de los Páez reabierta como museo Arqueológico. La lectura es simple: si no hay pasta para carreteras cómo la va a haber para estos dispendios. ¿Habrase visto semejante osadía? Pedigüeños.

c4El mismo martes, la Junta abría el C4 –se seguirá llamando así por mucho que se empeñe Luciano– para que todo el que estuviera parado o de descanso pudiera visitarlo. El edificio es ciertamente espectacular y bonito por dentro (ahí hay que darle la enhorabuena a Nieto y Sobejano), pero es un auténtica lástima que vaya camino de un quinquenio de indecisión y pseudoabandono. Ahora, dice Cultura que en breve comenzará a arreglar los alrededores y sacará a concurso su dirección, pero a uno le asaltan millones de dudas cuando le cuentan que aquello será una especie de laboratorio multidisciplinar de creación. Y en museo de más de 30 millones, por cierto. Me lo expliquen por favor.

Y para terminar la semanita hoy los músicos de la Orquesta salen a la calle para pedirle a las administraciones que se mojen y pongan la pasta suficiente para mantenerla viva. No piden para dispendios, no, piden para garantizar sus nóminas y el pan de sus hijos. Las administraciones, mientras, callan. Nieto promete más dinero si la Junta –que calla– también se estira y Fuentes tercia enseñando sin abrir la cartera. Y mientras, Córdoba se encamina a perder una seña de identidad de ciudad ilustrada, culta, formada, crisol de occidente… Todas esas palabras con las que se llenan los vacuos discursos oficiales en los actos protocolarios.

Hubo un tiempo en el que se creyó en los proyectos culturales para esta ciudad. ¿Lo recuerdan? No fue hace tanto.