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Confianza, fidelidad, rebelión y ausencia

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 26 de marzo de 2012 a las 18:20

Apenas 24 horas después de que las urnas nos hayan dado una lección de humildad importante a periodistas, analistas, encuestadores y otras hierbas, emitir un análisis claro de los motivos de este fracaso predictivo en las elecciones del domingo se antoja misión casi imposible. Sin embargo, aun a riesgo de seguir cometiendo errores y partiendo de la base de que todo análisis a posteriori es mucho más sencillo, no está de más valorar determinados aspectos que pueden haber contribuido a que el ampliamente anunciado cambio de Gobierno en Andalucía se haya quedado en pírrica victoria popular.

En primer lugar hay que hablar de la confianza. La que el PP de Javier Arenas ha tenido en exceso y le ha llevado a esta amarga victoria. El talón de Aquiles popular en estos comicios ha sido la falta de movilización de su gente, con unos 160.000 votos menos que en 2008, debido, sobre todo, a que muchos veían tan clara la victoria que se quedaron en casa o de cañas en lugar de pasarse por el colegio electoral. Una confianza que le ha jugado malas pasadas a Arenas, inmerso en una campaña de escaso fuste en la que errores como su ausencia en el debate de Canal Sur han contribuido todavía más a que los suyos no se vieran con el cuerpo guerrero. La misma confianza que Rajoy tenía en que sus reformas y recortes no le iban a hacer mella entre sus votantes, algunos de los cuales, por contra, han optado por la abstención insatisfechos, sobre todo, con la subida de impuestos decretada desde Madrid. A todo ello se suma que, por enésima vez, se demuestra que el electorado popular no se identifica con las autonómicas al mismo nivel que con municipales y generales.

En segundo lugar hay que hablar de fidelidad. La del millón y medio de votantes del PSOE que se han mantenido fieles a sus colores. A pesar de sufrir la mayor derrota de la historia del partido en unas andaluzas y dejarse más de 600.000 sufragios y nueve escaños en las urnas, José Antonio Griñán aparece como el protagonista de la gesta del día. Y lo es por la fidelidad de unos votantes que se han mantenido ajenos al marasmo en el que vive el partido desde que hace dos años el presidente de la Junta se hiciera con su control. Igual de fieles que han sido las bases a la hora de movilizar -voto por voto, me consta- a los suyos para superar los malos augurios que daban las encuestas de la mañana del domingo. Unos militantes que han dejado al margen sus enormes diferencias internas en favor del bien mayor: mantener una Junta de Andalucía cuya pérdida era percibida como una catástrofe a ambos lados del frente socialista.

En tercer lugar se encuentra la rebeldía. La que ha catalizado Izquierda Unida para recuperar sensaciones que perdió hace casi dos décadas. Sus doce escaños significan la rebelión del voto de izquierdas ante las políticas reformistas del PP y los escándalos de corrupción del PSOE. Una rebelión articulada alrededor de un discurso tutelado por la ortodoxia del PCA a la que ahora le toca definir qué modelo de cogobierno o apoyo quiere. Veremos si esta rebelión que abandera esta IU de Diego Valderas es capaz, por una parte, de plantear unos modelos de gobierno coherentes y, por otra, de no caer víctima de las eternas luchas internas que desgajan a la coalición cada vez que alcanza responsabilidades de gobierno.

Y, por último, hay que hablar de ausencias. La de los más de 2,3 millones de andaluces, el 37,7% del total, que no acudieron a las urnas. Una cifra alarmante que demuestra que cada vez es mayor la sima que separa el discurso de los partidos de la realidad de los ciudadanos. En estos tiempos en los que no paramos de escuchar a los líderes políticos hablar regeneración y reforma la abstención es un clarísimo mensaje de que es necesario cambiar el discurso. Los votantes están cansados de las estrategias del “y tú más” y lo que reclaman realmente son medidas concretas que nos saquen de la crisis y políticos honestos con clara vocación de servicio público.

Confianza, fidelidad, rebelión y ausencia. Cuatro palabras para definir lo que ha ocurrido en Andalucía en una de esas jornadas que pasarán a la historia electoral y serán objeto de no pocos estudios y tesis científicas. Todo ello en la demostración más apasionante de que los ciudadanos hacen con su voto lo que quieren.

La Junta calla y otorga

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 21 de marzo de 2012 a las 14:50

A la hora a la que escribo esto, la Juntade Andalucía aún no ha dado ninguna explicación a los tres millones de euros en ayudas que concedió irregularmente a la empresa Inturan en noviembre de 2010 asabiendas de que la sociedad que las reclamaba presentaba una contabilidad poco clara y tenía una deuda de medios millón de euros con la Seguridad Social.Ni la Consejeríade Empleo ni la Delegaciónprovincial de este área han dicho hasta el momento ni una palabra a pesar de que el paso de los días esta poniendo de manifiesto que la actuación de la empresa dirigida por Vicente Carmona, adjudicatario de la gestión del Palacio de Congresos que el Ejecutivo autonómico tiene en la capital, es más que reprobable en su forma de entender el uso de los fondos públicos.

Han pasado ya 72 horas desde que El Día comenzase a publicar las irregularidades, que también exigen posicionamientos claros por parte de CECO como organismo que colocó a Carmona al frente del Consorcio Provincial de Turismo, y Empleo mantiene un mutismo absoluto en el que parece que no se da por enterado de su pésima gestión. Tampoco otros cargos de la Junta de paso por Córdoba con motivo de la campaña electoral han querido hablar y todo apunta a que la estrategia del avestruz es la que se impone en un caso que tiene que ver con la gestión del dinero de todos los andaluces. Dice el refranero popular que quien calla otorga y en este caso parece mas que evidente que la Junta está otorgando demasiado o tiene algo que esconder.

De encuestas, ERE y otras hierbas

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 11 de marzo de 2012 a las 10:57

Si hace dos semanas decíamos aquí mismo que nos queda un mes de tortas, hoy, tres días después de que haya arrancado la campaña electoral, no podemos más que suscribir la opinión. Por lo ajustada que se ha puesto la cosa y por la tensión que hay alrededor de la misma. PSOE y PP se juegan el 25 de marzo más que el Gobierno andaluz, está en juego el triunfo absoluto de un modelo o la leve resurrección socialista. Si Arenas llega a San Telmo con mayoría absoluta, Rajoy respirará tranquilo pues la comunidad autónoma que más diputados da habrá rubricado su política de recortes y reformas. De lo contrario, si es Griñán el que se mantiene en el poder -de la mano de IU, por supuesto-, los socialistas recibirán una bocanada de aire fresco, pondrán a Andalucía como punta de lanza de su reconquista nacional y se lanzarán sin duda a una huelga general el 29-M en la que la izquierda o, mejor dicho, sus representantes oficiales e históricos se juegan la propia subsistencia.

Las encuestas tampoco contribuyen a dejar claro el panorama, ni la que publicó el CIS el jueves, ni la que se puede leer unas páginas más adelante en este periódico. El Barómetro de Invierno del Grupo Joly, realizado por el Instituto Commentia, apunta a una victoria clara del PP en las urnas, aunque deja abierta la opción de que la mayoría absoluta se le escape a Javier Arenas entre los dedos. Será cuestión de unos pocos votos aquí y allí, de convencer en las provincias clave -Sevilla, Cádiz y Málaga- y de esperar a que Izquierda Unida no se dispare tanto como algunos creen para que no reste en la atribución final de escaños. El futuro de UPyD es más negro y su presencia en el Parlamento andaluz no está asegurada. Dicho de otro modo, la figura de Rosa Díez vale para las generales pero para las autonómicas no parece que sirva lo mismo Martín de la Herrán.

Claro que luego debemos tener en cuenta el caso de los ERE, la presencia del inefable Guerrero, de su chófer y de unos cuantos más en un foco mediático que la juez Mercedes Alaya atiza con maestría propia del Maquiavelo más avezado a pesar de que ella dice que ni siente ni padece estas cuitas del día a día que vivimos los demás. Invercaria y sus surrealistas conversaciones -más propias de las gloriosas parodias de Gila sobre la guerra que de cualquier profesional serio- no se quedarán atrás.

Y, mientras, uno se pregunta si de verdad a los andaluces les interesa toda esta cochambre o si realmente lo que quieren es que alguien les dé trabajo y seguridad en el futuro. De cuantos vayan a votar el 25 obtendremos la respuesta. Ya queda menos.

 

29 días a tortas

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 26 de febrero de 2012 a las 13:08

Aunque parezca mentira, ya sólo nos quedan 29 días para terminar con este Vía Crucis de convocatorias electorales que llevamos. En cuatro dominguitos depositaremos nuestro voto por última vez en una temporadita y podremos descansar de esta orgía de mítines, declaraciones grandilocuentes, peleas partidistas y promesas incumplibles en la que llevamos inmersos un añito. El 25 de marzo habrá nuevo Gobierno andaluz, gane quien gane, y cada cual se dedicará a sus labores. Los ganadores, a gobernar, los perdedores, a hacer oposición -una vez se despelleje al culpable, por supuesto- y los sufridos votantes, a sobrevivir a esta crisis de los….

Sin embargo, hasta que esto ocurra no les quepa duda de que nos queda una amplia ración de bufidos, descalificaciones, grandes acusaciones y mayores profesiones de fe y limpieza de sangre trufadas, eso sí, de una considerable dosis de promesas de un mundo mejor y más bonito a partir del 26 de marzo. Ideas, lo que se dice ideas, para salir de este agujero en el que nos desenvolvemos me da a mi que vamos a escuchar pocas. La campaña de las andaluzas se va a caracterizar, más aún de lo visto hasta ahora, por ser una sucesión de berridos.

El ejemplo de los actos del 28-F en Córdoba es una clara muestra de lo que nos espera. La Junta, como siempre, utiliza la ceremonia para hacer una glosa de lo buena que es y lo bien que lo hace. Aprovecha también para pegarle algún tirito a los contrarios y agitar el fantasma de la derechona caciquil a ver si cuela. El PP, que se ve más cerca de San Telmo que nunca, reacciona en masa y arremete contra Isabel Ambrosio escandalizado por sus palabras. Tanto que hasta el subdelegado del Gobierno, sí, el subdelegado, envía una nota mostrando su disgusto y sorpresa por lo que ha escuchado en el Palacio de Congresos. Qué barbaridad, el PSOE vende su moto en un acto y el PP se escandaliza porque lo haga sólo días después de que la Junta Electoral le haya prohibido hacer lo propio en el Ayuntamiento de la capital con su campaña sobre sus, agárrense, ocho meses de gestión.

Indígnese caballero, esto es inconcebible. Acabamos de descubrir que las instituciones utilizan sus actos para darse pisto. Qué escándalo, señora. Yo esto no lo aguanto. Me bajo en la próxima…

Luego dicen que la gente no va a votar y que la abstención crece. ¿Será porque los ciudadanos son capaces de pensar? No lo haga, no se agobie. Afortunadamente sólo nos quedan ya 29 días a tortas.