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Primarias improcedentes

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 7 de julio de 2013 a las 11:18

Desde hace ya mucho tiempo, todas las encuestas le echan en cara a los políticos que viven de espaldas a la realidad y que andan siempre más pendientes de sus cosas que del interés común. Esto no es que pueda aplicarse como norma general, pero desde luego sí que es una constante común a muchos de nuestros dirigentes. Tampoco puede decirse que quienes nos gobiernan no hagan nada, que no es cierto, sino que en sus ratos libres se dedican a pensar cosas extrañas y soluciones rebuscadas que a nadie que se dedique a otra cosa que la pública se le ocurrirían. Y si no se lo creen, las primarias socialistas puestas en marcha en Andalucía son un buen  ejemplo.

En una comunidad autónoma con un millón de parados y serios problemas como es la nuestra, a pocos se les habría ocurrido poner en tensión al Gobierno autonómico sólo un año después de haberse constituido. José Antonio Griñán ha decidido, así de sopetón, que es buen momento para que los socialistas elijan a quien se supone que deberá sustituirle en el cargo dentro de tres años… y la ha liado parda. Primero, porque lo que iba a ser en principio un relevo que no conllevaba cambios a corto plazo ya tiene la puerta abierta a un adelanto electoral. Segundo, porque lo que estaba llamado a ser un movimiento pacífico, sin tensión dentro del partido ni del Gobierno autonómico, se ha convertido en una carrera en la que la política volverá a ofrecer su peor cara. (Me resisto a creer que Luis Planas o Susana Díaz vayan a continuar en el Gobierno del otro una vez que finalice el proceso). Y tercero, toda esta unión de movimientos tocará de lleno la labor del Ejecutivo regional, que será objeto de modificaciones que a buen seguro se notarán en su forma de funcionar.

Ignoro si Griñán ha convocado las primarias por temor a la juez Alaya, porque está cansado, porque no aguanta ni un minuto más compartiendo consejo de Gobierno con IU o porque con la designación de su sustituto le gana la partida política al PP y se ve libre para convocar elecciones anticipadas en el momento que considere oportuno. Sí tengo claro que la decisión del todavía presidente dela Juntade Andalucía me parece absolutamente improcedente. 

Cuando la ciudadanía lo que está reclamando es que hagan las cosas bien o que, por lo menos, no se estropeen más, la convocatoria de las primarias supone todo lo contrario. Demuestra que el presidente andaluz anda más preocupado por las cosas internas de su partido que por lograr que baje el paro, mejoren los resultados educativos o se acaben los recortes sanitarios. Por mucho que el PSOE se esfuerce en explicar que esta decisión es la mejor y una muestra de lo demócratas que son, la sombra de que Mercedes Alaya aprieta y comienza a ahogar y las denuncias por parte de los candidatos críticos de que se está presionando a los militantes para que gane la lista oficial se encargarán de demostrarnos en estas dos semanas lo alejada que está la teoría de la práctica. Y eso que a mi las primarias me parecen un gran sistema. Pero para hacerlas cuando tocan y sin forzar la máquina. Lo de ahora me parece extemporáneo e improcedente. Por mucho que usted diga lo contrario, señor presidente.

Planas y la Colecor

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 7 de abril de 2013 a las 11:17

Hay en esta ciudad una tendencia enfermiza a los debates eternos. Como si viviésemos en un bucle temporal perpetuo, cada equis meses reaparecen polémicas sobre el futuro del Aeropuerto, las parcelas ilegales, el centro de congresos o las naves de Colecor. Produce hastío y verdadera pereza tratar una y otra vez las mismas cuestiones y observar cómo nadie tiene de verdad una solución, está dispuesto a dar su brazo a torcer o se plantea aportar algo. Quizás por ello, lo que esta semana ha hecho el consejero de Agricultura y Medio Ambiente, Luis Planas, con el plan de la carretera de Palma y con las naves de Colecor me parece merecedor de una sonora ovación por varias cuestiones.

El consejero ha decidido, con el apoyo de sus técnicos –no lo olvidemos– que en las naves de Colecor va a haber usos comerciales cuando las ranas críen pelo. Y lo ha decidido sólo, sin pedir permiso, sin ceder a presiones y sin concesiones poco confesables. Y por qué. Pues porque ha sabido deslindar su faceta de militante de la de cargo institucional –por mucho que a Durán le escueza–, porque tiene por Andalucía varios frentes muy complicados ante los que no puede dar ninguna señal de flaqueza; porque lo que pretende legalizar el Ayuntamiento –y aquí entra todo el Pleno– es una aberración con agravio comparativo hacia usted y hacia mi que cumplimos la ley, y, finalmente, porque es una persona que sabe lo que pasa en esta ciudad, aunque haya estado destinado en medio mundo, y siente la misma vergüenza que usted y  yo cuando ve a todos los grupos políticos darle carta de naturaleza a la obra ilegal, chulesca e impresentable que se marcó Rafael Gómez.

No es esta última cuestión baladí, porque no me canso de decir que me causa un azoramiento de proporciones enormes asistir al ridículo que han hecho nuestros partidos locales en este tema. Ver cómo se han plegado ante un monumento a la ilegalidad, un homenaje a los pretéritos tiempos de la servidumbre social ante los billetes del promotor y una puñalada trapera a los derechos del resto de ciudadanos cumplidores conla Hacienday normativa pública. Eso es lo que han sido las naves de Colecor.

Por eso, lo que Luis Planas ha hecho y ha dicho muy claramente es: “Hasta aquí hemos llegado”. Y lo que debería hacer el Ayuntamiento –todo el Pleno– es dejarse de milongas y mentiras de una vez y coger el toro por los cuernos. Quizás ha llegado la hora de perder los miedos o servidumbres que han llevado a ver actitudes bochornosas de no pocos representantes públicos de esta ciudad –algunos con sonados cambios de opinión inexplicados e inexplicables– y tomar decisiones de gobierno en favor de la gran mayoría social de esta ciudad. Que un consejero tenga que recordarle a un portavoz municipal que antes del partido está el bien común es muy grave. Que un alcalde pregunte qué debe hacer con una obra ilegal es sencillamente para abuchearlo. Y que abran la boca quienes desde el gobierno permitieron semajante tropelía con su silencio y ocultación es simplemente impresentable. Y ya está bien de aguantar hombre. Así que mi ovación para usted don Luis. Ahora sólo le queda tirarlas.