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Alumnos y profesores

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 10 de abril de 2016 a las 9:21

Ahora que hemos comprobado que las sevillanas a tres son imposibles y que Pablo tiene celos de Albert porque Pedro le hace ojitos, vamos a hablar de cosas serias. Ahora que tenemos paralizada otra ley de Educación por votación esta misma semana de los señores diputados de ese Congreso de ladridos que tenemos en Madrid, abordemos cosas más interesantes. No conozco ciudadano normal que no esté hasta los mismísimos de esta coreografía eterna de encuentros para nada, así que es mejor hablar de cómo la vida sigue y afortunadamente todos somos capaces de vivir, o sobrevivir, sin acuerdo de Gobierno.

Precisamente esta semana de paralización de la Lomce he tenido la suerte de participar en una iniciativa educativa de esas que te hacen recuperar la fe en el prójimo.  Fe en que a pesar de los políticos y su nefasta gestión de la educación –que ya se sabe que el devenir  de las jóvenes generaciones importa poco cuando se trata de mirar por los garbanzos propios- hay quien sigue luchando por un futuro mejor para nuestros hijos. Fe en que siguen existiendo profesores que aspiran a ser maestros, que se preocupan por sus alumnos y que hacen lo que pueden para ayudarles a decidir con tino su camino profesional. Como digo, esta semana he tenido la suerte de dar con uno de esos ejemplares docentes en unas jornadas en el instituto Galileo.

Reallity bites se llamaba la iniciativa, una semana dedicada a que diferentes profesionales explicaran a alumnos de 3º y 4º de ESO y 1º de Bachillerato qué es la vida real, cómo se consiguen las metas y qué hay que hacer para ganarse el pan. Hosteleros, bomberos, deportistas, policías locales, jóvenes emprendedores y algún que otro juntaletras hemos pasado por allí para someternos a un tercer grado de lo más apasionante. Chavales que tienen toda la vida ante sí, y que en algunos casos lo que han visto de vida no es precisamente aleccionador, han pasado una semana conociendo los valores reales de la vida. Esfuerzo, trabajo, equipo, superación, formación…. De todas esas cosas y muchas más preguntaron. De los deberes, del orgullo profesional, de la dicotomía entre el sueño juvenil y los miedos paternos a la hora de enfocar una vida, de cómo ir a una entrevista de trabajo, de los sueños cumplidos y los fracasos logrados…

Durante una semana, esos alumnos del instituto Galileo han recibido la información que necesitan para saber cómo labrarse el futuro. Mientras quienes se supone que tienen que mirar por su futuro en Madrid hacen el ridículo, un profesor con espíritu quijotesco demostraba que el valor de la educación de este país está en sus docentes. En sus ganas de superarse y en el amor por su profesión. A pesar de los pesares, a pesar de los políticos y a pesar de la falta de medios. Bocados de realidad para enseñarle a los chavales a buscarse la vida. Mientras los de siempre pierden el tiempo tirándose leyes a la cara y apostando por aculturizar a los hombres y mujeres del mañana, aún hay esperanza. Esta semana unos cuantos hemos presumido de Galileo. Igual que otros presumirán de otros centros. Presumamos de docentes implicados y alumnos interesados. De los otros, lamentablemente, no podemos más que avergonzarnos. Gracias Coque.

País de locos

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 10 de enero de 2016 a las 7:00

Vivimos en un país de locos. A medida que pasa el tiempo uno refrenda su opinión de que aquí hemos entrado en una espiral de locura general que nos lleva a cosas cada día más extrañas. La Navidad, que consiste en celebrar el nacimiento de Jesús y la visita de los Reyes Magos, es ahora arma política. Una tradición católica de 2.000 años que se supone que celebra el que quiere pierde su inocencia. Asistimos a un despropósito que demuestra que vamos camino de perder la sesera.

Ya antes de Navidad se especuló con que en Barcelona se conmemorase el solsticio de invierno, quizás porque la alcaldesa Colau es más de druidas que de pastores. Una vez arreglado esto, Manuel Carmena ofreció una cena en Nochebuena para 220 sin techo, loable iniciativa que, sin embargo, no debe obviar que el año anterior se repartieron más de 3.000 entre personas con dificultades. Decisión muy buena, alcaldesa, pero con algo menos de foco estaría mejor.

valencia

El alcalde de Valencia, Joan Ribó, junto a Igualdad, Libertad y Fraternidad en el balcón del Ayuntamiento de Valencia.

Aun así lo importante ha llegado con las cabalgatas de Reyes. Hay dos apasionantes. Una es la de Valencia, donde tres mujeres republicanas han encarnado a la Libertad, Igualdad y Fraternidad (¿?). Lo de las mujeres es algo superado en Córdoba hace años, pues han sido muchas las que ya se han puesto la corona en los cortejos y, oh sorpresa, no ha pasado nada. En Valencia vistieron a las tres majestades republicanas más de cortesanas dieciochescas que de magas de oriente, y digo yo que para repartir caramelos no es necesario lucir pechera. En Madrid, la cosa es aún mejor. Al margen del atuendo indescriptible de los reyes, la alcaldesa optó por un cortejo sin referencia alguna a la fe católica y con los dragones chinos y unos individuos de blanco que eran una mezcla de esperma y muñeco de dibujo de Boing. Un espectáculo lamentable por mucho que quienes aplauden todo lo que hace Carmena, sea bueno o malo, les fastidie la disidencia.

CABALGATA DE REYES EN MADRID

Manuela Carmena, junto a los Reyes Magos el día de la Cabalgata de Madrid.

Y es ahí donde entramos en este país de locos, en el que parece que quienes votan a los partidos del cambio son los únicos con derecho a expresarse. Según ellos porque el bipartidismo, que debe ser lo que votan todos los que no optan por “el cambio”, ha tenido ya muchos años para imponerse. Elevado concepto éste de la democracia y la libertad de expresión, la mayor de las libertades. El intercambio de opiniones y pareceres es la base de cualquier democracia y asistir, como hemos hecho estos días, a la descalificación burda y soez de quien ha discrepado con los espectáculos circenses de Madrid y Valencia, no merece más consideración que la que tienen quienes graznan desde la otra esquina por cuanto hacen los nuevos regidores. Este es un país de orates en el que el sentido común se ha perdido. En el que una Cabalgata de Reyes, en la que los protagonistas son los niños, su ilusión, sus sueños, se convierte en un acto político. Avergüenza vivir en un país en el que los complejos de unos cuantos se imponen a la mayoría. En el que el revanchismo torpe y miope de unos pasa por encima de los derechos de otros. El personal quiere ver a los Reyes y si usted no cree en ellos no los celebre. En este desvarío cualquier día en lugar de hablar del niño Jesús hablamos de la niña Jesusa, quitaremos la mula y el buey porque representan el abuso del ser humano sobre el animal o pondremos a los Panchos como reyes magos porque cantan mejor los villancicos. Locuras impropias de un país desarrollado cuyos problemas reales distan mucho de estar solucionados. Menos galería fotográfica y más trabajo de verdad señores. Que tiemblo pensando lo que nos queda por ver en Carnaval o Semana Santa.