Archivos para el tag ‘Mariano Rajoy’

Hedor político

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 17 de abril de 2016 a las 9:35

A medida que pasan las semanas y se confirma que caminamos de nuevo hacia las urnas comprobamos lo lamentable de la clase política que nos rodea. El patio de la democracia huele mal fruto de las aspiraciones individuales de unos y otros y de una corrupción nauseabunda que no cesa de ofrecernos, día sí, día también, ejemplos de podredumbre. En siete días se ha detenido al alcalde de Granada, ha dimitido el ministro de Industria, han metido en la cárcel a Mario Conde, han multado a Aznar por no pagar impuestos, han arrestado a las cúpulas de Manos Limpias y Ausbanc por extorsionar a diestro y siniestro…. Hasta Bertín Osborne, ese hombre que hace entrevistas, ha admitido que prefiere Panamá que España para sus cositas a pesar de ir después dándose golpes de pecho como buen españolazo. Vomitivo.

El viernes tuvimos a Pedro Sánchez y a Alberto Garzón en Córdoba. El primero trata de disimular y aún sigue emperrado en convencer a Pablo Iglesias para que haga gobierno con él. Vano intento que ralla ya el ridículo. El segundo lo tiene más claro y ya habla abiertamente de una coalición IU-Podemos para encarar las urnas del 26-J con garantías de dar el verdadero sorpasso. La izquierda más a la izquierda no oculta sus aspiraciones: quiere acabar con la izquierda más moderada. Tras años a la sombra, la opción de que los socialistas caten la hiel de ser la minoría es dulce ambrosía para ellos. Y, mientras, Rajoy sigue durmiendo. Como si nada. En una especie de periodo vacacional que se prolonga desde las Navidades. Imperturbable, impenetrable, sordo al clamor de la calle, ciego ante el bochorno corrupto que ha convertido su partido en una ciénaga maloliente. Su reino no es de este mundo. Él no tiene nada que ver con nadie. Está limpio y el derrumbe a su alrededor ni le conmueve. Como el rey desnudo, sigue viviendo el embuste de su traje inmaculado mientras a su alrededor el mundo huele cada vez peor.

Guillermo Fernández Vara ha dicho esta semana que si los 350 diputados que hay en el Congreso no son capaces de llegar a un acuerdo para formar gobierno deberían irse todos a su casa. Que en las próximas elecciones habría que colocar a otros 350 diferentes. Bonitas palabras si no fuera porque sabe que ni él mismo va a cumplir ese precepto cuando le toque conformar de nuevo las listas. Esto está tan podrido y huele tan mal que ya nadie cree a nadie. Esto está tan corrupto que ya ni nos sorprende el rosario continuado de detenciones al que asistimos semana tras semana. Vivimos rodeados de basura, en un estercolero público en el que nadie se hace responsable de nada. Con la sensación de que no hay final claro a la vista más allá de un triste retorno a las urnas. Y entonces no pasará nada. Y volveremos a empezar. Sin taparnos ya la nariz porque nos hemos acostumbrado a respirar en este estercolero y el hedor político ya no nos afecta.

Alumnos y profesores

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 10 de abril de 2016 a las 9:21

Ahora que hemos comprobado que las sevillanas a tres son imposibles y que Pablo tiene celos de Albert porque Pedro le hace ojitos, vamos a hablar de cosas serias. Ahora que tenemos paralizada otra ley de Educación por votación esta misma semana de los señores diputados de ese Congreso de ladridos que tenemos en Madrid, abordemos cosas más interesantes. No conozco ciudadano normal que no esté hasta los mismísimos de esta coreografía eterna de encuentros para nada, así que es mejor hablar de cómo la vida sigue y afortunadamente todos somos capaces de vivir, o sobrevivir, sin acuerdo de Gobierno.

Precisamente esta semana de paralización de la Lomce he tenido la suerte de participar en una iniciativa educativa de esas que te hacen recuperar la fe en el prójimo.  Fe en que a pesar de los políticos y su nefasta gestión de la educación –que ya se sabe que el devenir  de las jóvenes generaciones importa poco cuando se trata de mirar por los garbanzos propios- hay quien sigue luchando por un futuro mejor para nuestros hijos. Fe en que siguen existiendo profesores que aspiran a ser maestros, que se preocupan por sus alumnos y que hacen lo que pueden para ayudarles a decidir con tino su camino profesional. Como digo, esta semana he tenido la suerte de dar con uno de esos ejemplares docentes en unas jornadas en el instituto Galileo.

Reallity bites se llamaba la iniciativa, una semana dedicada a que diferentes profesionales explicaran a alumnos de 3º y 4º de ESO y 1º de Bachillerato qué es la vida real, cómo se consiguen las metas y qué hay que hacer para ganarse el pan. Hosteleros, bomberos, deportistas, policías locales, jóvenes emprendedores y algún que otro juntaletras hemos pasado por allí para someternos a un tercer grado de lo más apasionante. Chavales que tienen toda la vida ante sí, y que en algunos casos lo que han visto de vida no es precisamente aleccionador, han pasado una semana conociendo los valores reales de la vida. Esfuerzo, trabajo, equipo, superación, formación…. De todas esas cosas y muchas más preguntaron. De los deberes, del orgullo profesional, de la dicotomía entre el sueño juvenil y los miedos paternos a la hora de enfocar una vida, de cómo ir a una entrevista de trabajo, de los sueños cumplidos y los fracasos logrados…

Durante una semana, esos alumnos del instituto Galileo han recibido la información que necesitan para saber cómo labrarse el futuro. Mientras quienes se supone que tienen que mirar por su futuro en Madrid hacen el ridículo, un profesor con espíritu quijotesco demostraba que el valor de la educación de este país está en sus docentes. En sus ganas de superarse y en el amor por su profesión. A pesar de los pesares, a pesar de los políticos y a pesar de la falta de medios. Bocados de realidad para enseñarle a los chavales a buscarse la vida. Mientras los de siempre pierden el tiempo tirándose leyes a la cara y apostando por aculturizar a los hombres y mujeres del mañana, aún hay esperanza. Esta semana unos cuantos hemos presumido de Galileo. Igual que otros presumirán de otros centros. Presumamos de docentes implicados y alumnos interesados. De los otros, lamentablemente, no podemos más que avergonzarnos. Gracias Coque.

La tanda de penaltis

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 28 de febrero de 2016 a las 8:13

Si nada lo remedia, y nada parece que lo vaya a hacer, Pedro Sánchez comenzará pasado mañana su debate de investidura como aspirante a presidir el Gobierno abocado al más estrepitoso fracaso. Su acuerdo con Ciudadanos, pese a ser un loable paso adelante, es manifiestamente insuficiente y el líder del PSOE se encontrará de bruces el miércoles y el viernes con el rechazo de la mayoría absoluta del Congreso de los Diputados. Dos meses después de que las urnas dictaminasen que los españoles quieren una nueva forma de hacer política, los partidos acuden a la Carrera de San Jerónimo demostrando que no les ha llegado en absoluto el mensaje. Han sido 60 días de reuniones, encuentros y ruedas de prensa más de cara a la galería que pensando en el bien común. Son las cosas de la política patria, incapaz de abandonar los complejos del pasado y mirar a los ojos al futuro.

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Bertín Osborne, Íker Casillas y Sara Carbonero, durante el programa ‘En tu casa o en la mía’ que emitió La Primera el miércoles por la noche.

El pasado miércoles vi la entrevista que Bertín Osborne le hizo a Íker Casillas. En el transcurso de la misma, el mejor portero en la historia del fútbol español dijo que la selección se dio cuenta de que España podría ser campeona de Europa y del Mundo cuando ganó la tanda de penaltis del europeo de 2008 a Italia en cuartos. Afirmaba Casillas que fue ése el momento determinante para dejar atrás complejos y miedos porque si hubiéramos caído habría regresado la maldición histórica y nos habríamos enzarzado en la afición nacional de despellejar al entrenador, el gran Luis Aragonés, y a los futbolistas. Sin embargo, afortunadamente aquel fue el momento de explosión de la mejor generación de futbolistas de la historia de España –reflejo del desarrollo de un país– que nos ha dado las mayores alegrías deportivas soñadas (con perdón de otros deportes).

Salvando las distancias, el resultado del 20-D tiene mucho de momento clave en el punto de penalti. El país entero espera que sus jugadores/políticos sean capaces de rematar un consenso que rompa con barreras del pasado y nos abra nuevos proyectos de futuro. España está ante el momento de comportarse de una vez por todas como una moderna democracia europea. Está en el instante de ser capaz de superar los atavismos que siguen anclándonos a lo peor de nuestra historia del siglo XX. Está, en definitiva, ante la hora clave en la que los representantes políticos deben trasladar a las instituciones la normalidad del siglo XXI que se vive en la calle.

SÁNCHEZ Y RIVERA FIRMAN ACUERDO DE INVESTIDURA Y LEGISLATURA

Pedro Sánchez y Albert Rivera, el pasado miércoles durante la firma del acuerdo de legislatura entre PSOE y Ciudadanos en el Congreso de los Diputados.

La cerrazón de unos y otros a la hora de sentarse a conversar, los vetos, las prohibiciones de cara al escenario están fuera de lugar. Una vez que el próximo 4 de marzo Pedro Sánchez fracase en su intento de alcanzar La Moncloa llega el momento crucial. Quedarán dos meses en los que todos los partidos están obligados a encontrar un consenso que saque al país de la parálisis. No es de recibo y es absolutamente impresentable que el cálculo electoral mantenga las instituciones paradas hasta que en junio puedan celebrarse nuevas elecciones. No es de recibo porque eso tiene un impacto directo sobre la vida de los ciudadanos, su economía y su posibilidad de encontrar empleo y futuro.

Aunque claro, visto por el otro lado, hay que decir que en estos cuatro meses en los que el Gobierno lleva en funciones la cosa no ha ido a peor y el país sigue andando. Igual lo que hay que hacer es dejarlos en funciones para que esto realmente funcione.

La hora definitiva

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 20 de diciembre de 2015 a las 6:25

Unos cuantos millones de españoles, entre los que hay más de 650.000 cordobeses, están hoy llamados a las urnas. Después de casi un año de permanente campaña electoral, ha llegado la hora en la que hemos de decidir con nuestro voto quiénes serán nuestros representantes para los próximos cuatro años. No es un voto cualquiera, pues estos comicios son quizás los más importantes que hemos vivido en España desde aquellos que convirtieron la infame dictadura de Franco en la democracia de la que hoy disfrutamos. En juego está la articulación del propio Estado, el reparto de los ingresos, la vigencia del Senado, la modernización de la Corona y el fin del bipartidismo que nos ha regido hasta el momento. Son asuntos de importancia capital y el elevadísimo índice de indecisión que han arrojado todas las encuestas demuestra que los españoles andan dándole muchas vueltas a la cabeza para quedar satisfechos de su elección.

La campaña que terminó el viernes ha sido más pacífica de lo esperado. La tranquilidad ha sido la nota dominante excepción hecha de los improperios de Pedro Sánchez hacia Mariano Rajoy en el cara a cara del pasado lunes y de la agresión impresentable de un mozo de 17 años en Pontevedra al presidente del Gobierno. Es cierto que no ha habido crispación, pero no lo es menos que los dos picos de la misma que hemos tenido deben hacernos reflexionar pues son preocupantes. Nunca se había llegado al extremo de insultar y agredir a un presidente. Esos límites no los había cruzado nadie y no deberían volver a cruzarse jamás. No quiere esto decir que se aliente un voto en detrimento de otro. Ni muchísimo menos, pues todas las opciones son igual de respetables y deben ser tenidas en cuenta de la misma forma.

A partir de las ocho de la tarde de hoy es más que probable, casi sería imposible lo contrario, el fin de una era en la que PSOE y PP se repartían el poder cual Cánovas y Sagasta. Podemos y Ciudadanos van a irrumpir con una fuerza hasta el momento desconocida que los sitúa incluso como elemento determinantes para la estabilidad del país. Ambos plantean una renovación, pero lo hacen desde prismas muy diferentes. Uno más revolucionario, aunque dulcificado en su tono durante la campaña electoral. Otro más técnico y centrado. Frente a ellos, el PSOE acude a los comicios más importantes de su historia reciente. Se juega casi su propio futuro en un panorama internacional en el que la socialdemocracia prácticamente ha desaparecido. Mientras, los populares de Rajoy también se hallan ante un momento clave. La crisis económica y su nefasta gestión de los recortes se enfrentan al veredicto de la calle. Pocos dudan de que se hizo lo que se pudo, pero sí son muchos los que critican las formas en las que se ha hecho.

Millones de españoles darán hoy nuevamente una lección democrática. Se prevé una participación histórica que demostrará cuán importante es la ornada electoral. Por ello, una vez más, hay que hacer una llamamiento a la participación. A la participación democrática, pausada, tranquila y festiva. Tras tiempos tan duros como los que hemos pasado en estos años es ahora, hoy, el momento de expresar libremente lo que queremos. Si hay cambio o continuidad. A partir de mañana se abre un nuevo escenario. Los políticos deberán estar a la altura y, de una vez por todas, entender el mensaje de cambio y acercamiento a los ciudadanos que hay en la calle. Salga lo que salga, lo que es seguro es que saldrá desde la democracia. Y eso no es cualquier cosa. Que lo vote usted bien.

Candidatos molones

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 29 de noviembre de 2015 a las 7:26

Dentro de tres domingos (hoy ya no cuenta), los españoles acuden a las urnas en las elecciones más importantes en los últimos 35 años. Está en juego la arquitectura constitucional del país, la organización territorial y el reparto de fondos entre las comunidades autónomas. El desafío soberanista catalán, la respuesta a la amenaza yihadista o la modificación de la estructura de sucesión a la corona también están sobre la mesa. Al tiempo, la irrupción de Podemos y Ciudadanos atisba el fin del bipartidismo PP-PSOE tal y como estaba entendido hasta el momento y la constitución de unas Cortes Generales más abiertas que nunca y con cuatro partidos con capacidad de decisión y mando. El Gobierno que salga de las urnas del 20 de diciembre con toda seguridad no estará respaldado por una mayoría absoluta y los responsables políticos habrán de demostrar su capacidad de negociación y encuentro para sacar adelante al país en este atisbo de recuperación tras la crisis económica. Así de fácil es la decisión que cada español tiene ante sí a la hora de elegir su opción política.

DEBATE ELECTORAL ENTRE ALBERT RIVERA Y PABLO IGLESIAS

Albert Rivera y Pablo Iglesias, el viernes antes del debate electoral que mantuvieron en la Universidad Carlos III de Madrid.

Vivimos tiempos de transformaciones vertiginosas, irrumpe una nueva mayoría ciudadana que se ha criado en democracia cuyas exigencias son nuevas y diferentes. Lo que hasta el momento nos ha servido como pegamento está puesto en duda y una época en la que la satrapía, el nepotismo, la corrupción y la desvergüenza han campado a sus anchas parece encontrar su fin. La nueva sociedad de la tecnología, la comunicación instantánea y la regeneración política e institucional afronta su primer gran momento. Atrás quedan el 15-M, la crisis, el rescate a medidas, los ERE, la Gürtel, Bárcenas, el 3% catalán y otras tantas miserias. Es hora de comenzar el cambio y parece que hay conciencia social de esta necesidad.


Ante esta situación, los partidos llevan meses preparando su terreno, diseñando estrategias sesudas con las que desmarcarse del contrario. Los gurús electorales se devanan la sesera pensando cuál será el mejor método para que sus candidatos aparezcan frescos y renovados ante el elector. La eterna campaña que vivimos en este 2015 se americaniza a marchas forzadas y se buscan métodos rompedores. La frescura de Pablo Iglesias y Albert Rivera choca de frente con el desgaste que arrastra el PSOE desde el final del zapaterismo y con la tristeza camuflada en rigor con la que se maneja Rajoy. Hay que darle la vuelta a la cosa, piensan los estrategas, y para ello hay que hacer todo lo que sea necesario. Convirtamos al candidato en un tío molón, señala el más avezado, y allí que todos los demás comienzan a buscar un hueco en el que destacar cuán humano es su caballo de carreras. Descendamos una montaña, montémonos en un coche de rallies, bailemos en un programa, comentemos un partido de fútbol, echemos unas cañas con Bertín… Hagamos el gamba, que así seguro que captamos decenas de miles de sufragios. Es la era del espectáculo. Si a Obama le ha ido bien, por qué no a nosotros, piensan en los cuarteles de mando.

RAJOY RECIBE A SANCHEZ EN LA MONCLOA PARA ANALIZAR LA RESPUESTA A LA DECLARACION INDEPENDENTISTA

Mariano Rajoy y Pedro Sánchez saludan durante uno de sus últimos encuentros en La Moncloa.

 

Y, mientras, el ciudadano asiste atónito al show. Ve casi con ardores a los partidos tradicionales bailando a un son en el que son arrítmicos. Como ese amigo de farras que daba vergüenza ajena cuando se lanzaba a la pista en busca del triunfo al final de la fiesta. Seamos molones, repiten los estrategas. “Y el contenido de los mensajes, ¿qué hacemos con él?”, dice uno al fondo. “Ah, por eso no te preocupes, llama a la Campos y di que vamos el sábado”, responde el otro. “¿No ves que somos molones?”.