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Repintar el Mayo Festivo

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 22 de mayo de 2016 a las 8:15

Ya estamos en Feria. El epílogo del Mayo Festivo. La explosión de disfrute de Córdoba para decirle adiós a su mes más grande. Serán cientos de miles las personas que pasen por las casetas de El Arenal. Comidas, bebidas, bailes y risas convertirán este semana en un oasis en el duro día a día cordobés. Llegado este momento cabe pararse a reflexionar sobre el futuro. Mayo es para Córdoba el escaparate de la ciudad al mundo. Desde la Cata del Vino hasta la Feria, pasando por las Cruces y los Patios, centenares de miles de personas han paseado nuestras calles, comido en nuestras tabernas y dormido en nuestros hoteles. Tosas se han ido con la sonrisa dibujada en el rostro y encantadas de las maravillas que ofrece esta ciudad. Lejos de caer en la complacencia hemos de plantearnos urgentes y perentorios cambios para que el éxito que vivimos en estos últimos años no acabe devorando a las celebraciones.

El mejor ejemplo de reinvención positiva es la Cata del Vino, que ha sido capaz de abrirse hacia la juventud. Con una política sin miedos, decidida y rompedora. El éxito de la afluencia de público en esta edición demuestra el buen momento por el que pasa esta celebración. Apoyada además por una nueva generación de bodegueros que abordan el futuro con nuevas y valientes propuestas.

Las Cruces son la otra cara de la moneda. Frente al encuentro de barrio y vecinal de antaño vivimos hoy, sobre todo en el centro, una eclosión salvaje de botellones, una especie de convención nacional de despedidas de solteros. Esta realidad amenaza con llevarse por delante una fiesta que ha perdido su norte en los últimos años. Hemos de tener cuidado pues Granada ha pagado caro las consecuencias de la fiesta desbocada.

Luego están los Patios. Víctimas este año de la lluvia, aun así han mantenido la cifra de visitantes. Más allá de la absurda guerra de cifras, sí que urge sentarse desde ya a rediseñar el Festival. Es hora de que los cuidadores de Patios hagan oír su voz, se les tenga en cuenta y remunere su esfuerzo. Es momento de analizar cuál es modo en el que deben gestionarse las visitas, si es necesario ampliar el periodo de apertura y si hay alguna manera de evitar las polémicas que cada concurso surgen.

Y acabamos con la Feria, que acaba de comenzar. Como siempre, vemos menos casetas. Días de lleno a reventar y otros de vacíos clamorosos. Volveremos a asistir al bochornoso macrobotellón del miércoles y a preguntarnos por qué es tan difícil aplicar otros modelos exitosos de feria a la celebración de nuestra ciudad.

Son muchas tareas las que tiene el Ayuntamiento ante sí en los próximos meses para no volver a dar la vergonzosa sensación de improvisación que se ha vivido en este Mayo Festivo. Esta ribera estará atenta a cuanto se haga en pos de nuestro mes por excelencia, pero lo hará ya desde tierras onubenses. La ribera del Guadalquivir se cambia por la del Atlántico. Después de doce años toca mirar hacia otros puertos. Con el recuerdo de lo vivido aquí. Lo bueno y lo menos bueno. La melancolía de la distancia y el agradecimiento sincero a cuantos han querido ver Córdoba asomados a este balcón. Gracias.

Los Patios como síntoma

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 8 de mayo de 2016 a las 7:55

Desde que el mundo es mundo, la Navidad cae el 25 de diciembre, los Reyes Magos vienen el 6 de enero, y el puente de la virgen es el 15 de agosto. Son fechas fijas en el calendario que todo el mundo tiene claras. Tanto como que en Córdoba se celebran en mayo las Cruces, los Patios y la Feria. Esa idea clara no parece que la hayan tenido en determinados salones de mando de Capitulares. Concretamente, quien no lo ha tenido nada claro durante estos diez meses ha sido la edil de Promoción de la ciudad, Carmen González, encargada de gestionar todos los fastos del Mayo Festivo. La edil no parece que en estos diez meses haya mirado el almanaque y se nos ha ido de baja de maternidad dejando, valga la expresión, el patio por recoger. Su negligencia derivó en el escandaloso modo en el que ha salido a concurso el control y la guía de los Patios. Tal ha sido el desastre que los controladores -que no olvidemos que son personas en paro-, a punto estuvieron de plantarse ante el misérrimo sueldo que les planteaban. El jaleo fue mayúsculo y obligó incluso a la edil a dar la cara para salvar la situación. Se ve que hubo reacción desde Capitulares, lo cual nos demuestra que hay alguien vivo en la parte socialista del cogobierno.

POSADA DEL POTRO

Isabel Ambrosio, el jueves durante la recepción a la delegación de la ciudad alemana de Núremberg en la Posada del Potro.

Sin embargo, el caos y la pésima gestión de la puesta en marcha de la principal fiesta de Córdoba es evidente y pone de manifiesto que la parte socialista del gobierno sigue estando a por uvas. Tanto, que la alcaldesa y su primer teniente de alcalde tardaron 24 horas en salir a pedir perdón por el sainete. Y lo hicieron sólo después de que el primer teniente de alcalde, Pedro García, ya lo hubiera hecho aunque los Patios no sean de su negociado. Está bien que la alcaldesa dé la cara de vez en cuando y asuma sus culpas, algo loable por inusual en la política, pero eso no obsta para darnos cuenta de que Isabel Ambrosio está rodeada por un equipo que hace aguas de manera alarmante. Salvo honrosas excepciones, hay momentos en los que parece que una epidemia se ha llevado por delante a los ediles socialistas, desaparecidos en combate la mayor parte de los días. Cunde por la ciudad la sensación de que lo recorrido de este mandato se parece mucho a la nada.

La regidora tiene que coger definitivamente las riendas de la ciudad y exigir a su equipo que funcione, que dé resultados o que, al menos, no dé problemas. Diligencia y dedicación son exigibles para quienes optaron voluntariamente por llevar la ciudad. Córdoba no puede estar en manos de un cogobierno incapaz de velar por una fiesta que es su mejor tarjeta de presentación. Si no fuera por la dedicación, el esmero y el cariño de los cuidadores de los Patios no sabemos qué podría ocurrir con el festival. Ambrosio debe exigir responsabilidades a quienes no saben afrontarlas y, si es necesario, reformar en profundidad su equipo aprovechando que se acerca su primer año de vida. Lo ocurrido con los Patios es sólo un síntoma de una enfermedad mucho mayor, más profunda y que va camino de infectar a todo nuestro organismo. Si en esta ciudad nos cargamos la única industria que nos funciona de verdad, el turismo, vamos aviados y no se sabe bien de qué vamos a vivir. Porque lo que está claro es que de la sonrisa, la ciudad amable y la buenas palabras no parece que salgan las nóminas necesarias para mantener a los 350.000 que vivimos aquí. Urge una reacción, pase por donde pase y cueste lo que cueste. Es hora de gobernar.

La encrucijada del turismo

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 18 de octubre de 2015 a las 7:24

A falta de que los expertos designados por el Ayuntamiento diseñen por quincuagésimo séptima vez el modelo de la Córdoba del futuro, nadie puede negar que el sector económico más importante de la ciudad es el turismo. La gallina de los huevos de oro da de comer a miles y miles de cordobeses, de manera legal e ilegal. Si convenimos que a la ciudad vienen cada año centenares de miles de turistas que dejan en la ciudad centenares de miles de euros, no podemos por menos creer que hay que tenerle el respeto que se merece al sector. Que en ocasiones parece que nuestros próceres políticos se avergüenzan de tener una ciudad que viva en gran medida de sus visitantes.

Sin embargo, el turismo padece en Córdoba el mismo problema que el resto de sectores económicos para posicionarse y definir su personalidad. Esta semana hemos tenido al primer teniente de alcalde, Pedro García, retomando un argumento del PP –vade retro Satanás– para destacar que la ciudad carece de la infraestructura hotelera necesaria y que los precios son muy elevados. Tiene razón García cuando afirma esto; tanta como puede tener el todavía presidente de Hostecor, Antonio Palacios, cuando le reprocha que “desconoce” la realidad del sector y le reclama que “se ponga a trabajar” para solucionar las carencias del mismo. Y es que a estas alturas del siglo XXI no tenemos Palacio de Congresos, no tenemos reciento ferial y no tenemos una programación adecuada que acabe con la estacionalidad y el turismo de fin de semana. Pero no es sólo cuestión de hacer las infraestructuras que están pendientes o diseñar una programación adecuada. Hay que hacer más.

Hostecor también debe tener un papel fundamental a la hora de impulsar el turismo, algo que en los últimos años no ha existido. Fagocitada por la omnipresente Confederación de Empresarios de Córdoba (CECO), la directiva de Palacios ha dinamitado casi todos los puentes para conseguir que el cisma interno derivara en la aparición de Córdoba Apetece. Mañana, los empresarios de este pujante sector económico cordobés tienen ante sí la oportunidad de decidir qué quieren hacer con su futuro.

Por un lado, Francisco de la Torre, representa aire nuevo y cierta bisoñez frente a una María Dolores Jiménez heredera de la directiva saliente y conocida por su larga trayectoria en cargos de representación en la ciudad. Sin valorar ni a uno ni a otro, lo que ambos deberían tener presente es que han de acabarse los personalismos y ese afán enfermizo por figurar. El sector turístico no puede dedicarse siempre a criticar y pedir, debe implicarse en el desarrollo de la ciudad, en la promoción y organización de eventos como la campaña de Navidad, la Semana Santa, el Mayo Festivo o el Festival de la Guitarra que tanto les benefician. Esa implicación ha de ser por la vía de la aportación porque los empresarios deben quitarse de la cabeza la idea de que poner dinero es gastar y han de pensar que el gasto es inversión y que si ésta está bien hecha da pingües beneficios.

Ya hace cuatro años las elecciones de Hostecor acabaron convertidas en un sainete. Esperemos que mañana, gane quien gane, se impongan la cordura, la profesionalidad y el rigor. Esto no consiste en que todos sean amiguitos sino en que sean capaces de sumar voluntades y poner los intereses de la ciudad por encima de los personales. Y no por altruismo sino porque la unión hace la fuerza y ésa es la que da beneficios y llena las cajas registradoras. Aunque parezca mentira decir esto en esta ciudad.

Neoconservadores de la tradición

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 17 de mayo de 2015 a las 8:52

Esta Córdoba de nuestras entre telas no dejará nunca de sorprendernos. Su ancestral tendencia a vivir entre el péndulo y la discreción acaba por llevarnos a descubrimientos que, una vez reflexionados, nos dejan patidifusos. De pronto un día, entre ducha y lavado de dientes, uno se da cuenta de que caminamos hacia la definición de un nuevo grupo social de esos que evolucionan con el paso de los años desde la defensa de unos postulados hasta el encastillamiento en otros. Todo ello, por supuesto, con la misma vehemencia.

Viene esto al caso porque en este mes de mayo se observa, no sin cierta sorpresa, que en determinados sectores de esta ciudad se está tendiendo a realizar una defensa de nuestras tradiciones centrada en la recuperación de la esencia frente el éxito turístico. Los llenos en la Cata, las Cruces, los Patios y el más que previsible de la Feria nos están sirviendo para alumbrar una suerte de nuevo grupo social que denuncia la masificación y pérdida de sentido de nuestras fiestas por mor de un interés pecuniario y casi que bastardo. Nada habría que decir si esta forma de pensar procediese de los tradicionalistas de siempre, esos vinculados más bien a las capas más conservadoras e inmovilistas de la ciudad. Pero hete aquí que no es así, que este nuevo grupo proviene de ámbitos ideológicos hasta ahora situados en las antípodas de los de siempre. Es más, muchos de quienes ahora denuncian lo mal que está todo son los que hace apenas quince días eran ardientes defensores de la libertad individual, del carpe diem y la apertura de los muros que han mantenido a Córdoba lejana y sola. Son los neoconservadores.

Este grupo social es muy activo en redes sociales, se mueve ideológicamente entre la gauche divine cordobesa y el movimiento supuestamente no alineado y hay que reconocer que tiene una capacidad de impacto en ciertos sectores de opinión. Son estos los que muestran fotografías de la basura tras las Cruces, imágenes de las colas en los Patios y mezclan el ataque a las casetas privadas con la denuncia del botellón en la Feria. Es un colectivo que pregona que la ciudad está perdiéndose por el vil metal y más o menos prostituyendo lo que ha sido para salir del agujero de la crisis económica.

Siendo como son muy respetables sus críticas cabría ponerles la pega de que estos ataques se realizan siempre desde cierta atalaya revestida de intelectualidad y ni proponen alternativas ni ofrecen soluciones. Suelen ser ataques en los que se tiende a pasar por alto que el boom turístico de la ciudad es lo único que nos está sacando de la crisis, a la espera de que otros sectores muy prometedores terminen de cuajar sus alternativas. Se ignora así que tras tanto visitantes hay salidas laborales y oxígeno para largos dramas familiares.

Sin negar que el mayo necesita ser revisado a fondo, y admitiendo que lo suyo es ver los Patios tranquilos y sin bullas, cabría pensar que tanta visión neoconservadora tiene más que ver con los intereses y comodidades individuales que con los beneficios comunes. Un poco con el “yo me lo merezco y tú te apañas como puedas”. Y eso, además de neoconservador, es bastante miope.

Los Patios como revulsivo

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 10 de diciembre de 2012 a las 11:54

La Declaración de la Fiesta de los Patios de Córdoba como Patrimonio Intangible de la Humanidad ha generado por fin un movimiento común de respaldo sobre un tema concreto en Córdoba. Partidos políticos, instituciones, sectores económicos implicados y, por supuesto, propietarios y cuidadores, están de acuerdo en que de la decisión de la Unesco debe salir algo muy bueno para Córdoba. El impulso de la marca de la ciudad y su traslación al rendimiento turístico, una de las bases -fuera de toda duda- para superar la actual crisis económica, están tras esta designación. Sin embargo, la experiencia dicta que aún queda mucho camino por andar y que son múltiples los retos que la ciudad afronta para lograr que este reconocimiento le permita unas cifras que llevan años estancadas.

PROMOCIÓN 

Si los Patios son Patrimonio Intangible de la Humanidad, Córdoba ya puede presumir de ser de las pocas ciudades del mundo que cuenta con una triple corona de este tipo. A los recintos recién declarados se suman el Casco Histórico (1994) y la Mezquita (1984), tres ejes vertebradores de la ciudad a partir de los cuales debería girar toda la labor de captación de visitantes. Córdoba siempre ha adolecido de una falta de marca preocupante en el exterior y se ha perdido en la venta de actividades secundarias, aunque relevantes, para sacar partido a su potencial. Unido a ello, la separación de la marca de la capital y la provincia ha provocado que en Ferias como Fitur no quedase muy claro si la intención era la de sumar esfuerzos o si los equipos de captación de ambas partes peleaban entre sí por arrimar el ascua a su sardina. Lo cierto es que Córdoba puede permitirse presumir de un patrimonio al alcance de muy pocos en el mundo y de nadie en Andalucía, lo cual debería llevar a nuevas estrategias que lo potencien. La presencia de actos paralelos como la Noche Blanca, el Festival de la Guitarra o Cosmopoética debería ser utilizada como acompañamiento secundario, nunca como elemento principal. Los turistas no vienen a Córdoba por festivales o certámenes puntuales, sino que lo hacen atraídos por la belleza monumental y patrimonial de la ciudad, por lo que todo lo demás son adornos a los que hay que sacar partido sin que secuestren la imagen real de la ciudad.

OFERTA FINAL 

A pesar de ser uno de los sectores que están salvando a Córdoba de la crisis, el turismo no consigue arrancar en Córdoba con toda la fuerza que necesita. Las pernoctaciones siguen situándote muy por debajo de otras ciudades de similar dimensión, menor valor histórico artístico, pero mucha mayor oferta complementaria. Y es que pasear por Córdoba cualquier día por la tarde, por su Casco Histórico, es poco menos que desalentador. En el momento en el que cierra sus puertas la Mezquita-Catedral, la vida desaparece del conjunto declarado Patrimonio de la Humanidad y las calles quedan semidesérticas. La falta de oferta de ocio nocturno es alarmante y es la causante de la falta de fijación d ellos visitantes a la ciudad. Si es cierto lo que el Ayuntamiento ha propuesto estos días y se logran abrir algunos patios durante las noches de verano la ciudad saldrá ganando de manera considerable. Sin embargo, no puede ser que el sector turístico siga dependiendo de los pasos que urden administraciones publicas o grandes instituciones privadas para mejorar sus resultados. Las apuestas por la visita nocturna al Alcazar, la Mezquita-Catedral o Palacio de Viana son tremendamente positivas, pero de nada sirven si los empresarios encargados de sacarle partido se limitan a esperar en sus negocios la entrada de los potenciales clientes. Si miramos a nuestro entorno más cercano, observamos que es el propio tejido hostelero el principal dinamizador de la oferta de ocio nocturno en ciudades como Málaga, Sevilla y Granada. Aquí no. Se echa en falta una acción decidida por parte de Hostecor como colectivo mas allá de acertadas, y osadas, apuestas empresariales del tipo del Mercado Victoria. Recorridos guiados, visitas tematizadas, ofertas culturales alternativas a los cauces oficiales o, sobre todo, la potenciación de un turismo del que Córdoba podría ser referente se atisban como alguna de las opciones a tener en cuenta de cara al futuro.

LA PARÁLISIS HOTELERA 

Otro de los enormes problemas con los que se enfrenta Córdoba a la hora de sacarle partido a su potencial turístico se refiere a la planta hotelera. La Fiesta de los Patios es el principal exponente de una situación que debería solucionarse: encontrar una habitación en condiciones, en un hotel de media categoría y a un precio asequible es poco menos que misión imposible. Muchas han sido las voces y los intentos por intentar desbloquear esta situación y numerosas las quejas y enfrentamientos que se han tenido desde el ámbito de lo público con el sector. Si comparamos Córdoba con ciudades anteriormente citadas se aprecia una oferta de alojamientos muy inferior a la media, con unos precios muy elevados y muy poca capacidad de adaptación a la demanda. Así hemos llegado a ver en acontecimientos como la Copa Davis que los hoteles de la capital no lograban llenarse mientras zonas limítrofes sí lo hacían ofertando cama y AVE. Del mismo modo, alguna gran competición realizada recientemente se ha visto cuestionada por la exigencia de pagos adelantados de importes de enorme relevancia por parte de los hoteleros. No es cuestión de poner en duda las acciones llevadas a cabo por los hoteleros, que como empresa privada tienen la lógica y legítima ambición de obtener los mayores resultados posibles para sus negocios, pero sí hemos de llamar la atención sobre la posibilidad de mejorar resultados, sobre todo entre semana, con una mayor flexibilidad en la oferta y ya implicación de esta en la promoción y desarrollo de la ciudad. El debate sobre la escasa planta hotelera de la ciudad no es precisamente nuevo y el actual equipo de gobierno de José Antonio Nieto ya ha tenido más de un encontronazo con el sector por su intención de incrementar la oferta existente.

ACUERDO COMÚN 

La designación de la Fiesta de los Patios como Patrimonio Intangible de la Humanidad llega en un momento estratégico de gran relevancia para Córdoba capital y provincia. La llegada del PP al poder en Capitulares y en la Diputación parece encaminar por fin la promoción de la ciudad hacia una marca única, potente, complementaria y dispuesta a explotar al máximo las enormes potencialidades que ofrece la provincia. Esa es la vía por la que hay que caminar, sin partidismos políticos tal y como han hecho ciudades de nuestro entorno de diverso color político.

Junto a ello, la confección de una oferta amplia repartida en los doce meses del año es un elemento capital a valorar. Córdoba es mucho más que su mes de mayo y la articulación de una programación que complemente a su triple corona patrimonial con la Cata del Vino en primavera, los festivales musicales en verano y Cosmopoética y Eutopia en otoño se antojan determinantes. Además, el Ayuntamiento debería concretar de una vez esas grandes apuestas culturales que ha anunciado en demasiadas ocasiones tras el fiasco de la Capitalidad.

Finalmente, la iniciativa privada debe dar un paso adelante si quiere incrementar su rendimiento económico y garantizarse su propia continuidad. No sólo con una adecuación de la oferta en términos de precio a la demanda, sino implicándose de manera decidida en la puesta en marcha de nuevas iniciativas y la consolidación de las ya existentes. En estos tiempos de penuria, la colaboración publico-privada se antoja fundamental para el futuro de capital y provincia.

En definitiva, Córdoba cuenta con sus Patios, su Mezquita y su Casco Histórico como oferta básica. A ello hay que sumar una posición y unas comunicaciones espléndidas para sacarles partido. En los últimos tiempos se han dado pasos adecuados para incrementar la oferta de ocio y las pernoctaciones en enclaves inigualables como la Mezquita-Catedral, el Alcázar o el Palacio de Viana. Es momento de cerrar el círculo mirando el interés común que revertirá en el beneficio privado de los cordobeses. Ojalá el impulso de esta última decisión de la Unesco sirva para ello.

Los nuevos emigrantes

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 10 de junio de 2012 a las 10:07

Mientras los políticos son un problema para casi uno de cada cuatro ciudadanos –lo del paro y la economía por delante se da por descontado–, Córdoba comienza a recuperar imágenes de la España en blanco y negro a causa de la crisis. El paro se ceba con la provincia y ofrece en mayo unos datos de descenso mínimos, muy inferiores a los del año pasado, demostrando que el Mayo Festivo ya no es tan festivo como lo era antes. Ya no salimos tanto, nuestros vecinos de Despeñaperros arriba se mueven menos y gastan lo justo y nuestros Patios, Cruces y Feria, a pesar de estar llenos, han dejado de ser el maná divino que salvaba a no pocos hogares. Ante esto, ¿qué nos queda? El campo

Pero el campo ya no es el refugio del 2009, el 2010 o el 2011. Ya no hay sitio para más. Ya no vienen contingentes de extranjeros a recolectar nuestro vergel porque quienes en su día huyeron a la costa en busca de buenas nóminas en el ladrillo han retornado ahora a sus pueblos para buscarse el pan en los tajos del olivar, de la naranja, de la viña o del ajo. El retorno a lo primario. El saco a la espalda, las tijeras en la mano, las horas al sol a cambio de un jornal. El campo como refugio. Un campo en el que el exceso de oferta de mano de obra está llevando a rebajar salarios muy opor debajo de lo estipulado según denunciaba esta semana CCOO. Un campo que no da más de si. Un campo que recuerda a aquel de los 50 y los 60 porque, como en los 50 y los 60, se está convirtiendo en exportador. Exportador de productos y exportador de mano de obra.

Ya no van con las cosas en maletas de cartón ni con la cara de pobre que llevaban en las cintas de blanco y negro, pero cada vez más cordobeses, más jóvenes cordobeses, están viendo en el campo europeo la salida a sus miserias. Europa demanda ingenieros y arquitectos, pero también demanda jornaleros españoles. De esos sacrificados, que conocen su labor a la perfección y que dan un magnífico rendimiento. Y esta semana hemos sabido que desde Holanda, Suiza o Bélgica se pide que vayan españoles a recoger sus campos. Ya no es sólo la vendimia francesa. España amplía mercados y manda a sus trabajadores a recoger los huertos europeos. Hay que buscar comida. Hay que mantener a la familia. Hay que vivir.

España retorna al blanco y negro, a los trenes atestados y a las lágrimas en el andén. Esto es lo que ocurre de verdad en nuestros pueblos y ciudades. Allí no se habla de primas ni de sistemas financieros ni de bancos de España. Allí se habla de labrarse un futuro. Con las manos, con el lomo doblado. Como hicieran nuestros mayores. Vaya panorama.