Archivos para el tag ‘Ocaña’

Cosmos arde

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 13 de diciembre de 2015 a las 6:41

Que Córdoba es la ciudad de los debates surrealistas no es algo que vayamos a descubrir ahora. Sin embargo, hay que reconocer la capacidad que tiene la ciudad, o al menos parte de ella, para desarrollar polémicas alrededor de temas que se supone solucionados. La penúltima gira alrededor del proyecto de Cosmos de utilizar residuos como combustible. La iniciativa, que cuenta con el visto bueno de la Junta y que fue aprobada por Urbanismo en 2006 bajo la supervisión de Andrés Ocaña, parece que ahora no gusta en Capitulares. El bipartito ha planteado a la empresa una especie de órdago según el cual si se atreve a valorizar, o incinerar como dicen ellos, se arriesgan a que caiga sobre la multinacional todo el peso de la ley. El argumento, en palabras de nuestra lírica alcaldesa, es que la ciudad amable y sostenible que nos queremos dar no puede “abrazar” una factoría que lleve a cabo semejante labor.

Como espectadores de excepción, los 80 trabajadores de la industria, que temen por su nómina y han iniciado una ronda de movilizaciones. Para echarle más sal a la cosa aparecen los vecinos o los representantes de los vecinos, que no es lo mismo, para decir que Cosmos poco más o menos va a matarlos cuando empiece a valorizar. (Esta ciudad ha conseguido que lo que nació como un elemento altamente positivo, la representación vecinal, se haya convertido en una suerte de corralito político que actúa en función de quién esté en Capitulares. No pocas asociaciones responden de forma clara a postulados de partidistas).

Para situar esta polémica debemos retrotraernos a la campaña electoral cuando, en un acto absolutamente irresponsable, todos los partidos firmaron un compromiso para impedir que la factoría llevase a cabo sus planes. Compromiso electoral que buscaba el titular, la foto y agradar a los representantes de los vecinos y que obviaba a los varios cientos de familias que directa o indirectamente comen todos los días de esta fábrica. No nos debe sorprender que nuestros representantes políticos actúen como lo hicieron pues por eso estamos como estamos. Pero en una ciudad en la que el paro supera el 30% y en la que vivimos de un sector servicios que no genera la mejor contratación, atacar de este modo al escaso tejido fabril es, cuando menos, irresponsable. Hacerlo respondiendo a las presiones minoritarias es aún peor.

No vamos a negar que haya preocupación en el vecindario por este proyecto de Cosmos, tanto como no podemos dudar de que la ubicación de la fábrica no es la mejor. Pero ello no obsta para que pensemos que ésta estaba allí antes que el barrio. Además, si la fábrica tiene todos los permisos por algo será, salvo que pensemos que esos papeles valen casi tanto como los que envuelven los regalos navideños.

A última hora, y coincidiendo con la primer manifestación, la parte socialista del cogobierno da marcha atrás en la idea de llevar a pleno la salida de Cosmos del PGOU. Presiones de las agrupaciones locales y el miedo al impacto electoral de esta medida están tras una decisión que vuelve a poner de manifiesto que el bipartito no es un ejemplo de firmeza y cohesión. Y que vuelve a llevar a preguntarnos si después de seis meses y, visto lo visto, alguna vez va a haber alguna medida que se tome, para bien o para mal, que se mantenga en el tiempo.

La pelea de Cosmos no ha hecho más que empezar. Esperemos que el desenlace no se traduzca en la desaparición de unos cientos de empleos y en el empobrecimiento aún mayor de la ciudad en la que vivimos.

La importancia de la lista

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 9 de mayo de 2015 a las 7:08

En unas elecciones municipales, lo importante no es que quien vaya en la lista sume sino que no reste”. Esta afirmación la he escuchado más de una vez en boca de veteranos políticos e informadores del área cada vez que se sentaban a valorar las candidaturas con las que los partidos concurren a las urnas. En unas municipales, sobre todo, lo más importante es el cabeza de lista. Son comicios en los que se mira mucho la cara que va en el cartel y cuenta enormemente la confianza que el ciudadano pueda obtener de ella. Pero eso no significa que no haya que tener en cuenta al resto de la candidatura.

No es que se trate de buscar fichajes de relumbrón, que hay quien lo intenta, sino de tratar de que los 28 que van con el líder no den el cante. Si, de paso, sirven para atraer sufragios que se habían perdido o andan en el alero, miel sobre hojuelas. Sonados son los casos en los que los partidos apuestan por nombres que creen que darán juego y se encuentran de frente con auténticos fiascos. Los hemos visto en Córdoba en todas las formaciones, desde las grandes hasta las más pequeñas. Personas que quien eligió creía que serían un pelotazo y han acabado siendo una bomba de relojería, bien por sus declaraciones, bien por sus actos. Le pasó a Nieto con Casado Raigón, a Ocaña con Rosa Candelario, a Mellado consigo mismo, al PA con Antonio Manuel Rodríguez y a tantos y tantos otros.

Ser aspirante a concejal es tener presente, lo primero, que se ha situado uno en el centro de todas las miradas, que ha perdido gran parte de su intimidad y sus costumbres sociales privadas y que hay que aceptar sin rechistar lo que deciden el partido y sus estrategas para ti.

En esta campaña, es cierto que salvo escasas excepciones centradas casi todas en el PP, los candidatos se han embarcado en una lucha muy personal en la que sus equipos no han tenido casi nada que rascar hasta el momento. Error también, porque el ciudadano no es tonto y si ve que los que acompañan al candidato que pensaba votar pintan menos que él comienza a meditar mucho su voto. Lo dicho, que la lista no da votos, pero no saber gestionarla o dejarla en una esquina bien que puede quitarlos.

Están todos y quedan 28 días

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 26 de abril de 2015 a las 8:45

Están todos. Ya no falta ninguno. Dentro exactamente de 28 días sabremos quién ha ganado las elecciones municipales de 2015, lo que no es lo mismo que saber quién será el alcalde de Córdoba hasta 2019. Hace cuatro años esta incógnita no existía, hoy sí. Los partidos ya tienen candidatos y listas y apuran los tiempos para convencer al personal de sus bondades y virtudes o, si no lo consiguen, de poner sobre la mesa las carencias del contrario. Tocan días de besos, abrazos, sonrisas y parabienes. Otra vez.

En estas municipales la cosa se plantea clara en el inicio en cuanto a que tras el 24 de mayo habrá más partidos en el salón de plenos de Capitulares y en que es más que probable que la mayoría absoluta de la que goza hoy en día el Partido Popular está muy difícil de revalidar. Para ello, unos y otros han definido ya los rostros de sus carteles y ahora toca ver qué juego da cada cual.

urnaJosé Antonio Nieto confronta su reelección con todos los demás enfrente. El alcalde, con una campaña sectorial y muy personal, ha de conseguir que su gestión e imagen hagan frente al desastre que vive el PP nacional por sus escándalos y pésima gestión comunicativa. Le va la vida en ello, pero cierto es que la ausencia total de oposición en estos cuatro años le sitúa de salida casi sin mácula a ojos de la ciudadanía. Economía y obras en barrios como aval le acompañan. Claro que el personal esperaba algo más del regidor cuando se le votó con aplastante mayoría.

Enfrente el panorama es distinto. La Unión Cordobesa de Rafael Gómez parece que tiene lejos volver a repetir esos cinco ediles que logró hace cuatro años. Primero por su inexistente, cuando no nefasta, labor como principal grupo de la oposición municipal. Y, segundo, porque el Supremo puede fallar en breve una incompatibilidad para el empresario que desarticule el partido. Ante esta eventualidad UCOR se ha regenerado con caras nuevas, pero de todos es sabido que sin su carismático líder poco tiene que hacer.

En Izquierda Unida la cosa tampoco pinta demasiado bien. Pedro García pone tesón y sonrisa al temporal por el que atraviesa la coalición. Por si no fuera poco el varapalo de las autonómicas, la irrupción de Podemos y Ganemos ha venido a hurgar en la herida. El rosismo sigue pasándole factura a una formación que desde el batacazo de Andrés Ocaña en 2011 no parece capaz de levantar la cabeza y vaga sin rumbo fijo.

El PSOE ha optado por la renovación e Isabel Ambrosio aparece como un rostro amable –y de mujer– que promete nuevos tiempos en el puño y la rosa locales. La campaña lleva largo tiempo lanzada y parece que da rédito y apunta a una mejora. No obstante, los socialistas deben tener en cuenta que su aspirante, por mucho que (acertadamente) quiera marcar distancias con su pasado, ha sido el rostro de la Junta en la provincia durante muchos años y eso marca. Hay quien puede pensar que Ambrosio reclama ahora lo que no hizo antes.

Y luego están los nuevos. Ciudadanos aparece con su halo virginal y regenerador como una alternativa a la derecha. Sus buenos resultados en las autonómicas le avalan, tanto como la imagen idílica de Albert Rivera, convertido casi en el yerno perfecto. Sin embargo, en estas municipales, su candidato, José Luis Vilches, dista mucho de ser un desconocido en Córdoba y su amplio historial ocupa ya no pocas conversaciones. El candidato pesa mucho en unas municipales y no está claro que el expresidente de CECO y la Cámara pueda ofrecer las reformas y cambios que postula su jefe a nivel nacional.

Por último, con perdón de UpyD y el PA –desde aquí mi respeto a sus valientes– tenemos a Ganemos Córdoba. La agrupación de electores ha logrado las firmas necesarias y presenta a Rafael Blázquez y su aval antidesahucios como garantía. Sin embargo, está por ver si su adscripción ideológica y su escaso nivel de conocimiento más allá de sus ámbitos de actuación pueden ser una cortapisa. Ganemos ofrece ilusión y su poquito de utopía, pero necesita del impulso de Podemos y de una estrategia clara para convertirse en alternativa.

Y así estamos a apenas cuatro domingos –sálvese el de hoy– de vivir una bonita jornada electoral. La cosa pinta interesante, veremos si al final hay sorpresas.

Los exalcaldes y la Mezquita

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 22 de febrero de 2015 a las 8:10

Enésima entrada en el sainete generado alrededor de la Mezquita de Córdoba. En un giro inesperado, los cinco exalcaldes de la ciudad que ha tenido Izquierda Unida -Julio Anguita, Herminio Trigo, Manuel Pérez, Rosa Aguilar y Andrés Ocaña- han firmado una carta conjunta en la que reclaman la titularidad pública del monumento con los consabidos argumentos que no creo que haya que contar más. Básicamente, lo de siempre, que se le ha hurtado al pueblo lo que es suyo, que esto es una atraco perpetrado por la Iglesia, etc, etc… Dejando al margen que hay que felicitar a quien ha conseguido que Anguita haya firmado un documento con su denostada Rosa Aguilar y ha unido a Herminio Trigo con Andrés Ocaña o ha logrado que Manuel Pérez se signifique como exregidor -que nunca le ha gustado mucho- hay dos puntos que cabría destacar.

Rosa Aguilar posa delante de una de las puertas lateral de la Mezquita en la campaña de las elecciones municipales de 2007En primer lugar, hay que resaltar que este ataque de propiedad popular del monumento que le ha entrado a los exregidores es realmente llamativo. Salvemos aquí a Julio Anguita, quien tiene en su haber la famosa frase dirigida a Infantes Florido en la que afirmó: “Usted no es mi obispo, pero yo sí soy su alcalde”. De los demás sólo puede uno decir que la carta le genera estupefacción. Durante décadas hemos asistido a un acompañamiento musical excelso por parte de quienes fueron alcaldes con la Iglesia de esta ciudad. Eran los tiempos en los que Cajasur vestía con sotana y Don Miguel -que así se le llamaba- mandaba en la ciudad bastante más que los alcaldes. Fueron años en los que se ha visto a todos en misas, procesiones, firmando convenios y apoyando cuanto propusieran los señores del clériman. Tanta fue la colaboración que en el consejo de administración de la entidad financiera, los consejeros de IU solían alinearse con los del clero. Eso, por no hablar del bautizo de Rosa Aguilar en el Quema, de la visita de Andrés Ocaña al Rocío o de las decenas de actos celebrados en la Mezquita sin que nadie abriese la boca.

Vicente Carmona, Andrés Ocaña, Manuel Pérez Moya y Alfredo Montes, en una visita preparatoria de la visita nocturna a la Mezquita, posan delante d ela capilla de Villaviciosa.En segundo lugar, no es menos llamativo que los exalcaldes, que han sido los que mandaban en la ciudad, hayan dejado fuera a sus dos colegas del PP que se han sentado en Capitulares. Si lo que se busca es la unidad de acción por el bien de la ciudad, igual lo lógico habría sido incluirlos y después pedir cordura, diálogo y sensatez a todas las partes y liderar desde la autoridad que otorga la responsabilidad pasada un movimiento que apacigüe las aguas y defienda el principal emblema de la ciudad. Esa habría sido una actuación de cinco exalcaldes de Córdoba mirando por su ciudad. Lo que han hecho es un acto partidista de tensión preelectoral enfocado a halagar a unos y disturbar a otros.

Menos mal que las hemerotecas siguen existiendo para recordarnos que hubo un tiempo en el que la gran mayoría de IU -salvemos aquí de nuevo a Julio Anguita- camina por Córdoba bajo palio, con una amplia sonrisa de satisfacción y orgullo por ir casi de la mano de quien, vestido de negro, mecía la cuna. Y, que yo sepa, la Mezquita era entonces tan de la Iglesia como lo es ahora. Y es que la desmemoria y la incoherencia son muy malas compañeras de viaje.

Colecor, episodio 50.000

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 17 de febrero de 2014 a las 9:24

EL Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) ha fallado que Rafael Gómez cometió una infracción “grave” al construir las famosas naves de la Colecor y que por ello el empresario cordobés debe pagar 20 millones de multa a la ciudad. Argumenta el tribunal, para usted y para mí, que el ahora populista líder político se saltó a la torera todos los procedimientos legales, se cachondeó de los avisos de precinto de la obra que le realizó la Policía Local y siguió a la suyo a pesar de que la construcción tenía menos papeles que una liebre. Hasta aquí nada que sorprenda. La única novedad en toda esta historia deviene de cierto recorte de la cuantía de la púa que le han impuesto y que pasa de los 24,6 millones de los que usted y yo nos habíamos acostumbrado a hablar a tan solo 20. De aquí se deriva también que tengamos que hacer un esfuerzo para recalcular el importe total que el antaño omnipotente constructor debe a Córdoba y que ahora se sitúa en el entorno de los 36 millones frente a los 40 de antes. Como ven complejos manejos mentales para llegar a la misma conclusión.

A esa conclusión ha llegado también el terror de Cañero, quien el viernes volvía a insistir que esa multa no la va a pagar él -esta vez parece que su famosa prima la pelá tampoco- aunque el Tribunal Constitucional, último reducto jurídico que le queda le obligue también a hacerlo. Dice Gómez que no tiene dinero para satisfacer al erario publico y pone al decirlo cara de no haber roto un plato y hechura de ser víctima de una conspiración. Al tiempo insiste en señalar a Rosa Aguilar como la gran culpable de sus males, como si la exregidora fuese una especie de gran Satán que le convenció para ponerse la legalidad por montera y afrontar su megalomaníaco proyecto. Que hubo connivencia municipal entonces es algo de lo que yo no dudo y me remito para ello a que las acciones policiales y administrativas que se tomaron fueron de todo menos intensas. Ahora, de ahí a que eso exima al constructor de su responsabilidad va un mundo.

Y mientras Rafael dice todo esto, el entonces cogobierno insiste en lo bien que lo hizo todo y el actual equipo de mando reitera, con poca convicción, que hará todo lo que está en su mano para poner la cartera del líder de UCOR boca abajo y sacarle hasta el ultimo real de vellón que tenga. Mientras, la Junta, que es la encargada de velar por la pureza del planeamiento urbanístico, y que tiene recurrido el plan de la carretera de Palma ante el TSJA, guarda un tupido silencio como si su ausencia de pronunciamiento la eximiera de su responsabilidad.

En definitiva, tras esta nueva sentencia volvemos al punto de partida, al arranque de este bucle histórico en el que a cada paso que se da mismas respuestas que se obtienen. Las naves siguen en pie, camino de la adolescencia, sin que nada ni nadie sea capaz de decidir definitivamente sobre ellas y usted y yo seguimos teniendo que pagar las multas de zona azul, los recargos administrativos y cuantas sanciones se nos impongan si no queremos que nos caiga encima todo el peso de la ley. Será que tendremos que dejarnos el pelo largo y teñírnoslo de blanco.

Planas y la Colecor

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 7 de abril de 2013 a las 11:17

Hay en esta ciudad una tendencia enfermiza a los debates eternos. Como si viviésemos en un bucle temporal perpetuo, cada equis meses reaparecen polémicas sobre el futuro del Aeropuerto, las parcelas ilegales, el centro de congresos o las naves de Colecor. Produce hastío y verdadera pereza tratar una y otra vez las mismas cuestiones y observar cómo nadie tiene de verdad una solución, está dispuesto a dar su brazo a torcer o se plantea aportar algo. Quizás por ello, lo que esta semana ha hecho el consejero de Agricultura y Medio Ambiente, Luis Planas, con el plan de la carretera de Palma y con las naves de Colecor me parece merecedor de una sonora ovación por varias cuestiones.

El consejero ha decidido, con el apoyo de sus técnicos –no lo olvidemos– que en las naves de Colecor va a haber usos comerciales cuando las ranas críen pelo. Y lo ha decidido sólo, sin pedir permiso, sin ceder a presiones y sin concesiones poco confesables. Y por qué. Pues porque ha sabido deslindar su faceta de militante de la de cargo institucional –por mucho que a Durán le escueza–, porque tiene por Andalucía varios frentes muy complicados ante los que no puede dar ninguna señal de flaqueza; porque lo que pretende legalizar el Ayuntamiento –y aquí entra todo el Pleno– es una aberración con agravio comparativo hacia usted y hacia mi que cumplimos la ley, y, finalmente, porque es una persona que sabe lo que pasa en esta ciudad, aunque haya estado destinado en medio mundo, y siente la misma vergüenza que usted y  yo cuando ve a todos los grupos políticos darle carta de naturaleza a la obra ilegal, chulesca e impresentable que se marcó Rafael Gómez.

No es esta última cuestión baladí, porque no me canso de decir que me causa un azoramiento de proporciones enormes asistir al ridículo que han hecho nuestros partidos locales en este tema. Ver cómo se han plegado ante un monumento a la ilegalidad, un homenaje a los pretéritos tiempos de la servidumbre social ante los billetes del promotor y una puñalada trapera a los derechos del resto de ciudadanos cumplidores conla Hacienday normativa pública. Eso es lo que han sido las naves de Colecor.

Por eso, lo que Luis Planas ha hecho y ha dicho muy claramente es: “Hasta aquí hemos llegado”. Y lo que debería hacer el Ayuntamiento –todo el Pleno– es dejarse de milongas y mentiras de una vez y coger el toro por los cuernos. Quizás ha llegado la hora de perder los miedos o servidumbres que han llevado a ver actitudes bochornosas de no pocos representantes públicos de esta ciudad –algunos con sonados cambios de opinión inexplicados e inexplicables– y tomar decisiones de gobierno en favor de la gran mayoría social de esta ciudad. Que un consejero tenga que recordarle a un portavoz municipal que antes del partido está el bien común es muy grave. Que un alcalde pregunte qué debe hacer con una obra ilegal es sencillamente para abuchearlo. Y que abran la boca quienes desde el gobierno permitieron semajante tropelía con su silencio y ocultación es simplemente impresentable. Y ya está bien de aguantar hombre. Así que mi ovación para usted don Luis. Ahora sólo le queda tirarlas.

Carnaval en Capitulares

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 17 de febrero de 2013 a las 9:59

Hemos tenido preliminares, semifinal y final. Como en el concurso de agrupaciones del Gran Teatro, en el Ayuntamiento de Córdoba hemos tenido en estas últimas semanas actuaciones de gran nivel que han servido para solazar a los cordobeses. Como en los mejores repertorios, la cosa ha ido in crescendo y de un primer pase por la tablas de gran nivel, pasamos a otro de enorme calidad para finalizar con uno desternillante que ha hecho las delicias del jurado. Pelotazo el que ha dado este año Rafael Gómez en el escenario municipal con sus parodias sobre las cenas con Rosa Aguilar o sobre la propiedad de los terrenos del Arenal de la Fuensanta. Magníficas intervenciones que levantaron al público de sus asientos en una atronadora ovación. Sin embargo, lo mejor estaba guardado para el día de la final, una parodia espléndida en la que primero se le quita el sueldo a una edil  díscola, luego se insulta y agrede al marido de la susodicha y después se finaliza diciendo frases de profundidad como que “eso es cagar corchetes en la puerta de un sastre”. Increíble, tremendo, ovación de gala, triunfo asegurado, pelotazo –no urbanístico–, der díe. La afición está que se sale y ya no se cantan más estrofas y estribillos que las del autor de otras gloriosas frases como “esto es de mi menda lerenda que come turrón de almendras” o “eso lo va a pagar mi prima la pelá”. Me rindo ante semejante humor.

Si no fuese por lo grotesco de la situación y por la patética imagen que ofrece la ciudad cuando suceden cosas como las de las últimas semanas, uno pensaría que ni Azcona y Berlanga en sus mejores momentos habrían sido capaces de parir el guión de lo  que se vive en estos momentos en la ciudad. Rafael Gómez se ha desatado definitivamente y, no se sabe por qué razón –apunten ustedes algunas que si yo las digo acabo ante un señor de negro– ha decidido que es hora de protagonizar la vida municipal. Lo dijo el portavoz de IU, Paco Tejada, el viernes –“es lamentable que Rafael Gómez lleve dos semanas marcando la agenda”– y no le faltaba razón. La misma que tienen quienes opinan,u opinamos, que el protagonismo se lo dieron a Gómez hace muchos años los Tejada, Ocaña o Aguilar cuando tratar con el empresario no estaba tan mal visto como ahora.

Rafael Gómez es en estos momentos quien pone el orden del día en la vida municipal y ello con el permiso de un PP que ha utilizado a UCOR como marca blanca durante dos años y al que la jugada podría salirle mal si no se anda con ojo. Porque en estos tiempos de hartazgo de políticos profesionales, corruptelas variadas y miserias aireadas con la técnica del ventilador, alternativas como la de Rafael Gómez le pueden parecer a más de uno menos lamentables que las que ofrecen los partidos tradicionales. Porque puede haber quien piense que Gómez vive en la ilegalidad, pero al menos dio trabajo mientras pudo y no se muerde la lengua para denunciar las oscuras prácticas de los profesionales de la política. Y eso da mucho miedo. Tanto que ni el humor que sale de las letras carnavaleras consigue quitarme el regusto amargo que tengo instalado en mi garganta.

Huele a corrupción

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 10 de febrero de 2013 a las 10:00

No sé si les pasará a ustedes, pero últimamente me huele todo mal. Paseo por la calle y huele como a servicio de estación o a urinario de campo de fútbol. El aroma que flota es como el de Sevilla después de tres semanas de huelga de basuras; orín y podredumbre, vótimo y náusea. No hay lejía que pueda con esta sensación, ni limpiador que acabe con esa vaharada que nos invade cuando abrimos una puerta. Es un olor profundo e insistente: el olor de la corrupción. Ha calado profundo y no se quiere ir.

España siempre ha tenido algo de corrupta, un espíritu de Lazarillo más dado a la remanguillé que a la luminosidad, una tendencia al pecadillo venial con compungida confesión posterior. Está en el ADN del país. Por eso, cuando Rafael Gómez ha denunciado esta semana que durante años estuvo recibiendo favores, beneplácitos y palmadas en la espalda por parte del gobierno que presidía Rosa Aguilar nadie se ha sorprendido. Quizás porque todos teníamos en la memoria aquellos tiempos en los que el de Cañero era Virrey de Córdoba y todo el mundo se ponía –o nos poníamos– firmes a su paso. Por eso, a muchos les saltaba una sonrisa burlona cuando el ahora líder de la oposición denunciaba públicamente que él hizo sus obras con permisos verbales de la exalcaldesa y su sucesor, Andrés Ocaña. Tras tantas fotos juntos, pocos dudaban de que su relación era más que estrecha.

Sin embargo, lo que hizo el miércoles Rafael Gómez, Sandokan para los amigos, es destapar una alcantarilla de la que emanan vapores mortales. Si es cierto lo que el otrora agasajado empresario dijo ante la prensa –y no digo yo que lo sea–, estaríamos ante un caso de tráfico de influencias, prevaricación, cohecho y vaya a saber usted qué más. Porque no es sólo que hubiese reuniones “clandestinas” –esas sí me las creo– con la exregidora y su entorno, sino que el dueño de Arenal 2000 acusa a la actual diputada socialista de haberle comunicado la multa de la Colecor en una cena pijotera –por las pijotas– en la que le dijo que no se preocupara porque todo quedaría en “6.000 euros”. Porque cuando el empresario se enfrentaba al comienzo de su caída, hubo una llamada de teléfono de la exalcaldesa anunciándole que “lo peor estaba por venir”, y una semana después el de Cañero era detenido en el caso Malaya. Porque “tú no le puedes poner una multa así a quien te ha dado todo lo que has necesitado”, dijo el de UCOR, en referencia a la compra de cuadros, la venta de terrenos para el Hipercor y sabe Dios qué otros favores.

Rafael Gómez no es un santo, ni mucho menos. Ha coleccionado una gama de irregularidades e ilegalidades urbanísticas tan grande como fue su imperio económico por las que ha de pagar hasta el último céntimo. Pero Rafael Gómez tampoco es tonto. Puede ser un iluminado, un hombre que se cree un visionario, un ser al que las leyes no le van bien, pero no es un tonto. Esta semana se ha dudado mucho de sus denuncias, y eso está bien porque la presunción de inocencia debe regir por encima de todo y para todos.

Sin embargo, ya les digo yo que cuando salgo a la calle me huele raro. Esta peste a corrupción no me gusta nada. Que la limpien.

La vergüenza de las naves

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 2 de diciembre de 2012 a las 18:44

Dice Rafael Gómez, desafiante y retador, que las naves dela Colecorson suyas –“ustedes creéis que son de mi prima la pelá”– y que no las va a demoler porque “sería absurdo y contraproducente”. Y se queda tan pancho. El histriónico propietario de UCOR y líder de Arenal 2000 –¿o es al revés?– vuelve a lanzar su enésimo reto a sus compañeros de corporación, ala Juntade Andalucía, a la ley y a quien se le ponga delante para dejar claro que él hizo lo que hizo por que le dejaron –algún día debería decir claramente cuándo y cómo se sentó con Rosa Aguilar y Andrés Ocaña si es que esto es cierto– y que su intención no era más que crear empleo para Córdoba, por lo que no hay motivo alguno para modificar ni un ápice de su construcción. Además, el empresario afirma que a él no le han dejado hacer lo que a otros  y vuelve a denunciar una especie de cacería en su contra. Dicho con sus palabras: “Aquí vienen los franceses y les ponemos el culo”. Y se queda tan pancho, otra vez.

Que Rafael Gómez tiene una concepción laxa de la legalidad no es algo que nos sorprenda a estas alturas y por eso es inútil intentar explicarle que él construyó40.000 metrosde naves en un espacio con protección, que lo hizo sin papeles y que debería afrontar las consecuencias. Lo que es más grave es la lamentable actitud de los restantes grupos municipales del pleno cordobés. Empezando por el PP, que ahora que es gobierno apoya el mismo plan ante el que se abstuvo en 2010 _–“no podemos dejarlo dormir eternamente”, Luis Martín dixit–, y pasando por IU y PSOE, que llevan años intentando sacar adelante esta ilegalidad con argumentos poco creíbles y menos serios. Es una auténtica vergüenza que desde el Consistorio se amparen estas conductas ilegales al mismo tiempo que a cualquier hijo de vecino le meten un paquete de no te menees si pone más mesas de las debidas en su bar, aparca donde no le corresponde o se retrasa quince días en abonar el IBI. Es una vergüenza que desde el Consistorio se ampare esta ilegalidad y encima se encojan los hombros y se ponga cara de pez para justificar la decisión.

Ahora toca ver quién recurrirá el plan de las naves, seguro que algún vecino lo hace, y contemplar sila Juntaes capaz de mantenerse en sus postulados de siempre o cede a los deseos del partido –apuesto por esto–. Vivimos por momentos en una ciudad de cachondeo en la que se practica la ley del embudo y se pretende hacer ver a los ciudadanos que legalizar lo ilegal es el mejor camino. Una vergüenza.

Por cierto, no se olvide usted de ir a pagar su multa, que, como la de Gómez no va a llegar a la caja, hay que tapar con su dinero los agujeros presupuestarios.

IU, el poder y la gloria

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 17 de junio de 2012 a las 10:54

Apenas un mes y medio de haber entrado a formar parte del Gobierno de Andalucía por primera vez en su historia, Izquierda Unida ya comienza a ofrecer signos de enfrentamiento y disensión interna más que alarmantes. Como la historia siempre se repite, en Córdoba ya casi no nos llama la atención que la coalición acabe viviendo en una doble personalidad perpetua en la que por un lado van quienes ocupan los cargos de responsabilidad en las instituciones públicas y, por otro, se sitúan aquellos que dirigen el partido en su esfera interna. Recordamos como si fuese ayer mismo el progresivo alejamiento que Rosa Aguilar y su equipo de gobierno pusieron en práctica durante sus diez años de mandato en Capitulares. Dicha separación llegó a provocar que la alcaldesa amenazase con dimitir justo antes de los comicios de 2007 si no se le dejaba hacer su lista y concluyó con Aguilar camino de Sevilla a una Consejería socialista y prácticamente todo su equipo laminado en la siguiente convocatoria electoral. Quién no recuerda los recados que durante años se estuvieron mandando la regidora y los diferentes coordinadores de IU a través de los titulares de los medios de comunicación.

Ahora, unos años después y tras obtener sus mejores resultados en unas autonómicas en décadas, los miembros de la coalición vuelven a vivir una situación similar. Las direcciones provinciales braman por el modo en el que Valderas y los suyos han ocupado los puestos de poder que IU ha rascado en la Junta y denuncian falta de democracia interna. Al mismo tiempo, las bases del partido, las que están tras el éxito de marzo, ven cómo sus representantes dan carta de naturaleza a un ajuste económico que ataca la línea de flotación del mensaje con el que la coalición se presentó a dichos comicios. Hasta tal punto llega el enfrentamiento que mientras Valderas y los consejeros de Obras Públicas y Turismo avalan un recorte de 777 millones de euros en el Consejo de Gobierno –mucho me temo que la negociación de ahora no es más que un paripé– los coordinadores de la coalición en todas las provincias han solicitado a su grupo parlamentario que se posicione en contra del plan en la votación en Las Cinco Llagas.

Así es Izquierda Unida, una formación que cuando pasa a dar trigo tras predicar en el desierto se ve inmersa en las contradicciones más evidentes. Un partido, en definitiva, en el que nunca quedan claros los inicios y los finales de las luchas fratricidas. Un partido en el que no pocos de quienes criticaban determinados comportamientos y formas de actuar en la oposición viran considerablemente cuando tocan el poder y la gloria. ¿Cuánto aguantarán?