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Política de la destrucción

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 22 de septiembre de 2014 a las 10:03

Si hay algo que siempre ha caracterizado a la vida política cordobesa eso ha sido la apuesta por la estrategia del “cuanto peor mejor”. En una ciudad de más de 350.000 habitantes con una ubicación espléndida y unas aún mejores comunicaciones, los dirigentes públicos practican un perfecto diálogo de sordos en el que lo más importante es gritar más alto que el de al lado para rechazar todo lo que este proponga. Así llevamos décadas, por no decir que casi siglos. La otra característica pasa por enumerar proyectos faraónicos que no llevan a ninguna parte para después renunciar a ellos en un ataque de súbito realismo y responsabilidad. Así hemos visto desfilar maquetas e ideas por las páginas de los periódicos sin ningún tipo de pudor.

Esta semana, José Antonio Nieto ha presentado su centro de convenciones, ferias y exposiciones con un discurso en el que recordaba esta tendencia a la marquetería y en el que reclamaba confianza y apoyo para su idea. Lo hacía con un tono duro con el contrincante y con la herencia recibida y también contra algún que otro miembro de a clase empresarial que se ha opuesto con uñas y dientes al recinto del parque joyero.

Personalmente, el proyecto de Suárez y Terrados no me parece ni más bonito ni más feo que otros de los que he escrito con profusión. Tiene, empero, una ventaja sobre los demás, que sale mucho más barato y que, si los hados no se configuran en su contra, tiene un plazo de ejecución mucho menor. Dos aspectos que no deberían caer en saco roto.

Un día después del acto del Góngora, mientras los empresarios del sector turístico aplaudían la posibilidad de que se pase de la madera y la cola al hormigón y el cemento, el coportavoz del PSOE en el Ayuntamiento, Emilio Aumente, comparecía ante los medios para decir que si su partido gobierna (ejem, ejem) tras las próximas municipales se paralizaría el proyecto aunque estuvieran iniciadas las obras. Aumente le dio flojo y fuerte a la estrategia del regidor, denunció lo que creen que son delirios de grandeza y dudó de la viabilidad de que la cosa salga adelante. Y lo dijo un miembro del mismo partido que mantiene cerrado y cogiendo pulgas un museo de alto valor junto al río, que prometió que tendría abierto el centro de recepción de visitantes para tal día como hoy o que defendió un Palacio del Sur que costó 11 millones y del que sólo quedan jaramagos.

Esa forma de hacer política, esta destrucción de todo, esta negación del aire al contrincante es del todo nociva para la ciudad. Uno puede estar de acuerdo o no con un proyecto, pero lo que no puede es amenazar con echarlo abajo si llega al poder. Los tiempos en los que un gobierno se construía sobre las cenizas de otro han pasado y los cordobeses no se merecen esta forma de actuar. El PSOE debería plantearse seriamente esta estrategia de derribo, que no le ha llevado más que a convertirse en una fuerza cuasi marginal en la capital. Igual si en lugar de jugar al derribo propusieran algo alguna vez podrían recuperar el crédito electoral que una vez tuvieron. Que falta les hace.

El lío de Nieto

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 5 de mayo de 2014 a las 11:19

No tengo muy claro el por qué de los continuos problemas que tiene el alcalde de Córdoba, José Antonio Nieto, con los grandes proyectos urbanísticos para la ciudad. Le está ocurriendo casi lo mismo que a sus antecesores, así que debo empezar a creerme que el síndrome de la bombonera –dícese de la zona que ocupa su despacho oficial en Capitulares– se ceba sobre los moradores del sillón regio municipal. Porque lo cierto es que no hay manera de que nada salga bien.

Primero fue el centro de congresos y convenciones –ahora rebautizado palacio de ferias– el que se presentó a bombo y platillo en un acto en el que se dijo que sólo faltaban unos flecos para empezar a trabajar. Eran los tiempos del arenismo militante y la euforia que embebía a los populares ante el que se creía inminente acceso al palacio de San Telmo hacía verlo todo de color de rosa. Luego vino el palo electoral y lo que tendría que haber sido un lugar con las obras hoy día muy avanzadas, permanece siendo un pabellón sin uso a la espera de los albañiles.

Después vino lo del mercado en el cine Andalucía. Anuncio sorpresa del regidor, Nieto se plantaba ante la ciudad con 6 millones de eurazos para hacer una moderna plaza de abastos que sirviese de revulsivo a una zona que languidece. La única condición del regidor era que lo apoyasen los placeros de la Corredera. Y, como era de prever, estos no lo hicieron. Debe ser que nadie le explicó al regidor cómo funciona en esta ciudad cualquier tipo de asociacionismo.

Y ahora toca la Biblioteca del Estado de los Jardines de los Patos. Cuando nadie se acordaba de ella y el proyecto vivía el sueño eterno, el Ministerio de Cultura –imbatible el amigo Wert– saca a licitación la obra, le pone precio y plazos y deja a todos pasmados. Tan pasmados que hasta el alcalde anda ahora porfiando del proyecto y pidiendo que se lo lleven al solar de Miraflores, que anda triste y cariacontecido después de que el Palacio del Sur –el gran homenaje a la maqueta– feneciera víctima de la inanición. Tan triste está el lugar que al alcalde se le ha ocurrido llevarse allí la biblioteca, como si los solares fueran iguales y los proyectos asimilables.

Así que llegamos hasta aquí con un proyecto soñado que no es (por ahora), otro prometido que no fue (por los comerciantes) y otro posible que no se quiere que sea, aunque –en otro homenaje de esta ciudad a la herencia del gran Marx (Groucho)– si tiene que ser será. Un lío. Y uno se pregunta si realmente es todo tan difícil. Si es tan complicado pararse a pensar que quizás no es el momento para dejar tantos millones en el Parque Joyero, o si quizás no es hora de gobernar y hacer en el cine Andalucía algo sin miedo al qué dirán (o harán) los demás, o si ponerle pegas a un proyecto de 13 millones que generará empleo no es más bien una pataleta un tanto irresponsable que una postura sensata y razonada.

Lo dicho, un lío. Estoy que no me aclaro. Será que la alergia me tiene más alelado que de costumbre.

 

Debates estériles

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 25 de agosto de 2013 a las 7:16

Regresa uno de las vacaciones y se encuentra con una sensación de vacío presidiendo la ciudad. Vacío porque anda aún casi toda Córdoba alternando ese magnífico trinomio que es la playa/piscina-siesta-playa/piscina y caminar por las calles hacia la redacción por la tarde es hacerlo en un erial en el que lo más destacable es que hace un calor como para freír huevos en el pavimento. Vacío también porque a medida que se avanza por Cruz Conde y aledaños tiene uno la impresión de que han cerrado más tiendas de las que ya lo habían hecho antes del parón agosteño y que el panorama de escaparates vacíos, carteles de se vende o se alquila y la visión de interiores destartalados y llenos de polvo se ha incrementado. Y vacío porque, una vez más, Córdoba vuelve a someterse a los debates estériles de infraestructuras vacuas que o bien sólo existen en los planos o están abiertas para observar cómo las moscas transitan a su alrededor.

En este mesecito en el que servidor se ha dedicado a cultivar el pelo largo, la barba sin afeitar y una prominente curva de la felicidad, aquellos que se supone que mandan o quieren mandar en el Califato han vuelto a darle vueltas a los temas de siempre. En argot taurino se diría que se han encelado y no hay manera de sacarles del caballo. Así, una vez más, hemos oído hablar del centro de congresos y convenciones que Nieto y sus muchachos quieren poner en el Parque Joyero; nos hemos sorprendido con sesudos debates sobre quién debe pagar el asfaltado y urbanización de ese mausoleo que la Junta ha puesto para presidir Miraflores y que responde al llamativo nombre de C4, o, más novedoso todavía, hemos escuchado reproches múltiples sobre quién ha hecho menos por conseguir que aterricen en el aeropuerto de Córdoba algo más que las moscas que la habitan en estos meses de canícula. Como se ve, debates todos estos llenos de novedad, impulso de futuro e interés ciudadano.

A uno, que durante las vacaciones tiene la fea costumbre de pensar un poco en lo hecho y en lo que va a hacer –lo sé, no se me enfaden, en vacaciones lo que hay que hacer es engordar como un gato capón– le ha dado por barruntar que quizás la culpa de todo esto es nuestra. Me explico, de los medios. Porque quizás somos nosotros los que hacemos que nuestros ediles, delegados, diputados, parlamentarios y medio pensionistas se acomoden en discursos fáciles, aprendidos de memoria y que no requieren la más mínima preparación. Quizás somos nosotros los culpables al no pararnos delante de ellos a decirles que todo eso se la trae al pairo (con perdón) a la gran mayoría de los ciudadanos. Quizás somos nosotros los culpables de no examinar con mayor profundidad los hechos del Ayuntamiento y las propuestas –si es que existen– de la oposición. Porque lo cierto es que volver de vacaciones y encontrarse este erial da hasta penita.

Menos mal que se nos ha quemado el puente del Arenal –con perdón, otra vez–, que con ello hemos descubierto un nuevo elemento de debate y algo sobre lo que hablar durante bastantes meses. Y si no se lo creen esperen ustedes unas semanas. La de teóricos de las infraestructuras que se van a encontrar. Qué dolor.