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Los nuevos formatos

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 14 de mayo de 2015 a las 5:51

Todas las campañas tienen su innovaciones. Cada vez que nos llaman a las urnas hay un asesor o consultor electoral que se inventa algún nuevo mecanismo destinado a epatar entre las masas y acercar el mensaje de su candidato al gran público. Se trata de renovarse o morir. El mitin tradicional cotiza a la baja, sobre todo porque ahora hay menos dinero y el flete de autobuses y consiguientes bocadillos para el militante sale caro. La cosa es dar con un formato entretenido, cercano, dinámico y barato. Hay que mostrar al candidato como alguien apegado a la realidad, ese vecino de la puerta de al lado que se preocupa por lo que nos ocurre y se desvive por solucionarlo. Pero hay que hacerlo a la moderna, con un toque a la americana que distinga el invento de la visita al mercado o mercadillo para besar a todo lo que se menee.

En los últimos tiempos hemos visto llenar los estrados de personas a modo de público en la parte de atrás; hemos asistido a discursos pretendidamente improvisados de los candidatos en los speaking corners al más puro estilo del Hyde Park londinense; hemos visto a Pedro Sánchez jugar al baloncesto y a Rajoy montar en bici, y, ayer, hemos visto al PP quedar junto al río para echar unas cervecitas y charlar de política con los amigos. Beer & politics que se llama la cosa.

A uno no dejan de llamarle la atención estas cosas porque después de asistir a ellas –en directo o a través de la tele– le invade un profundo sentido de la vergüenza ajena. Sin embargo, y puestos a elegir, como Pedro Sánchez en calzonas y Rajoy en bici con corbata no son mis ideales de políticos cercanos, me quedo con la cosa de las cervecitas que se marcaron ayer Nieto y los suyos. Y me quedo con ello porque no está mal que el político baje a la calle y porque con el calor que hacía ayer, una cervecita junto al río a media tarde era casi la única alternativa inteligente. Claro que me quedaría mucho más con ello si estos acercamientos no se hicieran solo durante 15 días, sino que fueran una práctica habitual del mandato. Si los políticos salieran del despacho más a menudo y hablasen más con la gente igual otro gallo nos habría cantado.

Cinco meses para todos

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 4 de enero de 2015 a las 13:24

24 de mayo. Esta es la fecha que está subrayada en rojo en absolutamente todas las mesas de los que mandan en los partidos. Ese día se verá hasta dónde va a mudar este país si la pulsión de cambio que ha marcado el final de 2014 se mantiene vigente. Las elecciones municipales de ese día, y autonómicas en las comunidades no históricas, escenificarán hasta qué punto el bipartidismo que ha venido gobernando este país desde la Transición está tocado de muerte o si, por el contrario, no padece más que un resfriado que se curará dando con el tratamiento preciso. Pero hasta que la noche de ese 24 de mayo las urnas hagan publico su escrutinio aún quedan muchos meses en los que el pánico que preside ahora mismo las salas de máquinas de los grandes partidos será el gran protagonista.

PP y PSOE asisten con honda preocupación a su descrédito público y buscan la manera de plantarle cara y reinventarse sin tener que tocar sus esencias. Ahí radica principalmente su problema, en que aún no se han enterado de que ni su forma tradicional de hacer política ni el modo de comunicarse con sus potenciales electores sirven ya para nada. Si Rajoy lo fía todo a ala mejora económica y a la llamada del voto del miedo va tan apañado como Pedro Sánchez y sus shows comunicativos y descuelgues televisivos. El mensaje claro de los ciudadanos hacia el llamado bipartito es que hay que cambiar formas, fondos y, sobre todo, rostros. Ahí reside la exigencia, no en los grandes discursos ni en los ventiladores cargados de mierda. Acuerdos contra la corrupción, limpieza de los partidos y meritocracia son exigencias que no pueden posponerse más.

La siempre zozobrante Izquierda Unida no lo tiene más fácil, pues ha de formatear su discurso sin perder el respaldo de quienes le han sido fieles en las travesías del desierto y ser capaz de articular una oferta que atraiga a esa ingente masa de descontentos que busca alguna solución en la izquierda. Igual andan en UPyD, temerosos de ver si el efecto Rosa Díez tiene fecha de caducidad víctima de su cesarismo y sus cuitas internas. En Ciudadanos, sin embargo, la cosa va por otro lado y el efecto Albert Rivera podría ser un elemento de sorpresa importante en algún que otro lugar.

Y luego está Podemos, verdaderos protagonistas del año y auténticos aspirantes a todo a pesar de que, en principio, no van a concurrir con sus propias siglas a los comicios. Inteligente medida para no caer a las primeras de cambio. Los chicos de Pablo Iglesias tienen ante sí meses en los que deben hacerse mayores, demostrar que detrás de sus camisas de cuadros hay la posibilidad de articular un proyecto político serio, con medidas capaces y un programa que vaya más allá del panfleto, la crítica al establishment y los guiños populistas. Si lo consiguen se convertirán sin duda en la gran alternativa de poder en España, pero si fracasan, Pablo Iglesias y los suyos serán los culpables de que el desafecto ciudadano sea aún mayor.

Y todo esto hay que verlo en solo cinco meses. Promete la cosa.

Fiebre de primarias

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 29 de junio de 2014 a las 9:31

PABLO IGLESIAS CREE "INACEPTABLE" QUE EL PE TENGA UN FONDO UNIDO A UNA SICAVHay que ver la que ha liado Pablo Iglesias en este país que anda todo el mundo como loco buscando debajo de las piedras a un militante para que participe y diga cómo hay que atarse los zapatos. Nunca un partido tan desarticulado como Podemos se habría imaginado que su éxito en unas elecciones tan poco glamourosas como las europeas iba a poner boca abajo el panorama político nacional. El profesor universitario y su tropa de jóvenes descontentos, maduros desencantados y mayores cabreados han puesto contra las cuerdas al sistema político español y han provocado una catarata de primarias en las que amenaza con meterse hasta el alcalde de Córdoba (perdón que me da la risa).

Así de pronto, como si fuesen Saulo cayéndose del caballo, los partidos de la izquierda de este país se han dado cuenta de que llevaban décadas pasando ampliamente de sus bases y han decidido que tienen que volver a ellas no vaya a ser que la caída del caballo sea con todo el equipo. En la derecha esto no pasa, que ahí las bases nunca han pintado nada a la hora de elegir a sus líderes ni intención que han hecho de querer mandar algo.

Está la izquierda entregada a sus bases, casi más que Podemos, que en su primer atisbo de organización ya ha comenzado a tirarse piedras a la cabeza. Tenemos al PSOE metido en un proceso para elegir a su secretario general, cargo que cotiza bastante a la baja desde que Zapatero pasó a mejor vida (política) y por el que pelean una serie de señores que se recorren España dando mítines y convenciendo a partidarios porque Susana Díaz decidió a última hora que su momento aún no ha llegado. Que me perdonen los fieles de unos y otros, pero si todo el partido –o casi todo, que siempre quedan irreductibles aldeas galas– andaba rogando a Susana que tomara el mando porque era indiscutiblemente la mejor, que me expliquen a mi qué aval tendrá el que se haga de verdad con el sillón de Rubalcaba. Más aún cuando nada más sentarse en Ferraz, el que salga tendrá que ir a otras primarias para elegir candidato a la Presidencia del Gobierno en las que se quieren presentar quienes no se atreven a presentarse a estas y en las que si no gana el que gane ahora ya me dirán ustedes qué hacemos. Joder, qué lío. En fin, cosas del PSOE, que es único para superarse a sí mismo.

En IU también quieren primarias, aunque por barrios. Las quieren en Andalucía y parece que las quieren en Madrid. En Córdoba no, que aquí los militantes son muy listos y no necesitan tirar de urna y sobre cerrado para elegir a su líder. En la coalición quieren primarias porque a ellos sí que les escama, y mucho, la pupa que les puede hacer Pablo Iglesias como siga captando adeptos. Claro que lo de las primarias en IU es bastante relativo, que ya se sabe que hay un parte del partido, el Partido, a la que eso de no controlar las designaciones no le gusta mucho. Pero bueno, que si hay que hacerlas se hacen.

Y, a todo esto, a uno le da por preguntarse si alguien habrá caído en la cuenta de que más que candidatos por primarias lo que la gente quiere es una serie de ideas primarias: trabajo, propuestas, ética, limpieza, esfuerzo, ejemplaridad… Ya saben, esas cositas que obligan a pensar. Pero claro, eso no se arregla en unas primarias. Y además cansa.