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Ignorantes, necios o mezquinos

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 4 de septiembre de 2011 a las 10:28

Esto de haber estado fuera de Córdoba un mes le sirve a uno para oxigenar las neuronas y analizar lo que aquí ocurre con distancia y desapasionamiento. El mar, la playa y el chiringuito relajan pensamientos que llegaron al final de curso un tanto esquilmados. Quizás por eso me sorprende aún más la que están intentando liar algunos en esta ciudad a raíz de la celebración de las semifinales dela Copa Davislos próximos 16, 17 y 18 de septiembre.

Cuando la Federaciónhizo pública la decisión de que Córdoba acogiera la prueba estaba yo de chiringuito con familiares y amigos , que rápidamente me asaltaron a preguntas sobre dónde alojarse, cómo comprar las entradas o qué visitar en Córdoba durante esos días. La acogida al evento fue tremenda y lógica, pues no tiene uno posibilidad de ver en directo unos partidos de tal relevancia todos los días. Al igual que mi parentela, la encuesta de la web de este periódico demuestra quela Davises percibida como algo muy bueno para la ciudad por la gran mayoría de sus habitantes –el 81% concretamente–. Más claro agua.

Sin embargo, hete aquí mi sorpresa cuando empiezo a mirar a quienes nos representan –o eso dicen– y me encuentro con una campaña de acoso y derribo tan burda como lamentable.La Juntaha hecho uno de los papelones más vergonzosos que recuerdo y se niega a poner un duro para apoyar la cosa. Y eso aunque el propio Griñán dijera lo contrario en su facebook. Durante quince días,la Consejeríade Turismo y Deporte ha rozado el ridículo con excusas peregrinas y poco convincentes para justificar su negativa. Mala decisión la del Ejecutivo andaluz. Mala porque es un claro agravio a la ciudad y peor porque el rédito electoral que le va a dar se medirá en sufragios populares el próximo 20-N.

Pero si ridicula ha sido la actuación dela Juntano menos lo ha sido la de la oposición municipal. Con el socialista Durán a la cabeza, secundado por el coordinador de IU, Martínez, la izquierda ronda el esperpento en sus argumentaciones y además dinamita la unidad existente alrededor del tema dela Capitalidadal acusar a Nieto de buscar en el tenis el refugio a su mala defensa del 2016 en Madrid. Argumento ruin y rastrero éste, que justifica en el ataque al contrario las carencias argumentales propias. Si a eso le unimos la comparación que hace Durán entrela Davisy los premios Max, comienzo a pensar que este hombre no tiene arreglo o está aconsejado por el enemigo. Con la que está cayendo en una provincia con más de 82.000 parados, boicotear un evento deportivo que se sigue en más de cien países es propio de ignorantes, necios o mezquinos. Y dudo que la oposición sea lo segundo.

Tarea (urgente) para el verano

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 31 de julio de 2011 a las 10:00

Llegan las vacaciones, menos mal. El año ha sido largo y muy duro. Tan apasionante en lo informativo como deprimente en lo económico. Córdoba ha casi culminado su catarsis con la llegada del PP al Ayuntamiento en sustitución de un cogobierno de IU y PSOE exhausto y absolutamente amortizado. Nuevos tiempos para una ciudad que ha visto cómo el sueño de una década se ha ido por el sumidero dejando a su espalda una sensación de estupefacción de la que aún no nos hemos recuperado. Llegan las vacaciones, menos mal. A ver si con un poco de suerte en este mesecito de playa y piscina nos toca el gordo y nos encontramos este patio algo cambiado a primeros de septiembre. Pero no nos confiemos.

Porque no está la cosa para andarse más por las ramas con aspecto de recién llegados y cara de ser el de la coca-cola. Cuando volvamos de vacaciones casi habremos culminado esos cien días de cortesía que se da a los nuevos gobernantes para que se ajusten al cargo y comiencen a funcionar. No está la cosa para más experimentos, que nos vamos a la costa –los que podamos, sin presumir– dejándonos detrás una estadística que dice que uno de cada tres cordobeses está en paro. Nada más y nada menos que 128.000 personas en edad de trabajar en toda la provincia miran actualmente al techo de sus casas mientras esperan que llegue del cielo el maná laboral que les saque del atolladero. Precisamente por eso hemos de esperar que nuestros prebostes aprovechen para cargar las pilas estos días y regresar a sus oficinas cargados de proyectos que poner en marcha.

Córdoba no está ya para ideas. El tiempo de pensar en cosas bonitas se ha terminado y es hora de presentar en sociedad políticas claras y proyectos definidos que nos traigan el empleo que huye despavorido de esta tierra en empresas como Locsa, ABB o Urende. Se acaba el tiempo de esconderse detrás de la ruina que nos ha dejado el nefasto último cuatrienio de cogobierno y llega el momento de ofrecer a los ciudadanos esas alternativas que tanto se cacarearon en la campaña electoral.

Córdoba no está para más llantos y lamentos sino para que comiencen a hacerse cosas nuevas que den trabajo, no sólo ilusión. Ahora llega un mes en el que nadie está para nada. Esperemos que quienes ocupan los despachos sí estén y aprovechen la tranquilidad de estos días de calor y moscas para hacer las tareas del cuadernillo de verano. La cosa de verdad empieza en septiembre, el personal no está para bromas y ya no hay excusas admisibles para pedir tiempo a los árbitros.

P.D: Prometo volver a este blog con más espíritu y seriedad una vez que pasen la vacaciones. Perdón por la informalidad.

El espejo roto del PSOE

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 13 de junio de 2011 a las 13:04

Hace un par de semanas afirmé en un artículo que el PSOE necesitaba mirarse seriamente en el espejo para analizar los catastróficos resultados que le habían ofrecido las urnas el pasado 22 de mayo. Los socialistas se han visto superados por una ola popular que los ha dejado noqueados, groguis, fuera de algunos de los ayuntamientos más importantes de la provincia, al mando de otros pero con mayorías minoritarias y, sobre todo, descabalgados de esa gran casa de poder que ha sido la Diputación durante los últimos 30 años. El impacto ha sido tremendo y aún más duro es comprobar que la inclinación del voto puede mantenerse en esa línea ante los próximos comicios autonómicos y generales. Vamos, lo que se dice un panorama.

Para solucionar y analizar lo ocurrido se reunieron ayer los socialistas en un comité provincial extraordinario en el que el secretario general, Juan Pablo Durán, debía explicar qué había pasado y qué se va a hacer para evitar que se repita la hecatombe. Como siempre, la semana previa a esta reunión ha sido prolija en rumores, conciliábulos, cenáculos y merenderos conspiratorios. Había quien decía que Durán lo iba a pasar muy mal, que tendría que hacer frente a durísimas críticas que incluso podían llegar a pedir su cabeza. Se hablaba de una reorganización tremenda, de pulsos de poder entre los afines al secretario provincial y los sectores críticos de su gestión. Todo ello trufado con los siempre adecuados rumores de cambio de sillones en las delegaciones de la Junta -que llegarán, no sé cuando, pero lo harán- hasta el punto de que la delegada del Gobierno, Isabel

Ambrosio, volvía a ver temblar su posición. En este punto la cosa se ponía ya seria, no debemos olvidar que el cariño entre Durán y Ambrosio dista mucho de ser eterno, y se llegaba a afirmar que si esta decisión llega habrá toros. Lo veremos.

Sólo una persona, de esas que llevan toda la vida en esto, me dijo la semana pasada que ayer no iba a pasar nada; que, como siempre, los que decían que iban a aullar callarían y los que no decían nada serían los que hablasen. Y vaya si acertó. Porque realmente lo que ocurrió ayer en el comité del PSOE no fue nada. De fondo, nada. De forma sí tenemos algún que otro cambio, un reforzamiento de posiciones de algunos de los socialistas más cercanos a Juan Pablo Durán y poco más. Todo ello con una mayoría de respaldo que sorprende y deja en evidencia las tan cacareadas disidencias internas. Que hubo discursos duros, es cierto. Empezando por el del propio Durán, una crítica a la acción del partido que merece leerse con detenimiento. Que después se insinuó que la cosa está muy mal, también es cierto, pero poco más.

Al final lo que vimos fue más de lo mismo. Mucho amago y muy poca pegada. Una nueva patada hacia adelante al balón a la espera de lo que ocurra en autonómicas y generales y con la vista puesta en el próximo congreso provincial. El PSOE sigue sin querer pararse a analizar a fondo las causas de su declive. Nadie quiere ahondar en los motivos que les han llevado a estar alejados de la sociedad, a ser percibidos como un problema más que como una solución, a haber sido censurados por una acción municipal, sobre todo en la capital, mala y un programa de gobierno aún peor. Nadie quiere mirarse de verdad en el espejo no vaya a ser que lo que se vea sea demasiado duro. Ante eso, mejor quedarse con el espejo roto y que cada cual vea la parte de la imagen que más le interese.

Se acabó lo que se daba

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 20 de mayo de 2011 a las 13:08

No va más. Fin de trayecto. Próxima parada, las urnas. Después de quince días bastante más aburridos de lo esperado, esta medianoche se echa el cierre de la campaña electoral al mismo tiempo que se encienden las luces de la portada de la Feria. La de verdad, me refiero, que las campañas electorales tienen mucho de feria también, aunque más de vanidades que de otra cosa. En las horas que quedan los candidatos harán un llamamiento masivo a la participación para que no gane el contrario. Está gracioso esto de la participación porque en la izquierda mantienen que si se participa mucho los mayores beneficiados son ellos, mientras que el PP afirma que para lograr la absoluta necesita diez puntos más de participación para no volver a quedarse en el intento. Eso sin contar que con la boca chica todos dicen que si la participación se desata puede favorecer a Rafael Gómez, muchos de cuyos electores potenciales son abstencionistas profesionales. Y ahí entramos en el anatema de la campaña, en la amenaza fantasma, en el miedo que recorre el espinazo de los equipos de campaña. ¿Logrará el empresario de Cañero dos concejales, como dicen la mayoría de los sondeos, o se disparará hasta los cinco que le auguraba uno esta semana? Si le hacemos caso a él “nos va a votar la marabunta, hermano”. Ya veremos. Ése es el miedo general. Luego está el que atenaza a PSOE e IU por el impacto que sobre ellos pueda tener la candidatura de Ecolo, un grupo por el que pocos daban nada al principio de la campaña pero que en estos días ha demostrado una gran capacidad de movilización y sorpresa. Tanto, que el Ayuntamiento, en una jugada poco estética y más bien sucia, les ha desmontado esta madrugada el escenario desde el que querían cerrar su campaña esta noche en La Corredera. Ya saben, una putadita para ver si les aguan el final de fiesta. Porque los chicos de Ecolo rascan ahí donde duele, en la izquierda ecologista, en la de los ámbitos universitarios, en la de los profesionales liberales que están hartos -¿les suena?- de dos formaciones que llevan demasiados años gobernando de la mano. Y queda la última incógnita, la de los movilizados del #15M. La de esa masa informe que está hastiada de todos los políticos y sus mediocridades y que está en la calle protestando por lo que consideran una situación insostenible. ¿A quién beneficia su presencia? Si se atiende a la caverna todo es culpa del Gobierno. Si se mira al PSOE, se observa tal cara de pánico ante la duda que da hasta penita. Y se se mira hacia IU, se ve otra vez cómo un movimiento que se enmarca dentro de su ideario se les ha vuelto a escapar vivo. Así las cosas hay dos posibilidades: un incremento de la abstención y el voto e blanco, o un castigo trasladado hacia Ecolo u otras opciones regeneracionistas como UPyD. A Gómez no, pues representa ampliamente muchos de los vicios que se denuncian en la acampadas. Hasta aquí llega la campaña, ahora queda esperar al domingo disfrutando de la Feria. No se pongan nerviosos, en apenas 72 horas saldremos de dudas.

El mensaje de Democracia real

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 17 de mayo de 2011 a las 13:11

 Miles de personas salieron el pasado domingo a las calles de más de 50 ciudades españolas para protestar por lo que consideran que es un sistema democrático caduco y viciado y reclamar otra forma de hacer las cosas y solucionar la crisis. En Córdoba, la manifestación reunió a unos 4.000 ciudadanos, una cifra nada desdeñable en una ciudad que no se caracteriza precisamente por su capacidad de movilización. Estos miles de indignados -que beben de fuentes como el libro Indignaos de Stephane Hessel- se declaran hartos de la clase política que sufrimos a diario; hartos de que bancos y cajas no hayan sido castigados con la fuerza suficiente por su responsabilidad en la crisis; hartos de que la lista del paro suba exponencialmente sin que se den alternativas; hartos de ver que una generación, posiblemente la mejor formada de la historia de España, ve pasar todas las oportunidades; hartos de no sentirse representados, hartos, en definitiva, de ver cómo pasan los días y la situación, lejos de mejorar, empeora. Este movimiento no es, como algunos han querido advertir, el fruto de la movilización de jóvenes extremistas y antisistema, sino que engloba a multitud de colectivos diferentes, a padres de familia hastiados o a profesionales víctimas de la crisis.

Pero más allá de quien forme parte del movimiento y quien esté en contra de él, lo que estos miles de ciudadanos han puesto de manifiesto y, además, a escasos días de unas elecciones municipales que se antojan definitivas, es que la política española, los políticos españoles, no están a al altura. Ni PSOE, ni PP ni IU, los tres grandes formaciones, salen bien paradas de estas marchas. Los ciudadanos están cansados de unos políticos que demuestran con mayor frecuencia sus tremendas carencias que sus éxitos o preparación. El cansancio hacia una clase política cada vez más alejada de la calle ha dejado paso a la indignación social y a la reprobación más contundente de su forma de actuar. Aquello que las encuestas indicaban hace ya meses se ha visto corroborado ahora y, a tenor a las reacciones entre unas y otras formaciones ha cogido por sorpresa a la mayoría.

Sin embargo, este movimiento crítico, que algunos han querido comparar con la primavera democrática que viven los países del Norte de África, corre el riesgo de quedar sumido en la marginalidad. La falta de liderazgos claros y referentes definidos puede empujar a ese amplio colectivo social a optar el próximo domingo por la abstención, hartos como están d ellos partidos tradicionales, o, y esto es más peligrosos, al voto de castigo hacia opciones más folclóricas -en Córdoba hay un ejemplo- que posteriormente pueden pasar un cara factura.

Lo que está claro es que la sociedad, este tejido informe que nos engloba a todos, comienza a dar preocupantes muestras de cansancio y desesperación y que alguien debería preocuparse por ofrecer, desde la democracia, soluciones a los problemas. De otro modo, la deriva que puede tomar nuestro sistema hacia la desafección o el extremismo puede conducirnos a situaciones muy complicadas. La ciudadanía ya ha reaccionado, ¿serán capaces de hacerlo los políticos?

“Me daría vergüenza ser político”

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 15 de mayo de 2011 a las 7:00

Dentro de una semana, miles de cordobeses irán a las urnas para elegir a sus nuevos alcaldes. Día D y hora H. Ya no habrá más mensajes ni más indicaciones que las que le marque la conciencia a cada uno en la soledad de la cabina de voto o con las papeletas en casa. Será el momento mágico de la democracia, ése que debe ser una fiesta general por el mero hecho de existir. Miremos al norte de África para darnos cuenta de lo afortunados que somos o pensemos en los 40 años durante los que nuestros padres o abuelos estuvieron secuestrados de democracia para convencernos.

Y después de convencernos acudamos a votar con conciencia crítica. Aunque creo que de eso no va a faltar. Estos diez días de campaña me han servido para comprobar cómo están los ánimos en esta convocatoria electoral. El mejor elemento para ello ha sido la página de Facebook Si yo fuera alcalde que hemos puesto en marcha para conocer lo que harían los cordobeses si gobernasen sus ciudades, lo que esperan de sus regidores y cómo consideran a los que están o aspiran a estar. Y aquí es donde el viernes hubo una respuesta que me dejó estupefacto: “Si yo fuera alcalde me avergonzaría de ser político”. Una frase corta, directa, sencilla, sin alharacas ni oropeles. Una opinión de tal dureza en su simplicidad que mueve a la reflexión. La sentencia sintetiza muchas otras de días precedentes y cataliza un sentimiento ciudadano que viene reflejándose en las encuestas desde hace años: los políticos no son vistos como parte de la solución sino como parte del problema. La credibilidad de la clase política atraviesa por sus cotas más bajas; tanto que más abajo ya no hay más que el núcleo terrestre.

Quizás por ello esta campaña electoral está siendo tan plana y poco movilizadora. No se ven mítines masivos ni se aprecia a la ciudadanía con ganas de aprehender propuestas de futuro. Quizás por ello sólo llena sus mítines Gómez con sus músicos, sus mensajes poco profundos y menos complicados. Quizás por ello los partidos tradicionales sean cada día más conscientes del peligro que representa para ellos el empresario de Cañero y su recolección del voto cabreado e insatisfecho. Quizás por ello, Ocaña, Nieto y Durán no se cansan de repetir que votar a Sandokán es perjudicar a Córdoba, temerosos de que “la marabunta” que pronostica el de Cañero pueda tener de cierto más de lo esperado.

Son los miedos que surgen tras gestionar mal la democracia. El riesgo de que una opcion cuando menos poco fiable se haga un hueco que condicione la vida futura d ela ciudad. Claro que si eso ocurre la culpa no será de los cordobeses, sino de quien les llevó al extremo por su escasa credibilidad. De todos.

Obsesionados con la participación

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 13 de mayo de 2011 a las 11:46

Hemos pasado ya el ecuador de la campaña y los partidos, a falta de grandes proyectos con los que atraer a las masas, han optado por enfocar sus mensajes hacia una llamada a la participación de los ciudadanos. Participación para mejorar lo que las encuestas auguran o participación para consolidar lo que los sondeos predicen. Participación, al fin y al cabo.

Si estos fueran unos comicios normales, el tema de la asistencia de votantes a las urnas tendría la lectura habitual: la izquierda esperanzada en ese dogma de fe de que cuantos más voten mejor para ella y la derecha pertrechada en una base fiel hasta la muerte que no le falla nunca. Sin embargo, la irrupción de Rafael Gómez en la campaña le da un significado especial a la participación en esta ocasión. El candidato de Unión Cordobesa parece que aglutina, por un lado, entorno a sí a votantes que proceden del abstencionismo, que nunca se han esforzado por ir a las urnas. Por otro lado, el empresario de Cañero puede atraer a los cabreados, aquellos electores que están hartos del statu quo, de los partidos tradicionales y de los pactos registrados hasta ahora. Estos votantes se supone que a quien más van a dañar con su modificación de voto es a IU, que paga el peaje de haber gobernado durante muchos años, y al PSOE, al que, salvo de la muerte de Manolete, se puede culpar de casi todo. Aun así tampoco debe relajarse el PP, pues Gómez es posible que rasque sufragios de algunos cordobeses que en 2007 comenzaron a optar por Nieto y los suyos. Todo esto, eso sí, si el peculiar empresario es capaz de aguantar el tirón y situarse en esa orquilla de entre 1 y 3 ediles que le auguran los sondeos.

Al margen de esta “anomalía”, la paticipación es fundamental para que Izquierda Unida no ya repita los resultados de 2007, sino que impida el fuerte retroceso que le auguran los sondeos -públicos y sin publicar-. Andrés Ocaña es consciente de que la desmovilización de los suyos es enorme y se esfuerza por convencer a sus indecisas bases de que el domingo 22 deben ir a las urnas para impedir el cambio de gobierno. Lo cierto es que IU se juega el ser o no ser en estas elecciones y de su capacidad de movilización depende en gran medida medir el impacto de la salida de Rosa Aguilar y sus opciones de continuar como una fuerza decisiva en la ciudad.

Al PSOE la participación tampoco le obsesiona, consciente como es de que su resultado en Córdoba es muy difícil que caiga a la vista de su historia y de que la ola nacional tampoco es que sea la mejor para sacar la cabeza. Sí es cierto que una participación mayor puede devolverle algunos de los votos que históricamente se han ido a IU, sobre todo a Rosa Aguilar, pero de ahí a dar un salto sustancial parece que va un trecho largo.

Y por último está la llamada a la participación del PP. Nieto sabe que la diferencia entre su suelo y su techo electoral es limitada y que la diferencia entre la mayoría absoluta que persigue y los 14 ediles que tiene se sustancia en muy, pero que muy, pocos votos.  Al candidato popular no le vendría mal, por tanto, que la cifra de cordobeses que fueran a las urnas rondase el 65% del censo de modo que a sus seguidores de siempre pueda sumar algunos de los que votaban a IU por Rosa Aguilar y otros socialistas que quieran castigar a Zapatero y Griñán.

Éste es el panorama general a una semana del cierre de campaña. Veremos qué ocurre al final… Y eso sin hablar de ferias, peroles y playas.

Camaleónica Rosa

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 9 de mayo de 2011 a las 12:04

El PP tardó sólo 24 horas en sacarla a pasear en la campaña y ella, sólo 48 en dejarse ver por Córdoba y desplegar sus artes electorales. La ministra de Medio Ambiente, Rural y Marino, exconsejera de Obras Públicas y exalcaldesa vino, vio y venció. Porque no puede calificarse de otra forma el que su visita a la ciudad haya aparecido en todos los medios de comunicación habidos y por haber sin más recordatorio de su pasado que un sencillo “estuvo en IU”. En apenas seis horas, Rosa Aguilar destacó a Juan Pablo Durán como “el mejor alcalde para que Córdoba gane”, cubrió a su excompañero Andrés Ocaña con un manto de cariño y apoyo celestial con un “lo tengo por mi amigo” y le arreó al PP de José Antonio Nieto por preguntarle en el Congreso por su gestión urbanística en la ciudad durante diez años ahora que estamos en campaña electoral. (No le gusta a Rosa que le recuerden que hubo un tiempo en el que fue amiga de Rafael Gómez y que durante su mandato éste levantó sus polémicas naves de Colecor). Luego, después de arengar a los jóvenes cachorros socialistas, se fue a triunfar donde mejor sabe hacerlo: en el cara a cara.

Cuentan quienes la vieron por el santuario de Scala Coeli que nadie diría que Rosa ya no es alcaldesa de la ciudad. Marcó los tiempos como nadie, fue la reina de la entrega de premios, la más besada y abrazada y se marcó sus tradicionales sevillanas al compás de las palmas que le marcaba Paco Castillero, su inseparable edecán durante los años de alcaldesa de Córdoba. Juan Pablo Durán, alcaldable socialista, miraba satisfecho a su ahora compañera consciente de que un paseo por el campo con ella le da más conocimiento que dos meses de campaña. También cuentan que José Joaquín Cuadra, aún edil de seguridad por IU, no se separaba ni un minuto de quien fuera su mentora y responsable de su salto a la política. (Dicen las malas lenguas que Cuadra lleva fatal haberse quedado fuera de la lista de la coalición y anda despechado contando sus penas por donde se le quiera oir).

Y es que Rosa Aguilar tiene esa tremenda capacidad camaleónica que le hace salir indemne de casi todo lo que afronta. Dejó a IU abandonada tras años de progresivo distanciamiento y nadie en España le pasó factura, todo lo contrario. Estuvo en la Junta un año justo, se metió a fondo en el asunto de la Colecor y nadie le pasó factura, todo lo contrario. Ahora viene a Córdoba para pedir el voto contrario del que pedía hace cuatro años -no olvidemos que en esta ciudad la izquierda compite entre sí históricamente y no contra la derecha- y la afición la aclama en la romería de Santo domingo. Es más ya hay quien la propone como sustituta de Griñán en las autonómicas de 2012 si, el próximo día 22, la cosa le sale al PSOE-A todo lo mal que se espera. ¡Santo súbito!, se podría exclamar.

Ésta es la gran capacidad de Rosa Aguilar, su talento camaleónico para no descomponerse nunca en público y trasladar la mejor sonrisa profidén. Otra cosa distinta es lo que ocurre de puertas hacia adentro y las no pocas pegas que podríamos ponerle a su capacidad de gestión en una ciudad que hoy paga la parálisis de no pocos proyectos con una tasa de paro desorbitada y un porvenir industrial que da auténtico pánico. Son las dos caras de Rosa Aguilar y hay que decir que en ambas es única.

Un paseo por los libros

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 8 de mayo de 2011 a las 11:20

Los tiempos cambian y, con ellos, los modelos de campaña. De la época de los carteles pegados a mano, los megáfonos en coche y los grandes mítines hemos pasados a pegadas virtuales, micromítines y desarrollo tecnológico. Internet es el gran aliado y todos los candidatos cuentan ya con perfil en Facebook y Twitter, al menos, y canal en Youtube. Los actos de campaña están repletos de asesores que se dejan los dedos en las pantallas táctiles de sus teléfonos para transmitir en vivo lo que dicen sus líderes, quienes dedican también parte de su jornada a responder en directo a sus segudores de las redes sociales. Hemos entrado en la era digital de la política, veremos cuánto dura la moda.

Debido a esto, en las dos semanitas que nos quedan por delante, vamos a ver pocos actos a la vieja usanza, cargados de banderas y de oradores enfebrecidos. Los habrá, sí, pero serán los justos. La desmovilización y desapego de los ciudadanos han hecho que los partidos arriesguen poco con tal de no ver las gradas de los pabellones vacías o las explanadas llenas de calvas. Ahora estamos en otra época y toca innovar. Tenemos al PP haciendo talking corners, que no tienen nada que ver con el fútbol pero que suenan muy bien; IU hace parecer a Andrés Ocaña un Steve Jobs cualquiera y el candidato emula al creador de Apple con un intensísima vida en la red, y el PSOE aún no nos ha dejado muy clara cuál es la línea de su campaña. Esto en lo que respecta a los tres grandes, porque entre los pequeños sí hay dos formaciones que están innovando y a lo grande. Por un lado está Rafael Gómez, genio y figura. El empresario de Cañero ha dotado a su campaña de un toque cañí y acompaña sus actos de conciertos en los que se alternan las rancheras con los pasodobles y la copla más popular. Campaña a su medida, populista y a la caza de un voto amante de estas cuestiones. (Si saca un buen resultado, el PSOE deberá culparse de tener la programación que tiene en Canal Sur). Por otro lado, tenemos a Ecolo, la formación verde que defiende la democracia radical. Conscientes de las dificultades de hacerse un hueco mediático han optado por organizar una presentación de candidatura colgados de los árboles, una gazpachada popular en defensa de la agricultura sostenible o un paseo en globo para ver desde el cielo lo que debe cambiarse en Córdoba. Están dando un ejemplo de imaginación que realmente se agradece. A ver con qué más nos sorprenden.

Nuevos tiempos y nuevas formas para captar la atención de un votante indeciso, cansado de políticos profesionales y poco formados. Ahí es donde alguno podría innovar y darse un paseo por los libros, que, aunque tengan muchas letras, de verdad que ayudan a ser mejor concejal.

¿Campaña de ideas?

Luis J. Pérez-Bustamante Mourier | 5 de mayo de 2011 a las 12:01

Esto del boom de las redes sociales tiene su parte buena en que muchas veces sirve para coger ideas que aplicarse a uno mismo. Anoche, el director del Heraldo de Aragón, Mikel Iturbe, provocó un interesante debate en Twitter al preguntar a sus seguidores si creían que esta campaña iba a ser de ideas o más bien de confrontación pura y dura. Las respuestas fueron muy variadas y oscilaron entre el pragmatismo de quien cree que aquí sólo va a haber palos, al idealismo de quien defiende que dada la situación por la que atraviesa el país es el momento de las ideas. Personalmente me inclino por la parte de los palos, he de decir.

Porque la campaña que comienza en unas pocas horas no creo yo que vaya a aportar muchas ideas. Me explico.

En primer lugar, porque las arcas municipales que se van a encontrar los alcaldes que sean elegidos o reelegidos dan para muy pocos proyectos, por no decir ninguno. Los tiempos en los que las municipales se convertían en un zoco de proyectos megalomaníacos en los que rivalizaban los egos de los candidatos con los nombres de los grandes arquitectos han pasado a la historia.

En segundo lugar, porque el ruido ensordecedor que recorre el país por mor de las crisis económica, las políticas zapateriles y las corrupciones varias se van a comer el discurso municipal para convertir, esta vez más que nunca, los comicios del 22 de mayo en unas primarias nacionales en toda regla. 

En tercer lugar, porque, lamentablemente, los laboratorios de ideas de los partidos están ahora más bien yermos. Unos no piensan más que en buscar el mejor modo de capear el temporal que les cae un día sí y otro también. Y los otros se acomodan a no pensar mentras que los rivales les sigan sirviendo el cambio en bandeja de plata.

Por último, el hecho de que los políticos sean para los ciudadanos de este país el tercer problema más destacado entre sus preocupaciones hace que aquello que se quiera ‘vender’ estos días tenga el mismo valor que un duro con la cara del pato Donald.

Con estos mimbres empezamos esta medianoche la campaña de verdad. En ella vamos a ver cómo ser desmienten compulsivamente las encuestas, cómo se evitan los debates para no poner en riesgo el nivel de preparación de los candidatos y cómo el “y tú más” se convierte en el argumento estrella de los partidos. Ojalá ésta fuera una campaña de ideas con las que salir de la crisis, pero, tristemente, no parece que haya altura en las salas de máquinas de los grandes partidos para remar en ese sentido. Así que, como decía aquel, “que Dios reparta suerte”.